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Domingo 23 de Febrero de 2014

La mente del creyente
Pastor Tony Hancock

Los niños tienen una forma propia de pensar, ¿no es cierto? Una abuelita les dio a sus dos nietas unas uvas para que se las comieran. Al rato, se dio cuenta de que una de ellas se había comido todas sus uvas, y ahora se estaba comiendo también las uvas de su hermanita. "¿Te estás comiendo las uvas de tu hermana?" - le preguntó a la niña.

"No", - respondió ella inocentemente. "La estoy ayudando a compartir". ¡Qué ocurrente! Pero no te recomiendo que uses esa misma lógica cuando vayas a la tienda. Si tratas de llevarte algo sin pagar, y le dices al policía que sólo estabas tratando de ayudarle al dueño a compartir, ¡no creo que le parezca tan inocente tu comentario!

Reza el dicho: cada cabeza es un mundo, y ciertamente todos tenemos formas únicas de pensar. Es parte de la variedad que Dios puso en el mundo. Sin embargo, cuando llegamos a conocer a Cristo, nuestra forma de pensar tiene que cambiar. Así como el pensamiento ingenuo de un niño cambia cuando se vuelve adulto, nuestra manera de pensar también tiene que transformarse cuando llegamos a conocer a Cristo.

Pero ¿cómo puede suceder esto? ¿Cómo debe ser la mente de un creyente? Abramos la Biblia en 1 Corintios 2 para encontrar la respuesta. Vamos a empezar con los versículos 1 al 5:

2:1 Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.
2:2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
2:3 Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor;
2:4 y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,
2:5 para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

El principio de la vida cristiana envuelve un cambio en nuestra forma de pensar. Al comienzo de su caminar con Cristo, la mente del creyente cambia en cuanto a la salvación. Antes de conocer a Cristo, tenemos muchas ideas diferentes acerca de la salvación. Algunos pensamos que la salvación está fuera de nuestro alcance, que es algo totalmente inaccesible para nosotros.

Otros pensamos que la salvación, en realidad, es innecesaria. A fin de cuentas, pensamos, Dios ama a todo el mundo, y El no castigará a nadie por su pecado. Todos estaremos bien. Otros pensamos que la salvación es algo que nosotros mismos podemos ganar. Somos buenas personas, y no tendremos problemas para entrar al cielo con el buen récord que llevamos.

Pero si hemos llegado a conocer a Cristo de verdad, nuestra forma de pensar acerca de la salvación ha tenido que cambiar. Ya no la vemos como algo imposible o innecesario, pero tampoco pensamos que la vamos a conseguir por nuestro propio esfuerzo. Más bien, hemos llegado a depender solamente de lo que Jesucristo logró por nosotros con su muerte en la cruz.

Los versículos que acabamos de leer se refieren a esto. Cuando el apóstol Pablo llegó a Corinto, él no predicó el evangelio usando argumentos humanos. No trató de convencer a la gente usando una gran demostración de elocuencia. Más bien, les predicó la verdad de Cristo en el poder del Espíritu Santo, para que ellos no creyeran en base a lo que les parecía lógico, sino por el poder de Dios.

Pablo sabía algo que nosotros a veces olvidamos. El mensaje bíblico de la salvación no le parece lógico a la persona natural. La lógica humana nos dice que no hay cosa gratis en la vida, y que todo se tiene que ganar con mucho esfuerzo; el evangelio te habla de un Dios de amor, quien te quiere regalar la vida eterna.

La lógica humana nos dice que dependamos de nuestros propios esfuerzos, porque sólo así vamos a salir adelante; el evangelio nos dice que tenemos que reconocer que somos totalmente incapaces de ganar la salvación, y que la tenemos que recibir por fe, confiando totalmente en lo que Cristo hizo por nosotros.

La lógica humana nos dice que debemos ocultar nuestros peores errores, porque si los dejamos ver, seremos débiles; el evangelio nos dice que tenemos que reconocer todo nuestro pecado ante Dios y confesárselo, porque sólo así podremos quedar libres. La lógica humana no acepta el evangelio.

Por eso, cuando conocemos a Cristo, una de las cosas que nos tiene que suceder es que pensemos de una manera diferente acerca de la salvación. Como dice el verso 5, nuestra fe no puede depender de la sabiduría humana, sino del poder de Dios. Pero ¿cómo sucede esto? Vamos a leer los versos 6 al 13 para encontrar la respuesta:

2:6 Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.
2:7 Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria,
2:8 la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.
2:9 Antes bien, como está escrito:  Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre,  son las que Dios ha preparado para los que le aman.
2:10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.
2:11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.
2:12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido,
2:13 lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.

Dios ha hecho algo maravilloso para que podamos comprender su verdad. El ha enviado a su Espíritu Santo al mundo para traernos iluminación. La sabiduría de este mundo no basta para llegar a Dios, pero El nos ha comunicado su sabiduría por medio de su Espíritu.

¿Quién conoce mejor tus propios pensamientos? ¿Tu esposa, tu hijo, el perro? En realidad, tú mismo eres quien conoce mejor tus propios pensamientos. Tu espíritu comprende lo que estás pensando. Lo increíble del caso es que Dios nos ha dado su propio Espíritu, para que podamos comprender sus pensamientos. No podemos conocer completamente a Dios, pero sí lo podemos conocer en verdad - porque El nos ha enviado su Espíritu para iluminarnos.

Existe mucha confusión acerca del Espíritu Santo. A veces se escucha que alguien diga: "En esa reunión se sintió el Espíritu Santo". O "esta canción realmente me hace sentir el Espíritu Santo". Hablamos como si el Espíritu Santo fuera un sentimiento, como la felicidad o la nostalgia.

Pero el Espíritu Santo no es un sentimiento. Tampoco es una simple fuerza. El Espíritu Santo es Dios, y El es personal. Sería más correcto decir: "Aquí se siente la presencia del Espíritu Santo", porque no se siente a una persona, sino su presencia.

Pero aquí vemos algo aun más importante acerca del Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo viene a nuestra vida, El no viene principalmente a causar sentimientos, sino a revelar verdades. Los versos 12 y 13 nos hablan de esto. Lo que el Espíritu Santo da es entendimiento y sabiduría.

Con esto no quiero decir que su presencia no traiga ciertos sentimientos. La Palabra dice que el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, etc. Podemos sentir el gozo del Espíritu Santo. Pero no es muy probable que lo sintamos si no estamos conociendo su verdad.

Algunas personas viven constantemente persiguiendo una sensación. Van de reunión a reunión, de Iglesia en Iglesia, buscando sentir algo especial. Es lindo sentir un toque especial de Dios, pero lo más importante que nos puede suceder es que conozcamos su verdad. Una palabra de verdad divina vale más que mil sentimientos que vienen y se van.

Es por esto que es tan importante que estemos llenando nuestra mente con la verdad que el Espíritu Santo nos ha revelado en la Palabra. Se aplica a cada área de la vida. Por ejemplo, en estas semanas estamos llevando un estudio acerca de lo que dice la Palabra acerca del dinero. Los principios que vemos salen directamente de la Biblia, que ha sido inspirada por el Espíritu Santo. Estamos cambiando la forma mundana de pensar acerca del dinero por la verdad divina al respecto.

Así como lo estamos haciendo con el dinero, debemos someter cada área de nuestra vida a la dirección que el Espíritu Santo nos da. Tenemos que aprender a pensar con una mente cristiana. Debemos aprender a ver las cosas, no desde la perspectiva del mundo, sino desde la perspectiva divina.

Se cuenta la historia de un gran científico que era también muy olvidadizo. Cierto día, a bordo de un tren, no podía encontrar su boleto. El conductor lo reconoció, y le dijo: "No se preocupe. Estoy seguro que usted pagó su boleto. Olvídelo."

El profesor le respondió: "Es usted muy amable, pero tengo que encontrar el boleto. De otro modo, no sabré dónde bajarme." ¡Ciertamente era muy olvidadizo este profesor! Así como él, nosotros también debemos ser olvidadizos en cuanto al pecado y las cosas del mundo, porque estamos enfocados en las cosas de Dios.

Cuando aprendemos a ser guiados por el Espíritu Santo, aceptando su verdad y desechando la vieja forma egoísta de pensar, entonces sucede algo maravilloso. Leamos los versos 14 al 16 para descubrirlo:

2:14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.
2:15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.
2:16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.

Cuando el Espíritu Santo ilumina nuestra forma de pensar, llegamos a tener la mente de Cristo. ¡Qué maravilloso!

Dios nos da la mente de Cristo para que podamos ver las cosas como El las ve. Esto no es algo inmediato o instantáneo, pero conforme más caminamos con el Señor, más tendremos la perspectiva de Cristo sobre las cosas. Más reflejaremos en nuestro pensar el pensar de nuestro Salvador.

Si nos damos cuenta en este pasaje, todo comienza y termina con Cristo. Dejamos la forma vieja de pensar para confiar totalmente en El, y así recibimos la salvación. La obra del Espíritu Santo en nosotros resulta en pensar como El pensó, tener su mente. Así como Cristo fue guiado por el Espíritu Santo durante su vida aquí en la tierra, también lo podemos ser tú y yo - quizás no completamente, debido al residuo del pecado en nuestro corazón, pero podemos crecer en esto.

¿Cómo piensas? ¿Con qué lentes ves el mundo? Dios te está invitando a pensar como El piensa, a ver el mundo con la sabiduría de su Espíritu Santo. ¿Estás preparado para esta transformación? ¿Estás cambiando tu forma vieja de pensar por el pensamiento divino?


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