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Domingo 2 de Marzo de 2014

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Pastor Tony Hancock

Como Iglesia, tenemos la bendición de reunirnos en un edificio antiguo. Este lugar fue construido por hermanos que seguramente ya están con el Señor, porque calculamos que este templo tiene más de cien años de edad. ¿Por qué ha durado tanto tiempo? ¿Por qué sigue en pie?

En mis conversaciones con personas que saben mucho más que yo acerca de la construcción, siempre resurge un tema - la edad de la madera que se usó en la construcción. Cuando se talaron los árboles que se usaron para construir este edificio, los bosques eran muy antiguos. Los árboles tenían décadas o hasta siglos de crecimiento, y la madera era maciza.

Esto daba una solidez y resistencia a las tablas que la madera actual no posee. Ahora se siembran los árboles de pino, y a los 8 ó 10 años, ya se están cosechando. Simplemente no les alcanza el tiempo para afirmarse bien, y aunque presentan un uso adecuado, la madera no tiene la firmeza de aquellos árboles de antaño.

Dios está edificando un templo. No consiste en tablas ni en tabique, sino en personas. Pero al igual que en este edificio, la calidad de la construcción depende de la calidad de los materiales. Si se edifica con personas maduras, que han crecido en su relación con Cristo y le han entregado cada aspecto de su vida, será un edificio macizo y duradero. En cambio, cuando las tablas están verdes y débiles, hay muchos problemas en la construcción.

Dios nos ha llamado a cada uno a ser parte de este gran edificio que El está construyendo, pero hay ciertas actitudes que nos estorban. Dios tiene propósitos buenos para cada uno de nosotros como parte de su gran construcción, pero si nos quedamos en la inmadurez, no podremos recibir todo lo que Dios tiene preparado para nosotros. Abramos la Biblia en 1 Corintios 3:1-4 para aprender más acerca de esto:

3:1 De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo.
3:2 Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía,
3:3 porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?
3:4 Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?

Dios no quiere que te pierdas todo lo que El tiene preparado para ti, pero nosotros perdemos cuando nos quedamos en la inmadurez. Una vez, compré unas frutas que se veían deliciosas y maduras. Sin embargo, cuando las partí, me di cuenta de que estaban verdes por dentro. No tenían sabor. El vendedor había usado un gas para madurarlos por fuera, pero por dentro, seguían verdes.

Lo mismo nos puede suceder a nosotros. Podemos tener una apariencia de madurez, usando frases cristianas y haciéndonos pasar por maduros; pero la verdadera madurez es algo de adentro, no de afuera. La inmadurez se refleja en nuestra forma de pensar, y esto afecta también nuestra manera de actuar. El cristiano inmaduro sigue pensando como una persona del mundo, en lugar de ser guiado por el Espíritu Santo.

Si queremos crecer hacia la madurez, tenemos que cambiar nuestra forma de pensar. Hemos recibido ciertas formas de pensar de nuestros antepasados; el mundo que nos rodea nos empuja en otras direcciones; incluso nuestro propio corazón se inclina hacia el mal. El camino a la madurez consiste en estar examinando nuestra forma de pensar, y compararla con lo que Dios nos enseña en su Palabra. Cada vez que El nos muestra algo que está mal en nuestra forma de pensar, lo cambiamos.

Es como cuando uno maneja un carro. Constantemente hace pequeños ajustes en el volante para mantener el vehículo en una dirección correcta. Con el tiempo, uno ni siquiera se da cuenta. Se vuelve automático. Lo mismo nos sucede como creyentes, si estamos madurando; con el tiempo, cada vez que escuchamos un sermón o leemos un pasaje bíblico o participamos en una clase bíblica, tomamos las enseñanzas que hemos recibido y las convertimos en parte de nuestra manera de pensar.

Yo te pregunto: ¿estás madurando? ¿Estás creciendo en tu fe? No te quedes en la etapa que se encontraban los corintios, donde sólo tomaban leche como bebitos. Aliméntate con la verdad de la Palabra, y deja que el Espíritu Santo te transforme desde adentro hacia fuera.

Aquí encontramos una manifestación particular de la inmadurez. Se trata del espíritu de división. Vamos a leer acerca de esto en los versos 5 al 17:

3:5 ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor.
3:6 Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.
3:7 Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.
3:8 Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.
3:9 Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.
3:10 Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica.
3:11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
3:12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca,
3:13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.
3:14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.
3:15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.
3:16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
3:17 Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.

La ciudad de Corinto, donde estaba la Iglesia que recibió esta carta, se encontraba en un lugar alto. Debajo de la ciudad había una extensa planicie donde se sembraban varias cosas, incluyendo las uvas.

Todos los días, un habitante de Corinto podía ver como los hombres salían a trabajar en los viñedos. Uno de ellos sembraba las viñas, otros las venían a cuidar y a podar, y con los años, otros trabajadores llegarían para recoger la cosecha. Pero todos estos hombres eran simples empleados del dueño del campo.

De la misma manera, en la viña del Señor, hay diferentes trabajadores. Unos siembran el evangelio; otros enseñan a los creyentes para que crezcan fuertes y maduros; y otros ven grandes cosechas. Pero el Señor es el dueño de todo esto, y El es quien da el crecimiento. El también es quien se merece la gloria por todo lo que sucede en este campo, que somos nosotros.

Es por esto que resulta ser tan incoherente que nos enfoquemos en los siervos del Señor, en lugar de darle toda la gloria y honra al Señor de la Iglesia. Nosotros - los pastores, misioneros, evangelistas, los que ministran en la música y todos los demás líderes, somos simplemente colaboradores al servicio de Dios. Pero El es el dueño y la fuente de todo.

Sin embargo, cada uno que trabaja en la viña del Señor tiene que ver cómo lo hace. En el templo de Dios, tenemos que ver cómo vamos a construir. Para empezar, sólo hay una fundación. Esa fundación es Cristo. Si estamos construyendo sobre otra fundación - sobre nuestras propias ideas o sobre nuestro carisma - entonces no estamos trabajando en la obra del Señor.

Pero también hay una diferencia en la calidad de materiales que se pueden usar. Un siervo del Señor puede ser flojo; puede tener un testimonio mediocre, puede pasar poco tiempo estudiando la Palabra y en oración. En otras palabras, puede construir con materiales de baja calidad.

¿Qué le sucederá a este siervo? Bueno, no perderá la salvación. La salvación es por fe en Jesucristo, y no estamos hablando de alguien que está predicando mentiras o que no conoce al Señor. Los únicos que no serán salvos son los que activamente destruyen el templo de Dios, como dice el verso 17, enseñando mentiras y alejando a las personas de la salvación. Pero el mal constructor no es de estos. Simplemente no da su mejor esfuerzo. En el día del juicio, será como una persona que se escapa de un hogar en llamas. Salva su vida, pero pierde todo lo demás.

En cambio, el que construye con buenos materiales recibirá su recompensa en el día del juicio. En ese día se verá la calidad de la construcción. Quizás no se vea ahora; hay muchos siervos del Señor que sirven fielmente y con esfuerzo en ministerios pequeños. Pero el Señor conoce su obra, y en el día que Cristo regrese, también recibirán su recompensa.

El año pasado hizo titulares el colapso de una fábrica en el país asiático de Bangladesh. Más de 150 personas murieron en el desastre, que se debió a ciertas fallas en la construcción. El alcalde de la ciudad donde quedaba el edificio fue arrestado, porque había aprobado la construcción de tres pisos adicionales que el edificio no estaba diseñado para soportar.

Seguramente él pensó que todo estaría bien, como piensan muchos. Pero llegó la hora de la verdad, cuando se demostró lo que realmente había sucedido. Así nos pasará a todos, en especial a los que trabajamos en la obra del Señor. Por esto, tenemos que ver con cuidado cómo estamos trabajando.

Si somos sabios, creceremos hacia la madurez y trabajaremos con buenos materiales. Si lo hacemos, ganaremos algo muy precioso. Leamos los versos 18 al 23 para verlo:

3:18 Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio.
3:19 Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos.
3:20 Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos.
3:21 Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro:
3:22 sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro,
3:23 y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Cuando nosotros pensamos mundanamente, perdemos lo más precioso. Porque si somos hijos de Dios, todo es de nosotros. Las mejores enseñanzas de todos los predicadores bíblicos, la vida eterna, la victoria sobre la muerte que Cristo ganó en la cruz, este momento y todos los momentos que vienen - todo es de nosotros, porque somos de Cristo.

¿Por qué, entones, vamos a limitarnos con pensamientos humanos? Llegamos a ser como niños pobres que se conforman en jugar en los charcos sucios de su barrio, cuando alguien les ofrece unas vacaciones en la playa. Pero cuando crecemos a la madurez, nos damos cuenta de todo lo que tenemos en Cristo.

Hermano, hermana, ¿estás creciendo hacia la madurez? ¿Estás permitiendo que el Espíritu Santo transforme tu forma de pensar y de ver la vida? No te pierdas todo lo que Dios quiere darte. Más bien, ponte en sintonía con El, como parte de su pueblo, y no dejes que el enemigo te engañe.

Te invito en esta mañana a que hagamos un compromiso juntos de crecer hacia la madurez. Como Iglesia, ofrezcamos al Señor los mejores materiales de construcción. Caminemos en oración, en la Palabra, en comunión con otros creyentes y en adoración. ¿Estás dispuesto a seguir el camino hacia la madurez? ¡No te lo pierdas!


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