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Domingo 31 de Agosto de 2014

El camino mejor
Pastor Tony Hancock

Un día, Jesús iba por el camino con sus discípulos. Los discípulos se pusieron a discutir mientras caminaban. Cuando llegaron a casa en Capernaúm, Jesús les preguntó: ¿Qué venían discutiendo por el camino? Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido acerca de cuál de ellos era el más importante.

En esa discusión en el camino, habían tomado el camino equivocado. Iban caminando con Jesús, el Hijo de Dios que dejó la gloria del cielo para sufrir en este mundo con nosotros. Iban caminando con Jesús, el que pronto daría su vida en la cruz por amor a todos nosotros. Pero lo único que se les ocurría era discutir cuál de ellos era más importante.

Pedro seguramente dijo: "Yo fui el primero en reconocer que El es el Mesías". Juan quizás respondió: "Puede ser, pero yo soy su amigo más cercano". Mateo podría haber observado: "Sí, pero yo dejé mucho dinero por seguirle. Hice el sacrificio más grande de todos". Andaban por el camino con Jesús, pero sus mentes iban por otro camino - el camino equivocado.

Cuando el apóstol Pablo escribió a la Iglesia de Corinto, enfrentó el mismo problema. Los corintios habían tomado el camino del egoísmo, buscando cada uno ser el más importante. Hasta el día de hoy, no hemos cambiado mucho. En lugar de conservar la sencillez y la inocencia que teníamos cuando éramos niños, nos fijamos en lo que piensan los demás, en lo que dirán de nosotros. Hemos tomado el camino equivocado.

Pero hay un camino mejor. Dios nos llama hoy a tomar ese camino. Te invito a abrir la Biblia conmigo en 1 Corintios 12, y vamos a leer los versos 27 al 31:

12:27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.
12:28 Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.
12:29 ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros?
12:30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?
12:31 Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente.

Cada miembro de la Iglesia de Corinto quería ser el centro de atención. Querían tener todos los dones, para lucirlos y llamar la atención.

Frente a esto, el apóstol Pablo dice: Dios ha ordenado la Iglesia como El quiso. No es cuestión de nuestro antojo, sino de seguir el plan de Dios. El basó la Iglesia en el testimonio de los apóstoles y profetas, y ahora usa a los maestros para difundir su Palabra. También hay muchos otros dones que contribuyen al bienestar de la Iglesia.

El punto principal es éste: nadie posee todos los dones. No todos son apóstoles, ni profetas, ni maestros, ni hacen milagros. Uno tiene un don, y otro, otro. Por eso, nos necesitamos los unos a los otros. En lugar de querer ser el centro de atención, debemos procurar la manera de servir que beneficie a los demás. Debemos ambicionar los mejores dones, no para ser vistos por los demás, sino para poder servir a los demás con excelencia.

Se cuenta la historia de un jugador de béisbol que bateó 37 jonrones en una temporada. Cuando llegó el momento de renovar su contrato, pidió un aumento de salario al gerente del equipo. Para su sorpresa, el gerente le negó el aumento. "Pero ¡fui primero en la liga en jonrones!" - le dijo al gerente. "¿Y dónde quedamos como equipo?" - preguntó el gerente. "En último lugar" - respondió el jugador. "También podemos quedar en último lugar sin tu ayuda" - le dijo el gerente.

El jugador se enfocó en sí mismo, y se sentía importante; pero lo que realmente importaba era el éxito de su equipo. Tú y yo somos jugadores en un equipo que se llama la Iglesia de Jesucristo; y Dios no está buscando jugadores estrella, que todo el mundo alabe. Está buscando buenos jugadores en equipo, para ganar la victoria.

Muchos hemos tomado el camino equivocado del egoísmo, pero hay un camino mejor. Vamos a leer acerca de este camino en el capítulo 13, versos 1 al 3:

13:1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
13:2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.
13:3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

Este mejor camino se llama el amor, y es indispensable. No importa lo que puedes hacer. No importa qué dones espirituales tienes, cuánto sabes o cuánto sacrificas por la causa de Cristo. Si lo haces sin amor, de nada sirve. Si ganas a miles para Cristo, si enseñas a miles de niños, si ayudas a miles de necesitados, pero lo haces para que te alaben y te vean, de nada sirve. Si nuestro corazón no es movido por el amor, nuestras acciones son vanas e inútiles.

Esto es verdad en toda la vida, no sólo en la Iglesia. La vida familiar sin amor es vacía. El trabajo sin amor no trae satisfacción. Las amistades sin amor verdadero son superficiales y pasajeras. Cuando Jesús resumió la ley, dijo que toda la ley consiste en amar a Dios sobre todas las cosas, y amar a tu prójimo como te amas a ti mismo.

El amor es eterno, porque Dios mismo es amor. El amor de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo fluye dentro del mismo ser de Dios. No es algo externo a Dios, algo creado por El. Es algo que es parte de su mismo ser. Cuando nosotros amamos, estamos reflejando algo del ser mismo de Dios.

Pero el verdadero amor cuesta. A Dios le costó el sacrificio de su propio Hijo en la cruz. Los padres que han perdido hijos me cuentan que perder un hijo es un dolor especialmente profundo. Sabemos que vamos a perder a nuestros padres un día, pero nunca esperamos perder un hijo. Pero Dios escogió este gran sacrificio por amor a nosotros.

No confundamos los sentimientos de cariño o de romance por el verdadero amor. Los versos 4 al 7 nos dicen cómo es el verdadero amor:

13:4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
13:5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
13:6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
13:7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

En este mundo, hay algo que muchas veces se llama amor, pero que realmente es egoísta. Es un amor convenenciero. Es un amor que dice: Te amo porque me haces sentir bien, porque me das lo que yo quiero, porque te necesito; pero tan pronto dejes de darme lo que yo quiero, mi amor se acaba.

Así no es el verdadero amor, el amor divino. El amor es paciente, es bondadoso. El que ama de verdad busca el bienestar del que ama. No es impaciente, ni guarda rencor. Más bien, su mayor interés es el crecimiento y el bienestar de la persona que ama. El verdadero amor no es sólo enamorarse de una chica y caminar por el parque tomados de la mano. Es cuidarla cuando las arrugas y las canas han cambiado su apariencia, y la enfermedad la ha tendido en la cama.

El autor C. S. Lewis dijo: "El estar enamorado es algo bueno, pero no es lo mejor. El amor es una profunda unidad mantenida por la voluntad y fortalecida a propósito por costumbres reforzadas por la gracia que ambos buscan y reciben de Dios. Por este amor corre el motor del matrimonio; el enamoramiento sólo es la explosión que lo echa a correr."

El verdadero amor tampoco es simplemente pasar un buen rato con tus amigos viendo el partido; el verdadero amor se manifiesta en la crisis. El verdadero amor no es sólo saludar a los hermanos el domingo en la mañana; es visitarlos en su necesidad, y ayudarles en lo que podamos.

Así es el amor que Dios nos ha mostrado. Una y otra vez nos ha perdonado, nos ha levantado y nos ha ayudado en nuestra necesidad. Si Dios nos ha amado así, tenemos que aprender de El a amar así también. Si somos sus hijos, debemos ser como nuestro Padre; si no lo imitamos, es porque realmente no somos sus hijos.

El verdadero amor es eterno. No estoy hablando de estar eternamente enamorado, sino de algo mucho más profundo. Lo describen los versículos 8 al 13:

13:8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.
13:9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;
13:10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.
13:11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.
13:12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.
13:13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

El amor nunca dejará de ser, porque Dios es amor. En cambio, los dones más vistosos un día serán innecesarios. Un día, ya no tendremos que predicar la Palabra; cuando estemos en el cielo, todos conocerán a Dios.

Un día, conoceremos perfectamente; no habrá necesidad del don de conocimiento. Un día, llegará lo perfecto; cuando Jesús regresa y resucitamos para estar con El, ya no necesitaremos muchos de los dones que ahora ejercemos en la Iglesia. Ahora, nuestro entendimiento es imperfecto; hay muchas cosas que no sabemos. En cierto sentido, nuestros pensamientos son como los de niños. Todavía estamos aprendiendo.

Pero el amor nunca dejará de ser. Como creyentes, vivimos por tres cosas: la fe, la esperanza y el amor. Somos salvos por la fe en Jesucristo. Vivimos por la fe en El. Nos sostiene la esperanza de su segunda venida, cuando nos llevará a estar con El para siempre. Pero aun mayor que la fe y la esperanza es el amor. El amor es el camino más excelente.

¿Estás aprendiendo a amar? Empieza con recibir el amor de Dios. Sólo podrás amar de veras si has recibido en tu corazón el amor de Cristo, que lo llevó a dar su vida en la cruz por tus pecados y los míos. El amor de Dios derramado en tu corazón es la fuente para que puedas amar a otros también.

Luego, el amor se expresa por voluntad. No es cuestión de sentimientos solamente, sino de acciones. Amar es una palabra de acción. ¿Es tu familia un lugar de amor? ¿Es la Iglesia un lugar de amor? Cuando la gente observaba a los primeros cristianos, exclamaban: "¡Cómo se aman!" ¿Dirían lo mismo de nosotros?

El amor es el mejor camino de todos. Es el camino que tomó Jesús cuando bajó del cielo y se dirigió a la cruz por ti y por mí. Es el camino que Dios nos llama a tomar en todas nuestras relaciones y en toda nuestra vida. ¿Conoces el amor de Dios? ¿Lo estás viviendo en tu propia vida?


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