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Domingo 7 de Junio de 2015

Un bautismo sorprendente
Pastor Tony Hancock

Muchas veces en la vida, Dios nos trae sorpresas. Las cosas no siempre salen como pensamos. ¿Alguna vez te ha sucedido? Algunas de esas sorpresas son un poco decepcionantes, como lo que le sucedió a una niña. Siempre le había dicho a su papá que le gustaría ver dónde trabajaba, así que él decidió llevarla un día al trabajo.

Ella parecía estar muy contenta de conocer a cada compañero de trabajo que su padre le presentaba, pero cuando iban de regreso a la casa, llevaba una cara de decepción. "¿Qué pasa?" - le preguntó su padre. "¿No te divertiste?" La niña respondió: "Bueno, estuvo bien. Pero en realidad pensé que iba a ser más como un circo. Siempre andas diciendo que trabajas con un montón de payasos, pero yo nunca los vi."

¡Pobre niña decepcionada! Por supuesto, hay algunas sorpresas que son muy agradables. Hoy vamos a hablar de un hombre que se llevó una sorpresa grande. Al principio, le chocó. No cabía dentro de su manera de ver el mundo. Sin embargo, es una sorpresa muy agradable para nosotros.

El hombre al que me refiero es el apóstol Pedro. La sorpresa que se llevó sucedió durante sus primeros años de ministerio después del regreso de Jesús al cielo. Pedro disfrutaba un ministerio exitoso en varios pueblos, pero todos los que escuchaban su mensaje y lo recibían eran judíos. El seguía con la idea de que los judíos eran el pueblo escogido de Dios, y que la salvación sólo es para ellos. Así se había criado. A veces es difícil cambiar las creencias que uno ha tenido desde niño.

Pero Dios tenía una sorpresa para Pedro. Como al mediodía, él se encontraba orando en la azotea de la casa donde se hospedaba. Dios le dio una visión de una sábana que bajaba del cielo llena de toda clase de animales - algunas de ellas comestibles, de acuerdo con las leyes judías, y otras inmundas. Al ver los animales, Pedro escuchó una voz que le decía: "Mata y come".

Pedro respondió: "¡De ninguna manera! Nunca he comido nada impuro o inmundo." Entonces la voz le respondió: "Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro." Tres veces sucedió lo mismo. Cuando terminó la visión, Pedro se quedó preguntándose qué significado podría tener.

Mientras tanto, sin que él lo supiera, llegaban a su casa algunos hombres enviados por un comandante del ejército que se llamaba Cornelio. El día anterior, un ángel se le había aparecido para decirle que mandara traer a Pedro. Al mismo momento que los hombres estaban llegando al pueblo de Jope, donde estaba Pedro, para preguntar por él, Dios le había enviado la visión de la sábana. Pedro entonces, preparado por el Espíritu, se fue con los tres hombres. Pero todavía no comprendía bien las cosas.

Cuando Pedro entró a la casa, Cornelio se inclinó ante él para rendirle homenaje. Veía a Pedro como alguien muy especial. Pedro, sin embargo, lo levantó y le dijo: "Sólo soy un hombre como tú". Entonces dijo: "Ustedes saben que, según la ley de nuestro pueblo, ningún judío debe visitar a un gentil. Pero Dios me ha mostrado que no debo llamar impuro o inmundo a nadie. Ahora bien, ¿por qué me han mandado traer?"

Dios le había mostrado a Pedro que no debía considerar a nadie como inmundo, pero ¡no le cruzó por la mente que Dios podría querer que le predicara el evangelio a Cornelio! A veces somos muy lentos para comprender lo que Dios quiere, ¿no es verdad? Pero Cornelio pacientemente le explicó que Dios había enviado un ángel, quien le dio instrucciones de que debía mandar traer a Pedro.

Entonces a Pedro le cayó el veinte, y empezó a compartir el mensaje de salvación con Cornelio y su familia. Vamos a leer la explicación que les dio, en Hechos 10:34-48:

10:34 Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas,
10:35 sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.
10:36 Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos.
10:37 Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan:
10:38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
10:39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero.
10:40 A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase;
10:41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.
10:42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos.
10:43 De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.
10:44 Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso.
10:45 Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo.
10:46 Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios.
10:47 Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?
10:48 Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.

El mensaje que les compartió se trata de Jesucristo. Las buenas noticias son de El: de su vida, de su muerte y su resurrección. La respuesta que Dios espera de nosotros es simplemente que creamos en El, y que recibamos el perdón por la fe en su nombre.

Cornelio y los que estaban escuchando con él a Pedro creyeron el mensaje que escucharon. Recibieron al Espíritu Santo, y fueron bautizados. En este día tan especial que vamos también nosotros a celebrar el bautismo, podemos aprender tres cosas importantes del ejemplo del bautismo de Cornelio.

En primer lugar, Cornelio y su familia fueron bautizados porque creyeron en Jesús. El verso 44 nos dice que el Espíritu Santo descendió sobre los que escuchaban el mensaje, y entonces fueron bautizados. En el verso anterior, Pedro les acaba de decir que la salvación viene por la fe en Jesús. Ellos escucharon el mensaje, y lo creyeron; por esto fueron bautizados.

Este es el patrón que se repite a lo largo del Nuevo Testamento. Desde el día de Pentecostés, cuando los que recibieron el mensaje fueron bautizados, al eunuco etíope que Felipe bautizó y en cada otro ejemplo que podemos encontrar, los que son bautizados lo hacen porque han creído en Cristo.

Lo que esto significa es que el bautismo no es un acto mágico que imparte algún beneficio espiritual por el simple hecho de hacerlo. El bautismo sólo tiene sentido si refleja una fe que ha sido puesta en Jesús. Normalmente, un seguidor de Cristo estará bautizado; pero el simple hecho de bautizarse no lo convierte a uno en seguidor de Jesucristo.

En realidad, este principio se aplica a muchas cosas en la vida cristiana. Algunos años atrás se hizo popular la canción "Cuando levanto mis manos". Después de cantar esta canción, un niño miró a su madre y dijo: "Mami, levantó mis manos, pero ¡no siento nada!" Si levantamos las manos o hacemos cualquier otra cosa sin tener fe en el Señor, de nada sirve. Igualmente, el bautismo tiene que ser una expresión de la fe que ya hemos llegado a tener.

La segunda cosa interesante que vemos en el caso de Cornelio y su familia es que ellos recibieron al Espíritu Santo antes de ser bautizados. La señal visible que dieron de haber recibido al Espíritu Santo fue el hablar en lenguas y alabar a Dios. ¿Será que cada persona que recibe al Espíritu Santo hablará en lenguas?

Más bien, vemos que Dios hizo algo especial con ellos, para mostrar claramente a los judíos presentes que también los gentiles podían recibir al Espíritu Santo. Si el Espíritu hubiera venido sobre ellos sin dar señales visibles, los judíos podrían fácilmente haber dudado de que realmente lo habían recibido. Pero al ver las mismas señales que se habían dado en el día de Pentecostés, no lo podían negar.

En otro pasaje, el apóstol Pablo indica claramente que no todos hablan en lenguas. No debemos pensar que todos necesariamente lo haremos hoy en día. Pero la otra cosa que podemos notar aquí es que el Espíritu Santo vino antes y no después de su bautismo. Algunas personas creen que el Espíritu Santo no se recibe hasta bautizarse, pero aquí vemos que no es así. En el momento de creer el mensaje que Pedro les predicaba, ya vino sobre ellos el Espíritu Santo.

Puede ser que, cuando te bautizaste, tuviste una experiencia más profunda de la presencia del Espíritu Santo. Esta es una bendición. Pero El viene a sellarte y a morar en ti en el momento que aceptas a Cristo como Señor y Salvador. Si de corazón has aceptado a Cristo, el Espíritu Santo ya mora en ti.

La tercera cosa que aprendemos del bautismo de Cornelio y su familia es que la salvación es para todos. Pedro y los demás judíos pensaban que la salvación sólo era para ellos, pero Dios les mostró con pruebas convincentes que El llamaba a los gentiles también a la salvación. No hay persona que esté fuera de la salvación que Dios ofrece por medio de Jesucristo, menos la persona que no la quiera aceptar.

Esto significa que la salvación es también para ti. Lo único que tienes que hacer es aceptarla. Pero debes comprender que la salvación sólo viene por medio de una persona: Jesucristo. Cuando Pedro mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo, esto es lo que les da a entender.

Algunas personas se confunden en este punto, pensando que el nombre de Jesucristo se tiene que pronunciar sobre la persona que se bautiza. Entran en debate sobre la fórmula precisa para bautizar. Pero el significado de la frase es que Cornelio y su familia fueron bautizados por la autoridad de Jesucristo, declarando su fe en El.

Sólo hay una forma de recibir la salvación. Sólo hay un camino al cielo. El se llama Jesús, y murió por ti en una cruz. Si no lo conoces, ven a El hoy. Su invitación está abierta, pero no durará por siempre. Un día, la puerta se cerrará y será tarde. No pierdas la oportunidad. Acepta hoy a Cristo.


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