Firmes y Adelante

Enlaces El Sermón Dominical

Esta semana

Todos los Sermones

Contactar al autor

¡Suscríbete!

Domingo 23 de Noviembre de 2014

Paga el precio
Pastor Tony Hancock

Hoy te quiero hablar de algunas personas que pagaron el precio. Una de ellas se llama Julia. Como joven, Dios la llamó al campo misionero. Se fue al país de Ecuador, donde sirvió al Señor durante cincuenta años en la sierra. Se casó, pero por razones de salud, su esposo no soportaba las alturas donde ella vivía. Como resultado, sólo podían verse de vez en cuando. Ella pagó el precio.

Otro que pagó el precio fue Jaime. Dios lo llamó, junto con cuatro compañeros, a alcanzar a una tribu de indígenas en la selva. A pesar de sus mejores intentos, los indígenas malinterpretaron sus intenciones y los mataron. Jaime y los otro cuatro mártires pagaron el precio.

A través de la historia humana, incontables números de personas han pagado el precio. ¿A qué precio me refiero? Es el precio de amar. Julia y Jaime no dejaron sus hogares porque les habían ofrecido grandes sumas de dinero por hacerlo; al contrario, podrían haberse ganado mucho más si se hubieran quedado en su propio país. Tampoco lo hicieron por comodidad, o por aventura; enfrentaron muchas incomodidades y sinsabores en el camino.

Lo hicieron por amor. Pagaron el precio de amar, de amar a Dios y amar a la gente que necesita de Dios. La semana pasada, hablamos acerca de lo que el amor le costó a Dios. Le costó la vida de su propio Hijo. Jesucristo fue ofrecido como sacrificio por nuestros pecados - no porque nos debiera algo, o porque tuviera alguna obligación, sino simplemente por amor.

La pregunta que tenemos que contestar nosotros es ésta: ¿estamos dispuestos nosotros también a pagar el precio de amar? Si Dios nos ha amado tanto, si El fue dispuesto a sacrificar la vida de su propio Hijo a favor nuestro, ¿cómo podemos corresponderle? Nunca podremos dar lo que Dios nos ha dado. Pero sí podemos seguir su ejemplo y pagar el precio de amar.

Abramos la Biblia en 1 Juan 4:7-12:

4:7 Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.
4:8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.
4:9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.
4:10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
4:11 Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.
4:12 Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.

Mientras leemos estos versículos, pidámosle a Dios que El nos hable a través de ellos. ¿Cómo llegamos a conocer el amor? ¿Lo conocemos en alguna canción romántica, en una telenovela, en una película? Todas estas cosas reflejan alguna clase de amor, pero el verdadero amor lo conocemos en Dios.

Existen diferentes clases de amor en este mundo. De hecho, el idioma griego en el que se escribió el Nuevo Testamento tenía diferentes palabras para describir las diferentes clases de amor. Uno es el amor eros, el amor romántico que une a la pareja. Otro es el amor filial, el amor familiar que une a hermanos. Pero el amor más alto, el amor perfecto, es el amor ágape. Este es el amor de Dios.

El amor ágape es un amor que se sacrifica. No busca sólo su propio bien. No guarda rencor. Es paciente, considerado y sincero. Ese verdadero amor, ese amor más puro y más alto, sólo lo llegamos a conocer a través de lo que Dios ha hecho.

Estoy seguro que todos hemos sentido amor en muchas ocasiones. Amamos a nuestros padres, a nuestros familiares y a nuestros amigos. Luego llegamos a amar a nuestra pareja, y amamos a nuestros hijos. Todas estas clases de amor son buenas. Dios nos creó para dar y recibir amor.

Pero lo que tenemos que entender es que ninguna de estas clases de amor es el amor perfecto. Más bien, son como pequeños destellos de ese amor. Es como si estuviéramos parados a la orilla de un lago al atardecer, con el sol a nuestras espaldas. El viento agita levemente las aguas del lago, formando pequeñas olas que reflejan los rayos rojizos del sol poniente. Como pequeñas llamas de fuego, los juguetones destellos brincan de un lado a otro.

¡Qué bellos son los destellos! Pero no son nada a comparación con la luz que los alumbra. La gloria del sol es mucho mayor. Si nos diéramos la vuelta para ver la puesta del sol, su brillo y belleza nos harían olvidar por completo los destellos que hace un momento veíamos sobre la faz del lago.

Cuando no conocemos a Dios, vemos los pequeños destellos de amor que hay en este mundo, y pensamos que eso es todo lo que hay. Pero cuando conocemos a Dios, experimentamos el verdadero amor. En la cruz de Jesús, vemos el amor de Dios que alcanza a los que nunca lo podrían merecer. Su amor llena nuestro corazón. Sólo en lo que Dios ha hecho podemos conocer el verdadero amor.

Cuando llegamos a conocer ese verdadero amor, somos motivados a amar también. Conocer el verdadero amor de Dios transforma la manera en que amamos a los demás. De hecho, Juan declara confiadamente: "El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor". Cuando llegamos a conocer el amor real de Dios, se manifiesta en nuestras vidas. Nos lleva, como una fuerte corriente, a amar a otros también.

Quedamos con una deuda pendiente - la deuda de amar. La persona del mundo dice: "Yo no le debo nada a nadie. ¿Para qué ayudar?" Pero el creyente comprende que el gran amor de Dios lo ha dejado con una deuda que nunca terminará de pagar - la deuda de mostrar amor hacia los demás.

Una persona que comprendió esto perfectamente bien fue Dorcas. Lucas nos cuenta su historia en el libro de Hechos. Al parecer, era viuda; no tenía familia. Pero en lugar de lamentar su situación, ella se dedicó a ayudar a los demás. El amor de Dios la motivó a servir a las viudas pobres, haciendo túnicas y otros vestidos para dar a los que no tenían cómo comprar ropa.

Dorcas se enfermó y murió, pero el apóstol Pedro estaba cerca. Los hermanos mandaron llamarlo, y él oró por Dorcas. Ella volvió a vivir, y muchos creyeron en el Señor a causa de su testimonio. Con toda su vida, Dorcas glorificó al Señor. Ella comprendió cuánto la había amado, y se decidió a demostrar su amor a los demás también.

Hay un precio a pagar cuando amamos. Dorcas podría haber pasado su tiempo en diversiones o entretenimientos. Podría haberse dedicado a ir de casa en casa llevando chismes. Pero ella sacrificó su egoísmo y se dedicó a hacer lo que los demás necesitaban. El amor de Dios la motivaba y convertía su servicio en gozo. Ese amor, en un sentido muy real, le trajo vida. Aunque murió, volvió a vivir.

En realidad, pagar el precio de amar es la única manera de reconocer la presencia de Dios. Leamos de nuevo el versículo 12. Dios es espíritu. Nadie lo ha visto jamás. No podemos dibujar a Dios, o tomarle una foto. Es invisible. Sin embargo, El se manifiesta de una forma muy especial cuando amamos de verdad.

Si tú quieres ver una familia o una Iglesia donde Dios se manifiesta plenamente, busca un lugar donde hay verdadero amor. Cuando nos amamos de corazón, con ese amor sacrificial y sincero que la Biblia llama ágape, la presencia de Dios se vuelve palpable. Se puede sentir. Llama la atención. Todo el mundo se da cuenta de que aquí hay algo diferente.

Pero para que esto suceda, tenemos que estar dispuestos a pagar el precio de amar. Todos queremos ser parte de esa clase de Iglesia y esa clase de familia. Sólo podrá suceder cuando cada uno de nosotros está dispuesto a levantar la mirada de sus propios problemas, sus propios deseos, sus traumas y complejos, y empezar a ver las necesidades de los demás.

Si queremos bajar de peso, tenemos que ponernos a dieta y hacer ejercicio. Si no estamos dispuestos a pagar ese precio, por más que soñemos con estar en buena forma, no sucederá. Si queremos ahorrar dinero, tenemos que gastar menos de lo que ganamos. Si no estamos dispuestos a pagar ese precio, no sucederá.

Igualmente, si queremos que la presencia de Dios se manifieste, tenemos que pagar el precio de amar. Si no estamos dispuestos a pagar ese precio, no sucederá. Dios te está llamando a pagar el precio de amar en tu matrimonio. Cuando esa mujer guapa o ese hombre simpático te atrae, y tu pareja está muy ocupada con los hijos o con el trabajo, paga el precio. Rinde tus sentimientos al Señor, y paga el precio de amar de verdad.

Dios también te está llamando a pagar el precio con tus hijos. Cuando estás cansado y quieres estar solo, paga el precio de pasar tiempo con ellos y compartir sus vidas. Cuando lo más fácil es ignorar sus errores, paga el precio de corregirlos y enseñarles el camino del bien.

Dios te llama a pagar el precio con tus hermanos en la Iglesia. Cuando lo más fácil es tomar ofensa y alejarte de un hermano, paga el precio de acercarte y arreglar las cosas. Cuando lo más fácil es ignorar a la persona nueva que acaba de llegar, paga el precio de brindarle tu amistad. Cuando lo más fácil es pensar sólo en tus propias necesidades, paga el precio de ver también lo que el otro necesita.

¿Qué sucede cuando pagamos el precio de amar? Dios se aparece. Las almas se salvan. Las familias se restauran. La Iglesia crece y prospera. ¿Estás dispuesto a pagar el precio - el precio de amar? Dios ya lo pagó por ti. Ahora, El te llama a imitarle a El, como buen hijo que eres.


Visita la página web renovada del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net. Las novedades incluyen la célula familiar, una guía sencilla para reunirse en familia cada semana. También habrá nuevas respuestas a las preguntas al pastor. Si no has visitado www.pastortony.net últimamente, ¡visítalo ya!

Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

Ver todos los mensajes publicados


¡Suscríbete a la lista Sermones y recibe todos los Domingos estos sermones en tu casilla de correo! Clickea AQUI para llenar el formulario de suscripción.


El Sermón Dominical

Foros Ekklesia Viva - www.foroekklesia.com
Portal Iglesia Triunfante - www.iglesiatriunfante.com
¡Ayúdanos a dar a conocer esta web! | Declaración de Fe