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Domingo 25 de Enero de 2015

El pacto matrimonial
Pastor Tony Hancock

¿Qué es el matrimonio? Existen muchas ideas diferentes al respecto. Por ejemplo, una maestra de escuela dominical les trataba de enseñar a sus alumnos la diferencia entre el bien y el mal. "Voy a ponerles un ejemplo", le dijo a la clase. "Digamos que yo sacara la cartera del bolsillo de algún hombre y le quitara todo el dinero. ¿Qué sería yo?"

Uno de los niños levantó la mano. "Sería su esposa, maestra" - respondió. ¡Al parecer, este niño creía que el matrimonio es una especie de robo legal! Otros tienen diferentes ideas. Pero me parece que la manera en que la mayoría de la gente ve el matrimonio hoy en día es como un contrato.

En un contrato, las dos partes se ponen de acuerdo en cumplir con ciertas condiciones para beneficio de los dos. Por lo general, el contrato dura cierto tiempo. Cuando se termina el contrato, los dos quedan libres de obligación.

Como ejemplo podemos tomar los contratos con las compañías de servicio móvil. A cambio de un precio descontado en el teléfono, se firma un contrato de 1 ó 2 años. Pero de repente, uno podría encontrar una mejor oferta. Pagando un poco de dinero, se sale de su contrato y queda libre para entrar en contrato con otra compañía.

Así es que muchos ven el matrimonio. Firman su contrato con la mejor opción que puedan encontrar en ese momento, pero si luego les llega una mejor oferta, quieren tener la opción de terminar su contrato actual y firmar otro mejor. ¿Será esta la forma correcta de ver el matrimonio?

Ante la ley del hombre, el matrimonio es una clase de contrato. Ante la ley de Dios, sin embargo, el matrimonio es mucho más que un contrato de mutuo beneficio. Dios creó el matrimonio para que fuera un pacto. Un pacto es más que un contrato; es un compromiso personal, que se hace ante testigos, y que trae bendición cuando se honra. Quiero invitarte hoy a dejar que la Palabra de Dios transforme tu manera de ver el matrimonio.

Comenzamos con Génesis 2:18-24, donde el Señor realizó la primera boda:

2:18 Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.
2:19 Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.
2:20 Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.
2:21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.
2:22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.
2:23 Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.
2:24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

El hombre necesitaba una compañera. Su soledad no era buena. Por esto, Dios sacó de su costilla el material para formar a la mujer. ¿Por qué de la costilla? Para que estuviera a su lado, caminando junto con él. No la hizo de sus pies, para que la pisoteara; tampoco la hizo de su cabeza, para que lo mandara. Más bien, de su costilla le hizo una compañera ideal.

Cuando Dios le presentó al hombre a su compañera, la Biblia comenta lo siguiente: "Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser." El matrimonio es un pacto creado por Dios, y en ese pacto, los dos se unen para toda la vida. Llegan a ser una sola carne, un solo ser.

Esto va mucho más allá de un contrato. En un contrato, las dos partes mantienen su independencia; sólo se unen para algún fin en particular. Pero en el pacto matrimonial, así como Dios lo diseñó, se produce una unión para toda la vida. La relación matrimonial llega a ser más importante que cualquier otra relación.

Por esto dice que "el hombre deja a su padre y a su madre". No significa que después de casarse se olvide de ellos, sino que ahora su relación con su esposa es más importante que su relación con sus padres. Se evitarían muchos problemas si algunas suegras recordaran esto, y si los esposos les dieran el lugar de honor a sus esposas que ahora se merecen.

Incluso la relación de pareja es más importante que la relación con sus propios hijos. En un hogar sano, la relación entre el esposo y su esposa es la base sólida de una familia donde los hijos se sienten seguros, porque saben que papá y mamá no se van a separar. El compromiso de pareja pone el fundamento para un hogar donde los hijos puedan florecer. La mejor cosa que los padres pueden hacer por sus hijos es amarse el uno al otro.

Cuando pensamos en el matrimonio, debemos recordar que es un pacto creado por Dios, no un invento de la sociedad humana. El rey Salomón conocía esta verdad, aunque parece que la olvidó en su vida personal. Declara en Proverbios 18:22: "Quien halla esposa halla la felicidad: muestras de su favor le ha dado el Señor."

Una esposa es una encomienda del Señor. Hermano, Dios te ha dado a tu esposa. Piensas que tú mismo la conquistaste, pero en realidad, Dios te la dio. Es un regalo precioso, y debes cuidarla. Te has unido con ella en un pacto creado por Dios, no en un simple compromiso por conveniencia.

Un pareja se iba a casar, y había llegado el momento de llenar los formularios necesarios. Una pregunta del formulario decía así: "¿Entra usted a este matrimonio por su propia voluntad?" El novio miró a su prometida. Ella le dijo: "Pon que sí". ¡Parece que había un poco de confusión acerca de su voluntad propia!

Desde luego, cada pareja tiene que casarse libremente y sin obligación. Pero tenemos que comprender que, detrás de la libre elección del hombre y la mujer, está la voluntad sagrada de Dios. El creó el pacto matrimonial. El matrimonio no es una creación humana, que podemos definir a nuestro propio antojo. Es una creación divina.

Por este motivo, el matrimonio se debe respetar y honrar. En cierto momento de la historia de Israel, muchos de los hombres se divorciaban de sus esposas para casarse con otras mujeres que tenían dinero. A Dios, esto no le pareció bien. Leamos el mensaje que envió a través del profeta Malaquías, en Malaquías 2:13-16:

2:13 Y esta otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla con gusto de vuestra mano.
2:14 Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto.
2:15 ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud.
2:16 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales.

Dios nos declara que El odia el divorcio. El hombre que, por conveniencia o por lascivia, rechaza a su esposa para casarse con otra es tan culpable como el que destruye su hogar por la violencia doméstica, según el verso 16. El Nuevo Testamento nos menciona un par de casos en los que el divorcio puede permitirse - el adulterio y el abandono de hogar, específicamente.

Pero debemos tomar en serio esta palabra: "Yo aborrezco el divorcio - dice el Señor, Dios de Israel". A Dios, el divorcio le ofende. Es una traición del pacto sagrado del matrimonio. Si comprendemos que el matrimonio fue creado por Dios como un pacto sagrado, tenemos que respetar y honrarlo.

Hoy en día, hay muchas personas que quieren disfrutar de los beneficios del matrimonio sin honrarlo como un pacto sagrado. Recuerdo la primera vez que le pregunté a alguien si estaba casado, y me respondió que no. "Vivo en unión libre", me comentó. La frase me chocó. ¿Cómo puede ser unión, si es libre? Sería como un círculo cuadrado, o hielo caliente.

La verdadera unión requiere entregar la libertad personal a cambio de algo mucho mejor. Pero la unión libre no es verdadera unión. En realidad, tampoco es libre. Se paga un precio por entregarse a alguien sin tener la bendición del compromiso. No podemos separar al acto de ser una sola carne del pacto matrimonial que lo debe acompañar. Dios nos está llamando a respetar y honrar el matrimonio.

Henry Ford, el fundador de la compañía de automóviles Ford, pasó muchos años fabricando un solo modelo de carro, el Modelo T. La marca luego se expandió a varios modelos, pero cuando le preguntaron a Ford en su cincuenta aniversario de bodas cuál había sido su secreto para la felicidad en el matrimonio, respondió así: "Es lo mismo que en el negocio de los carros. Enfócate en un solo modelo."

¿Qué debe hacer la persona que ha fallado en esta área? Es como cualquier pecado; tenemos que reconocer primero que es pecado, confesarlo al Señor con un corazón arrepentido, y hacer un cambio en nuestra vida. El sexo antes del matrimonio no es el pecado imperdonable, pero sí es pecado. No debemos tratar de maquillarlo con palabras bonitas. El matrimonio se debe respetar y honrar.

Pero alguien podría preguntar: ¿Por qué es tan importante el matrimonio? ¿Qué significado tiene? La verdad es que el matrimonio tiene un sentido espiritual. Efesios 5:25 dice: "Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella". Este y muchos otros pasajes de la Biblia nos enseñan que el matrimonio es un retrato de la relación entre Dios y nosotros.

El matrimonio cristiano es un pacto, porque Dios se ha unido a nosotros con un pacto. El no nos invita a entrar en una relación con El que durará sólo mientras le convenga. Si fuera así, no tendríamos ninguna relación con El en absoluto. Más bien, El nos invita a ser parte de un pueblo que estará unido para siempre con El por lazos de amor y de compromiso.

Cuando deshonramos el matrimonio, opacamos ese lindo cuadro que Dios nos ha dejado del amor y compromiso que El tiene con nosotros. Hermano, cuando tú amas a tu esposa y te mantienes fiel a ella, reflejas el amor fiel de Dios hacia su pueblo. Hermana, cuando tú respetas a tu esposo y lo apoyas, reflejas el compromiso que todos tenemos con nuestro Salvador y Señor.

Puede ser que, por razones que están fuera de tu control, tu matrimonio haya fracasado. En este mundo de pecado, a veces es así. Pero puedes saber que, si eres miembro del cuerpo de Cristo, eres parte de una familia que nunca se disolverá. Tienes un Señor que nunca te abandonará para fijarse en otra.

Nosotros servimos a un Dios de pactos. A lo largo de la historia humana, El se ha relacionado con nosotros por medio de pactos. Nos está llamando a nosotros también a ser personas de pacto. Nos llama a honrar el pacto matrimonial. Más allá de eso, nos llama a entrar en pacto con El. ¿Has entrado en pacto con Cristo? ¿Te has comprometido con El? El ya te ha mostrado la profundidad de su amor por ti, muriendo en la cruz. ¿Lo aceptarás? ¿Te unirás a su pueblo?


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