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Domingo 26 de Octubre de 2014

Dar y ofrendar
Pastor Tony Hancock

Los ujieres empezaron a recoger la ofrenda en la Iglesia. Se acercaron a una familia que visitaba la Iglesia por primera vez. En eso, el niño pequeño dijo, con voz fuerte: "Papi, no pagues por mí. ¡Tengo menos de cinco años!" Quizás se imaginaba que estaba en el cine o un parque de diversiones.

Espero que todos nos hayamos dado cuenta de que no hay que pagar para asistir a la Iglesia. Al contrario; Dios invita a todos a venir libremente y escuchar su Palabra. Pero quizás, como este niño, tengamos confusión acerca de las ofrendas y los diezmos que damos en la Iglesia. Hoy, vemos el ejemplo de una ofrenda que recogió el apóstol Pablo para ayudar a los pobres de la Iglesia de Jerusalén. Aquí aprendemos mucho acerca de dar y ofrendar.

Cuando llega el momento de dar al Señor, siempre anunciamos que vamos a entregar nuestros diezmos y nuestras ofrendas. ¿Hay alguna diferencia entre estas cosas? Sí, hay una diferencia. El diezmo es el 10% de nuestros ingresos que le pertenece al Señor. Le damos el diezmo en reconocimiento de que El nos lo ha dado todo, como una demostración de agradecimiento y de confianza en su constante provisión.

Como dice Proverbios 3:9-10: "Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas. Así tus graneros se llenarán a reventar y tus bodegas rebosarán de vino nuevo." Ahora bien, algunas personas creen que el diezmo ya no está en vigencia bajo el nuevo pacto que Jesús estableció. Sin embargo, El nunca canceló el diezmo - como lo hizo, por ejemplo, con las reglas de la alimentación. Al contrario: en Mateo 23:23 ("¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. "), El lo apoyó.

El diezmo, entonces, es algo que Dios espera de todo creyente. Si no diezmas, ¿irás al infierno? No, la salvación es por fe, no por diezmo. El diezmo es una cuestión de consciencia. Como Iglesia, no ponemos una lista de diezmadores en la pared para avergonzar a los que quizás no han podido diezmar, por razones de fuerza mayor. Más bien, el diezmo es una fuente de bendición. Lo damos con gozo y con júbilo, sabiendo que Dios nos bendice.

En el pasaje que vamos a leer hoy, no nos habla del diezmo, sino de una ofrenda especial. Se usa la palabra colecta, y se trata de algo más allá de lo que damos regularmente a la Iglesia. Se da para una necesidad especial, algo fuera de la Iglesia, y lo que cada persona da está a su propia discreción. En otras palabras, es algo totalmente voluntario.

En las Iglesias que él había fundado, el apóstol Pablo estaba recaudando una ofrenda especial para los pobres en la región de Jerusalén, donde se había fundado la primera Iglesia cristiana. Había llegado a esa zona una hambruna. Hechos 11:28-29 nos describe cómo se predijo esta hambruna: "Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea", y cómo los hermanos también decidieron mandar apoyo a los creyentes pobres de Judea, la provincia donde queda Jerusalén.

Como aquellos creyentes, nosotros también damos ofrendas especiales, para muchos proyectos. Podemos poner en práctica lo que Dios nos dice aquí acerca de las ofrendas especiales. Pero también lo podemos aplicar a la forma en que damos el diezmo. Debemos darlo todo con el mismo espíritu de generosidad y agradecimiento.

¿Por qué ofrendamos? ¿Por qué damos el diezmo, y por qué damos ofrendas especiales? Para algunas personas, dar es simplemente una forma de recibir. Saben que Dios les va a bendecir si dan, así que el dinero que ponen en el plato es como una inversión, que les rendirá alguna ganancia.

En esto hay algo de cierto. A fin de cuentas, la Biblia dice que Dios ama al dador alegre, y también dice que el que siembra generosamente, cosechará generosamente. Pero hay algo frío y calculador en esta forma de pensar. Es como si una madre les diera de comer a sus hijos, simplemente porque sabe que la van a cuidar cuando sea anciana. Es verdad lo que ella piensa, pero le falta amor.

Hay una razón mucho mejor para dar: porque Dios nos ha dado lo máximo. Nuestro Dios es un Dios generoso. Segunda de Corintios 8:9 dice así: "Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos."

Nuestro Señor Jesucristo nos ha dado el ejemplo, entregando su vida misma para que nosotros pudiéramos recibir la salvación. El dejó la gloria del cielo, haciéndose un hombre humilde y trabajador. Vivió sin lujos ni comodidades, y finalmente dio su vida en la cruz - para que nosotros pudiéramos recibir las incomparables riquezas del perdón y la salvación. La mejor motivación para dar es el amor que brota en nuestro corazón cuando conocemos el amor de Dios.

En 1 Corintios 16, versos 1 al 4, encontramos tres ideas importantes acerca de cómo debemos dar:

16:1 En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia.
16:2 Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.
16:3 Y cuando haya llegado, a quienes hubiereis designado por carta, a éstos enviaré para que lleven vuestro donativo a Jerusalén.
16:4 Y si fuere propio que yo también vaya, irán conmigo.

La primera es ésta: Debemos ofrendar regularmente. Pablo les dice a los corintios: "El primer día de la semana, cada uno de ustedes aparte y guarde algún dinero conforme a sus ingresos, para que no se tengan que hacer colectas cuando yo vaya."

El primer día de la semana es el domingo, el día de culto en la Iglesia. El les dice: Cada domingo, cuando se reúnen en la Iglesia, cada uno debe apartar algo de dinero de acuerdo a lo que gana. De este modo, cuando Pablo llegara a visitar la Iglesia, ya habría fondos para la ofrenda especial.

Muchas veces, nosotros sólo damos cuando algo toca nuestros sentimientos. Si alguien nos muestra una foto de un niño hambriento o de alguna gran tragedia, se mueve nuestro corazón y damos algo. Es bueno que nuestro corazón sea movido por los sufrimientos de otros, pero no debemos guiarnos sólo por sentimientos. Más bien, debemos tener un plan para ofrendar.

Por ejemplo, cuando recogemos una ofrenda especial, cada familia se puede proponer una meta. Cada miembro de la familia puede decidir que va a sacrificar algo, y así se va reuniendo la cantidad decidida. Es una buena forma de enseñar a nuestros hijos a disciplinarse para dar, en lugar de simplemente dejarse mover por los sentimientos.

La segunda cosa que vemos aquí es que debemos ofrendar con sacrificio. En el versículo que citamos hace un momento, Pablo dice que cada uno debe dar "conforme a sus ingresos". A Dios no le importa mucho el tamaño de nuestra ofrenda, sino el tamaño de nuestro sacrificio.

Un día, Jesús se encontraba en el templo con sus discípulos. Empezó a observar a la gente que llegaba a depositar sus ofrendas en la tesorería. Algunos traían grandes cantidades de oro y plata, y los depositaban de tal modo que todo el mundo pudiera ver cuánto daban. Por fin, llegó a una pobre viuda que puso una pequeña moneda que valía unos cuantos centavos.

Jesús dijo que ella había dado más que todos los demás. Ellos dieron de lo que les sobraba, pero ella dio todo lo que tenía para vivir. Dios no da preferencia a los que dan más; El sabe lo que tienes, y lo que no tienes. Si tú sólo tienes unos cuantos dólares para ofrendar, hazlo con gozo. Dios conoce tu corazón y tu situación, y El ve tu sacrificio. Se regocija en la gratitud que estás demostrando.

La tercera cosa que aprendemos aquí es que debemos ofrendar sabiamente. Leamos de nuevo el verso 3. El apóstol Pablo se interesó por que la ofrenda se manejara con transparencia. El no dijo: "Entréguenme la ofrenda, y no hagan preguntas acerca de su manejo". Más bien, dijo que los corintios mismos enviarían sus representantes escogidos para asegurarse de que la ofrenda se administrara de la manera correcta.

No es una falta de confianza querer que el dinero que le damos al Señor se maneje de la manera correcta. Como Iglesia, nosotros tenemos siempre a dos personas que cuentan las ofrendas y los diezmos, para que no haya lugar para dudas. Votamos entre todos acerca del presupuesto, para decidir cómo gastar los fondos que se dan para la obra del Señor.

No es malo preguntar: ¿Para qué es esta ofrenda? ¿Cómo se va a gastar? Al contrario, el apóstol Pablo aquí nos da el ejemplo de honestidad y transparencia que todos debemos seguir en administrar los fondos del Señor. Así podemos evitar muchos problemas.

Si Cristo lo dio todo por nosotros, ¿cómo debemos dar para apoyar su obra? Sabes, el libro de Hebreos nos dice que Jesús se entregó a sí mismo "por el gozo que le esperaba" (Hebreos 12:2). El sabía que su obra salvadora traería mucho gozo. ¿Lo consideras gozo cuando das a la obra del Señor? ¿Das con alegría?

Podemos dar y ofrendar con alegría. Te lo digo por experiencia. Sinceramente, me he arrepentido de algunas compras que he hecho. Digo: ¿por qué gasté ese dinero en algo que no necesitaba, o que no me sirvió? Pero jamás me he arrepentido de dar. Siempre ha sido un gozo y una bendición. ¿Conoces esa bendición? ¿Conoces ese gozo?


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