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Domingo 11 de Mayo de 2014

¿Conformismo o contentamiento?
Pastor Tony Hancock

La otra noche, cenaba con varios de nuestros jóvenes. Teníamos en los platos una sopa de frejol negro. Los jóvenes, como siempre, tan simpáticos y discretos - uno de ellos, viendo lo que había para comer, dijo: "No le voy a mentir, esto parece algo que salió del desagüe".

Debo agregar que, después de hacer este comentario, se terminó toda la sopa - así que, creo que le gustó. Pero este comentario ilustra un punto muy interesante. Hay cosas que se parecen por fuera, pero que son muy diferentes por dentro. Simplemente porque dos cosas se parecen, no significa que sean lo mismo.

Hoy vamos a hablar de dos actitudes que, por fuera, se parecen. Sin embargo, su realidad es muy diferente. Diría yo que son tan diferentes como la sopa de frejol negro y algo que salió del desagüe. Me refiere al conformismo y el contentamiento.

¿Cuál es la diferencia entre estas dos cosas? Es la diferencia entre un niño tranquilamente dormido en el regazo de su madre y un niño que se ha quedado dormido en la cama después de llorar por varias horas. Los dos tienen los ojos cerrados y respiran tranquilamente; pero sus sentimientos son muy diferentes.

Hoy en día, la gente busca la felicidad en las cosas de afuera - en las riquezas, en el vicio, en otras personas. Pero Cristo nos ofrece una base para el contentamiento y la felicidad que no viene de afuera, sino de adentro. Leamos 1 Corintios 7:17-24 para aprender más de esto:

7:17 Pero cada uno como el Señor le repartió, y como Dios llamó a cada uno, así haga; esto ordeno en todas las iglesias.
7:18 ¿Fue llamado alguno siendo circunciso? Quédese circunciso. ¿Fue llamado alguno siendo incircunciso? No se circuncide.
7:19 La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios.
7:20 Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede.
7:21 ¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más.
7:22 Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo.
7:23 Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres.
7:24 Cada uno, hermanos, en el estado en que fue llamado, así permanezca para con Dios.

El versículo clave es el 23: "Ustedes fueron comprados por un precio; no se vuelvan esclavos de nadie". Nosotros le pertenecemos a Cristo. Tenemos valor, porque El pagó un gran precio por nosotros. Por lo tanto, ¡no nos volvamos esclavos de los hombres! No dejemos que la opinión de los demás, el qué dirán o la presión social, nos controle.

Cristo nos ofrece un contentamiento que nadie nos puede quitar. Pero existen varias formas en las que el mundo nos trata de esclavizar. Una de ellas es por medio de las costumbres culturales. Pablo menciona esto en los versículos 18 y 19.

En su día, la circuncisión era un punto de separación entre las personas. Era una cuestión religiosa, porque formaba parte del pacto de Dios con los judíos; pero también era una cuestión cultural. Los judíos veían la circuncisión como la muestra de que formaban parte del pueblo de Dios, y despreciaban a los gentiles incircuncisos. Los griegos, en cambio, veían a los judíos circuncidados como algo extraño, miembros de un grupo minoritario y quizás un poco extremista.

Los griegos tenían la costumbre de hacer ciertos deportes al desnudo. Algunos judíos, avergonzados de su estado de circuncisión, se hacían una leve cirugía para disimular el hecho de estar circuncidados. En cambio, algunos cristianos de origen griego se querían circuncidar, porque pensaban que era necesario para formar parte del pueblo de Dios.

Ahora, desde que ha venido Jesús, ya no importa si estamos circuncidados físicamente. Lo que importa es tener un corazón transformado por la fe, un corazón que obedece los mandatos de Dios. En otras palabras, en el pueblo de Dios, esta distinción ha sido borrada. Desde la perspectiva de la fe, es totalmente insignificante si un hombre está circuncidado o no.

Pablo les dice a los corintios: ¡no se preocupen por la cuestión de la circuncisión! ¿Estás circuncidado? No tienes que disimularlo cuando vas al gimnasio. ¿No lo estás? No te preocupes. Es una cuestión de total indiferencia. Puedes estar contento en cualquier situación.

Quizás la circuncisión ya no sea un asunto muy trascendente para nosotros, pero hay otros asuntos religiosos y culturales que no tienen nada que ver con la salvación, pero que sirven para marcar y separar a la gente. Si dejamos que estas cuestiones nos preocupen, nunca llegaremos al contentamiento que Cristo quiere para nosotros.

Recuerdo de mi niñez a una hermana, muy querida de nuestra familia, que demoró varios años para entregarse al Señor. Le atraía el evangelio, pero le resultaba difícil enfrentar la presión de congregarse en una Iglesia Evangélica. Luchó por un buen tiempo, hasta que por fin decidió aceptar a Cristo.

Así hay muchos que dejan que las cuestiones culturales los controlen. Sienten la presión de conformarse a lo que los demás esperan de ellos. De esa manera nunca llegaremos al contentamiento que nos pertenece en Cristo. Es sólo cuando nos damos cuenta del gran precio que Cristo pagó por nosotros que podemos comprender cuál es nuestro valor verdadero.

No depende de lo que la gente piensa de nosotros, sino de lo que Dios piensa de nosotros. No depende de que seamos aceptados por la sociedad, sino por nuestro Padre celestial. El contentamiento en Cristo sólo vendrá cuando abandonamos el esfuerzo de conformarnos a las expectativas sociales.

Hay otra manera en la que el mundo nos roba el contentamiento con la presión de conformarnos. Se trata de las cuestiones de dinero y clase social. Leamos más de esto en los versos 21 y 22.

En el día de Pablo, la diferencia social más grande era la distinción entre esclavos y libres. En algunas partes del imperio romano, la mitad de la población estaba en la esclavitud. Algunos eran muy educados, pero el hecho de ser esclavos significaba que siempre ocuparían un lugar inferior en la escala social. Un esclavo siempre sería despreciado por los libres. Pero Pablo dice: "No te preocupes". En Cristo, esto no es tan importante.

Dios no nos llama simplemente a conformarnos con lo que nos ha tocado, por supuesto. Si tenemos la oportunidad de mejorar nuestra situación, hagámoslo. Pablo dice a los esclavos: "Si tienes la oportunidad de conseguir tu libertad, aprovéchala". En otras palabras, no te quedes en una situación mala simplemente por desidia. Si Dios te da la oportunidad de mejorar tu situación, debes aprovecharla.

Pero el camino al contentamiento queda claramente marcado con estas palabras: "el que era esclavo cuando el Señor lo llamó es un liberto del Señor". La felicidad no se encuentra en nuestra situación en la vida. Pablo les dice a los esclavos que, en Cristo, son libres. También les dice a los libres que son esclavos de Cristo.

Tu verdadero valor viene del amor de Cristo. El mundo te trata de decir que tu valor viene del trabajo que tienes, de tu posición en la sociedad, de ser una persona respetada y tener una vida cómoda. Ninguna de estas cosas es mala, y si Dios te da la oportunidad de mejorar tu situación en la vida, ¡aprovéchala!

Pero jamás cometas el error de pensar que un ascenso en el trabajo, una mejor posición o más reconocimiento te hará feliz. Ninguna de esas cosas te podrá traer satisfacción duradera. El hecho de pertenecer a Cristo es lo único que te puede dar verdadero contentamiento. El te amó; vino a buscarte. Sacrificó su vida por ti. Tiene un futuro bueno preparado para ti. A comparación con esto, ¿qué son las cosas de este mundo? Pierden su importancia.

La verdadera dicha se encuentra en conocer a Cristo. El verso 23 nos lo dice. Fuimos comprados por un precio. Los ecónomos nos dicen que el valor de cualquier artículo es el precio que las personas están dispuestas a pagar por él. Por ejemplo, digamos que decido vender mi carro.

Le podría poner un precio de un millón de dólares, pero nadie me daría ese precio por mi carro. Aunque yo le ponga ese precio, no significa que lo vale. Lo que vale el carro es lo que alguien estaría dispuesto a pagar por comprarlo. Ahora bien, este mundo suele hacer lo opuesto contigo y conmigo. Nos pone un precio demasiado bajo. Nos dice que no valemos mucho, porque no somos famosos, ricos o reconocidos.

Pero lo que valemos no es la etiqueta que se nos pone, sino el precio que alguien estuvo dispuesto a pagar por nosotros. Fuimos comprados por un precio extremadamente alto; el precio de la sangre de Cristo. Esto es lo que nos da valor. Es lo que nos da significado - el precio que Cristo estuvo dispuesto a pagar por nosotros.

Por lo tanto, no nos volvamos esclavos del qué dirán, de las opiniones de las personas, de su buena o mala opinión de nosotros - no nos volvamos esclavos de nadie. En Cristo, somos libres. El nos compró; somos sus siervos. Este es el camino al contentamiento: saber que somos de Cristo.

¿Conoces a Cristo? ¿Te has entregado a El? ¿Sabes que le perteneces? ¿Vives contento por su amor, en lugar de simplemente conformarte con lo que te toca? No busques el contentamiento afuera, en tu situación. No lo vas a encontrar allí. Más bien, búscalo en tu corazón, donde está Cristo. Es en su amor y en obedecerle a El que encontrarás el verdadero contentamiento.


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