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Domingo 25 de Octubre de 2015

Vivir a la luz de su venida
Pastor Tony Hancock

¿Alguna vez te has dado cuenta de que el mismo evento puede afectar de formas muy diferentes a las personas? Pensemos, por ejemplo, en las personas que juegan a la lotería. No les recomiendo que lo hagan; es un desperdicio de dinero. Pero imaginemos ese momento en que se leen los números ganadores. ¡Hay reacciones muy diferentes! Son los mismos números, pero dependiendo del boleto que hayan comprado, algunos responderán con decepción y otros con alegría.

En un partido de fútbol, un gol puede ser motivo de gran celebración - o de grandes lamentos. Todo depende del equipo al que uno siga. Si el gol es de tu equipo, ¡lo celebras! En cambio, si es del equipo contrario, ¡lo lamentas! Probablemente también te enojes con el portero.

Hay un evento que cambiará por completo la historia. Este evento está cerca. No sabemos qué tan cerca esté, pero sabemos que podría llegar en cualquier momento. Este evento también afectará a las personas de formas muy diferentes. Todo depende de estar preparados para ese evento. Me refiero a la segunda venida de Jesucristo.

¿Sabes que Cristo va a regresar algún día? Muchas personas han perdido la expectativa de su regreso. Dicen: "Los cristianos llevan mucho tiempo diciendo que va a regresar, y todavía no lo hemos visto". Otros se han decepcionado con la multitud de farsantes que, ignorando las claras palabras de la Escritura, ponen fechas para su regreso. Es totalmente seguro que Jesús va a regresar; no cabe duda. Pero tampoco cabe duda que nadie sabe la fecha, como Jesús mismo lo dijo.

Si sabemos que Jesús va a regresar a la tierra, ¿cómo debemos vivir? ¿Habrá alguna diferencia en nuestro caminar diario? Abramos la Biblia en 1 Tesalonicenses 5:1-11 para ver qué nos dice Dios al respecto:

5:1 Ahora bien, hermanos, ustedes no necesitan que se les escriba acerca de tiempos y fechas,
5:2 porque ya saben que el día del Señor llegará como ladrón en la noche.
5:3 Cuando estén diciendo: «Paz y seguridad», vendrá de improviso sobre ellos la destrucción, como le llegan a la mujer encinta los dolores de parto. De ninguna manera podrán escapar.
5:4 Ustedes, en cambio, hermanos, no están en la oscuridad para que ese día los sorprenda como un ladrón.
5:5 Todos ustedes son hijos de la luz y del día. No somos de la noche ni de la oscuridad.
5:6 No debemos, pues, dormirnos como los demás, sino mantenernos alerta y en nuestro sano juicio.
5:7 Los que duermen, de noche duermen, y los que se emborrachan, de noche se emborrachan.
5:8 Nosotros que somos del día, por el contrario, estemos siempre en nuestro sano juicio, protegidos por la coraza de la fe y del amor, y por el casco de la esperanza de salvación;
5:9 pues Dios no nos destinó a sufrir el castigo sino a recibir la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo.
5:10 Él murió por nosotros para que, en la vida o en la muerte, vivamos junto con él.
5:11 Por eso, anímense y edifíquense unos a otros, tal como lo vienen haciendo.

No sabemos cuándo llegará el regreso de Jesucristo. El día de su venida para juzgar y establecer su reino sobre la tierra vendrá como un ladrón en la noche, sin aviso. ¿Alguna vez has sabido de un ladrón que toca el timbre y espera a que se le abra la puerta? ¡Claro que no! El arma del ladrón es el elemento sorpresa.

Al no saber cuándo llegará el ladrón, el dueño de casa sabio se prepara. Cierra la puerta con llave, y revisa las ventanas. No sabe cuándo llegará el ladrón, pero vive aprevenido. Nosotros tampoco sabemos cuándo vendrá Jesús. Por eso, tenemos que vivir aprevenidos. Si vivimos cada día preparados para su venida, cuando llegue, será una grata sorpresa.

En cambio, para el que no cree, el día de la venida del Señor será una sorpresa desagradable. La vida seguirá su curso normal. Todo el mundo irá al trabajo, hablará de la política, se ocupará de sus quehaceres diarios cuando - ¡de repente! - la llegada del Señor los tomará como un inesperado desastre.

En el año 79 después de Cristo, pocas décadas después de que Pablo escribió esta carta, el volcán Vesubio hizo erupción en la costa de lo que ahora es Italia. Dos ciudades - Herculano y Pompeya - quedaron repentinamente enterradas por lava y ceniza. Ese día, muchas personas murieron sin posibilidad de escaparse, debido al tremendo calor de la erupción y la lava.

El desastre llegó repentinamente a estas ciudades. En realidad, numerosos desastres han llegado sin aviso a lo largo de la historia humana. Así también será el regreso del Señor Jesús. Será un desastre sin igual para quienes no estén preparados. No habrá escapatoria.

Pero nosotros hemos recibido aviso. Como dice Pablo: "Ustedes, en cambio, hermanos, no están en la oscuridad para que ese día los sorprenda como un ladrón". Si caminamos en la luz de Cristo, estaremos preparados para ese día. No será para nosotros una sorpresa desagradable, sino la grata realización de nuestros sueños y esperanzas.

¿Qué significa vivir en la luz? Significa vivir en la presencia de Dios, porque El es la luz. Significa esforzarnos por agradarle en todo lo que hacemos. Significa confesar cualquier pecado al instante, sin demora. Significa, sobre todo, confiar en Jesucristo y recordar siempre que es por su sacrificio en la cruz que tenemos salvación y esperanza. Si vivimos así, sabiendo que Jesús puede volver en cualquier momento, no tendremos por qué avergonzarnos cuando El regrese.

Otra cosa que implica vivir a la luz de la venida de Cristo es vivir en sano juicio. Dice Pablo: "No debemos, pues, dormirnos como los demás, sino mantenernos alerta y en nuestro sano juicio". He observado que, en esta cuestión del juicio de Dios, el regreso de Cristo y el fin del mundo, existe una gran falta de sano juicio.

Muchas personas se alteran y se asustan cuando corre algún rumor de que el mundo pronto se acabará, como sucedió el mes pasado con el eclipse lunar del 27 de septiembre. Algunas personas, haciendo uso de una interpretación muy cuestionable de las Escrituras, anunciaron que el fin del mundo sucedería ese día. Obviamente, no sucedió.

Sin embargo, en las semanas anteriores a esa fecha, muchas personas se preocupaban. Se preguntaban si sería el fin del mundo, y se respiraba un ambiente de temor. Pasada la fecha, sin embargo, esas mismas personas regresaron a la rutina. No hubo ningún cambio permanente en sus vidas. ¡Esto no es vivir en sano juicio!

Más bien, debemos vivir siempre conscientes de que Jesús podría volver en cualquier momento, espiritualmente preparados para su venida. De este modo, podemos caminar por la vida seguros, sin tener que entrar en especulaciones que no llevan a nada bueno ni asustarnos por cualquier noticia o especulación.

Si vamos a vivir a la luz de la venida de Cristo, viviremos en amor, fe y esperanza. En lugar de caminar en el miedo y la inseguridad, protejamos nuestro corazón con la coraza de la fe y del amor. Los soldados en el mundo antiguo se protegían los órganos vitales con algo parecido a un chaleco de metal. Esta es la coraza. Las flechas y las espadas no podían penetrar la protección del metal.

Para proteger nuestro corazón, Dios nos llama a ponernos la fe y el amor. Si caminamos confiando en Cristo, sabiendo que El murió para comprar nuestro perdón, estaremos protegidos de cualquier peligro. Si crecemos siempre en nuestro amor por Dios y por los demás, nos protegeremos de la amargura y el coraje.

También hay una protección para nuestra cabeza. Es el casco de la esperanza de la salvación. Si sabemos que Cristo nos está preparando un lugar, si estamos confiados de que nuestra vida está segura con El y que El nos ha rescatado de la ira de Dios, podemos tener una mente sana y segura.

La esperanza de la salvación protege nuestra mente para que podamos pensar bien, en lugar de dejarnos llevar por la preocupación o la desesperación. Pero, ¿cómo podemos tener esa esperanza? ¿Cómo podemos estar confiados en la esperanza de la salvación?

Es que no depende de nosotros. No es algo que nosotros mismos hayamos ganado. Nuestra esperanza está en Dios, porque El nos destinó a recibir la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. Cada uno de nosotros que se ha entregado a Cristo y que ha recibido su perdón comparte su destino.

Este mundo es como un enorme barco que lentamente se está hundiendo. Se está perdiendo cada vez más en pecado y rebelión. Un día, la ira de Dios se derramará sobre este mundo. El castigará plenamente todo el pecado de la humanidad. Pero hay un bote salvavidas. Se llama Jesucristo, y ese bote navegará seguro al puerto cuando el barco se haya hundido.

Así lo decidió Dios. El determinó salvar a cada persona que se refugie en Jesucristo. Si nos hemos entregado a El, ya sabemos cuál es nuestro destino. Dios ya sabía lo que escogeríamos, y nos destinó a la salvación. Jesús ya pagó por nuestra salvación con su muerte en la cruz. Un día, El regresará; si estamos vivos o si estamos muertos cuando llegue ese día, viviremos para siempre con El.

¿Te has preparado para ese día? ¿Le has entregado tu vida a Jesucristo? Si no lo has hecho, hazlo hoy. Si ya te has entregado a Jesucristo, ¿estás viviendo a la luz de su venida? ¿Te daría pena que te encontrara viviendo así? ¿O caminas en su luz, en fe, amor y obediencia?

Se cuenta la historia de un barco de pesca que regresaba al muelle después de un largo tiempo en alta mar. De lejos, el capitán iba observando el muelle y nombrando a las esposas de los marineros que los esperaban allí. Nombre tras nombre se pronunciaba, pero la esposa de uno de los marineros no aparecía.

Por fin, llegaron al muelle. El pescador se fue a su casa, donde encontró a su esposa. Ella le dijo: "¡Te he estado esperando!" Un poco decaído, él le contestó: "Sí, pero las demás esposas nos estuvieron buscando". Seguramente cada creyente sabe que Jesús va a regresar. En ese sentido, lo estamos esperando. Pero ¿lo estamos buscando? ¿Vivimos con la viva realidad de que podría ser hoy? ¡Podría ser hoy! Vivamos cada día a la luz de su venida.


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