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Domingo 13 de Diciembre de 2015

Un mundo sin vida
Pastor Tony Hancock

¿Qué es la vida? Según Shakespeare, "la vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido". En realidad, si consideramos la vida aparte del diseño de Dios, es difícil encontrar una mejor definición. Ciertamente la vida humana está llena de ruido y de furia, de drama y de pasiones. Pero al final, si no existe ningún diseñador ni autor del relato, no tiene ningún sentido. Así, en realidad, vive mucha gente en este mundo.

Pero en la Navidad celebramos al Niño que nació para darnos vida verdadera. Si conocemos a Jesús, la vida no es ningún cuento de un idiota; se convierte en una historia de amor. Se convierte en la historia más verdadera de todas las historias. Aun los detalles más cotidianos de tu vida llegan a significar algo. Sobre todo, si tú sigues a Jesús, puedes estar seguro de que la historia de tu vida tendrá un final feliz.

Abramos la Biblia en el evangelio de Juan capítulo 1, y leamos los versos 1 al 5:

1:1 En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.
1:2 Él estaba con Dios en el principio.
1:3 Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir.
1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad.
1:5 Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.

Dios nos invita aquí a mirar hacia atrás, antes del nacimiento de Jesús, antes de las culturas más primitivas y los dinosaurios, aun antes de la creación misma. En el principio, antes de que existiera cualquier otra cosa, ya existía el Verbo. Ya existía la Palabra.

Consideremos todo lo que aprendemos aquí acerca de este personaje tan misterioso. En primer lugar, descubrimos que estaba con Dios. La palabra "con" aquí significa relación y cercanía. Luego descubrimos que el Verbo es Dios. Comparte la misma esencia de Dios, su mismo espíritu y sus mismas cualidades.

Nunca ha habido ningún momento en que el Verbo no existiera. Desde el principio, El ya existía. No es parte de la creación de Dios; comparte la naturaleza de Dios mismo. Cuando Dios decidió crear el universo, el Verbo fue el agente de Dios. Por medio de El todo fue creado. Nada existe aparte de El.

Ahora llegamos a algo muy interesante. El verso 4 nos dice: "En él estaba la vida". No dice que El tenía vida, o que recibió la vida. Dice que la vida estaba en El. En otras palabras, El mismo tiene vida por su propia cuenta. La vida no es algo fuera de El que se le pudiera quitar; es algo interno a su mismo ser.

Todos nosotros tenemos una vida dependiente o contingente. Vivimos porque nuestros padres nos dieron vida. Podemos perder la vida por diferentes razones. Ninguno de nosotros tiene la vida garantizada; la recibimos de Dios como un regalo, como un favor. El Verbo, en cambio, tiene la vida. Nadie se la puede quitar, aunque la puede entregar.

¿Quién es este Verbo? El verso 14 nos contesta la pregunta: es Aquel que se hizo hombre, y vivió entre nosotros (Juan 1:14, "Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad."). Es aquel Bebé que nació hace más de dos mil años, y cuyo nacimiento celebramos en la Navidad. Es Jesús. La semana pasada, vimos que aquel Niño vino a traernos la verdad. Hoy vemos que El nació para traernos vida. El vino a compartir con nosotros la vida que El mismo tiene.

Pero ¿de qué clase de vida estamos hablando? Vamos a pensar en dos aspectos de la vida que Cristo vino a compartir con nosotros. El primero se encuentra en Juan 10:10: "El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia." Jesús aquí se compara con los ladrones - los falsos profetas, los líderes religiosos que se aprovechan de la gente para su propio beneficio. Ellos terminan destruyendo a sus seguidores, pero El trae vida.

La vida que Jesús trae es una vida en abundancia, no una vida tenue y empobrecida. Esto es lo que todos estamos buscando, pero muchas veces lo buscamos en lugares equivocados. Buscamos una vida buena, pero la buscamos en la maldad. Buscamos una vida de luz, pero la buscamos en la oscuridad.

Somos como marineros náufragos en alta mar, atrapados sin provisiones en un barco salvavidas. Bajo el sol abrasador, la sed se vuelve más y más irresistible. Por fin, buscando satisfacerla, beben del agua salada que rodea su barco. Por un instante sienten alivio; pero al momento, la sed es peor. El agua salada jamás será capaz de satisfacer su sed.

Pero ¿qué es lo que Jesús ofrece? Hablando con la mujer samaritana, Jesús dijo esto: "Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial de que brotará vida eterna." (Juan 4:13-14)

Jesús nos ofrece una vida que satisface, una vida que es como un manantial de agua brotando dentro de nuestro ser. Cuando conocemos a Jesús, la vida es diferente. El nos enseña cómo vivir de verdad. Nos da una vida de verdadero sentido.

¿Alguna vez te has salido de la casa en una mañana con neblina? Todo se esconde tras una cortina de nube. El mundo se vuelve misterioso y oculto. Con el sol, sin embargo, el vapor se comienza a quemar, y se empiezan a ver las cosas como son. Los árboles, las calles, los edificios se revelan con su forma verdadera.

Cuando no conocemos a Cristo, la vida se cubre de neblina. Todo es misterioso y desconocido. No sabemos por dónde ir. Pero Cristo brilla con su luz y disipa ese vapor de duda e inseguridad. El nos enseña a vivir de verdad. En lugar de perder el tiempo con agua salada que jamás puede satisfacer, El nos da a beber el agua de vida.

El nos enseña a conocer el verdadero amor. En lugar de vivir con el amor falso y aparente del egoísmo y la infidelidad, en El encontramos el verdadero amor que se sacrifica y redime. Al conocer su amor, el amor que lo llevó a dar su vida por nosotros en la cruz, aprendemos a amar de verdad. Encontramos así la verdadera vida, porque vivir es amar.

El también nos enseña a conocer el verdadero valor. En lugar de perder nuestra vida en coleccionar posesiones que dejaremos atrás, El nos enseña a hacer tesoro en el cielo. Nos muestra lo que realmente vale la pena conseguir. Nos enseña a disfrutar las bendiciones que recibimos aquí en este mundo, pero sin amarlas.

Con sus enseñanzas, con su ejemplo y con su amor, con la dirección de su Espíritu, Jesús nos da vida abundante. El vino a este mundo para que pudiéramos vivir de verdad. ¿Estás viviendo en la vida verdadera que Jesús te vino a dar? El nacimiento que celebramos en esta temporada del año es el nacimiento del Salvador que nos vino a dar vida abundante.

Pero la vida que Jesús nos vino a dar no es sólo para ese mundo. Cristo vino a este mundo a traernos vida eterna. Leamos sus palabras en Juan 3:35-36:

3:35 El Padre ama al Hijo, y ha puesto todo en sus manos.
3:36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios.

El pecado nos ha condenado a todos. Dios le dijo a Adán y Eva que morirían el día que comieran del árbol prohibido. Cuando ellos comieron ese fruto, no dejaron de existir. Su vida física no se acabo.

Sin embargo, sí murieron espiritualmente. Quedaron separados de Dios. Ya no disfrutaban de la comunión íntima que antes habían tenido con El. Tuvieron que abandonar el jardín y vivir en un mundo afectado por la maldición del pecado. Con el tiempo, sus cuerpos físicos también murieron.

Cristo vino a este mundo a deshacer la maldición que el pecado nos trajo. El pecado nos condena a la muerte, y finalmente al infierno. Pero Cristo vino para que pudiéramos disfrutar lo que Dios siempre quería que tuviéramos - una vida sin fin, una vida de alegría con El para siempre.

El venció el pecado que nos tenía prisioneros, porque El nunca pecó. Venció la muerte cuando resucitó. Por su victoria El nos puede ofrecer vida. ¿Cómo podemos recibir esta vida? No es por algún milagro de la medicina moderna, ni es por alguna tecnología especial. Es solamente por la fe en Jesucristo.

El dice claramente: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna". Parece demasiado sencillo. Siempre queremos agregar más cosas a esta simple realidad. Sin embargo, el mensaje de Dios es muy simple. Si de corazón confiamos en Jesucristo, si de veras creemos que El es nuestro Salvador y lo reconocemos como nuestro Señor, tenemos vida eterna. Nadie nos la podrá quitar.

La vida eterna no es algo futuro. Jesús no dice: "Tendrá vida eterna", sino "Tiene vida eterna". Cada creyente ya posee la vida eterna, porque Jesús se la ha concedido. Desde el momento de nacer de nuevo como creyentes en Jesucristo, tenemos esa vida que jamás se acabará.

En cambio, si no queremos recibir esa vida, quedamos bajo la condenación que nuestro pecado merece. Dios permitirá que enfrentemos el destino que nosotros mismos hemos escogido. La única manera de tener esta vida eterna es por medio de Jesús.

¿Has recibido de Jesús la vida eterna? ¿Sabes con seguridad que vivirás con El para siempre? Si no tienes esa seguridad, ven hoy a El. Acéptalo como tu Señor y Salvador. Si ya lo conoces, ¿estás compartiendo su mensaje con otros? Durante esta Navidad, muchos ven los nacimientos que representan la llegada de Jesucristo al mundo, pero no saben por qué vino. No comprenden lo que significa.

Cristo vino a traer vida. Hablemos con otros de El. Invitémosle a conocer esa vida también. Aprovechemos la temporada para compartir esa vida que Cristo vino a traer, esa vida abundante y eterna.


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