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Domingo 27 de Abril de 2014

Consejos divinos sobre el matrimonio
Pastor Tony Hancock

¿Qué clase de trabajo quieres que tenga tu futuro esposo? Sería interesante encuestar a las jóvenes solteras y escuchar sus diversas respuestas. Seguramente alguna diría: "Me quiero casar con un doctor o un abogado, para no tener preocupaciones por el dinero". Quizás otra diría: "Me daría mucho gusto casarme con un pastor o evangelista, para apoyar a un hombre que sirve al Señor".

Una conocida autora de novelas de detective tuvo una respuesta inusual. Ella declaró que el mejor esposo era un arqueólogo. Dicho sea de paso que su esposo lo era. Pero ¿por qué un arqueólogo? Dijo ella: "Conforme más años tenga su esposa, más interesante le será".

¡Qué interesante consejo! Pero quizás no sea el más práctico. Para empezar, no hay muchos arqueólogos en este mundo. Hoy vamos a considerar algunos consejos más prácticos y más acertados, porque vienen del Creador mismo del matrimonio. Dios es el que inventó el matrimonio; no es una invención humana. Por lo tanto, El nos da los mejores consejos al respecto. Leamos algunas de ellas en 1 Corintios 7, empezando con los versos 1 al 7:

7:1 En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer;
7:2 pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.
7:3 El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido.
7:4 La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.
7:5 No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.
7:6 Mas esto digo por vía de concesión, no por mandamiento.
7:7 Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro.

Cada instrucción que encontramos en la Biblia, la Palabra de Dios, se dio dentro de una situación particular. Es importante comprender la situación en la que se dio cada mensaje, para poder aplicarlo correctamente a nuestra propia situación. Por lo tanto, volvamos por unos momentos a la situación de la Iglesia de Corinto.

Era una situación de extremos. ¿Te has dado cuenta que los seres humanos somos muy propensos a ir a los extremos? Así era en Corinto también. Algunos miembros de la Iglesia pensaban que la gracia y la misericordia de Dios les daban permiso para cometer inmoralidad sexual. Pensaban que lo que hacían con sus cuerpos no afectaba el bienestar de su espíritu. En el capítulo 6, Pablo contesta esta idea equivocada y nos enseña la importancia de la pureza sexual.

Pero en Corinto también había creyentes que iban al otro extremo. Ellos enseñaban que el sexo era algo sucio, y que los mejores creyentes no tenían relaciones sexuales - aun dentro del matrimonio. Incluso había matrimonios que habían decidido vivir en la misma casa, pero no tener contacto físico.

Seguramente los que pensaban así veían a los miembros de la congregación que se entregaban al pecado sexual con desprecio, y con cierta razón. Estaban cometiendo pecado. Le escriben entonces a Pablo, justificando su posición y diciéndole: "¿No es verdad que es mejor no tener relaciones sexuales?" Pablo les responde: Sí, hasta cierto punto. En otras palabras, es bueno tener control sobre nuestros apetitos, en lugar de permitir que nos controlen.

Pero están en un error si prohíben el matrimonio. Por evitar el extremo de la inmoralidad, van al otro extremo y desechan algo que Dios ha creado para nuestro bien. Esto nos lleva a la siguiente conclusión: el deleite matrimonial es un bien que debe ser cultivado.

Frente a las personas que consideraban que era mejor que las parejas casadas no tuvieran relaciones, Pablo responde que no. Es mejor que cada hombre tenga su esposa, y que cada mujer tenga su marido. Deben esforzarse por satisfacerse el uno al otro.

De otro modo, como hay tanta inmoralidad, será fácil que el enemigo los tiente a buscar satisfacción en relaciones pecaminosas y peligrosas. Al disfrutar cada uno de la relación matrimonial, la inmoralidad empieza a perder su atractivo.

El rey Salomón dio un consejo parecido, en Proverbios 5: "Bebe el agua de tu propio pozo, el agua que fluye de tu propio manantial... ¡Bendita sea tu fuente! ¡Goza con la esposa de tu juventud! Es una gacela amorosa, es una cervatilla encantadora. ¡Que su amor te cautive todo el tiempo!"

En otras palabras, en lugar de perder tu vigor y tu vida con mujeres extrañas, disfruta la relación con tu esposa. Concéntrate en hacerla feliz, y recibirás a cambio la felicidad también. Pero esto es algo que hay que cultivar.

Cuando se siembra un jardín, es necesario gastar tiempo y esfuerzo en cultivarlo. Hay que usar el azadón para ablandar la tierra, regarla si no llueve, sembrar bien la semilla y arrancar las plantas indeseadas. Si no se cultiva el jardín, ¿cuál será el resultado? ¿Dará buen fruto? Más bien, sólo dará una cosecha de mala hierba.

Del mismo modo, se tiene que cultivar el amor en el matrimonio. Requiere un esfuerzo. Hay que separar tiempo para estar juntos como pareja, para conversar, para jugar y divertirse. Sólo así podrá traer gozo y satisfacción la relación física. Así el hombre y su esposa gozarán juntos su relación física.

Volvamos a los versículos que leímos en 1 Corintios. Los versos 3 y 4 sorprenderían a muchas personas, porque enseñan que el hombre tiene la responsabilidad de deleitar a su esposa, y no sólo la mujer al hombre. Algunas culturas machistas consideran que la mujer es básicamente una sierva sexual del hombre, pero un matrimonio cristiano no es así. En el matrimonio cristiano, existe una responsabilidad compartida de buscar lo que al otro le agrada.

Esto también nos lleva a comprender bien el verso 5. Alguien podría hacer abuso de este versículo, usándolo para obligar a su esposa a tener relaciones cuando ella no quiere. Pero esto va en contra del principio de responsabilidad mutua que acabamos de describir. Además de esto, el apóstol Pablo no tiene esa clase de situación en mente.

Más bien, se refiere a las parejas que han decidido dejar por completo de tener relaciones. Frente a ellos, dice: "No se nieguen el uno al otro". En otras palabras, no dejen por completo de darse el uno al otro. Un matrimonio sano lo requiere. En un matrimonio sano, por supuesto, existe también un respeto mutuo que no permite la obligación. El amor siempre tiene que ser voluntario.

Hemos dicho, entonces, que el deleite matrimonial es un bien que debe ser cultivado. Pero ¿qué les podemos decir a los solteros? Pablo les habla en los versículos siguientes. Leamos los versos 8 y 9:

7:8 Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo;
7:9 pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando.

El apóstol Pablo no estaba casado. La mayoría de los apóstoles sí lo estaban; Pedro, por ejemplo, tenía suegra. De hecho, algunos dicen bromeando que la razón por la que él negó a Jesús fue porque éste le sanó la suegra. Pero Pablo no estaba casado. Algunos estudiosos piensan que era viudo, aunque también es posible que nunca se haya casado.

Por eso, él dice: "sería mejor que se quedaran como yo". Aquí hay un principio muy importante: el matrimonio es bueno, pero no es el mayor bien. Algunas personas parecen creer que una persona soltera es desdichada y miserable, pero Pablo no lo ve así. Más tarde, él comenta que el soltero tiene más tiempo para dedicar al servicio del Señor.

Sin embargo, si el deseo es muy fuerte, es mucho mejor casarse que quemar de pasión. En lugar de abrirse a la posibilidad de caer en fornicación, el creyente soltero que desea casarse debe hacerlo, buscando una pareja adecuada, desde luego. Aquí tenemos que aplicar el principio de no entrar en yugo desigual. Si un creyente se va a casar, tiene que ser con una pareja creyente también. Ignorar esta regla bíblica nos causará mucho sufrimiento.

Pero el matrimonio no es lo mejor que hay en esta vida. Lo mejor que existe es el amor de Cristo. Hoy en día oímos canciones románticas que nos hablan de un amor eterno entre un hombre y una mujer. No quiero ser un aguafiestas, pero ni siquiera el matrimonio es eterno. Jesús nos enseñó que, en el reino futuro de Dios, no habrá matrimonio. Seremos como los ángeles del cielo.

Cuando estemos en nuestros cuerpos glorificados después del regreso de Cristo, seguramente las parejas casadas se acordarán de su relación anterior, y se querrán. Pero ya no estarán unidos por el matrimonio. Es por esto que, con mucha sabiduría, los votos matrimoniales declaran la fidelidad "hasta que la muerte nos separe". Cuando llega la muerte, el matrimonio deja de existir.

Pero no es así con el amor de Cristo. Si lo conocemos a El, entramos en una relación que realmente es eterna. Si Cristo es nuestro Señor, nuestro Salvador, nuestro Amigo, nunca dejará de serlo. Si somos parte de su esposa, la Iglesia, jamás perderemos esa relación.

Muchas personas piensan que la mejor cosa que existe en este mundo es casarse y tener hijos, porque un día nos moriremos, pero nuestros hijos quedarán. La actitud bíblica responde: "Sí, eso es muy bueno, pero hay algo mejor. Cásate si quieres; haces bien en hacerlo. Pero no te pierdas una relación con Jesucristo."

Si estás casado, invierte esfuerzo en la relación con tu pareja. Cultiva tu jardín. Si eres soltero y quieres casarte, empieza a orar y a buscar una pareja cristiana. Pero no te pierdas lo mejor: ser parte de la novia de Cristo. Comenzamos este mensaje hablando de profesiones para esposos. El mejor Esposo tiene la profesión de carpintero - pero irónicamente, a ese carpintero lo clavaron en una cruz de madera.

El fue voluntariamente a esa cruz por amor a su esposa, la Iglesia. El matrimonio humano es como una flecha que señala hacia algo mucho más grande - el amor de Cristo. ¿Lo conoces? ¿Lo vives? ¿Le has abierto tu corazón?


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