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Domingo 14 de Septiembre de 2014

Congregados para complacer a Cristo
Pastor Tony Hancock

El misionero acababa de llegar a Venezuela, y aún no hablaba mucho español. Decidió visitar una Iglesia local, pero en el camino, se perdió. Cuando por fin llegó, era tarde. El único asiento disponible quedaba en la primera fila. Un poco apenado, pasó adelante y se sentó.

Como no entendía mucho de lo que se hacía en el culto, decidió observar las acciones de un varón que estaba sentado junto a él en la primera fila. Cuando este señor aplaudía, el misionero también aplaudía. Cuando se ponía de pie, el misionero también se ponía de pie. Cuando se sentaba, el misionero también se sentaba. Como casi no entendía nada, simplemente trató de imitar todo lo que hacía aquel otro hombre sentado en la primera fila.

Se dio cuenta de que el predicador había empezado con los anuncios. La congregación estaba aplaudiendo, así que se fijó para ver si el hombre sentado a su lado también aplaudía. Como vio que sí, él también aplaudió. Luego, el predicador dijo algo que él no pudo entender, y se dio cuenta de que el hombre sentado a su lado se puso de pie. El también se puso de pie. De repente, la congregación quedó en silencio. El hombre miró a su alrededor y vio las caras de asombro. También vio que nadie más estaba de pie, así que se sentó.

Al final del culto, el misionero se acercó al predicador para saludarlo. El predicador le dijo, en inglés: "Me doy cuenta de que no hablas español". El misionero visitante le respondió: "No, todavía no. ¿Es muy obvio?" "Bueno, sí", le contestó el predicador. "Cuando anuncié que la señora Acosta acaba de dar a luz un bebé varón, y le pedí al padre que se pusiera de pie, tú también te levantaste."

¡Pobre misionero! No entendía el idioma, y no sabía cómo portarse en el culto. Se sentía desubicado. Quizás tú alguna vez te has sentido así también en la Iglesia. Un culto puede ser un poco extraño, y quizás nunca nos hemos preguntado cómo debemos adorar a Dios.

Pero es importante considerarlo. Nos reunimos los domingos para alabar a Dios, para orar juntos a El y para aprender de su Palabra, pero ¿cómo debemos hacerlo? ¿Le importa a Dios cómo le adoramos? Dios nos habla en su Palabra de esto. Abramos la Biblia en 1 Corintios 14:26-33:

14:26 ¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.
14:27 Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete.
14:28 Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios.
14:29 Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen.
14:30 Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero.
14:31 Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados.
14:32 Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas;
14:33 pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos,

La Iglesia de Corinto se reunía en casas. De hecho, no había edificios especiales para las Iglesias cuando Pablo escribió. Las reuniones eran relativamente pequeñas, quizás de unas cincuenta personas, y eran bastante informales. Sin embargo, el apóstol Pablo les escribe que debe haber un orden. De hecho, según el verso 33, "Dios no es un Dios de desorden sino de paz."

La clase de culto que hacemos tiene que reflejar al Dios que hemos venido a adorar. En un comercial, un hombre habla por teléfono con un representante de su tarjeta de crédito acerca de cierta información que ha aparecido en su estado de cuenta. El representante le dice: "Le damos esa información para evitar sorpresas". El hombre le responde: "¡Qué bueno! Odio las sorpresas."

En eso, abre la puerta de su apartamento, y un montón de gente grita: "¡Sorpresa!" El pobre hombre da un brinco, y sofoca un grito de susto. ¿Te das cuenta? Sus amigos no lo conocían muy bien, al parecer, y no le dieron la celebración que él hubiera deseado. Sus intenciones quizás fueron buenas, pero el resultado no. Del mismo modo, debemos celebrar a Dios en el culto de la forma que a El le agrada, de acuerdo con su personalidad y sus gustos.

Si adoramos a un Dios triste y aburrido, debemos tener cultos tristes y aburridos. Pero ¡Dios no es así! Si adoramos a un Dios caótico y confundido, debemos tener cultos caóticos y confundidos. ¡Dios tampoco es así! La forma en que adoramos a Dios reflejará lo que creemos acerca de El.

Nuestro Dios no es un Dios de desorden, así que no debemos adorarlo con desorden y falta de atención. Es un Dios de paz. La paz significa bienestar, satisfacción, falta de conflicto, armonía. Así debemos adorar a Dios. En estos versículos, y los que leeremos en seguida, encontramos tres pautas para adorar a Dios en el culto como El se merece.

La primera pauta está en los versos 26 al 28. Cuando se reunían los corintios en las casas, había una participación general. Aquí es importante leer con cuidado. Pablo dice que cuando se reúnen, "cada uno puede tener un himno, una enseñanza, una revelación, un mensaje en lenguas, o una interpretación."

El no les está diciendo que así tiene que ser el culto de la Iglesia. De hecho, si leemos Hechos 2:42-47, encontramos algo ligeramente distinto:

2:42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
2:43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
2:44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;
2:45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.
2:46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,
2:47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

Más bien, él describe cómo ellos hacían los cultos. No quiere decir que ésta sea la única forma de hacer un culto, sino que es una forma.

Pero lo que sí es obligatorio es lo siguiente: "Todo esto debe hacerse para la edificación de la iglesia". Cada Iglesia queda libre para organizar su culto como quiere, siempre y cuando se haga todo para edificar la Iglesia. Nosotros tenemos un tiempo abierto donde cualquiera puede compartir, sea una lectura bíblica, un testimonio o una petición de oración. Esto se tiene que hacer para edificación de la Iglesia. No es un momento para lucirse o para lanzar indirectas a otros. Es para edificar la Iglesia, para glorificar a Dios y contribuir al bienestar de los hermanos.

Lo mismo se puede decir de lo que hacen los músicos, los que leen la Palabra, los que oran y el mensaje del predicador. Todo se tiene que hacer para edificar a la Iglesia y para glorificar a Dios. Si tú tienes alguna participación en el culto, recuerda siempre que lo estás haciendo para el bien de los demás. Da tu mejor esfuerzo, para que la Iglesia pueda ser levantada y afirmada.

En conexión con esto, notamos sólo de paso las instrucciones dadas acerca de hablar en lenguas: si no hay interpretación, entonces el hablar en lenguas se debe hacer en privado. Si alguien se presenta hablando en lenguas, pero no hay nadie que lo entienda y pueda interpretarlo, la Biblia le manda quedarse en silencio y ejercer su don en privado. De otro modo, el culto pierde el orden.

La segunda pauta la encontramos en los versos 29-33. Aquí nos habla de los mensajes que se dan dentro de la Iglesia. La profecía es la proclamación de la Palabra de Dios. Por lo tanto, cualquier mensaje proclamado en el nombre de Dios se tiene que examinar, según el verso 29.

Esto significa que lo que se enseña en las clases de escuela dominical, lo que un hermano puede compartir durante el culto y lo que yo predico en el sermón debe ser examinado por todos para ver si es bíblico o no. Es por esto que todos tenemos la Biblia en la mano, para poder quedar convencidos por verlo nosotros mismos en la Biblia. No vamos a creer simplemente porque alguien nos lo dijo, sino porque lo hemos visto en la Palabra de Dios.

Pero es importante aclarar que no estamos hablando de descartar lo que no nos gusta o no nos parece. El criterio siempre tiene que ser la Palabra de Dios, no nuestros gustos o pensamientos. De otro modo, podemos caer en la trampa que describe el apóstol Pablo en 2 Timoteo 4:3: "Porque llegará en tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír".

El criterio para analizar lo que se enseña en la Iglesia siempre tiene que ser la Palabra de Dios. Tenemos que ser consumidores cuidadosos del pan de la Palabra. Tenemos que cultivar un buen conocimiento de la Palabra, para poder reconocer un mensaje que no concuerda con su verdad.

Tenemos que ser como los cajeros de un banco. Los cajeros tienen que saber reconocer los billetes falsos. Me cuentan que no pasan mucho tiempo estudiando todas las clases diferentes de billetes falsos. Más bien, se les enseña cuáles son las características de un billete verdadero, y manejan muchos billetes hasta llegar a reconocer automáticamente al billete legítimo.

Del mismo modo, tenemos que conocer la Palabra de Dios - leerla, estudiarla, memorizarla, meditar en ella - para que podamos reconocer cuando alguien nos predica algo diferente. En el culto, como cuando escuchamos a un predicador en la televisión, en Internet o por cualquier otro medio, debemos ejercer un criterio basado en la Palabra de Dios.

La tercera pauta se encuentra en los versos 34 al 40:

14:34 vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice.
14:35 Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.
14:36 ¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o sólo a vosotros ha llegado?
14:37 Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor.
14:38 Mas el que ignora, ignore.
14:39 Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas;
14:40 pero hágase todo decentemente y con orden.

Aquí se habla de las interrupciones en el culto. Al leer el verso 34, algunos piensan que las mujeres no deben decir absolutamente nada en el culto. Pero esto no es lo que significa; algunos capítulos antes, el apóstol Pablo había dado instrucciones acerca de la manera correcta en que debían orar y profetizar las mujeres en el culto. Sería incoherente pensar que aquí él les prohíbe a las mujeres pronunciar palabra alguna en el culto.

Más bien, sucedía lo siguiente. La mayoría de las mujeres que participaban en la Iglesia de Corinto nunca habían tenido la oportunidad de estudiar la Palabra de Dios. De hecho, los rabinos judíos consideraban que era un pecado enseñar la Ley a una mujer. Sin embargo, en Cristo, ellas eran aceptadas igualmente con los hombres, y podían aprender al igual que ellos.

Pero muchas de ellas, al no tener experiencia en la escuela o en otros lugares donde se aprende, constantemente interrumpían el culto con preguntas. Por lo tanto, en lugar de que el culto se realizara con orden, se volvía un caos. Por esto, Pablo dice que las mujeres deben quedarse calladas en el culto - en otras palabras, no debían interrumpir con preguntas, sino que debían hacérselas a sus esposos en otro momento.

¿Qué tiene esto que ver con nosotros? Nos indica que debemos limitar las distracciones innecesarias en el culto. Silenciemos el celular cuando entremos al santuario. Enseñemos a nuestros hijos cómo se deben portar en la Iglesia. Evitemos las conversaciones innecesarias.

Algunas interrupciones son bienvenidas. Por ejemplo, cuando un bebé llora, es una señal de que Dios nos ha bendecido con una vida nueva. No es que el culto deba ser totalmente silencioso, sino que debemos aprender a guardar el respeto y cuidar el orden que refleja a nuestro Dios de orden.

Vemos un ejemplo de esto en el encuentro entre el profeta Elías y los profetas de Baal, un ídolo. Elías les propuso un concurso entre su dios Baal y el Dios verdadero. Era sencillo: harían dos altares, y cualquiera que enviará fuego del cielo para prender el sacrificio era el Dios verdadero.

Los profetas de Baal empezaron a bailar y gritar; luego, se cortaban con cuchillos en un desenfreno de gritería. ¿Por qué hicieron esto? Porque según lo que sabemos de sus creencias, su dios Baal era propenso a tomar siestas. Por lo tanto, tenían que despertarlo para que escuchara sus peticiones. Su forma de adoración reflejaba al dios que adoraban: un dios dormilón.

En cambio, Elías hizo una sola oración a Dios, y El escuchó. Mandó fuego del cielo que consumió todo el sacrificio. Elías adoraba a un Dios que escucha, que es poderoso y que nunca se duerme. Por lo tanto, con una simple oración de fe, vio un gran resultado. Y tú, ¿cómo adoras a Dios? ¿Tu adoración refleja el carácter del Dios al que estás adorando? Recordemos siempre por qué estamos aquí, y adoremos a Dios como a El le agrada.


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