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Domingo 3 de Agosto de 2014

Luz para todo el mundo
Pastor Tony Hancock

La luz es algo muy importante, ¿no es cierto? Lo descubrió la mujer que se levantó durante la noche para usar el baño. Cuando empezó a regresar a su cuarto, escuchó un ruido en el baño, como un pequeño animal arañando la pared. Se quedó congelada por un momento, pero no escuchó nada. Sin embargo, tan pronto se volvió a mover, volvió a escuchar el mismo ruido.

Se detuvo de nuevo, pero en ese momento, sintió que algo le tocaba la pierna por detrás. Espantada, se echó a correr hacia el dormitorio, donde su esposo seguía dormido, y se tiró encima de la cama. Su esposo se levantó de un salto y vio lo que había asustado a su esposa. Detrás de ella, marcando su trayecto, se tendía el rollo de papel higiénico.

En este caso, la falta de luz sólo produjo un espanto momentáneo. Pero ¿cómo sería caminar por la vida sin jamás ver la luz? Las personas que nacen invidentes tienen esa experiencia. Tienen que usar sus demás sentidos para navegar un mundo oscuro. Hay una oscuridad mucho peor que la oscuridad física. Es la oscuridad espiritual.

Como personas que han nacido sin jamás ver la luz, muchas personas caminan por este mundo sin saber que están viviendo en oscuridad. Su estado les parece normal. Se han acostumbrado a vivir sin brújula, llevados por lo que les parece mejor. Si alguien les habla de la luz, responden que la luz no existe. Dirían que cada uno de nosotros hace su propia luz.

Pero Dios nos dice en su Palabra que hay una luz que alumbra nuestra vida. Es una luz para todo el mundo. Cualquiera puede encontrar esta luz. Abramos la Biblia en Juan 12:44-50 para ver cómo es:

12:44 Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió;
12:45 y el que me ve, ve al que me envió.
12:46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.
12:47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
12:48 El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.
12:49 Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.
12:50 Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho.

Hasta este momento en el evangelio de Juan, Jesús ha llamado a las personas a creer en El. A Nicodemo, le ofrece un nuevo nacimiento; a la mujer junto al pozo, le ofrece ríos de agua viva para satisfacer su sed espiritual. Después de alimentar a los cinco mil con cinco panes y dos pescados, Jesús les llama a reconocerlo como el alimento espiritual que su alma necesita.

Los versículos que acabamos de leer son el último llamado de Jesús a las multitudes a poner su confianza en El. Inmediatamente después, nos encontramos en la última semana de la vida de Jesús. Se enfoca en sus discípulos, pues pronto será entregado a la muerte. En las palabras que hemos leído, Jesús nos habla a todos y nos llama a reconocer por lo que es.

En estas palabras hay tres cosas que sólo podemos encontrar en Jesús. En primer lugar, sólo en Jesús podemos ver a Dios. El mismo lo dice: "El que cree en mí, cree no sólo en mí sino en el que me envió. Y el que me ve a mí, ve al que me envió." Poco después, hablando con sus discípulos, les dijo algo parecido: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie llega al Padre sino por mí." (Juan 14:6)

En este mundo, existen muchos caminos. Se ha vuelto común escuchar esta frase: "Lo que tú crees está bien para ti, y lo que yo creo está bien para mí." Es interesante que aplicamos este lema en el campo espiritual, pero jamás lo aplicaríamos en otros aspectos de la vida. Si alguien te pide direcciones para llegar a algún lugar, ¿le dirás: "Sigue tu corazón"? ¿"Cualquier camino que escojas te llevará a donde quieres llegar, si tan sólo tienes fe"? ¡Claro que no!

Del mismo modo, sólo en Jesús podemos ver a Dios. Jesús es el único que nos revela cómo es Dios, en verdad. Sólo por medio de Jesús podemos creer realmente en Dios. El camino a Dios es una persona, no una religión. Conocer a Dios consiste en confiar en Jesús y tener una relación con El.

Algunos días atrás, visitábamos una granja cuando uno de los trabajadores preguntó: "Hay tantas religiones en este mundo. ¿Cómo puedo saber cuál es la correcta?" Muchos se hacen esta pregunta. Las opciones son muchas. ¿Cómo puedo saber cuál escoger?

La respuesta es que no se trata de una religión u otra. Es importante pertenecer a una Iglesia, pero esto no te va a salvar. Sólo en Jesucristo podemos conocer a Dios. El es el camino, no alguna religión u otra. Si tú confías en Cristo, le entregas tu vida y lo sigues, obedeciendo lo que su Palabra te dice, verás a Dios.

La segunda cosa que vemos en estos versículos acerca de Jesús es que sólo en El podemos ver la luz. El dijo: "Yo soy la luz que ha venido al mundo, para que todo el que crea en mí no viva en tinieblas." La oscuridad es un lugar de peligro. Si escuchas movimientos afuera de tu casa a las 3:00 de la tarde, pensarás: "¡Qué bueno! Tengo visita." Si sucede lo mismo a las 3:00 de la mañana, sentirás temor y quizás llames a la policía. ¿Cuál es la diferencia? La oscuridad.

La oscuridad es también un lugar de duda. Si caminas por un lugar desconocido en la oscuridad, tendrás dificultad para encontrar el camino correcto sin tener una luz que te guíe. Serás como el hombre cuya esposa solía cambiar de lugar los muebles de la casa. Cuando él se levantaba de noche, siempre tropezaba con algún mueble u otro.

La oscuridad es un lugar de muerte. La tumba es un lugar muy oscuro. Pero cuando venimos a Cristo, salimos del peligro, de la duda y de la muerte para encontrar seguridad, verdad y vida. Si tú crees en Jesucristo, si lo reconoces como Señor y Salvador de tu vida y caminas por sus palabras, ya no vivirás en tinieblas. Caminarás en la luz. Dios es luz, y esa luz brillará en tu vida por medio de Jesucristo.

Esta es la tercera cosa que encontramos aquí: sólo en Jesús podemos ver la vida eterna. El mismo dice: "Yo no he hablado por mi propia cuenta: el Padre que me envió me ordenó qué decir y cómo decirlo. Y sé muy bien que su mandato es vida eterna." Es por esta autoridad que sólo Jesús tiene, como único representante del Padre, que El se convierte en única fuente de vida eterna.

Pero alguien podría decir: "A mí me gusta escuchar la palabra de Dios, aunque no la obedezco. A fin de cuentas, nadie es perfecto. Yo escucho, pero no me he comprometido con Cristo todavía." Jesús dice que esa misma palabra, ese mensaje de salvación que no hemos querido aceptar, nos condenará en el día final.

Imagina, por un momento, que vas manejando por la calle cuando te detiene un policía. Estás muy apurado, ya vas tarde para una cita, y no te fijaste en el límite. Cuando el policía se acerca a la ventana de tu carro, tú le dices: "Disculpe, oficial, no me di cuenta del límite de velocidad. Sé que venía rápido, pero no fue a propósito."

El policía, milagrosamente, se encuentra de buen humor, y decide sólo darte un aviso. Campante, sigues por tu camino. Al día siguiente, vas por esa misma calle, a la misma velocidad excesiva. El mismo policía te vuelve a parar, y tú le das el mismo cuento. Pero esta vez, no funciona. ¿Por qué no? Porque él sabe que ya te avisó del límite. Quizás ayer podías alegar que no te habías fijado en el límite, pero hoy no. El sabe que tú conoces el límite, porque él mismo te lo dijo.

Del mismo modo, si no aceptas el aviso que Jesús te da, si no recibes el perdón que El te ofrece, no tendrás otra alternativa. No podrás alegar que no lo sabías. No podrás decir que ignorabas la verdad. La misma palabra, que tú has escuchado y que tienes en tus manos, te vendrá a condenar.

Por eso, es importante considerar cómo responderás a lo que has escuchado. Sólo en Jesús puedes ver a Dios. Sólo en Jesús puedes ver la luz. Sólo en Jesús puedes ver la vida. Ahora, la pregunta es ésta: ¿cómo responderás a Jesús? ¿Te acercarás a Dios por medio de El? ¿Caminarás en su luz? ¿Aceptarás la vida que El te ofrece?

Muchos viven indecisos. Son como el niño que se fue con su papá a comerse un helado. Cuando llegaron a la heladería, le preguntaron si quería el helado de chocolate o de vainilla. No se pudo decidir; por fin, se quedó sin helado. Del mismo modo, Dios te está llamando a decidir a favor de Cristo; a declararle Señor y Salvador de tu vida, y empezar a seguirle.

No te quedes en la indecisión. Ven a la luz; reconoce a Cristo como tu Señor. El vino a ser luz para todo el mundo; todos son invitados a venir a El. Pero sólo los que responden recibirán su bendición.


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