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Domingo 6 de Julio de 2014

Todo en orden
Pastor Tony Hancock

Si has viajado, sabes que las costumbres son diferentes de un lugar a otro. No todo se hace del mismo modo. Por ejemplo, en Perú, hay una costumbre al final de una cena para indicar que uno ha quedado satisfecho. Se deja un poco de comida, y se colocan el tenedor y el cuchillo, el uno sobre el otro, encima del plato.

A veces llegan personas del extranjero para visitar a las familias peruanas, y desconocen esta costumbre. Acostumbran terminar toda la comida que se les sirve, porque en su país, se considera que se debe limpiar el plato. Por supuesto, sus anfitriones peruanos, al ver que dejan el plato limpio, suponen que todavía tenían hambre; y no pueden entender por qué, cuando les llevan otro plato lleno de comida, sus invitados ponen cara de asombro.

Puede ser chistoso ver lo que sucede cuando las costumbres de diferentes lugares chocan. Pero vale la pena esforzarse por conocer las costumbres del lugar donde uno se encuentra, y adaptarse lo más posible. Aunque las costumbres son diferentes, cada costumbre tiene un significado. Las costumbres son el idioma de la cultura. Las costumbres también son importantes para el creyente. Tú y yo tenemos que comprender lo que significan las costumbres que tenemos, y ser sabios en la manera de llevarlos. No sólo es cuestión de evitar los malentendidos y las ofensas; las costumbres también le importan a Dios.

A veces pensamos: sólo es cuestión de costumbre. No tiene importancia trascendente. Pero la Palabra de Dios nos dice algo diferente. Aun las costumbres sociales tienen importancia. En la Iglesia de Corinto, se había presentado un problema. En la sociedad de ese día, las mujeres generalmente adoraban con la cabeza cubierta por un velo. Una mujer que andaba en público con el cabello suelto o destapado daba la apariencia de ser una mujer de mala vida.

En la Iglesia de Corinto, algunas de las mujeres habían empezado a llegar a los cultos de la Iglesia sin llevar el velo. Quizás traían peinados muy bonitos, y no los querían esconder debajo de un velo. Podían decir: "Bueno, sólo es cuestión de costumbre. No importa si me cubro la cabeza o no." Pero Dios no lo ve así. Cada costumbre comunica algo; y lo que comunicaban, dentro de su sociedad, con dejar de usar el velo no era bueno. Veamos lo que Dios nos enseña en su Palabra al respecto.

Abramos la Biblia en 1 Corintios 11, y leamos los versos 2 al 10:

11:2 Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué.
11:3 Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.
11:4 Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza.
11:5 Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado.
11:6 Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra.
11:7 Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón.
11:8 Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón,
11:9 y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.
11:10 Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles.

Dios ha puesto cierto orden en la creación. El orden es así: Dios - Cristo - hombre - mujer. El hombre es la cabeza de su esposa. La palabra "cabeza" indica que ella es su gloria, y él tiene cierta autoridad sobre ella, si es su esposa.

Este no es un mensaje muy popular hoy en día. Estamos viviendo en una era de autonomía, donde todos buscan libertad absoluta. Más adelante, veremos que el concepto de autoridad varonil tiene sus límites. El hombre no es el dueño de su esposa, ni es mejor que ella. Los dos tienen igual valor.

Pero Dios creó primero a Adán, y luego a Eva. Le dio a Adán la responsabilidad de obedecer el único mandamiento que les dio. Adán debía ser el líder en su hogar. Debía ser el que tomaba la responsabilidad de decirle a Eva: "Tenemos que obedecer lo que Dios nos manda". Aunque Adán y Eva pecaron, el hombre todavía debe ser líder y cabeza de su hogar. Debe dar el ejemplo, poniendo a Dios en primer lugar y guiando a su familia por buen camino.

Cuando esto no sucede, los resultados pueden ser desastrosos. Hay toda una generación de hombres hoy en día - espero que tú no seas uno de ellos - que realmente nunca han dejado atrás la adolescencia. Todavía viven con las actitudes egoístas de un muchacho de diecisiete años. Andan detrás de las chicas, en lugar de entregarle todo su amor a su esposa. Están tratando de conseguir más juguetes, en lugar de proveer por el bienestar de su familia. Cada fin de semana salen con sus amigos en lugar de pasar tiempo con sus hijos.

Pero éste no es el plan de Dios. Dios creó al hombre para ser el líder, la cabeza de su hogar, y a la mujer para apoyarlo. Ahora bien, cuando digo que la mujer es su apoyo, esto significa que, como hombres, necesitamos apoyo. La mujer tiene capacidades que se necesitan para que el hogar sea exitoso.

Algunas personas, al leer que el hombre es la cabeza de la mujer, piensan que la mujer es como chalán del hombre - como una sirviente o ayudante. Pero la Biblia no nos enseña esto. Más bien, el hombre y la mujer se complementan, y cada uno aporta cosas al matrimonio que el otro necesita.

En un mundo donde muchos están tratando de borrar las diferencias entre los sexos, tenemos que respetar el orden que Dios ha creado. El hombre es cabeza de su hogar, como Cristo es cabeza de la Iglesia. No es casualidad que Cristo también fuera hombre. Tenía que ser hombre, para ser cabeza de su Iglesia.

El orden que Dios ha creado - el hombre como cabeza de su esposa - también se debe reflejar en las reuniones de la Iglesia. En Corintio, la manera de hacer esto era que las mujeres se cubrieran el cabello con un velo cuando participaban en los cultos, orando o profetizando. Dentro de su cultura, ésta era la manera de indicar que no estaban actuando independientemente de sus esposos. Más bien, mostraban el respeto debido a sus esposos al cubrirse la cabeza.

Aún existen Iglesias donde se acostumbra que las mujeres usen velo, y no está mal que lo hagan. Sin embargo, esta costumbre ya no comunica lo mismo en nuestra cultura. Cuando Pablo escribió las palabras que hemos leído, era costumbre general para todos que una mujer usara el velo en público.

En otras palabras, cuando un visitante llegaba a una Iglesia cristiana, veía a las mujeres con su velo y comprendía de inmediato por qué lo traían - estaban mostrando respeto a sus esposos. Pero esta costumbre ya no existe en nuestra cultura. No está mal que una mujer use el velo en la Iglesia, pero tenemos que encontrar otra manera de indicar - dentro de la vida de la Iglesia - que las mujeres respetan la autoridad de sus esposos.

Las costumbres han cambiado, pero la verdad es la misma. En la Iglesia, los hombres y las mujeres deben comportarse debidamente, como hombres y mujeres dentro del plan de Dios. Las mujeres deben demostrar su respeto a sus esposos. ¿Cómo sucede esto hoy en día? Una forma es que la mujer tome el apellido de su esposo.

Tradicionalmente, la mujer casada se conocía como fulana de zutano. Esta costumbre se ha ido perdiendo, pero como creyentes, debemos seguirla usando. Al presentarse de este modo, la mujer indica que respeta a su esposo como cabeza. Otra manera es el uso de su anillo matrimonial, que indica que ella es casada. Y simplemente en su trato de su esposo, la manera en que le habla y lo trata delante de los hermanos de la Iglesia, puede indicar el respeto que le tiene.

Dios nos está diciendo en este pasaje que estas cosas son importantes dentro del culto de la Iglesia. Una mujer casada que no le muestra respeto a su esposo en el culto, según las costumbres de su cultura, está deshonrando su cabeza y ofendiendo a los ángeles, que están presentes para observar la vida del pueblo de Dios.

Sin embargo, no debemos pensar jamás que el diferente lugar que ocupan los hombres y las mujeres en el plan de Dios significan que uno es más importante que el otro. Leamos los versos 11 al 16 para comprender esto:

11:11 Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón;
11:12 porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios.
11:13 Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?
11:14 La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?
11:15 Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.
11:16 Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.

Aunque Dios ha creado al hombre y la mujer con diferentes papeles en el hogar y en la Iglesia, ninguno es independiente del otro. La mujer vino del hombre, porque Eva fue tomada de la costilla de Adán; pero todo hombre viene de una mujer, porque todos hemos nacido de una madre.

Por lo tanto, nos necesitamos el uno al otro. Un hombre que maltrata o descuida a su esposa se daña a sí mismo. En otro pasaje, la Biblia nos dice que un hombre que no respeta a su esposa no recibirá respuesta a sus oraciones. Dios lo castigará. Nunca debemos pensar que el hombre es más que la mujer, o que no lo necesita. Todo proviene de Dios, y es a El quien tenemos que respetar.

Hermanos, las costumbres que llevamos en la Iglesia son importantes para Dios. El culto es un momento sagrado. Imagina por un momento que llegara a tu casa de visita y me pusiera a insultar a tu esposa, a pegarles a tus hijos y a romper todos los vidrios de tu casa. "¡Eso no se hace!" - me dirías, y pronto me correrías. Sería una ofensa muy grave.

¿Cómo, entonces, vamos a llegar a la casa de Dios y ofenderle a El? Tenemos que aprender a respetar el culto como un momento sagrado. Esto significa honrar a Dios en todo, aun en nuestras costumbres. Cuando estemos aquí, y en todo lugar, démosle a Dios el respeto y el honor que El se merece.

Pero quizás todo esto te parece algo extraño, porque nunca has llegado a reconocer a Jesucristo como la cabeza, como el centro y la autoridad máxima en tu vida. Te invito al final de este culto a venir a hablar conmigo o con otro líder de la Iglesia, para que te podamos explicar más. Lo que hacemos en el culto, y en toda nuestra vida, es simplemente un reflejo de lo que creemos acerca de Jesucristo. Nuestra fe en El se debe mostrar en todo. Sólo cuando Cristo es nuestro Señor podemos tenerlo todo en orden.


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