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Domingo 15 de Diciembre del 2002

El valor de la vejez
Pastor Tony Hancock

Nota: Este sermón fue preparado para uso dentro de una iglesia que tiene una junta de ancianos que gobierna la iglesia, con diáconos en función de siervos. Creemos que esto sigue el ejemplo neotestamentario. Sin embargo, otras iglesias pueden tener diferentes estructuras, y se podrá aplicar este mensaje a los líderes que cumplen la función de ancianos, aunque no lleven tal título.

Hoy en día existe poco respeto para la vejez. En todas partes se nos comunica la idea de que la juventud es lo más valioso. Podríamos contrastar esta actitud con la del que dijo, La juventud se desperdicia en los jóvenes. El reconocía que los jóvenes realmente no poseen suficiente experiencia o madurez para disfrutar del vigor de la juventud.

No, hoy en día se piensa que ser joven - o parecerlo, por lo menos - es lo más importante. Se gastan millones de dólares cada año en comprar cremas, hacerse tratamientos, e intentar de otras maneras mantener la juventud.

No es malo tratar de lucir lo mejor posible. Pero en todo este esfuerzo, hemos perdido de vista el valor de la vejez. En otras culturas y en otras edades, las canas han sido consideradas la corona de una persona sabia. El anciano se ha visto como alguien que tiene experiencia y sabiduría para compartir con la nueva generación.

Es triste que hayamos perdido esta perspectiva, pues despreciamos la sabiduría de quienes ya han vivido. Más bien, elegimos encerrarlos en asilos para ancianos, visitándolos con la menor frecuencia posible, pretendiendo borrar de nuestra memoria su existencia - pues nos hacen recordar que nuestra juventud también es fugaz.

La Biblia nos habla de la vejez de otro modo. Proverbios 20:29 nos dice: La gloria de los jóvenes radica en su fuerza; la honra de los ancianos, en sus canas. Los jóvenes tienen mucha energía, pero los ancianos tienen experiencia y sabiduría para compartir.

Tomando en cuenta esta realidad, podemos comprender la razón que la Biblia nos habla de los ancianos de la iglesia. Quizás hemos usado la palabra anciano como título por tanto tiempo que se nos ha olvidado que realmente significa viejo. Podríamos decir que los ancianos de la iglesia son los viejos de la iglesia.

Tenemos que aclarar que no necesariamente serán los miembros más avanzados de edad que servirán de ancianos. Pero los ancianos de la iglesia deberán ser hombres que, en virtud de su experiencia en la vida cristiana y sus dones, puedan dirigir a la iglesia con sabiduría y perspicacia.

En este día, dedicaremos a dos ancianos para servir a nuestra iglesia. Es importante que entendamos cuál es su función. Vamos a examinar primero qué esperar de un anciano, y luego veremos qué entregar a un anciano.

Lectura: 1 Timoteo 3:1-7

3:1 Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea.
3:2 Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar;
3:3 no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro;
3:4 que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad
3:5 (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?);
3:6 no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo.
3:7 También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo.

Algunos de ustedes se estarán haciendo la pregunta, ¿No íbamos a hablar de los ancianos? ¡Este pasaje parece tratarse de obispos! Sí pensaban eso, los felicito por su atención.

La realidad, sin embargo, es que los términos obispo y anciano son sinónimos en el Nuevo Testamento. Vemos, por ejemplo, que Pablo reúne a los ancianos de la iglesia en Éfeso (esto se relata en Hechos 20:17: "Enviando, pues, desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia." ). Más tarde, él los llama obispos (en el versículo 28: "Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre."). Queda claro, entonces, que estos dos nombres se refieren a las mismas personas.

Para evitar confusión, no usamos la palabra obispo; pero reconocemos que estas palabras que se dirigen a los obispos se refieren a quienes nosotros llamamos ancianos.

Ahora bien: llegamos al primer asunto que ocupará nuestra atención en esta mañana.

I. Qué esperar de un anciano

El cuerpo de ancianos, dirigidos por el pastor, tiene dos funciones primordiales en el Nuevo Testamento. Es importante entender que los ancianos no son sacerdotes, de alguna manera especial; el Sumo Sacerdote sobre la iglesia es Jesús, y cada miembro es un sacerdote.

La primera función primordial de los ancianos es ésta: La comunicación de la Palabra de Dios mediante ejemplo y enseñanza. Notamos que este pasaje está lleno de requisitos que tienen que ver con el carácter.

En nuestro mundo, la persona exitosa suele ser la persona inteligente, o atractiva, o que tiene alguna habilidad especial que utiliza para ganarse dinero y una buena posición en la sociedad. Podemos fácilmente cometer el error de pensar que las mismas personas serán buenos líderes para la iglesia.

Creo que ésta es una de las razones que hemos visto tantos casos de líderes cristianos que han caído en pecado. En vez de poner énfasis en el carácter, hemos pensado que el mejor líder para la iglesia es una persona carismática que habla bien y sale bien en las fotografías.

La Biblia enfatiza cosas más ordinarias y más importantes: que no sea borracho, que sea respetable, y cosas similares. La razón es que, ante todo, el anciano tiene que enseñar mediante su ejemplo.

El anciano que no tiene un carácter cristiano es como el padre o la madre que le dice a su hijo que no fume - mientras enciende otro cigarrillo. Si por algún milagro el hijo no se hace fumador, no será gracias al padre; será a pesar de su mal ejemplo.

De igual modo, el anciano tiene - ante todo - que ser una persona que demuestra con su vida lo que es ser cristiano. Además de esto, deberá tener el don de la enseñanza.

Cuando comparamos las listas de requisitos para los ancianos y los diáconos, descubrimos algo interesante: ¡son casi idénticos!

La diferencia está en la última parte del versículo 2: capaz de enseñar. No es requisito del diácono que pueda enseñar, pero sí se espera que el anciano enseñe. He aquí la primera responsabilidad del anciano: enseñar la Palabra.

Esto significa que los ancianos serán responsables de enseñar en grupos pequeños, en grupos grandes, y uno a uno. Debes de esperar de los ancianos que estén nutriendo tu vida espiritual mediante su enseñanza bíblica.

La segunda función de los ancianos se ve en los versos cuatro y cinco. La iglesia es como una familia. ¿Se pueden imaginar a una familia donde los hijos toman todas las decisiones? ¡Espero que no hayan tenido la mala fortuna de crecer en una! Todos los días, las comidas serían papitas, Coca-Cola, y helados. Nadie iría a la escuela. Nadie se cepillaría los dientes, ni se bañaría, ni se pondría vacunas. Sería un desorden, y terminaría en el desastre.

Ahora bien, los miembros de la iglesia son adultos, y no niños; pero existe la necesidad de que haya dirección y autoridad dentro de la iglesia, así como las hay en la familia. Bajo la autoridad de Cristo, los ancianos son responsables de dirigir a la iglesia para el crecimiento y bienestar de sus miembros.

Los ancianos no son dictadores; lejos de eso. En oración, buscando la dirección del Espíritu Santo, buscan mejorar la vida de la iglesia y trazar un plan para el futuro. Debes de esperar que los ancianos creen un ambiente de progreso en la iglesia.

Bueno, hemos hablado de lo que se puede esperar de un anciano; pero ¿qué se debe de entregar a un anciano?

Pasemos a Hebreos 13:17 para verlo:

13:17 Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.

II. Qué entregar a un anciano

Cuando se habla de dirigentes aquí, se refiere a los ancianos - y se habla de algo que no nos gusta mucho: la obediencia. Hoy en día la obediencia no está muy de moda.

Solemos ir de un extremo al otro, de una obediencia ciega a una rebelión total, cuando ninguna de ellas es lo que Dios desea. En el mundo actual, es muy pequeño el peligro de caer en la obediencia ciega. Más bien, se nos enseña a seguir nuestro propio camino, hacer lo que nos parezca mejor, y jamás someternos a la autoridad de nadie.

Podemos tomar por sentado que nunca debemos de obedecer ciegamente. Siempre podemos cuestionar lo que se nos enseña a la luz de la Biblia. Pero debemos de tener mucho cuidado. Si no respetamos la autoridad de los dirigentes, entonces los estorbamos en el cumplimiento de su tarea.

En otras palabras, cuando todos creen tener el derecho de rechazar el liderazgo simplemente porque "no me gusta" o "no me parece bien", entonces la iglesia se estancará. La primera cosa que debes a un anciano es respeto a su autoridad.

Esto significa que, si los ancianos anuncian algún programa, ellos merecen que los apoyes. Si tienes alguna observación o sugerencia, hazla en privado. No te opongas al liderazgo de los ancianos en público, a menos que haya una falla muy grave - alguna cuestión moral, como lo sería el defalco de dinero o el adulterio.

Quizás no te caiga bien algún anciano; pero le debes el respeto a su autoridad. Y además de eso, le debes atención a su enseñanza. Obedecer y someterse a los ancianos no simplemente significa respetar su dirección en la iglesia; significa también tomar en cuenta lo que enseñan.

Si tú nunca has dado una clase de estudio bíblico familiar, si nunca has predicado un sermón, si nunca has dirigido una clase de discipulado, no te imaginas el trabajo que cuesta hacerlo bien.

Cualquiera puede pararse ante una clase y hablar; pero para hablar de una manera interesante, directa, y organizada, requiere de mucha preparación y mucho estudio. ¿No crees, entonces, que el anciano que así enseña se merece que le des tu atención y tu apoyo?

Es una falta de respeto a su preparación llegar tarde innecesariamente; es una falta de respeto hacer chistes o comentarios inapropiados a tus compañeros de clase; es una falta de respeto no prestar atención a lo que se está presentando.

El anciano se merece tu atención a su enseñanza.

Quizás los ancianos de la iglesia no luzcan barbas blancas o abundantes canas. Ellos se merecen, sin embargo, tu respeto y tu atención, a la vez que se esfuerzan en comunicar la Palabra y dirigir a la iglesia para tu bien.

Se cuenta del niño de primaria que solía llegar tarde de la escuela. Su mamá le preguntó: "Sales de la escuela a la misma hora cada día. ¿Cómo es que no llegas a la casa a la misma hora?" El niño explicó, "Depende de los carros". Su mamá quedó asombrada. "¿Qué tienen que ver los carros?" Respondió el niño, "El patrullero que nos hace cruzar la calle nos obliga a esperar hasta que vengan algunos carros para que él los pueda hacer parar".

Ese patrullero se dejó intoxicar por el poder. Así no debe de ser en la iglesia. Más bien, sus líderes dirigen para servir, y enseñan por su ejemplo antes de sus palabras. Es mi oración que los ancianos que hoy dedicamos sean esa clase de líderes.


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