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Domingo 1 de Febrero de 2015

La restauración de un niño malcriado
Pastor Tony Hancock

Tres niños malcriados se fueron de paseo al zoológico. Se detuvieron frente a la jaula de los elefantes, pero casi de inmediato, un policía llegó y se los llevó. Los acusó de causar un disturbio, y se los llevó a la oficina de seguridad para indagar el asunto.

El supervisor de seguridad les pidió que se identificaran y declararan lo que habían estado haciendo frente a la jaula de los elefantes. El primer niño, con cara de inocente, dijo: "Mi nombre es Pedro, y lo único que hice fue tirar cacahuates a la jaula de los elefantes." El segundo niño dijo: "Mi nombre es Jaime, y lo único que hice fue tirar cacahuates a la jaula de los elefantes." El tercer niño se veía un poco más agitado que los otros dos. "Mi nombre es Carlos", tartamudeó, "pero me dicen Cacahuates."

¡Qué listos son los niños malcriados!, ¿no es verdad? Se inventan cualquier pretexto para tapar sus fechorías. ¿Cómo llegan los niños a ser malcriados? Recuerdo una vez escuchar a una madre que regañaba a su hijo. "¡Niño malcriado!" - le decía. Me puse a pensar, ¿quién tiene la culpa de que sea malcriado? Obviamente, fue mal criado - la palabra misma lo dice.

Esto no significa que todos los niños mal portados lo son por culpa de sus padres. Algunos niños nacen con carácter fuerte, o se rebelan sin buena razón. Pero la crianza tiene mucho que ver con el carácter del niño. La Biblia nos habla de varios niños malcriados, y hoy vamos a conocer la vida de uno de ellos. En su vida descubrimos un par de cosas que debemos evitar en la crianza de los niños. Pero también vemos cómo podemos ser restaurados por el único Padre perfecto.

Este niño malcriado se llamaba Jacob, y era mellizo. Su hermano se llamaba Esaú. Aunque se gestaron juntos en el vientre de su madre, eran muy diferentes. Jacob era un hombre de hogar. Le gustaba cocinar. Era también el preferido de su madre. Esaú, en cambio, era cazador. Prefería estar en el campo, lejos de la gente, siguiendo la pista de algún animal. Era el preferido de su padre.

En apariencia también eran muy diferentes. Jacob era lampiño, mientras que Esaú era muy velludo. El nombre de Jacob significa "engañador", y su nombre le quedaba de maravilla. Se la pasaba buscando la manera de aprovecharse engañosamente de los demás.

En una ocasión, cuando eran jóvenes, Esaú había llegado cansado de la cacería. No había comido, y encontró a Jacob preparando un sabroso guisado de lentejas. "Dame un plato de lentejas", le pidió Esaú a Jacob. Pero Jacob, aunque se tratara de su hermano, no pensaba dar algo a cambio de nada. Resulta ser que Esaú había nacido antes de Jacob, por unos minutos; esto le daba ciertos derechos como primer hijo. Jacob le dijo: "Te daré un plato de lentejas, si me entregas tus derechos de primogénito."

Esaú no pensó bien las cosas. Decidió hacer el trato, y le vendió a Jacob sus derechos como primogénito a cambio de un plato de lentejas. Decidió consentir su apetito, en lugar de retener lo que realmente importaba. Hoy en día, muchos cometen el mismo error: consienten sus apetitos, en vez de dar lugar a lo que realmente importa.

Todo esto había sucedido hace tiempo. Ahora Isaac, el padre de Jacob y Esaú, había llegado a viejo. Estaba ciego y medio sordo, pero todavía le gustaba la carne que cazaba su hijo preferido Esaú. Le pidió a su hijo que saliera a cazar algún animal y que se lo preparara. Luego, Isaac le daría a Esaú su bendición.

Rebeca, la esposa de Isaac y madre de Jacob y Esaú, escuchó lo que dijo Isaac. De inmediato, se le ocurrió una idea. Fue a buscar a Jacob, y le dijo que matara a dos de los mejores cabritos y se los llevara. Ella los prepararía, y Jacob se los llevaría a Isaac, fingiendo ser Esaú. Como Jacob era ciego, no se daría cuenta y le daría la bendición a él en lugar de su hermano.

Jacob se mostró renuente. El era lampiño, y su hermano velludo. ¿Qué pasaría cuando su padre lo tocara? Pero Rebeca ya había pensado en eso. Cuando Jacob regresó con los cabritos, su madre lo vistió con ropa de Esaú. Luego tomó pedazos de la piel de los cabritos, y le cubrió los brazos y el cuello. ¡Ahora sí estaba listo para hacerse pasar por Esaú!

Cuando entró a ver a su padre, Isaac le preguntó cómo había llegado a encontrar tan pronto un animal para cazar. Esto es lo que dijo Jacob: "El Señor tu Dios me ayudó". ¡Qué descaro! Pero en su pretexto, Jacob dijo algo muy revelador. En lugar de decir el Señor mi Dios, dijo el Señor tu Dios. Obviamente, Jacob aún no había llegado a considerar al Señor como su Dios.

Isaac seguía un poco inseguro, así que le pidió a Jacob que se le acercara. Cuando lo tocó, dijo así: "La voz es la de Jacob, pero las manos son las de Esaú". Entonces Isaac comió lo que Jacob le había traído, y luego le concedió la bendición. Tan pronto había salido Jacob, llegó Esaú con la comida que le había preparado a su padre.

Al darse cuenta de lo que había sucedido, Isaac empezó a temblar. ¿Qué podía hacer? ¡Ya le había dado la bendición a Jacob! Ante la insistencia de Esaú, Isaac le dio una bendición - pero era mucho más pobre que la de Jacob. ¡Jacob, el engañador, se había quedado con la mejor bendición!

Esaú se puso furioso. Decidió que, tan pronto falleciera su padre, terminaría con la vida de su hermano tramposo. Pero Rebeca se dio cuenta de lo que estaba pensando, y mandó a Jacob a visitar a su tío que vivía lejos. Jacob tuvo que huir, y pasarían catorce años antes de que Jacob volviera a su casa.

¿Qué trajo esta división a la familia de Isaac y Rebeca? ¿Qué separó a los hermanos, a tal grado que el uno quería matar al otro? Jacob era tramposo, y Esaú no pensó bien la venta de sus derechos de primogénito. Pero más allá de esto, vemos los errores de sus padres, la mala crianza que llevó a Jacob a ser malcriado.

Uno de estos errores fue el favoritismo. Isaac prefería a Esaú, y Rebeca a Jacob; el favoritismo aumentó los problemas entre los dos hermanos y causó una división en la familia misma. En cualquier familia, cuando los padres tienen favoritos entre sus hijos, los problemas no tardarán en llegar.

Es natural, supongo, que un padre se acerque más a un hijo que se parece más a él. Por ejemplo, un padre de familia que fue deportista en su juventud sentirá una conexión mayor con un hijo que también es deportista. En cambio, si tiene un hijo que es más artístico o estudioso, le será difícil identificarse con él.

Es natural, pero debemos reconocerlo cuando sucede y esforzarnos por pasar tiempo con todos nuestros hijos. Nuestros sentimientos no deben controlar nuestras reacciones. Aunque nos sintamos más cerca del niño que se parece más a nosotros, debemos esforzarnos por hacer conexión con todos.

Como resultado del favoritismo, Isaac y Rebeca mostraron una falta de unión en la disciplina de sus hijos. En lugar de unirse para guiarlos, se convirtieron en rivales, cada uno favoreciendo a un hijo diferente. Esto nunca produce buenos resultados. Los padres no siempre van a estar de acuerdo en la crianza de sus hijos, pero deben resolver estas diferencias a puerta cerrada. Ante los hijos es importante mantener una frente unida, para evitar la manipulación y la división.

Los padres sabios prestarán atención a estos ejemplos que Dios nos da en su Palabra. Sin embargo, no existen padres perfectos en este mundo. En algún sentido, por más buenos que hayan sido nuestros padres, todos hemos sido mal criados en algún aspecto de nuestra vida. En algo nos han fallado nuestros padres.

La buena noticia que encontramos en la historia de Jacob es que tenemos un Padre celestial que nos puede restaurar. Vamos a avanzar unos catorce años en la historia. En la casa de su tío Labán, Jacob se ha casado con dos de sus primas - Raquel y Lea. La historia de sus matrimonios es interesante, pero no tenemos tiempo para leerla en esta mañana.

Llegamos al momento en que Jacob volverá a ver a su hermano Esaú, después de catorce años de separación. Jacob no sabe cómo su hermano lo recibirá; hace varios arreglos para tratar de protegerse, en caso de que su hermano todavía le guardara rencor. En el camino a encontrarse con su hermano, Jacob tuvo un encuentro que cambió su vida. Leamos de este encuentro en Génesis 32:22-30:

32:22 Y se levantó aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc.
32:23 Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía.
32:24 Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.
32:25 Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.
32:26 Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.
32:27 Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.
32:28 Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.
32:29 Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.
32:30 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.

En un encuentro misterioso, Jacob luchó con alguien hasta el amanecer. Sólo fue al final que se dio cuenta de que había estado luchando con Dios, quien había tomado la forma de un ángel. En medio de la lucha, Dios le hace una pregunta muy interesante a Jacob. Le dice: "¿Cómo te llamas?"

¿Crees que Dios no conocía el nombre de Jacob? ¡Claro que sí! Pero la última vez que alguien le había preguntado a Jacob su nombre - catorce años antes, cuando su padre Isaac le había hecho esa pregunta - se había hecho pasar por Esaú. Ahora Dios le llama a reconocer quién es en verdad - Jacob, el tramposo, el engañador.

Tú y yo podemos ser restaurados por nuestro Padre perfecto, pero El nos llama primero a enfrentar la realidad de lo que somos. El nos llama a la honestidad y la transparencia. Mientras andemos con máscaras, con hipocresías y pretextos, jamás podremos ser sanados y restaurados por Dios. Es sólo cuando reconocemos nuestro verdadero nombre ante El que empieza el proceso de restauración.

Luego, Dios le dio a Jacob otro nombre. Le puso por nombre "Israel", que significa "lucha con Dios". Con este nombre le decía algo muy importante. No sólo había luchado con Dios aquella noche. El debía comprender que su verdadera lucha es con Dios. En otras palabras, es con El que tenemos que arreglar cuentas. Sólo El nos puede sanar y restaurar.

Hermanas, ¿alguna vez han hecho un molde de gelatina? Usando un molde de plástico o de metal, se puede servir gelatina con muchas formas decorativas. Se vierte la gelatina al molde, y al cuajarse, toma la forma del molde. En cierto sentido, un niño es como esa gelatina. Tomará la forma del molde de crianza que se le dé.

Pero la crianza más importante es la que recibimos de nuestro Padre celestial. Seguramente tus padres te fallaron en algo. Pero si tú le abres el corazón al Padre celestial, El podrá traer sanidad y restauración a tu vida - así como lo hizo con Jacob.


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