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Domingo 25 de Mayo de 2014

¿Inflado o edificado?
Pastor Tony Hancock

Dos patos y una rana compartían el mismo charco. Vivían juntos muy felices, hasta que un día, en el calor del verano, el charco se secó. Para los patos no presentaba ningún problema, porque ellas podían simplemente volar hacia otra laguna. Para la rana, en cambio, era una situación crítica. Si no encontraba agua pronto, moriría disecada.

Por fin, encontraron la solución. Los dos patos tomaron en la boca un palo, un pato a cada extremo del palo, y la rana mordió el centro del palo. Después de hacer varios experimentos, descubrieron que si volaban lentamente los patos y la rana mordía con todas sus fuerzas, los dos patos podrían llevar la rana a otro charco.

Los dos patos despegaron, y empezaron a volar lentamente por el aire. La ranita se sostuvo con todas sus fuerzas. En eso, pasaron por encima de un granjero. El granjero, al ver algo tan insólito, exclamó: "¡Qué maravillosa idea! ¿Quién podría haber planeado algo tan inteligente?" La rana no pudo quedarse callada. Respiró profundo, abrió la boca y dijo: "¡Yooooooo!" Y allí se acabó la vida de la pobre ranita.

¡Lo que le pasó por presumido! La persona que se cree mucho no sólo causa problemas en su propia vida, sin embargo; también puede causar muchos problemas en la familia de Dios. Lo bueno es que hay un antídoto. Esta condición se puede curar si aprendemos a amar.

Se había presentado un problema en la Iglesia de Corinto causado por ciertas personas presumidas. ¿Qué fue lo que presumían? Era su conocimiento. Eran como las lagartijas verdes que vemos por todas partes en estas temporadas del año inflando sus gargantas como pequeños globos rojos. Es su forma de buscar pareja. "¡Mírame a mí!" - dicen con sus gargantas enormes.

Pero ¡es puro aire! Un pequeño alfiler explotaría todas sus presunciones. Así también muchas veces podemos presumir lo que conocemos del Señor. Puede ser que realmente conozcamos la verdad, pero si la presumimos con una actitud altiva, haremos daño en lugar de bien. Abramos la Biblia en 1 Corintios 8, y leamos los versos 1 al 11 para oír la voz de Dios en esta mañana:

8:1 En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica.
8:2 Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo.
8:3 Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.
8:4 Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios.
8:5 Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores),
8:6 para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.
8:7 Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina.
8:8 Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos.
8:9 Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles.
8:10 Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos?
8:11 Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió.

Había surgido una situación en Corinto. Es un problema que probablemente ninguno de nosotros enfrenta, y sería fácil descartar esta sección, pensando que no tiene nada que ver con nosotros. Pero si hacemos esto, cometemos un gran error. Dios tiene cosas para enseñarnos aquí, cosas muy importantes para nuestra vida cristiana. Por lo tanto, tomemos unos momentos para comprender la situación que ellos estaban viviendo, para poder aplicar a nuestras vidas las enseñanzas que Dios nos da.

El problema que ellos enfrentaban era la cuestión de la carne que había sido sacrificada a los ídolos. En una ciudad como Corinto, la mayoría de la carne que se vendía en los mercados había sido sacrificada a un ídolo. Cuando se sacrificaba un animal en el templo de algún ídolo, se quemaba una parte del sacrificio, el sacerdote se quedaba con una parte, y el resto se podía vender.

Por otra parte, los templos de los ídolos tenían salones de recepción donde la gente hacía fiestas. Por lo tanto, a los creyentes de Corinto se les presentaban dos situaciones difíciles. Por un lado, podían ir al mercado y, sin saberlo, comprar carne que había sido sacrificada a un ídolo. Por otro lado, sus amigos paganos podrían invitarles a alguna fiesta en el templo de un ídolo. Ellos no iban a adorar al ídolo, pero en la fiesta les servirían carne que sin duda había sido sacrificada al ídolo.

¿Qué debían hacer? Los más fuertes en la fe daban este argumento: sabemos que un ídolo no es nada. ¡Es sólo una estatua de madera o piedra! Sólo hay un Dios, el Padre; sólo hay un Señor, el Señor Jesucristo. Por lo tanto, podemos comer la carne que ha sido sacrificada a un ídolo sin problemas, porque ¡el ídolo no es nada! No puede hacer nada para contaminar la carne.

El apóstol Pablo estaba de acuerdo con su argumento. No contradice su forma de razonar. Su argumento estaba bien, pero su actitud estaba mal. Por esto dice estas palabras tan profundas: "el conocimiento envanece, mientras que el amor edifica". Este grupo en la Iglesia de Corinto estaba en lo correcto en lo que decían, pero no aplicaban la verdad en un espíritu de amor.

Recuerdo una conversación que tuve, años atrás, con un hermano en la fe. Hablábamos de las artesanías que se venden en los mercados de nuestro país. En lo personal, me gustan las artesanías como obras de arte humanas, expresiones de la creatividad y sentido de belleza del artista.

Este hermano, sin embargo, me dijo algo un poco alarmante. Me dijo que debía tener mucho cuidado, porque si yo compraba sin saberlo una artesanía que retrataba algún dios pagano o que se había usado en la adoración pagana, podía caer bajo la influencia de algún demonio. En otras palabras, ese objeto podría traer a mi hogar - según el argumento de este hermano - un demonio.

En ese momento, me asusté un poco. Era mucho más joven, y tenía menos conocimiento de la Palabra de Dios. Pero ahora me doy cuenta de que no debía tener temor. Un ídolo no es nada; si la comida sacrificada a un ídolo no es capaz de contaminar al creyente que la come con fe en el Señor, tampoco podrá contaminar mi hogar ningún objeto - al menos que yo le dé alguna importancia.

La Palabra de Dios nos libra de la superstición. Ya no tenemos que creer en la magia de los objetos, que alguna cosa en particular nos pueda contaminar. Pero la verdad se tiene que aplicar con amor. Leamos de nuevo los versos 9 al 11. El apóstol Pablo dice a los hermanos que tienen conocimiento: tengan cuidado de que la libertad que les da su conocimiento no se convierta en piedra de tropiezo para los que no han llegado a ese nivel de conocimiento.

La verdad que conocemos en Cristo es algo precioso, y nos da mucha libertad. Sin embargo, tenemos que cuidarnos de usar la verdad que conocemos de una forma que puede lastimar a otros. Pensemos, por ejemplo, en el ejemplo de las artesanías. Digamos que tengo en mi casa un adorno que tiene que ver con la santería.

Para mí, no significa nada; yo sé que no tiene ningún poder. Pero ¿qué tal si llega a mi casa un hermano que, antes de ser creyente, era santero? El puede ver mi adorno y tropezar, porque para él sí significa algo. Podría pensar que está bien para un creyente meterse en la santería, o podría decir: "Bueno, si este hermano tiene algo así, yo también lo puedo tener" - y esto podría representar su primer paso hacia volver a la vida de antes. Al menos, se va a ofender.

¿Te das cuenta? Podemos ejercer la libertad que la verdad nos da de una manera que lastima a otros. Nosotros como evangélicos nos enfocamos en estudiar la Biblia y conocer su verdad. Esto es algo muy importante. Debemos esforzarnos por conocer la verdad que Dios nos enseña en su Palabra. Si ignoramos las palabras que Dios mismo nos ha dicho aquí, caemos en un gran peligro.

Pero debemos tener mucho cuidado de no caer en la trampa de los corintios. Debemos tener mucho cuidado de no usar la verdad que conocemos de una manera que terminará lastimando a otros. En otras palabras, tenemos que decidir si permitiremos que la verdad nos infle, haciéndonos presumidos, o si más bien viviremos la verdad en amor, buscando edificar y animar a otros.

A veces, cuando apenas hemos empezado a conocer las cosas de Dios, queremos presumir nuestro nuevo conocimiento. Cuando conversamos con la gente, nos encanta decirles: "¡Así no es! Déjame explicarte cómo son las cosas." Puede ser que digamos la verdad, pero sin amor.

¿Crees que de esa manera lograremos ganar a la gente para Cristo? ¿O podremos enseñar a un hermano con esa actitud? Puede ser que digamos la verdad, pero el espíritu con el que lo decimos es muy importante. Si decimos verdades, pero no las decimos con amor, de nada sirve. Al contrario; podemos hacer daño, porque hacemos que la verdad parezca no ser muy atractiva.

Debemos recordar siempre esta frase: "el conocimiento envanece, mientras que el amor edifica". No es que el conocimiento sea malo; al contrario, es algo muy bueno. Pero cuando no se combina con amor, puede ser algo muy peligroso.

El hidrógeno es un gas peligroso y combustible. Se usaba para llenar los zepelines, hasta que uno de ellos - el Hindenburg - se quemó desastrosamente. Pero si combinamos el hidrógeno con oxígeno, se convierte en agua - algo que apaga incendios en lugar de alimentarlos. Así es con el conocimiento. Por sí solo puede ser peligroso y combustible; pero cuando lo combinamos con amor, se convierte en algo bueno, que da vida.

Nuestro Señor Jesús nos da el ejemplo. En Cristo, la verdad y el amor se combinan perfectamente. El siempre dijo la verdad, y El es la verdad - pero su vida de verdad se vivió en perfecto amor. Si lo conocemos, si hemos decidido seguir a Cristo, tenemos que aprender a ser como El.

Hermano, amigo, deja que el Espíritu Santo te hable en este momento. ¿Estás usando la verdad de una manera egoísta? ¿Tomas en cuenta la situación de otros cuando les hablas? Ponte en el lugar de los que te escuchan y te observan. ¿Reflejas a todos el amor de Dios? Deja que Dios te señale los cambios que tengas que hacer, y empieza hoy a edificar, diciendo la verdad siempre con amor.


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