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Domingo 30 de Marzo de 2014

Tolerancia traicionera
Pastor Tony Hancock

Las gallinas se habían reunido para conversar sobre una situación que se había presentado en el gallinero. Se encontraba entre ellos una nueva clase de gallina que ninguno de ellos recordaba haber visto antes. En lugar de plumas, tenía un pelaje rojizo. En lugar de caminar sobre dos patas, usaba las cuatro patas. En lugar de cacarear, emitía unos gruñidos y ladridos extraños.

Las gallinas debatían qué hacer con esta nueva gallina tan extraña. Un gallo anciano dijo: "Yo no le tengo confianza. No creo que tenga buenas intenciones. Hay que echarlo del gallinero." Pero una gallina muy joven respondió: "¡Todo eso es muy anticuado! Hoy en día, sabemos que debemos ser tolerantes con todos. Quizás esta gallina simplemente tuvo una crianza diferente, o tiene genes un poco diferentes de los nuestros. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a la pobre gallina, simplemente porque es diferente de nosotros? Yo digo que hay que mostrarle tolerancia."

A las demás gallinas les pareció bien lo que había opinado la gallina joven. Decidieron ser tolerantes con la nueva gallina de apariencia y costumbres tan extrañas. Lastimosamente, su tolerancia resultó algo traicionera, pues la gallina tan rara no fue tan tolerante con las demás. Se las comió, porque no era ninguna gallina; era una zorra.

Hoy en día se habla mucho acerca de la tolerancia, y hasta cierto punto, la tolerancia es muy buena. Debemos ser tolerantes con los que no son como nosotros. En lugar de rechazar a los que son de otra cultura o de otro color, debemos conocerlos y aprender de ellos. Debemos respetar el derecho de todos a creer y pensar de acuerdo a su conciencia. En este sentido, la tolerancia es algo bueno.

Pero la tolerancia se puede volver traicionera cuando la aplicamos sin discernimiento y sin sabiduría. Podemos llegar a ser como estas gallinas, permitiendo que la zorra se meta al gallinero en nombre de la tolerancia. Hoy vamos a aprender acerca de lo que no podemos tolerar como creyentes en Jesucristo. Abramos la Biblia en 1 Corintios 5, y leamos los versos 1-5:

5:1 De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre.
5:2 Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?
5:3 Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho.
5:4 En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo,
5:5 el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.

La ciudad de Corinto era una ciudad famosa por su inmoralidad. Se parecía mucho al mundo en el que vivimos, donde cualquier cantidad de prácticas sexuales se han vuelto socialmente aceptables. Hay dos formas en las que podemos responder a esta realidad. La primera respuesta es la de los corintios.

Ellos se consideraban muy tolerantes. Tenían como miembro de la Iglesia a un hombre que vivía con su madrastra. Seguramente los corintios decían: "Bueno, él sabe lo que hace. Esto no tiene nada que ver conmigo. Yo no lo puedo juzgar. Dios lo ama tal como es, y tenemos que mostrarle gracia."

Pero la reacción del apóstol Pablo fue muy diferente. En lugar de alegrarse por la tolerancia de los corintios, les dice que debería darles vergüenza lo que estaba sucediendo. En lugar de tolerar esta inmoralidad, la Iglesia tenía que disciplinar al ofensor. Este pasaje nos enseña acerca de dos cosas muy importantes: nos habla de los límites de la tolerancia, y nos muestra cómo debe ser la disciplina en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Dios llama a su Iglesia a mantener su pureza por medio de la disciplina. ¿Qué significa la disciplina en la Iglesia? Significa llamarle la atención al miembro de la Iglesia que está viviendo en pecado abierto y sin arrepentimiento. Significa también limitar sus privilegios como miembro de la Iglesia, hasta que se llega a arrepentir. Veamos esto con más detalle.

La primera cosa que vemos aquí es que la disciplina es una acción de la Iglesia unida, hecha por la autoridad y en el poder de Jesucristo. El versículo 4 nos habla de esto. No era acción de una sola persona, o de unos pocos, sino de la Iglesia unida. En Mateo 18, el Señor Jesús nos da tres pasos: primero, hay que confrontar individualmente a la persona. Segundo, hay que llevar a dos o tres ancianos de la Iglesia. Finalmente, hay que llevarlo ante toda la congregación. Aquí Pablo nos habla del final de ese proceso, la acción unida de toda la congregación. Obviamente, los primeros dos pasos no habían funcionado.

La segunda cosa que tenemos que comprender acerca de la disciplina en la Iglesia es que su fin es la salvación de la persona. Leamos de nuevo el versículo 5. Por estar viviendo en pecado, la salvación de este hombre estaba en peligro. Probablemente él realmente nunca fue salvo, y necesitaba darse cuenta de ello y arrepentirse. Lo importante es reconocer que el propósito de ponerlo bajo disciplina era su arrepentimiento y salvación.

No era cuestión de que la Iglesia dijera: "¡Este hombre no merece estar entre nosotros!" No era la venganza o el castigo. Más bien, el propósito de la disciplina era llevarlo a un punto de arrepentimiento y restauración. La disciplina - sea de un niño o dentro de la Iglesia - siempre se debe hacer en amor, y con el propósito de llevar al arrepentimiento.

¿Qué significa la frase, "entreguen a este hombre a Satanás"? Significaba que la Iglesia retiraba su cobertura espiritual de este hombre, y lo trataba como un incrédulo. De este modo, quedaba expuesto a la influencia y el poder de Satanás, como cualquier persona mundana. Así vería la diferencia entre vivir en el Espíritu Santo, y vivir en el mundo, bajo Satanás.

Cuando una Iglesia pone a alguien bajo disciplina, dice efectivamente: "Estás viviendo como incrédulo, así que te vamos a tratar como incrédulo". Pierde el derecho de participar en la Cena del Señor, como leeremos más adelante en el verso 11. Pierde su derecho de servir y votar como miembro de la Iglesia. Queda espiritualmente al descubierto.

Sigamos leyendo para aprender más acerca del propósito de la disciplina. Leamos los versículos 6 al 8:

5:6 No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?
5:7 Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.
5:8 Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.

¿Alguna vez has visto cómo se prepara el pan? Los ingredientes mezclados forman una masa pequeña, pero agregando un pellizco de levadura, la masa empieza a crecer y a extenderse. Pronto llega a un volumen varias veces más grande de lo que comenzó. Si se te olvida la masa, ¡puede hacerse muy grande!

La Biblia nos dice que, así como un poco de levadura leuda toda la masa, también un poco de pecado en la congregación, si no se confronta, puede afectar a toda la Iglesia. Cuando la inmoralidad se tolera, los demás lo llegan a considerar algo normal; entonces, toda la Iglesia decae.

Algunos años atrás, en una Iglesia grande, un miembro del personal ejecutivo cayó en pecado con su secretaria. Cuando los líderes lo llegaron a saber, decidieron manejar el asunto en privado en lugar de llevarlo ante toda la Iglesia. El año siguiente, diecisiete matrimonios de líderes en la Iglesia terminaron en el divorcio. ¡Ciertamente un poco de levadura leuda toda la masa!

Es duro y difícil tratar el pecado en la congregación. Es mucho más fácil hacerse de la vista gorda y fingir que no pasa nada. Sin embargo, los resultados pueden ser desastrosos. Cuando se trata de un pecado serio, que es del dominio público, es esencial que la Iglesia tome acción si no hay señales de arrepentimiento.

Pero alguien dirá: "Entonces puedo pecar sin preocuparme, siempre y cuando nadie lo llegue a saber". Es verdad que la disciplina se trata de pecados conocidos. No tenemos por qué convertirnos en inquisidores, buscando todo pecado oculto. Pero recordemos las palabras de Jesús: "No hay nada encubierto que no llegue a revelarse, ni nada escondido que no llegue a conocerse." (Lucas 12:2) Dios tiene formas de sacar a la luz lo que tratamos de ocultar. No te confíes de que nadie se enterará de lo que haces.

En lugar de permitir que un poco de levadura afecte a toda la Iglesia, debemos echar la levadura de nuestras propias vidas y celebrar nuestra liberación en Cristo con una vida de santidad. En la fiesta judía de la Pascua, se celebraba la liberación de la esclavitud en Egipto comiendo pan sin levadura. Durante siete días antes de la Pascua, no podía haber nada de levadura en la casa. Cuando se celebra la fiesta, se barre la casa para quitar cualquier mota de levadura.

Cristo, nuestro Cordero de Pascua, ya fue sacrificado - una vez por todas. El ya compró nuestra libertad. Celebremos nuestra Pascua todos los días, no sólo una vez al año, quitando la levadura de malicia y perversidad para alimentarnos del pan de sinceridad y de verdad.

Aprendemos una cosa más acerca de la disciplina en las versos 9 al 13:

5:9 Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios;
5:10 no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo.
5:11 Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.
5:12 Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro?
5:13 Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros.

La disciplina es para creyentes, no para incrédulos. En medio de una sociedad corrupta, no nos toca a nosotros juzgar a los incrédulos; Dios se encargará de eso. No debemos pensar, como Doña Florinda le decía a Kiko: "No te juntes con esa chusma". El creyente no tiene que ser un santurrón, mirando con desprecio a cada persona que no alcanza su nivel moral.

Más bien, Dios nos llama a mantener nuestra identidad como un pueblo apartado. Ante el mundo, nuestras vidas deben ser diferentes. Es con nuestras acciones que mostramos la diferencia. Dentro de la Iglesia, el pecado abierto y desafiante - el pecado que se comete sin ningún arrepentimiento - se tiene que confrontar, para el bien del que lo comete, y para el bien de la Iglesia.

Es importante que todos comprendamos este asunto de la disciplina, por si llegara a ser necesario tomar esta acción como Iglesia. Pero mucho mejor es que cada uno de nosotros se haga responsable de quitar de su vida la levadura. Mucho mejor es que vivamos juntos en armonía, arrepintiéndonos del pecado y haciendo que la disciplina sea innecesaria, porque nos disciplinamos a nosotros mismos.

Quizás tú has oído este mensaje, y te has dado cuenta de que tú no formas parte del pueblo redimido de Dios. Nunca has reconocido a Cristo como tu Cordero pascual, el que fue sacrificado por tus pecados. Nunca has decidido dejar el mundo para seguir a Cristo. Si nunca lo has hecho, y sientes que Cristo te está llamando, ven hoy a El.

El te invita a ser parte de un pueblo responsable, diferente y santo. No se trata de un simple club social o grupo de apoyo; en la Iglesia de Cristo, existen responsabilidades y deberes. Pero ser parte de la familia de Dios es el privilegio más grande que puede existir, porque significa que estarás con El para siempre. Si no lo has aceptado, hazlo hoy.


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