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Domingo 23 de Marzo de 2014

La base para una vida real
Pastor Tony Hancock

Un joven acababa de conseguir su licencia de manejo, y estaba muy contento de poder manejar. Sin embargo, su alegría pronto se acabó. Conducía por un camino estrecho, y se acercó demasiado a las rayas. Tuvo un choque lateral con otro carro que arrancó las dos defensas y ambas puertas del carro de su padre.

Después de averiguar que todos estuvieran bien, se paró a la orilla de la carretera y oró: "Dios, te pido que esto no haya pasado". Abrió los ojos, pero todo seguía igual. Volvió a cerrar los ojos con firmeza y oró fervientemente: "Dios, esto no sucedió". Sin embargo, cuando abrió los ojos, allí estaba el carro todavía chocado.

Este muchacho tuvo un encuentro con la realidad. Por más que quisiera cambiar lo que había sucedido, no lo pudo hacer. Tendría que enfrentar las consecuencias de lo que había hecho. Felizmente, lo hizo, y las cosas se resolvieron. Este joven en particular llegó a ser un conocido conferencista y escritor. La vida no se terminó.

La semana pasada comenzamos nuestro recorrido de 1 Corintios 4, hablando de la importancia de basar nuestra vida en la realidad. Sólo Dios ve la realidad tal como es, y El nos llama a basar nuestra vida en su versión de la realidad. Sin embargo, como seres humanos, somos muy propensos a querer vivir en un mundo de fantasía.

A veces, el mundo de fantasía que nos inventamos es mucho más triste y aburrido que el mundo real. Por ejemplo, el ateo se inventa un mundo vacío, sin propósito ni razón de existir, donde somos simplemente accidentes de la casualidad. Es como si alguien fuera a un restaurante y pidiera un pastel de fresa, pero sin fresas.

Pero también nos sucede que inventamos fantasías que nos hacen sentir importantes, que nos llenan la cabeza de nuestra propia importancia. Al principio, esto puede ser emocionante. ¡Pensar que estamos al centro de todo! Pero no fuimos creados para ocupar este lugar. Sólo Dios está al centro de todo.

Los corintios habían caído en esta trampa. Se encontraban presumiendo de cosas insignificantes e imaginarias, sólo para sentirse mejores. Y es una trampa que no ha desaparecido. Veamos cómo les responde Pablo, en 1 Corintios 4:6-13:

4:6 Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros.
4:7 Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?
4:8 Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!
4:9 Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres.
4:10 Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados.
4:11 Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija.
4:12 Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos.
4:13 Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos.

El verso 6 nos da la frase clave: "que aprendan aquello de 'no ir más allá de lo que está escrito'". Estas palabras nos dicen en qué nos debemos basar para vivir en la realidad - en lo que está escrito en la Palabra de Dios. Es en la Biblia que aprendemos a vernos como somos, y a comprender la vida como es en realidad también.

Existen hoy en día predicadores que sólo te dirán cosas que te harán sentir bien. Uno de ellos dijo en una ocasión: "Yo no le hablo a la gente del pecado, porque ya se sienten bastante mal". El sólo habla de cosas positivas. Por supuesto, es bonito escuchar solamente cosas que te hacen sentir bien, pero ¿es la realidad?

Si consideramos la predicación de nuestro Señor Jesús, descubrimos un balance mucho más realista. El habló acerca de la bendición, del amor de Dios y del cuidado que El tiene de los suyos, pero también confrontó los pecados de quienes lo escuchaban. Les llamaba fuertemente a arrepentirse y escoger un camino de vida diferente.

En la Iglesia de Corinto, la gente había caído en un desbalance. Presumían de cosas sin importancia. En los versos 8 al 13 que acabamos de leer, el apóstol Pablo habla de lo que ellos se creían. Pensaban que eran reyes, que eran ricos, que ya tenían todo lo que necesitaban. De algún modo, habían llegado a creerse mucho, a pensar que eran mejores que todos los demás - mayores en sabiduría, en conocimiento, en espiritualidad.

Si tú escuchas lo que Dios te dice acerca de ti mismo, descubrirás lo siguiente. Tienes un gran valor, porque has sido creado a la imagen de Dios. Sin embargo, también tienes una gran necesidad, porque eres pecador y mereces la muerte. Eres objeto de un gran amor, porque Dios te amó tanto que envió a su Hijo a morir por ti en la cruz. Sin embargo, no has hecho nada para merecer ese amor. Dios te ama así porque El es amor.

Si sigues a Cristo, tienes un gran futuro, porque irás a reinar con El para siempre. Sin embargo, no has hecho nada para merecer ese gran privilegio; Cristo lo ganó al morir por ti en la cruz. Cuando tú conoces la verdad de Dios, cuando tu vida se basa en su verdad, suceden dos cosas. El te levanta hasta los cielos; pero también te humilla hasta el suelo, porque sólo El puede recibir la honra y la gloria.

El apóstol Pablo comprendía esto. El vivía una vida de victoria, pero esto incluía pasar hambre, pasar sed, tener falta de ropa, ser maltratado, estar desamparado, trabajar con las manos para sostenerse, enfrentar la persecución y ser despreciado por la mayoría de la gente. ¡Creo que Pablo hubiera fracasado como predicador de la prosperidad! Pero él comprendía que la verdadera prosperidad no consiste en tener mucho dinero, sino en tener a Cristo. El es la mayor riqueza.

Por esto, no presumamos de cosas insignificantes o imaginarias, sino basemos nuestro juicio en la verdad bíblica. En otras palabras, aprendamos a vernos a nosotros mismos como Dios nos describe en su Palabra. Esto significa que no tratamos de sentirnos mejor acerca de nosotros mismos a cuesta de otras personas. No tenemos que criticar o aplastar a otros para sentirnos mejor acerca de nosotros mismos.

Tampoco tenemos que aceptar la baja opinión que otros tienen de nosotros. Si otros te desprecian, ¿qué importa? La opinión que Dios tiene de ti es mucho más importante. El te ama, y te dará a conocer su amor, si tú lo aceptas. También pondrá a tu alrededor personas que te amarán también. Pero tienes que aprender a aceptar la evaluación de Dios, no la de los demás.

Para que esto suceda, una cosa muy importante es aprender a recibir dirección basada en la realidad. De esto nos hablan los versos 14 al 21:

4:14 No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos amados.
4:15 Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio.
4:16 Por tanto, os ruego que me imitéis.
4:17 Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias.
4:18 Mas algunos están envanecidos, como si yo nunca hubiese de ir a vosotros.
4:19 Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos.
4:20 Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.
4:21 ¿Qué queréis? ¿Iré a vosotros con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre?

Si pudiéramos resumir la enseñanza que Dios nos da aquí, quizás diríamos: Hay que aprender a seguir los buenos ejemplos.

Vemos dos ejemplos aquí: el ejemplo de Pablo, y el ejemplo de algunos de los corintios, que se habían vuelto presuntuosos. Pablo les dice: sigan mi ejemplo, y no el de esos que se quieren hacer más de lo que son. Como padre espiritual, él amonesta a sus hijos espirituales a recordar el buen ejemplo de humildad, de trabajo y de fe que les había dado.

Hermanos, nosotros también tenemos que escoger cuáles ejemplos vamos a seguir. En la vida siempre habrá personas que nos llaman la atención y que buscan seguidores, pero que no nos dan un buen ejemplo. Empieza en la escuela, cuando tenemos que escoger si vamos a seguir al niño rebelde que siempre se mete en problemas con la maestra, o si vamos a buscar un ejemplo mejor.

En el trabajo y en la Iglesia es lo mismo. Tenemos que escoger nuestros líderes con cuidado. Pero hay una cosa extraña. Por lo general, la persona que más quiere ser líder es la que menos sirve de líder. La persona más llamativa y carismática no siempre nos llevará en una buena dirección.

Podemos pensar, por ejemplo, en el rey Saúl. Fue el primer rey de Israel, y parecía ser el hombre perfecto. Era alto de estatura, un hombre fuerte a quien todos podrían seguir. La gente estaba segura que ahora, con este líder, tendrían victoria contra sus enemigos. Le habían pedido a Dios un rey como los reyes de las naciones alrededor, y El se lo había concedido.

Al principio, todo marchaba bien. Saúl guió al pueblo a la victoria contra sus enemigos. Pero pronto se empezaron a manifestar sus fallas. Por razones políticas, él ofreció un sacrificio a Dios - algo que sólo un sacerdote podía hacer. También desobedeció la orden de Dios de destruir por completo a un pueblo especialmente malvado. Decidió salvar sus animales y perdonar la vida de su rey.

Cuando llegó el profeta Samuel a donde se encontraba Saúl, le preguntó si había obedecido las instrucciones que Dios le había dado. "Sí, lo hemos hecho todo al pie de la letra", respondió Saúl. "Entonces, ¿qué es este bramido y mugido de animales que escucho?" - le preguntó Samuel (1 Samuel 15:14). Su desobediencia se delató sola, y como resultado, Dios lo rechazó como líder de Israel.

Saúl empezó bien, pero terminó muy mal - y quienes lo siguieron ciegamente también terminaron alejados de Dios, en desobediencia. Tenía una apariencia impresionante, pero su corazón estaba lejos de Dios. Es por esto que es tan importante escoger bien a nuestros líderes. No debemos buscar a las personas que tienen buena apariencia o que nos hacen sentir bien; debemos escoger como ejemplos, más bien, a los que están siguiendo a Cristo y demuestran su carácter en sus vidas.

Sólo si aprendemos a seguir sabiamente podremos vivir una vida basada en la realidad. Hermano, hermana, ¿qué te ha dicho Dios en esta mañana? ¿Estás siguiendo un ejemplo equivocado? ¿Te estás enfocando en lo que te hace sentir bien, en lugar de buscar la verdad de Dios en su Palabra? La realidad de Dios es mucho mejor que cualquier fantasía. Decídete hoy a vivir en esa realidad.


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