Firmes y Adelante

Enlaces El Sermón Dominical

Esta semana

Todos los Sermones

Contactar al autor

¡Suscríbete!

Domingo 31 de Mayo de 2015

Separados para la santidad
Pastor Tony Hancock

En una escuela secundaria, el personal de limpieza enfrentaba siempre el mismo problema. En el baño de las señoritas, cada día el espejo se llenaba de lápiz labial. Después de aplicar el maquillaje, las muchachas besaban su reflejo y dejaban una mancha muy difícil de quitar.

Por fin, el director decidió hacer algo al respecto. Convocó una reunión de todas las jovencitas de la escuela, y las llevó al baño de las damas. "Señoritas", les dijo, "ustedes le están complicando mucho el trabajo a nuestro conserje. Le voy a pedir que les demuestre cuánto trabajo le cuesta limpiar el espejo cuando ustedes lo llenan de lápiz labial."

El conserje tomó uno de los cepillos que se usaban para lavar el inodoro y lo metió al agua de la taza. Luego, usó el cepillo para tallar el espejo. ¡Ya te imaginarás las caras de asco que pusieron las estudiantes! Desde ese momento, el conserje ya no encontró manchas de lápiz labial en los espejos.

Hay ciertas cosas que no se deben juntar. Se deben mantener separadas. Como lo vemos en este ejemplo, el agua de la taza de baño y los espejos deben mantenerse separados. Podríamos mencionar muchos otros ejemplos de cosas que no se deben juntar. La Biblia nos enseña que nosotros también debemos separarnos de ciertas cosas.

Si amamos y servimos a un Dios santo, nosotros como sus hijos tenemos que ser santos. Esto implica estar separados de lo que no le agrada a Dios. Desde que se empezó a predicar el evangelio, sin embargo, algunos creyentes no han comprendido esto. Piensan que pueden participar en las cosas del mundo, cosas que a Dios le desagradan, y todavía quedar bien con El.

Entre los miembros de la Iglesia en la ciudad de Corinto existía esta idea. Algunos creían que podían seguir asistiendo a las fiestas de los ídolos que antes frecuentaban, con su desenfreno y maldad. Otros no veían nada de malo en buscar una novia que no fuera creyente. Frente a esto, el apóstol Pablo les escribe instrucciones que son también para nosotros. Leámoslas en 2 Corintios 6:14 al 7:1:

6:14 No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad?
6:15 ¿Qué armonía tiene Cristo con el diablo? ¿Qué tiene en común un creyente con un incrédulo?
6:16 ¿En qué concuerdan el templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente. Como él ha dicho: Viviré con ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por tanto, el Señor añade:
6:17 Salgan de en medio de ellos y apártense. No toquen nada impuro, y yo los recibiré.
6:18 Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor Todopoderoso.
7:1 Como tenemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, para completar en el temor de Dios la obra de nuestra santificación.

Dios nos llama a vivir vidas de santidad, separados de lo malo. Pero ¿cómo hacemos eso? ¿Qué clase de separación debemos llevar? La primera cosa que tenemos que decir es que no estamos hablando de una separación geográfica. Dios no nos está llamando a todos a convertirnos en monjes, a recluirnos en algún monasterio y no ver a nadie que no sea creyente.

Algunos años atrás corrió el rumor de que un grupo quería tomar control de un rincón de este estado y declararlo un asilo para cristianos conservadores. Mientras el resto del país vivía en maldad y perdición, según el rumor, ese territorio se regiría con principios bíblicos. Yo no sé qué tan cierto haya sido el rumor, pero eso no es lo que Dios quiere de nosotros. Debemos ser sal y luz en el mundo donde vivimos, en lugar de retirarnos de los lugares donde podríamos tener alguna influencia positiva.

Tampoco se trata de una separación altiva o altanera. No nos separamos de los demás porque nos creemos mejores que ellos. Si algo bueno hay en nuestra vida, es por la gracia de Dios. Dios no es una Doña Florinda celestial, diciéndonos: "Vámonos tesoro, no te juntes con esa chusma". No debemos adoptar la actitud de Quico, diciéndole a todo el mundo: "Chusma, chusma."

Dios nos está llamando a una separación que lleva a una vida de pureza, una vida que cumple los propósitos que Dios tiene para cada uno. C. S. Lewis comentó en una ocasión: "Muy poco sabe la gente que cree que la santidad es aburrida. Cuando uno se encuentra con la verdadera santidad, es irresistible." Al llamarnos a la santidad, Dios no nos llama a algo sin sabor; nos llama a algo emocionante, a un reto.

En el pasaje que hemos leído descubrimos dos grandes verdades acerca de la separación que lleva a la santidad. La primera de ellas es que la santidad nace de la adoración. Esto lo vemos en el verso 16. Si tú le has entregado tu vida a Jesucristo, eres una piedra viva en el templo de Dios. El mora en ti. El ha decidido vivir en nosotros y entre nosotros.

El profeta Isaías recibió una visión de la santidad de Dios un día cuando se encontraba adorando en el templo. El vio a Dios, grande y exaltado. Tan sólo el borde de su manto llenaba todo el templo. Poderosos ángeles lo adoraban. Sus voces eran tan fuertes que el sonido de su alabanza estremecía todo el templo.

La primera reacción de Isaías fue gritar: "¡Ay de mí, que estoy perdido!" Al estar frente a la presencia del Dios santo, reconoció su propia impureza. Toda su vida se había comparado con los demás, y había quedado bien. Pero ahora que se encontraba en la presencia de Dios, se dio cuenta de que realmente no estaba bien. Pensó que moriría al instante, pero no fue así. Dios mandó a uno de los ángeles a purificar sus labios con un carbón encendido del altar. Así Isaías fue purificado y preparado para la tremenda tarea que Dios tenía para él.

Así como Isaías sólo llegó a reconocer su necesidad de separarse de la impureza cuando se encontró en la presencia de Dios, nosotros también llegamos a comprender la importancia de separarnos de lo impuro cuando vemos la grandeza de nuestro Dios. Es por El que nos purificamos. Nuestra experiencia de la santidad de Dios en la adoración nos inspira a querer vivir en santidad también.

Cuando tratamos de vivir en santidad por otras razones, fácilmente nos convertimos en fariseos, orgullosos de nosotros mismos. Es sólo cuando nos damos cuenta de lo grande que es Dios, lo majestuoso, lo maravilloso, lo asombroso que es El, que tenemos la motivación correcta para vivir en santidad. Somos el templo de Dios. El mora en nosotros. Somos un lugar de adoración. Es por esto que buscamos la santidad.

La segunda cosa que descubrimos aquí es que la separación que refleja la santidad de Dios produce relación. Podríamos pensar que la separación produciría soledad, pero es todo lo opuesto. Cuando nos separamos de lo impuro, quedamos libres para estar en relación con Dios y con los demás.

Leamos de nuevo los versos 17 y 18. Dios nos llama a separarnos de la maldad de este mundo, a separarnos de lo impuro, precisamente para que podamos ser recibidos por El. Si vivimos en relaciones que nos contaminan, si nos dejamos influenciar por la maldad de este mundo, quedamos separados de Dios.

Pensemos en un drogadicto. La droga lo consume. Sus amigos y familiares le ruegan que lo deje. Le dicen que lo aman, que no necesita esa droga, que le quieren ayudar. Pero él prefiere la droga, y les da la espalda a su familia y a sus amigos. A cambio del placer pasajero que la droga le da, sacrifica las relaciones más valiosas.

El pecado es una droga. Nos consume. Nos lleva a sacrificar nuestras relaciones más preciosas - incluso la relación con Dios mismo - a cambio de unos momentos de placer. Sólo podemos tener amistad con Dios y estar cerca de El si nos alejamos de todo lo que le ofende. Es más, descubriremos que nuestras relaciones con los demás se vuelven más profundas y verdaderas cuando nos alejamos de las malas influencias.

El pecado te da una ilusión de amistad y compañerismo. Los amigos de parranda te pueden acompañar y abrazar, pero cuando viene la crisis, ¿dónde están? En cambio, la santidad produce verdadera amistad - con Dios, y también con sus hijos.

Es por esto que Pablo dice, en el verso 14, "No formen yunta con los incrédulos". En la ley del Antiguo Testamento, se prohibía arar un campo con una yunta de dos animales diferentes - por ejemplo, un buey y un burro. ¡No funciona muy bien esta clase de combinación! Aquí se aplica el mismo principio a las relaciones humanas.

Nos está diciendo que evitemos relaciones muy cercanas con no creyentes. La primera aplicación de este principio es al matrimonio. Cada joven debe buscar como pareja a otro creyente, en lugar de permitir que su corazón sea atraído por alguien que no comparte su fe. Por más que se amen y sean compatibles en otras áreas, la familia sufrirá si la pareja no comparte lo más importante en la vida - la relación con Dios.

Es diferente, por supuesto, si se trata de una pareja ya casada. Dios le dice al cónyuge creyente que no se separe. Pero para los jóvenes, es muy importante no buscar novio o novia que no sea creyente. Se evitan muchos problemas de esta manera, y se preparan para una vida de alegría.

¿Significa esto que no debemos tener amistad con los que no sean creyentes? No significa esto. Al contrario, creo que debemos ser amigables con todos. Somos una sola raza humana, después de todo. Pero cada uno de nosotros tiene que preguntarse: ¿a quiénes les estoy permitiendo influirme? ¿Quiénes son las personas que me están formando? ¿Hay algún lugar que esté frecuentando que no sea digno de un creyente? En estos casos, se necesita la separación.

Cuando era estudiante de preparatoria, hace ya muchos años, solía escuchar música secular. Mis padres, siendo creyentes, no me lo prohibieron; sabían que había ciertas decisiones que yo mismo debía tomar. Me gustaba el ritmo y las melodías, y como muchos, decía que no escuchaba la letra.

Llegó un día, sin embargo, en el que iba caminando por el pasillo de la escuela, y de repente - sin que lo quisiera - me vino a la mente una canción secular. La letra era un poco vulgar, pero realmente nunca le había puesto atención. Pero ya no me podía sacar esa canción de la cabeza. En ese momento decidí dejar de escuchar regularmente la música secular y escuchar música cristiana.

He descubierto algo muy interesante. Ahora, cuando paso por un momento de preocupación o ansiedad, sin que yo lo busque me viene a la mente una canción que me da esperanza. Lo que me llena la mente y el corazón son alabanzas, en lugar de otras cosas. No hay que hacer esto, por supuesto, de una manera legalista. No me cubro los oídos en los restaurantes, por ejemplo.

Pero yo te animo a preguntarte: ¿de qué me debo yo separar para poder vivir en la santidad, como dice el verso 7:1, de cuerpo y de espíritu? ¿Hay alguna relación o algún lugar que debo dejar de frecuentar? ¿Hay algún programa que debo dejar de ver? Mira la razón: tú eres templo de Dios. Mira la recompensa: podrás vivir en relación mucho más cercana con El y con tus hermanos. No te lo pierdas por cosas que realmente no valen la pena.


Visita la página web renovada del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net. Las novedades incluyen la célula familiar, una guía sencilla para reunirse en familia cada semana. También habrá nuevas respuestas a las preguntas al pastor. Si no has visitado www.pastortony.net últimamente, ¡visítalo ya!

Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

Ver todos los mensajes publicados


¡Suscríbete a la lista Sermones y recibe todos los Domingos estos sermones en tu casilla de correo! Clickea AQUI para llenar el formulario de suscripción.


El Sermón Dominical

Foros Ekklesia Viva - www.foroekklesia.com
Portal Iglesia Triunfante - www.iglesiatriunfante.com
¡Ayúdanos a dar a conocer esta web! | Declaración de Fe