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Domingo 13 de Julio de 2014

Una cena con el Señor
Pastor Tony Hancock

Se cuenta la historia de un maestro que sufría constantes interrupciones a su clase debido a que su gato se metía al salón y distraía a los estudiantes. Por fin, se canso de la distracción y le pidió a su asistente que amarrara un listón al cuello del gato para sujetarlo con una cuerda durante la clase, y que lo soltara al final. Pronto se volvió rutina que, todos los días, el asistente amarrara el gato.

Pasaron varios años, y el maestro falleció. Otro maestro vino a tomar su lugar, y estaba a punto de empezar la clase cuando uno de los estudiantes exclamó: "¡No podemos empezar la clase! No hemos amarrado el gato." Por supuesto, el gato del maestro difunto ya no estaba allí; así que uno de los estudiantes tuvo que salir a buscar un gato callejero para amarrarlo y empezar la clase.

A veces, las cosas se vuelven tradición, y no recordamos el por qué. Sin embargo, también hay tradiciones y costumbres que son buenas. Por ejemplo, tener la costumbre de orar como familia y leer la Biblia es una buena costumbre. Es algo que vale la pena cultivar.

Hoy vamos a hablar de una costumbre que tenemos en la Iglesia. Los creyentes lo han hecho desde el comienzo de la Iglesia. Es una de las dos ordenanzas de la Iglesia, cosas que Jesús nos ordenó que hiciéramos. Me refiero a tomar la cena del Señor, la Santa Cena. La otra ordenanza es el bautismo.

Cada mes, tomamos la Santa Cena. Pero quizás para algunos, se ha convertido en una costumbre, como la de amarrar el gato. Lo hacen, pero no saben por qué. Simplemente es una tradición. Es verdad que se trata de una tradición, pero no es una tradición sin sentido. Más bien, es algo que debemos hacer conscientes de su significado. Si no, podemos enfrentar consecuencias drásticas.

Hoy contestaremos dos preguntas acerca de la Santa Cena, en base a la Palabra del Señor. La primera pregunta es ésta: ¿Por qué tomamos la cena del Señor? La segunda es: ¿Cómo debemos tomar la cena del Señor? Abramos la Biblia en 1 Corintios 11:17-34 para encontrar las respuestas a estas preguntas:

11:17 Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor.
11:18 Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo.
11:19 Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados.
11:20 Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor.
11:21 Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga.
11:22 Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.
11:23 Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan;
11:24 y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.
11:25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.
11:26 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
11:27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.
11:28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.
11:29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.
11:30 Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.
11:31 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados;
11:32 mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.
11:33 Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros.
11:34 Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando yo fuere.

En la Iglesia de Corinto se habían presentado varios problemas en conexión con la cena del Señor. Esta Iglesia acostumbraba celebrar la cena del Señor como parte de una comida fraternal llamada ágape. Se supone que debía ser una celebración del Señor y de la Iglesia, pero más bien se había convertido en una ocasión de pleitos y problemas.

El ágape debía ser una ocasión para compartir, pero lo que sucedía era que la gente rica traía platos exquisitos a la Iglesia y se ponía a comer hasta hastiarse, mientras que los pobres no tenían nada. En lugar de compartir, algunos se quedaban con hambre, mientras otros caían en la gula. Por esto, dice Pablo, ya no se estaban reuniendo para celebrar la cena del Señor; era una cena, pero no del Señor, sino de ellos.

Para corregir el error que estaban cometiendo, el apóstol regresa a los orígenes de la celebración. En su explicación encontramos la respuesta a nuestra primera pregunta: ¿por qué tomamos la cena del Señor? La respuesta es que lo hacemos en obediencia al Señor Jesús, y para recordar su sacrificio por nosotros en la cruz.

Jesús murió durante una fiesta judía, y como cumplimiento de esa fiesta. En su sabiduría, Dios había establecido la fiesta de la Pascua judía para que ellos recordaran su liberación de la esclavitud en Egipto. Dios los había liberado por medio del sacrificio de un cordero, y ahora Jesús había venido como el Cordero que nos salvaría a todos de nuestra esclavitud al pecado.

Como parte de la celebración de la Pascua judía, se usaba pan sin levadura y se tomaba jugo de uva ligeramente fermentado. Había otras cosas también: hierbas amargas y cordero rostizado. Pero Jesús tomó solamente el pan y la copa, y les dio un nuevo significado. Ahora, dice Jesús, sus seguidores debían celebrar una nueva cena para recordar su sacrificio en la cruz por ellos. El pan representaría su cuerpo, y la copa, su sangre.

Por lo tanto, cuando celebramos la cena del Señor, lo celebramos para recordar. El dijo: "Hagan esto en memoria de mí." Nosotros como seres humanos somos muy olvidadizos. Jesús no quería que olvidáramos lo más importante: su muerte, que nos ha traído vida y esperanza. Por lo tanto, instituyó una tradición que nos la haría recordar. Es por esto que, cada vez que participamos de la cena del Señor, debemos recordar lo que Jesús hizo por nosotros. Es una ocasión para hacer memoria.

En la vida, hay muchas cosas que existen para hacernos recordar. Los señalamientos a la orilla de la carretera nos hacen recordar el límite de velocidad. Si no lo recordamos, ¡el policía nos lo hace recordar! Pero eso duele un poco. El anillo de matrimonio nos hace recordar que estamos casados - y eso no hay que olvidarlo.

Cuando vengamos a la mesa de la santa cena, recordemos por qué hemos venido. Hemos venido a recordar lo que Cristo hizo por nosotros, porque sin El, no tendríamos perdón. No tendríamos esperanza. No tendríamos futuro. La muerte y resurrección de nuestro Señor le dan sentido a nuestra vida, y nunca lo podemos olvidar. Es por eso que celebramos esta cena.

Ya hemos visto el por qué. Entonces, ¿cómo debemos tomar la cena del Señor? Hay dos palabras que lo resumen: conscientes y unidos. El primer punto lo vemos en los versos 27 al 30. En Corinto, había varias personas que tomaban la cena del Señor sin estar conscientes de lo que estaban haciendo. Comían y celebraban, pero no estaban celebrando al Señor.

El verso 29 usa una frase interesante. Dice que comían "sin discernir el cuerpo". Algunas personas han pensado, al leer esta frase, que significa que el cuerpo de Cristo está físicamente presente en el pan que comemos en la cena del Señor. También encuentran apoyo para esta idea en la frase que dijo Jesús: "Este pan es mi cuerpo".

Pero debemos comprender que Jesús usó muchas comparaciones. En otra ocasión, El dijo: "Yo soy la puerta". Al decir esto, ¡El no se convirtió en madera! Más bien, nos daba a entender que El funciona como una puerta. De la misma manera, al decir: "Este pan es mi cuerpo", no quería decir que el pan físicamente se convertía en su cuerpo. Más bien, el pan representa su cuerpo.

En la última cena que tuvo con sus discípulos, cuando Jesús dijo: "Este pan es mi cuerpo", El no había muerto aún. Estaba físicamente presente en su cuerpo con ellos. Si el pan se hubiera convertido en su cuerpo, ¡tendríamos que imaginar que pedazos de su carne desaparecieron para tomar su lugar dentro del pan! Más bien, es un símbolo.

Pero al decir esto, no es un pretexto para dejar de respetar y honrar la cena del Señor. Los símbolos pueden ser muy poderosos. Si alguien tomara la bandera de tu país y la pisoteara o la quemara, te ofenderías. Tú sabes que la bandera sólo es un pedazo de tela, pero representa algo muy valioso - y deshonrarlo es una grave ofensa.

Del mismo modo, si tomamos la cena del Señor de una manera irrespetuosa, a la ligera, sin dignidad, realmente estamos deshonrando al Señor que representa. Es a esto que se refiere Pablo cuando habla de tomar la cena sin discernir el cuerpo. Significa tomar la cena del Señor sin darse cuenta de que representa el cuerpo de Cristo, y que como tal, es digno de honor y de respeto.

Por causa de su falta de respeto a la Santa Cena, dice Pablo, muchos estaban físicamente enfermos, y algunos habían muerto. Esto es parte de la disciplina del Señor hacia sus hijos. Estas cosas que él menciona se tratan de consecuencias temporales. No nos dice que la gente había perdido su salvación eterna por su falta de respeto a la cena del Señor. Pero sí queda claro que hay consecuencias cuando no respetamos correctamente la cena del Señor.

Cuando venimos a tomar la cena del Señor, hagámoslo con el respeto que se merece. No es un momento para jugar o para estar distraídos. También debemos respetar los elementos de la cena: el pan, el jugo, los vasos y platos - se vuelven sagrados, porque están relacionados con algo sagrado.

Además de tomar la cena conscientes de lo que significa, lo cual implica darle el honor y el respeto debido, también lo debemos tomar unidos. Esto lo vemos en los versículos 18 al 21. En Corinto, algunos hermanos habían convertido la cena del Señor en una especie de buffet, donde se preocupaban más por lo que querían comer y saciarse que por los demás.

Pero esto es una insensatez, si pensamos en lo que significa la cena del Señor. Estamos compartiendo, simbólicamente, el cuerpo de Cristo, que fue sacrificado por nosotros. Ese sacrificio nos une en un cuerpo. Como creyentes, somos parte de un cuerpo, que es la Iglesia.

La forma en la que celebramos actualmente la cena del Señor no se presta a la clase de división que había en Corinto. Pero podemos cometer el mismo error de otras maneras. Al partir el pan, no debemos partir el cuerpo con divisiones, con pleitos y amarguras. Más bien, la cena del Señor es el momento para acercarnos al hermano que tiene algo contra nosotros y pedirle perdón. Es el momento para perdonar al que nos ha ofendido y extenderle la mano.

Me imagino a una familia grande que se va a reunir para celebrar la Navidad. Sólo que hay un problema: si la madre invita a uno de sus hijos, otro de ellos no vendrá; y si invita al otro, el primero se irá. ¡Qué feo es cuando una familia se separa, y los pleitos de unos afectan a los otros!

¿Será que nos sucede lo mismo en la familia del Señor? Nos unimos para una cena, pero unos no pueden ver a otros, y se separan de ellos. En lugar de que haya unión y amor, hay desconfianza y discordia. Hermanos, Cristo no murió para separarnos, sino para unirnos. La cena del Señor tiene que ser un momento de unión, y debemos prepararnos antes haciendo las paces con nuestros hermanos.

La próxima vez que tomes la cena del Señor, ¿qué será diferente? ¿Qué te ha enseñado hoy el Señor? Toma unos momentos ahora para reflexionar, y permitir que El te hable. Dios nos está llamando a convertir la cena del Señor en una tradición viva, un momento que lo honra, que nos hace recordar y que nos une.


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