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Domingo 2 de Agosto de 2015

Vivir con seguridad
Pastor Tony Hancock

Se cuenta la historia de un antiguo monasterio en Portugal que se convirtió en un atractivo turístico. Muchos visitantes del extranjero llegaban para observar la belleza y aprender de la historia del lugar. Sólo había un detalle: la única manera de llegar al monasterio, que se había construido en la cima de una gran montaña, era por medio de una enorme canasta sostenida por un antiguo cable.

Un turista norteamericano, al subirse a la canasta, empezó a preocuparse. El cable era muy viejo y estaba muy desgastado. Se veía muy peligroso. Tratando de calmar sus nervios, el turista le preguntó al monje que los guiaba: "¿Con qué frecuencia cambian ustedes el cable?" La respuesta del monje no fue muy alentadora. Le dijo: "Lo cambiamos cada vez que se rompe".

Cuando pensamos en la salvación, sospecho que muchos de nosotros nos sentimos como aquel turista. Nuestra situación nos parece muy precaria. Quizás ahorita estemos bien con Dios, pero al rato - ¿quién sabe? Sentimos ansiedad y preocupación. Nunca podemos estar seguros.

Dios no quiere que vivamos así. El quiere que sepamos que somos salvos. De hecho, el apóstol Juan escribió su primera carta con este motivo: "Les escribo estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna." (1 Juan 5:13) De igual modo, cuando Pablo escribe a los tesalonicenses, él le da gracias a Dios porque sabe que El los ha escogido para la salvación.

Dios quiere que tú también lo sepas. En esta mañana, vamos a ver unas evidencias que te pueden ayudar a tener la seguridad de que Dios te ha escogido para salvación. Abramos la Biblia en 1 Tesalonicenses capítulo 1, y leamos los versos 4 al 10:

1:4 Hermanos amados de Dios, sabemos que él los ha escogido,
1:5 porque nuestro evangelio les llegó no sólo con palabras sino también con poder, es decir, con el Espíritu Santo y con profunda convicción. Como bien saben, estuvimos entre ustedes buscando su bien.
1:6 Ustedes se hicieron imitadores nuestros y del Señor cuando, a pesar de mucho sufrimiento, recibieron el mensaje con la alegría que infunde el Espíritu Santo.
1:7 De esta manera se constituyeron en ejemplo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.
1:8 Partiendo de ustedes, el mensaje del Señor se ha proclamado no sólo en Macedonia y en Acaya sino en todo lugar; a tal punto se ha divulgado su fe en Dios que ya no es necesario que nosotros digamos nada.
1:9 Ellos mismos cuentan de lo bien que ustedes nos recibieron, y de cómo se convirtieron a Dios dejando los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero,
1:10 y esperar del cielo a Jesús, su Hijo a quien resucitó, que nos libra del castigo venidero.

En muchas Biblias, un nuevo párrafo comienza en el verso 4. Esto nos podría llevar a pensar que lo que leemos aquí no tiene relación con lo anterior, pero no es así. En los versos que leímos la semana pasada, Pablo da gracias a Dios por los tesalonicenses, por su fe, amor y esperanza.

Ahora continúa con la misma expresión de gratitud a Dios, dándole gracias porque sabía que Dios los había escogido para salvación. Cuando hablamos del hecho de que Dios escoge para la salvación, de inmediato surgen preguntas. Algunas personas dicen: "Si Dios escoge a algunos para la salvación, ¿escoge a otros para condenación?" La Biblia no nos dice esto.

Otros dicen: "Si Dios escoge a algunos para la salvación, entonces no podemos hacer nada al respecto. Algunos se salvarán, y otros se perderán, y ya está hecho." Pero la Biblia tampoco nos enseña esto. Al contrario; la Biblia nos llama constantemente a tomar una decisión. Nos dice que nuestras decisiones son importantes, de vida o muerte.

Lo que podemos decir con seguridad es que la elección de Dios no obra en contra de nuestra voluntad. En otras palabras, si tú sinceramente buscas la salvación, Dios no te dirá: "Tú no eres uno de los elegidos". Jesús dijo que El no echa fuera a ninguno que se acerca a El.

Antes de la creación del mundo, Dios ya conocía a los que El salvaría. El decidió salvar a toda persona que se acerca a Jesucristo para recibir la salvación. Su Espíritu trae convicción al corazón, y nos da fe para creer el evangelio. Nos capacita para que podamos tomar esa decisión de recibir la salvación. La iniciativa no es de nosotros; es de Dios. El decidió salvarnos, y a nosotros sólo nos toca aceptar por fe lo que El ha hecho. El se merece toda la honra y la gloria.

Volviendo a nuestro pasaje, Pablo explica cómo sabía que Dios había escogido a los tesalonicenses para recibir la salvación. Dice: "Sabemos que él los ha escogido, porque nuestro evangelio les llegó no sólo con palabras sino también con poder, es decir, con el Espíritu Santo y con profunda convicción."

Cuando el apóstol Pablo les predicó a los tesalonicenses el mensaje de salvación por la fe en Jesucristo, algo sucedió. El Espíritu Santo se movió en sus corazones. Quizás hizo milagros entre ellos. Cuando ellos escucharon el mensaje, había una profunda convicción que llegó a sus corazones de que era verdad. Quedaron convencidos de que lo que Pablo decía era cierto - no porque él fuera un orador muy convincente, sino porque Dios les dio esa certeza.

Fue por eso que Pablo sabía que Dios los había escogido para la salvación. Es así que tú también puedes saber que Dios te ha escogido para la salvación. ¿Has creído el evangelio? Cuando escuchaste el mensaje de salvación, ¿quedaste convencido en tu corazón de que era cierto? Si el Espíritu Santo te mostró que eres pecador, y te guió a poner tu confianza en Jesús como Salvador con una fe que sigue presente en tu corazón, puedes saber que has sido escogido.

En cierta ocasión, un padre estaba en la piscina con su hijo pequeño de unos 3 ó 4 años de edad. Cargando al pequeño en sus brazos, el padre empezó a caminar hacia la parte más profunda de la piscina. Alarmado, el niño agarraba con más fuerza a su padre, mientras su cara registraba pánico.

Pensándolo bien, el niño no tenía por qué preocuparse. Mientras su padre lo tenía en sus brazos, nada le iba a suceder. En cambio, fuera de los brazos de su padre, no importaba en qué parte de la piscina estuviera. Sus pies no alcanzaban a tocar el fondo de la piscina. Es lo mismo con nosotros. Sin Dios, estamos totalmente perdidos. Mientras El nos tiene en sus brazos, estamos seguros. ¿Cómo sabemos que estamos en sus brazos? Por la convicción que el Espíritu Santo ha puesto en nuestro corazón, la fe que tenemos en El por medio de Jesucristo.

¿Cómo se ve esa fe? Los versos 9 y 10 nos lo cuentan. Leamos estos versículos de nuevo. La fe que nos salva, la fe que demuestra que hemos sido escogidos por Dios para salvación, se refleja en dos cosas. En primer lugar, esta fe nos lleva a dar la espalda a cualquier otro dios que podríamos adorar. Cuando nos entregamos a Cristo, le damos la espalda a cualquier otro pretendiente al puesto supremo en nuestro corazón.

Para algunas personas, esto representa algo muy dramático. Quizás tengan que deshacerse de ídolos que han estado adorando. Quizás tengan que renunciar alguna religión que han estado practicando. Para otros, es más sutil. Los dioses que nos atraen no son tan obvios - dioses de dinero o de placer. Pero entregarse a Cristo siempre significa darle la espalda a cualquier otro dios.

En segundo lugar, la fe nos lleva a esperar plenamente en Cristo. Jesucristo viene a llevarse a su pueblo. El va a regresar de manera visible a este mundo. Si confiamos en El, vivimos a la expectativa de su venida. Vivimos preparados para que El venga, y esperándolo.

Para algunas personas, su venida es motivo de temor. Pero no para nosotros. El nos libra del castigo venidero. Con su muerte en la cruz, El ya tomó sobre su propio cuerpo el castigo que nos tocaba a nosotros. Por lo tanto, si estamos confiando en El, ya no tenemos que tenerle miedo al juicio de Dios. Ese juicio ya cayó sobre Jesucristo, y nosotros en El estamos a salvo. La prueba está en su resurrección de los muertos.

¿Te has vuelto de todo ídolo para adorar al Dios verdadero, al Dios viviente? ¿Esperas a Jesucristo? Si Dios está tocando tu corazón en esta mañana, no resistas su voz. Abrele tu corazón. Pon toda tu confianza en El, y síguele.

Si tú ya conoces a Cristo, ¿vives seguro? ¿Vives confiado en sus brazos? Es que no depende de lo que tú haces. Tú no tienes que salvarte. Depende de lo que Cristo hizo por ti. A ti sólo te toca confiar en El. Así podrás decir, con el salmista: "He calmado y aquietado mis ansias. Soy como un niño recién amamantado en el regazo de su madre. ¡Mi alma es como un niño recién amamantado!" (Salmo 131:2)

Watchman Nee cuenta de un nuevo converso que se le acercó lleno de temor, convencido de que estaba perdiendo su salvación. "No importa cuánto me esfuerzo", le dijo el hombre, "no logro hacer todo lo que Dios espera de mí." Watchman Nee le respondió: "¿Ves este perro mío? Es muy obediente. Está bien entrenado. Nunca ensucia la casa y siempre me obedece."

"En la cocina está mi hijo pequeño. Hace berrinches, tira la comida y se ensucia la ropa. ¿Cuál de los dos heredará mi reino? No será el perro, por más bien portado que esté. Es mi hijo." Tu salvación no depende de que lo hagas todo a la perfección, sino de que Dios haya decidido salvarte. Si tú has respondido con fe a su oferta de salvación, si has dicho que sí a lo que el Espíritu Santo ha hecho en tu corazón, puedes tener la seguridad. No tienes que vivir en temor.

La próxima semana seguiremos considerando este pasaje. Tiene mucho más que enseñarnos acerca de la manera en que podemos vivir la fe que Cristo pone en nuestro corazón. Pero hoy, Dios quiere que estés seguro, totalmente convencido de que eres de El. Si sientes que su Espíritu te está llamando, no ignores su voz. Dile hoy que sí a Jesús.


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