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Domingo 22 de Marzo de 2015

Intenciones malinterpretadas
Pastor Tony Hancock

Antes de que yo naciera, mis padres conocieron a una señora norteamericana que vivía en Costa Rica. Esta señora era madre de un bebé varón. Un día, antes de salir, la señora le pidió a la niñera que le diera un baño al bebé. Le quiso decir que le diera un baño con jabón, pero como no dominaba perfectamente el español, le dijo que lo bañara con jamón.

La niñera ya se había acostumbrado a las costumbres extrañas de los gringos, así que siguió al pie de la letra las instrucciones de la señora. Quizás pensó que era algún tratamiento nuevo para el cutis. De todos modos, cuando la señora regresó a casa, allí estaba su bebé - completamente cubierto de grasa, debido a su refrescante baño de jamón.

¡Pobre señora! Sus intenciones para el bebé fueron totalmente malinterpretadas. En este caso, el resultado fue gracioso - además de grasoso. Pero hoy vamos a conocer a una mujer cuyas intenciones también fueron malinterpretadas por la mayoría de la gente que la rodeaba. Sin embargo, fueron comprendidas perfectamente por la persona que más importaba.

¿Alguna vez has sentido que tus intenciones fueron malinterpretadas? Dios nos invita a aprender a escuchar la voz que realmente importa. Acompáñame a conocer a este mujer, llamada María. Recogemos su historia seis días antes del día en que Jesús fue crucificado, un día antes de su entrada triunfal en Jerusalén.

María, su hermana Marta y su hermano Lázaro eran amigos de Jesús. El llegó a visitarlos en el pueblo de Betania, donde ellos vivían. No hace mucho, Jesús había resucitado a Lázaro. Era la primera vez que había vuelto a Betania desde ese suceso, y uno de los hombres del pueblo dio un gran banquete en honor a Jesús. Lázaro estaba sentado a la mesa con El, mientras Marta y otros servían la cena.

En eso, llegó María con medio litro de un perfume muy costoso, hecho de una planta que crece en las montañas de la India. Este perfume, llamado nardo, valía lo que ganaba un trabajador con un año de trabajo. Su valor hoy equivaldría a miles de dólares. Algunas personas incluso usaban el nardo como una inversión, de la manera en que hoy se usa el oro.

María tomó este perfume y lo derramó sobre Jesús. Cayó sobre su cabeza y sobre sus pies. María empezó a secarle los pies con su cabello, mientras toda la casa se llenaba del olor de aquel perfume.

Muchas de las personas que estaban allí la criticaban en su mente. Judas Iscariote dio voz a los pensamientos de muchos cuando dijo: "¿Por qué no se vendió este perfume, que vale muchísimo dinero, para dárselo a los pobres?" Algunos de los que pensaban así seguramente tenían interés por el bienestar de los necesitados, pero Judas lo dijo con otro interés.

Resulta ser que Judas era el tesorero de los discípulos, el que llevaba la bolsa donde se ponía el dinero con que se sostenían Jesús y sus seguidores. Judas era ladrón, y solía sacar dinero de la bolsa. El no se preocupaba por el bienestar de los pobres; más bien, vio una oportunidad perdida para enriquecerse él mismo.

Aunque seguramente sabía lo que Judas hacía, Jesús no lo confrontó en ese momento. Más bien, El dijo: "Déjala en paz. Ella ha estado guardando este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres siempre los tendrán con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán". La gente alrededor malinterpretaba las intenciones de María, pero Jesús vio su corazón.

Leamos esta historia en Juan 12:1-11:

12:1 Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos.
12:2 Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él.
12:3 Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.
12:4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar:
12:5 ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?
12:6 Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella.
12:7 Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto.
12:8 Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.
12:9 Gran multitud de los judíos supieron entonces que él estaba allí, y vinieron, no solamente por causa de Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos.
12:10 Pero los principales sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro,
12:11 porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús.

Mateo y Marcos también nos cuentan esta historia; Lucas nos cuenta de otra mujer que también ungió los pies de Jesús, pero en otra ocasión mucho antes en su ministerio. Al contarles la historia, he agregado algunos detalles que relatan Mateo y Marcos.

Dios puso en el corazón de María el deseo de hacer algo extravagante, algo espléndido, para demostrar su amor por Jesús. Lo que ella hizo no era lógico, humanamente hablando. No le traería ningún beneficio directo a ella. Fue la simple expresión de un corazón humilde y agradecido con Jesús por todo lo que había hecho por ella.

Pero Jesús vio en lo que ella había hecho un gran significado. Dijo: "Ella ha estado guardando este perfume para el día de mi sepultura". María había preparado el cuerpo de Jesús para lo que le iba a suceder dentro de menos de una semana, su muerte en la cruz por los pecados de todos nosotros.

El Señor no quería decir con esto que María había ungido su cuerpo a propósito para prepararlo para la muerte. Aunque El les había dicho a sus discípulos varias veces que tenía que morir, ellos no lo habían comprendido - ¡y eran los que andaban constantemente con El! Nunca se registra en la Biblia que le haya dicho algo así a María.

Pero en el plan de Dios, su acción - motivada por un corazón sincero y humilde - llegó a tener un enorme significado. Llegó a representar la preparación para el mayor acto de sacrificio y salvación que el mundo haya conocido. María misma no lo entendió cuando decidió ungir a Jesús con el perfume. Los demás malinterpretaron su acción. Pero Jesús le dio el significado verdadero.

Si sientes en el corazón el deseo de hacer algo extravagante para darle las gracias a Jesús, no te detengas. Si tu sacrificio nace de un corazón agradecido y humillado, a Dios le agradará. Podrá llegar a tener un significado aun más allá de lo que tú te imaginas. La gratitud y la adoración que Jesús se merece debe ser extravagante.

Quizás te puedas identificar con María al ver las reacciones de las personas que la rodeaban. Ella fue públicamente criticada por Judas Iscariote, y Marcos registra que muchos otros pensaban lo que Judas expresó verbalmente. No dejes que las opiniones de los demás te detengan de mostrar tu gratitud a Jesucristo por lo que El ha hecho por ti.

Puede ser que algunos te critiquen por seguir a Jesús en una Iglesia evangélica. Quizás te critiquen por el tiempo que dedicas a servir al Señor. Para ellos, no tiene sentido. Podrías dedicar ese tiempo a otras cosas que, según ellos, serían de más provecho. Puede ser que no comprendan por qué inviertes tus recursos en el reino de Dios, en lugar de usarlos para otras cosas.

Lo más importante no es complacer a los demás, sino complacer a Jesucristo. Si te critican, si te señalan, si se burlan de ti, acuérdate de María. Es interesante comparar a María con la persona que la criticó. En su relato de este evento, Marcos registra las siguientes palabras de Jesús: "Les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se predique el evangelio, se contará también... lo que ella hizo". (Marcos 14:9)

Esa acción tan criticada se ha contado en muchos países, en honor a un acto de agradecimiento y de adoración. ¿Qué pasó con Judas, el que la criticó? Terminó ahorcándose, y luego su cuerpo se desplomó y reventó de la putrefacción. No quiero decir que todos los que critican al creyente van a terminar así. Al contrario, esperemos que se arrepientan y se reconcilien con Dios. Pero es bueno recordar que la historia no se ha terminado aún.

La acción de María fue malinterpretada, pero Jesús la defendió. En realidad, podríamos decir que El es el más malinterpretado de todos. Para Judas Iscariote, Jesús representaba simplemente una manera de enriquecerse. Cuando Jesús no cumplió con sus expectativas, lo traicionó a cambio de treinta monedas de plata - un precio que correspondía al precio de un esclavo.

Muchas personas hoy en día sólo se interesan por seguir a Jesús si les ofrece dinero. Es cierto que la prosperidad viene del Señor. Sin embargo, si tú sólo sigues a Jesús porque esperas recibir riquezas a cambio, te decepcionarás. Jesús no es un genio que simplemente se aparece para darte lo que quieras.

Los líderes religiosos veían a Jesús como un competidor. Cuando se dieron cuenta de que muchos lo estaban siguiendo, buscaron la forma de deshacerse de El. Hasta la fecha, muchos ven a Jesús del mismo modo. Ellos quieren ser amos de su propio destino, pero Jesús se declara Señor y Rey. No pueden aceptar que otro los mande, así que buscan deshacerse de El.

Lastimosamente, muchas personas religiosas también reaccionan así. Buscan la manera de quedar bien con Dios dándole sólo una parte de su vida, en lugar de entregarlo todo a su control. Pueden decir incluso que Jesús es su Señor, pero sus vidas demuestran una realidad muy diferente.

Sin embargo, vemos en esta historia a un grupo de personas que veían a Jesús de una forma muy diferente. El principal representante de este grupo es María. Ella no lo entendía todo acerca de Jesús. Sin embargo, ella escuchó sus enseñanzas. Estaba dispuesta a aprender de El, como lo descubrimos en otra anécdota de su vida contada antes en los evangelios.

Ella confiaba en Jesús. Lo amaba, y estaba dispuesta a sacrificar lo más valioso que tenía en adoración a El. En esta mañana, ¿con quién te identificas más? ¿Cómo ves a Jesús? ¿Lo ves como una fuente de dinero, nada más? ¿Lo ves como un rival? ¿O has llegado, como María, a verlo como tu Señor, tu Salvador y tu Rey? En esta historia, la persona que más dio también más recibió. Sus intenciones fueron malinterpretadas por muchos, pero la persona que más importaba la comprendió perfectamente.

Ese mismo Jesús hoy te invita a venir a El en humildad y recibir el regalo de salvación que El te compró con su sacrificio en la cruz. Conocerlo a El vale cualquier sacrificio, pero no cuesta nada. Se recibe por fe. ¿Conoces a Jesús? ¿Lo recibirás hoy?


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