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Domingo 15 de Febrero de 2015

La prueba y la provisión
Pastor Tony Hancock

Durante una visita a un manicomio, un visitante le preguntó al director de la institución: "¿Qué criterio se usa para determinar si un paciente debe ser internado?" El director le dijo: "Bueno, lo que hacemos es llenar una tina de baño, y luego le ofrecemos una cuchara, una taza y una cubeta al paciente y le pedimos que vacíe la tina."

"Ya veo", respondió el visitante. "Una persona cuerda usa la cubeta para vaciar la tina, porque es más grande que la cuchara o la taza." "¡No, no, no!" - respondió el director. "¡Una persona cuerda saca el tapón!" No te voy a pedir que me digas cómo hubieras respondido a esta prueba. ¡Qué bueno que no aplicamos esa clase de prueba aquí! ¿verdad?

Hoy vamos a conocer a un hombre que enfrentó una prueba mucho más dura que ésta. De su ejemplo aprendemos cómo podemos nosotros enfrentar las pruebas, pero también descubrimos la pródiga provisión de Dios. Este hombre se llama Abraham. Es una de las figuras más importantes que descubrimos en las páginas de la Biblia.

A este hombre, Dios le prometió que sería el padre de una gran nación. Además de esto, le prometió que todas las naciones de la tierra serían bendecidas a través de él. Es con Abraham que comenzaría el proyecto divino de la restauración de la humanidad. Sin embargo, había un problema. Abraham y su esposa Sara ya eran ancianos. Ella nunca había tenido hijos.

¿Cómo, entonces, podría Abraham convertirse en el padre de una gran nación? ¡Es difícil llegar a ser padre de una gran nación si uno no tiene ni siquiera un hijo! Pasaron los años, y por fin, Sara tuvo un hijo - ¡a los noventa años de edad! Fue un gran milagro. Al fin existía la posibilidad de que Abraham, por medio de su hijo Isaac, llegara a ser el padre de esa gran nación.

Pero un día, Dios le habló y le dijo algo realmente extraordinario. Abramos la Biblia en Génesis 22, y leamos los primeros dos versículos:

22:1 Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
22:2 Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.

Dios le puso una prueba muy dura a Abraham. Le mandó sacrificar a su único hijo. Era una doble prueba para Abraham. Por una parte, como padre, sería muy difícil sacrificar a su hijo. Por otra parte, ese hijo era su única esperanza de que la promesa de Dios se cumpliera en su vida.

¿Cómo reaccionaría Abraham? En un momento lo veremos. Primero, hay un par de cosas que debemos comprender. En primer lugar, Dios ya no volverá a usar esta prueba con nosotros. En su ley, Dios ha declarado claramente que El no desea el sacrificio humano. Pero esta ley fue dada después de Abraham. Para él, este mandato de Dios no representaba ninguna contradicción, porque Dios no había revelado aún su ley acerca del sacrificio. Nosotros podemos saber que Dios nunca nos mandará hacer algo que contradiga su ley revelada.

La segunda cosa que debemos comprender es la diferencia entre la prueba y la tentación. El apóstol Santiago nos enseña que Dios no tienta a nadie, ni puede El mismo ser tentado. Satanás es el tentador. La diferencia entre una prueba y una tentación es la meta que tienen. La prueba tiene como meta demostrar la realidad de nuestra fe o de nuestra consagración, mientras que la tentación tiene como meta hacernos caer en pecado y alejarnos de Dios.

La misma situación podría ser una prueba y una tentación. Dios lo usa como prueba, para ver si le seremos fieles; el diablo lo usa como tentación, para tratar de alejarnos de Dios. Si resulta ser prueba o tentación depende nosotros: si le prestamos más atención a Dios, o al diablo.

Sigamos leyendo la historia ahora, continuando con los versos 3 al 10:

22:3 Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.
22:4 Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos.
22:5 Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.
22:6 Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos.
22:7 Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?
22:8 Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.
22:9 Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña.
22:10 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.

¿Qué habrá pensado Abraham mientras hacía los preparativos para el viaje? Se levantó temprano, sin hacer desidia ni dejadez. Tomó el hacha y cortó la leña para el sacrificio. Llamó a dos de sus criados, y a su querido hijo Isaac, que ya era un muchacho adolescente o joven.

Colocando la leña sobre un burro, se fue hacia el lugar que Dios le había indicado, el monte Moria. Por tres días caminaron juntos. ¿De qué habrán platicado en el camino? ¿Habrá estado distraído Abraham, tratando de responder a la conversación de su hijo sin delatar la angustia que sentía por dentro? Sospecho que este viaje de tres días fue infinito para Abraham.

Por fin, llegaron a su destino. Entonces Abraham dejó atrás a los dos criados, con el burro, y siguió hacia delante con Isaac. Pero Isaac tenía una pregunta. ¿Dónde estaba el animal para el holocausto? ¡Pobre Isaac! Si tan sólo supiera que el holocausto lo sería él mismo. ¡Cómo le habrán dolido estas palabras a Abraham!

En la reacción de Abraham vemos la fe en acción. La fe que tú y yo tenemos en el Señor no se refleja en los sentimientos que tenemos en los momentos bellos de la vida, sino en las decisiones que tomamos en los momentos difíciles. Cuando lo que Dios hace parece no tener sentido, es cuando tenemos que actuar en base a lo conocemos de El.

Abraham conocía a Dios. Sabía que podía confiar en El. Por lo tanto, salió de viaje con su hijo, obedeciendo lo que Dios le había mandado hacer. Lo interesante es que Abraham no sabía lo que Dios iba a hacer. El pensó que Dios iba a resucitar a Isaac, porque les dijo a los criados: "Regresaremos juntos a ustedes". No dijo: "Regresaré", como si fuera a volver solo, sino "Regresaremos".

¿Por cuáles pruebas te encuentras pasando? ¿Qué circunstancias en tu vida están probando la fe que tienes en Dios? Tú no tienes que saber lo que Dios va a hacer; de hecho, si lo supieras, ya no tendrías que confiar. Cuando un niño se asusta, ¿qué hace? Corre a su papá o su mamá. Cuando se encuentra en los brazos de su padre, se siente seguro. No tiene que saber cómo manejará la situación; sólo confía en que él sabrá qué hacer. Así nos llama Dios a confiar en El.

¿Qué sucedería con Isaac? Sigamos leyendo los versos 11 al 14 para ver qué sucede:

22:11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
22:12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.
22:13 Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
22:14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.

En el momento preciso, el ángel del Señor detuvo a Abraham. Había pasado la prueba. Dios nunca había querido que sacrificara a su hijo, pero ahora la fe de Abraham se había demostrado y llegaría la provisión de Dios.

Un carnero, enredado por los cuernos en un matorral, tomó el lugar de Isaac como holocausto. Dios mismo había provisto el sacrificio que se ofreció ese día. Entonces Abraham le puso a ese lugar Jehová Yiré, que significa, "El Señor proveerá". Tenemos un Dios que provee.

Hay dos cosas interesantes que vemos en esta provisión. La primera es que la provisión de Dios no siempre llega como nosotros la esperamos.

Abraham pensaba que Dios resucitaría a Isaac después de sacrificarlo, y sabemos que el Señor tiene el poder para hacerlo. Abraham no se equivocó respecto al poder de Dios, sino a su plan. Puede ser que tú estés atravesando una prueba, y te confundes porque Dios no responde de la manera que tú crees que lo hará.

Quizás incluso hayas confiado para algo en particular, sabiendo que Dios lo puede hacer, y luego no lo ha hecho. ¡No confundas el poder de Dios con su plan! Puedes estar seguro de que Dios obrará, pero no siempre lo hará de la manera en que tú piensas. Confía en El, y deja los detalles en sus manos.

La segunda cosas que vemos es que la provisión de Dios viene en el momento preciso, ni antes ni después. Dios fácilmente podría haberle provisto a Abraham el carnero desde el momento que salió de la casa, pero entonces no habría tenido la oportunidad de ejercer su fe. Dios también podría proveernos a nosotros con todo lo que necesitamos desde un principio, pero entonces, no tendríamos la oportunidad de ejercer nuestra fe.

Recuerdo un ejemplo de esto que sucedió años atrás. Cuando apenas comenzaba este ministerio, llegó un momento en que no había dinero para mi sostén económico. La tesorera me dijo: "Lo siento mucho, pero no tenemos dinero. ¡Sólo quedan diez centavos en la cuenta corriente!" Nos pusimos a orar, y dejamos el asunto en manos de Dios.

Pocos días después, llegó un cheque en la cantidad de varios miles de dólares. Calculo que el cheque tuvo que haberse enviado el día que nos pusimos a orar. Dios no responde cuando nosotros lo esperamos, pero siempre lo hace en el momento preciso. ¡Podemos confiar en El!

Terminemos de leer el pasaje, los versos 15 al 19:

22:15 Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo,
22:16 y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo;
22:17 de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.
22:18 En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.
22:19 Y volvió Abraham a sus siervos, y se levantaron y se fueron juntos a Beerseba; y habitó Abraham en Beerseba.

Dios le prometió nuevamente a Abraham que todas las naciones de la tierra serían bendecidas por medio de su descendencia. En realidad, todo este evento con Isaac es una prefiguración de la provisión mucho más grande que Dios ha hecho por nuestros pecados.

Nosotros, como Isaac, estábamos destinados a morir. La Biblia dice que la paga del pecado es la muerte, y todos hemos pecado. Sin embargo, en el momento preciso, Dios proveyó un substituto para tomar nuestro lugar: su único Hijo, Jesucristo. El se ofreció por nuestros pecados en una cruz sobre esa misma montaña, donde posteriormente se había construido la ciudad de Jerusalén.

¿Cómo podemos recibir el gran beneficio del sacrificio de Jesucristo? Sólo si tenemos fe como la de Abraham, fe que confía en la provisión de Dios. ¿Has confiado en Jesucristo? ¿Te has entregado a El? Dios ha provisto el remedio perfecto para tus pecados y los míos. Acepta por fe su provisión, y empieza a caminar por fe. Sólo así puedes estar a salvo.


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