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Domingo 10 de Noviembre del 2002

La suprema satisfacción
Pastor Tony Hancock

En 1776, los miembros de un consejo se reunieron en un salón en la ciudad de Filadelfia para firmar un documento que llegaría a ser uno de los más famosos de la historia, y que ha influenciado la vida de cada persona que me escucha. Este documento puso la base para la formación de los Estados Unidos de América, y también influyó en las luchas posteriores por libertad en las demás colonias americanas. Este documento, la Declaración de Independencia, insiste en los derechos innegables de cada ser humano, incluyendo entre ellos los derechos a la vida, la libertad, y la busca de la felicidad.

Los escritores de este documento entendían que la felicidad individual se encuentra en el servicio a los demás. Es por esta razón que la mayoría de ellos sacrificó sus bienes, su tiempo, y hasta su vida para establecer una nación libre para sus conciudadanos.

En la nación que ellos establecieron, sin embargo, y en la cultura occidental que ha sido profundamente afectada por esa nación, la busca de la felicidad se ha transformado en algo distinto. Hoy en día, las personas pretenden encontrar la felicidad satisfaciendo sus propios anhelos. Vivimos en una cultura que insiste en la libertad absoluta de cada persona para hacer lo que quiera, sin límites ni restricciones.

Pero lo más triste de todo es que esta búsqueda resulta ser en vano. Existen más y más maneras de buscar la satisfacción personal, más y más oportunidades para el placer, pero también hay más y más personas insatisfechas, tristes, y deprimidas. La próxima vez que vayas a un parque de diversiones, mira las caras de las personas que te rodean. Verás muy pocas sonrisas, y muchísimas caras preocupadas e insatisfechas.

¿Qué es lo que falta? La realidad es que nuestra cultura está buscando satisfacción y felicidad en lugares donde jamás se encontrará. Déjame decirte un secreto: a pesar de lo que ves en las películas, la televisión, y las revistas, no serás feliz si simplemente tienes más dinero, más diversión, o más sexo. Buscar la satisfacción verdadera en esos lugares es como buscar un manantial en el desierto. Lo más probable es que te mueras antes de encontrarlo.

Hay una fuente de satisfacción verdadera en medio de este desierto que llamamos la cultura moderna. No es imposible encontrar esa satisfacción, pero tenemos que saber dónde buscarla.

Lectura: Salmo 37:3-4

37:3 Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.
37:4 Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.

Déjame primero decirte lo que estos versículos no significan. No significan que si tienes alguna clase de fe en Dios, entonces puedes exigirle a Dios lo que te dé la gana, y él te lo tiene que conceder.

Lo que sí significa es que Dios es el único que puede satisfacer en realidad nuestros más profundos deseos. Puedes encontrar esa satisfacción que tanto anhelas. Puedes encontrar tu razón para vivir. Déjame mostrarte cómo.

I. La satisfacción se halla en el servicio fiel, no en la autonomía personal

Podemos ver este principio detallado en el versículo tres. La confianza en el Señor se expresa en hacer el bien; la persona que busca a Dios también deberá mantenerse fiel a sus responsabilidades con otros.

Hoy la fidelidad no está de moda. Dios creó al hombre y a la mujer para que se casaran hasta que la muerte los separe. Hoy en día, sin embargo, en vez de hasta que la muerte los separe, el matrimonio es hasta que alguien mejor se presente. Se piensa que la satisfacción y la felicidad sólo vendrán si tenemos libertad para hacer todo lo que se nos antoje.

En otras palabras, el mundo actual busca satisfacer sus propios deseos a cualquier costo. Cada persona cree ser el mejor árbitro de su propia vida, saber lo que más le conviene, y tener la capacidad independiente para decidir lo que le conviene y le traerá satisfacción.

Existe, sin embargo, un problema. Nosotros como seres humanos realmente no sabemos lo que nos conviene. El pecado nos tiene ciegos, y solemos buscar la satisfacción en cualquier lugar menos el apropiado.

Si le ofreces a un niño hambriento la elección de un plato de helados o un plato de comida, ¿cuál escogerá? Te apuesto a que escoja el plato de helados. Pero ¿qué pasará una hora después, cuando padece el dolor de estómago? ¿Qué pasará si sólo come helados, y sufre problemas de salud por su mala dieta?

El niño simplemente no sabe lo que le conviene. Le hace falta que otra persona le dirija en su alimentación, porque si no, se alimentará de puras chucherías. De igual modo, si nosotros hacemos simplemente lo que nos da la gana, tampoco llegaremos a algo bueno. No llegaremos a la satisfacción, a la paz, a la felicidad. Nos quedaremos con un dolor del espíritu.

Es por esta razón que Dios nos llama a ser fieles en la tarea que él nos ha dado. Este es el primer paso hacia la verdadera satisfacción. En vez de pretender determinar el curso de nuestra vida por nuestra propia sabiduría, Dios nos llama a depender de él.

Hay palabras de gran sabiduría en Proverbios 3:5-7. Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas. No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal.

Nuestras propias ideas de lo que nos conviene son como el deseo del niño de llenarse con helados. Nos parece bien, pero no lleva a lo bueno. Si confiamos en nuestra propia inteligencia, en nuestra propia habilidad para distinguir lo bueno y lo malo, nos vamos a extraviar del camino.

La felicidad se encuentra en la fidelidad. Dios te llama a ser fiel a tus compromisos con tu pareja, con tu familia, con tu patrón, con tus amigos, con tu iglesia, y te promete bendición si eres fiel.

Quizás te encuentres tentado a dejar atrás algún compromiso y buscar la felicidad por tu propia cuenta. Quizás creas que con otra mujer o con otra vida podrías ser feliz. Quizás pienses que la irresponsabilidad te traerá satisfacción. Cualquier felicidad que encuentres de esa manera no será duradera. La verdadera satisfacción se halla en el servicio fiel, no en la autonomía personal.

Pero no estamos hablando de una especie de estoicismo, de simplemente hacer lo que debemos de hacer y ya, de ser fuertes y responsables sin más. Estamos hablando de una satisfacción que llena nuestros más profundos deseos.

II. La satisfacción se encuentra en el gozo del Señor, quien satisface nuestros deseos más profundos

Hay algo que todos sabemos por instinto. Sabemos que nuestra existencia como seres humanos tiene alguna razón, que fuimos creados para más que la supervivencia y la reproducción, y buscamos ese significado y la satisfacción que nos traerá encontrarlo.

El problema es que la mayoría lo estamos buscando en los lugares equivocados. El mundo actual busca la satisfacción y el gozo en lo material. Primera de Juan 2:16 lo detalla: Porque nada de lo que hay en el mundo - los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida - proviene del Padre sino del mundo.

Las personas buscan encontrar su significado en estas cosas. Ciertas personas pretenden satisfacer todos los deseos de su carne - sea con lujos, con alimentos exquisitos, o con placer sexual - creyendo así encontrar la satisfacción de su alma.

Algunos, más bien, buscan tener más posesiones. Creen que si pueden tener más que los demás, o por lo menos más de lo que tienen ahora, entonces serán felices. Desgraciadamente, es un juego de nunca terminar, y jamás encuentran la verdadera satisfacción.

Otros, en cambio, creen que el secreto está en el éxito. Piensan que la satisfacción está en ganarse el respeto de los demás. Se matan por encontrar el éxito en su carrera, o se convierten en payasos para entretener a sus amigos, o de alguna otra manera buscan comprobar su valor ganando la aprobación de los demás.

La gran mayoría de la gente pasa toda su vida en alguno de estos esfuerzos o en una combinación de ellos, y nunca encuentra lo que tanto buscaba. Nunca hallan la satisfacción del alma.

Dios no desea que vivamos de este modo. El nos llama a deleitarnos en él, y promete satisfacer nuestros verdaderos deseos. Dios nos ofrece esa satisfacción verdadera que el mundo nunca nos podrá dar.

El versículo cuatro de nuestro salmo nos dice, Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. ¿Qué significa deleitarnos en el Señor? Significa usar los medios de contacto que Dios nos ha dado para tener comunión con él, y disfrutar de esa relación.

El principio del deleite en el Señor es establecer una relación con él. Si nunca has entrado en una relación con Dios, puedes empezar esa relación hoy reconociendo tu pecado y poniendo tu confianza en Cristo como tu Señor y Salvador.

Si ya has tomado ese paso, entonces examina tu propia vida. ¿Estás buscando en algún otro lado la satisfacción que sólo Dios puede darte? ¿Estás apartando tiempo para pasar a solas con Dios?

Muchos creyentes se preguntan por qué no sienten el gozo del Señor, pero sus vidas están tan llenas de otras actividades que Dios no les puede hablar. Se preguntan por qué Dios no está cerca de ellos, cuando no se han acercado a él. Es imprescindible apartar tiempo para Dios. Todos estamos ocupados. Puede ser un sacrificio. Pero si no apartas tiempo para Dios, no podrás deleitarte en él.

Si quieres deleitarte en el Señor, puedes empezar haciendo estas tres cosas cada día.

Primero, adora al Señor por algún aspecto de su carácter. Contempla alguna de las perfecciones de Dios: su majestad, su poder, su amor, su creatividad. Llénate con el gozo de la adoración.

Segundo, agradécele al Señor algún favor que te ha hecho. Puede ser el perdón de tus pecados, puede ser la vida y la salud que te otorga, o puede ser algún favor en particular que has recibido. Llénate de gratitud al Señor.

Tercero, aprende a amar los caminos del Señor. Medita en la grandeza de su voluntad para ti. Piensa en el plan de Dios para tu matrimonio, para tus hijos, para tu trabajo, para toda tu vida, y regocíjate en la grandeza de su plan para ti. En vez de creer las mentiras del mundo, aprende a amar los caminos del Señor.

Tú puedes encontrar la suprema satisfacción deleitándote en tu Dios. El es la única fuente de gozo y de sentido en esta vida.


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