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Domingo 5 de Julio de 2015

El momento preciso para orar
Pastor Tony Hancock

¿Cuándo debemos orar? Una señora iba un día al McDonald's con su hijo cuando, de repente, vieron un accidente de tránsito. Como familia, tenían la costumbre siempre de orar por tales situaciones cuando se presentaran. La mujer señaló lo que había sucedido, y le dijo a su hijo de cinco años: "Debemos orar".

Obedientemente, el niño inclinó la cabeza, cerró los ojos y comenzó a orar. "Querido Dios", dijo el niño, "por favor, no dejes que los carros tapen la entrada al McDonald’s". ¡No creo que eso haya sido lo que su mamá tenía en mente! Pero indudablemente, el niño oró por lo que más le preocupaba.

Como esta historia nos lo demuestra, podemos orar en cualquier momento. Dios siempre está dispuesto a atendernos. Pero cuando recorremos la vida de Jesús, nos damos cuenta de que hubo algunas ocasiones particulares en las que Jesús se dedicaba a la oración. Por alguna razón, nuestro Señor sintió la necesidad especial de orar en estos momentos.

Si nuestro Señor sintió la necesidad de orar, ¿será que tú y yo tenemos menos necesidad que El? Por supuesto que no. Si Jesús creía que era importante orar, seríamos necios si decidiéramos no seguir su ejemplo. Vamos a considerar entonces tres ocasiones particulares en las que Jesús se dedicó especialmente a la oración.

Para conocer el primer momento preciso para orar que descubrimos en la vida de Jesús, permítanme describir un día típico de ministerio. En su primer capítulo, el evangelista Marcos nos cuenta de un día sábado en el ministerio de Jesús. Entró a la sinagoga en Capernaúm, y se puso a enseñar. Los que son maestros podrán confirmar lo que digo: enseñar es trabajo. Cansa.

Mientras enseñaba, un hombre poseído por un demonio confrontó a Jesús, y El expulsó al demonio. Las personas que han sido parte de una liberación demoniaca también me confirman que es algo muy cansador. Deja a la persona agotada.

Saliendo de la sinagoga, Jesús fue con Jacobo y Juan a la casa que compartían Simón y Andrés. Estando allí, Jesús sanó a la suegra de Simón, quien se encontraba en cama con fiebre. Cuando atardeció, un gran grupo de personas se reunió en la casa, llevando a muchos enfermos y endemoniados para que Jesús los sanara y los librara. Podemos tomar por sentado que Jesús no se acostó muy temprano esa noche.

Después de un día tan largo de ministerio, de mucho cansancio, lógicamente Jesús se tomó un día libre para descansar. Seguramente se quedó en la cama hasta tarde, recuperando sus fuerzas, ¿verdad? Marcos 1:35 nos dice qué fue lo que Jesús hizo: "Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar."

Vemos que Jesús repetidas veces tomó tiempo en la mañana para dedicarse a la oración. Fue costumbre de Jesús dedicar tiempo en la mañana para orar; esto no representa un evento aislado. La oración en la mañana es especialmente importante, porque de esta manera le dedicamos a Dios nuestro día y buscamos su dirección.

Los nutricionistas nos dicen que el desayuno es la comida más importante del día, porque despierta el metabolismo y nos da energías para todo el día. Igualmente, la oración en la mañana es muy importante para despertar nuestro espíritu y darnos energía espiritual para caminar en victoria durante todo el día.

Al hacer esto, Jesús siguió el ejemplo del salmista. El Salmo 5:3 dice así: "Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor; por la mañana te presento mis ruegos, y quedo a la espera de tu respuesta." Hay un poder especial que viene cuando empezamos el día con oración.

Para muchos de nosotros, esto representa un sacrificio. Significa poner la alarma para despertarnos más temprano. Significa perder algunos minutos de sueño para pasarlos con nuestro Señor. Cuando nos queremos levantar para orar, cada fibra de nuestro cuerpo nos dirá: "¡Quédate en la cama!" El enemigo hará todo lo posible para que no nos levantemos. El sabe que esos momentos de oración en la mañana pueden marcar la diferencia entre un día perdido y un día de victoria.

¿Cómo comienzas tu día? ¿Lo comienzas, como Jesús, con oración? Te animo a que lo pruebes por una semana. Durante siete días, levántate 15 minutos más temprano de lo normal y dedica esos 15 minutos a la oración. Al final de la semana considera si hay una diferencia palpable en tu vida. Entonces puedes decidir si quieres seguirlo haciendo o no. Jesús oró por la mañana, y debemos aprender de su ejemplo.

El segundo momento preciso para orar lo descubrimos cuando Jesús escogió a sus doce discípulos. ¿Cómo se habrá preparado Jesús para escoger a los hombres que le darían seguimiento a su ministerio? Seguramente les pidió a todos que le entregaran un currículum, y luego los revisó para ver quién estaba más preparado, ¿verdad? O quizás buscó recomendaciones de los líderes religiosos de su día, para saber quiénes eran los mejores candidatos para ser sus discípulos.

Lucas 6:12 nos dice lo que Jesús hizo antes de escoger a sus discípulos: "Por aquel tiempo se fue Jesús a la montaña a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios". Antes de tomar la decisión tan importante de escoger a sus discípulos, Jesús pasó toda la noche en oración. El segundo momento preciso para orar es éste: antes de tomar alguna decisión importante.

No quiero decir, desde luego, que no debemos usar nuestra razón para investigar las diferentes opciones que tenemos, ni que debemos ignorar los consejos que otros nos dan. Pero antes de tomar cualquier decisión importante, debemos apartar un buen tiempo para buscar a Dios en oración y escuchar lo que El nos dice.

Es por medio de la oración que Dios nos da su dirección. Muchas veces me ha pasado que me encuentro inseguro o preocupado por alguna decisión. Cuando por fin decido orar al respecto, Dios me da la respuesta. Puede ser que me venga a la mente durante el tiempo mismo de oración, o que poco después se presente la solución.

Pasar tiempo en oración no es una garantía de que vayamos a tomar la decisión correcta, por supuesto. Pero es una gran preparación para escuchar la voz de Dios y evitar muchos errores. Si contemplas una compra importante, si buscas novia, si te piensas mudar o tomar alguna decisión acerca de tus hijos, no lo hagas sin haber pasado tiempo en oración primero.

Pasar tiempo en oración no significa decir: "Dios, quiero hacer esto y te pido que lo bendigas". Significa tranquilizar tu corazón, meditar sobre lo que Dios te ha revelado en su Palabra y estar dispuesto a escuchar lo que El te puede decir. No tomes ninguna decisión importante sin haber antes orado para buscar la dirección de Dios.

El tercer momento preciso para orar quizás sea el más importante, pero también el más difícil. Es en estos momentos que muchas veces tenemos menos ganas de orar, pero es también cuando es más importante hacerlo. Me refiero a la oración cuando somos tentados. Antes de ser puesto a prueba por Satanás en el desierto al principio de su ministerio, Jesús pasó cuarenta días y noches en ayuno y oración.

De igual manera, antes de ser traicionado a muerte, Jesús también se dedicó a orar. Oró por sus discípulos y oró por sí mismo. Enfrentaba quizás la peor tentación de todas - la tentación a querer abandonar su misión. ¿Cómo reaccionó? Se puso a orar. Sudo grandes gotas como de sangre, pero en la oración encontró la fuerza para cumplir su gran misión.

También nos dijo a nosotros, como discípulos suyos: "Estén alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil." (Mateo 26:41) Cuando nosotros enfrentamos la tentación, tenemos que orar. Es la única manera segura de no caer.

Cuando tú enfrentas una tentación - sea la tentación a cometer algún pecado, la tentación a desanimarte o la tentación a dejar el camino que Dios te ha señalado - tienes que orar. ¿Qué dijo Jesús? "Estén alerta y oren para que no caigan en tentación". Si no oramos, nos convertiremos en presa fácil del diablo.

Algunos años atrás, tomé un viaje a la selva peruana. La selva es muy bella, pero una de las realidades de la selva es que hay muchos insectos - zancudos en particular. Llevé un fuerte repelente, y cada cierto número de horas me lo rociaba en la piel. Hasta cierto punto, fue algo incómodo llevar ese repelente. Me cansé de estármelo poniendo. Al final del viaje, sin embargo, no me habían picado los zancudos. El repelente había hecho su trabajo.

La oración es como aquel repelente. Si nos cansamos de orar, pronto llegan las tentaciones para picarnos y meternos algún malestar espiritual. Pero si somos fieles en orar, será más difícil que caigamos en tentación. La oración nos mantiene conectados con el poder de Dios, que nos ayuda a reconocer y resistir la tentación.

Cualquier momento es bueno para orar, pero hay tres momentos particularmente importantes: por la mañana, antes de tomar alguna decisión importante y cuando somos tentados. ¿Desarrollarás la costumbre de orar? Esta semana aprendí que lo que empieza como disciplina se convierte en deleite. La disciplina de orar por la mañana se convertirá en deleite. El tiempo que pasamos en oración antes de tomar alguna decisión importante nos servirá para evitar muchos errores. La oración en el momento de ser tentados nos puede librar de manos del enemigo.

Queda la pregunta: ¿seguiremos el ejemplo de nuestro Señor? Ahora nos toca decidir.


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