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Domingo 3 de Noviembre del 2002

¿Ansiedad o alegría?
Pastor Tony Hancock

Una de las fuerzas más destructivas de la naturaleza es una substancia que manejamos cada día. Es seguro que en este mismo momento, tienes una considerable cantidad de esta materia en tu casa. Asombrosamente, este líquido forma considerablemente más de la mitad del volumen de nuestros cuerpos. ¿Ya sabes cuál es? Se trata del agua, por supuesto.

El agua es una parte íntegra y necesaria de la vida terrestre, pero también puede ser una fuerza muy destructora. Para tomar sólo un ejemplo, el agua puede cavar grandes cañones en la tierra. Con el transcurso del tiempo, la acción del agua se va llevando pequeñas cantidades de tierra y de piedra hasta dejar un tremendo hueco en el suelo.

Hay una emoción humana que funciona de una manera muy similar al agua. A largo plazo, sus efectos son destructivos, aunque no sean notables a corto plazo. Hace un par de semanas hablamos del enojo. El enojo suele explotar; esta emoción trabaja solapadamente, destruyendo en secreto.

Esta emoción es la ansiedad o la preocupación. Todos hemos estado preocupados en algún momento u otro, y la realidad es que somos más productivos cuando tenemos un poquito de preocupación. Dicho de otro modo, la persona que no se preocupa de nada no logra nada tampoco.

Para muchos de nosotros, sin embargo, la preocupación ha traspasado los límites de la razón y se ha vuelto ansiedad. Muchas veces por razones que se remontan a la niñez, los pequeños sinsabores de la vida se vuelven motivos de ansiedad para nosotros. Podemos vivir con una corriente constante de pensamientos ansiosos, y como el agua de un río van creando canales en nuestra mente que nos desaniman y nos quitan el gozo.

No es la voluntad de Dios que vivamos de este modo. Dios quiere que cambiemos esa ansiedad por alegría. En su Palabra, Dios nos enseña cómo vivir con gozo, aprendiendo a vencer la ansiedad; y hoy veremos algunas pautas para la victoria.

Lectura: Filipenses 4:4-9

4:4 Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!
4:5 Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.
4:6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.
4:7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
4:8 Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.
4:9 Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.

Pablo empieza esta sección con la siguiente instrucción: "Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense!". Quizás tú piensas al leer eso, Se oye bien, pero Pablo no conocía las circunstancias que yo estoy viviendo ahora. Está bien para él decir eso, pero yo simplemente no puedo estar alegre con la vida que llevo.

Déjame contarte algo acerca de la situación de Pablo cuando escribió estas letras. Pablo no estaba tranquilo en su casa, sin preocupaciones ni pendientes. Al contrario; estaba en la cárcel, esperando la pena de muerte.

El lugar más probable de su encarcelamiento es Roma, donde esperaba su audiencia con el emperador. Las prisiones del día de Pablo no eran lujosos; al contrario, el apóstol se encontraría en un sótano húmedo y tenebroso, acompañado sólo por las ratas.

Nos imaginamos al apóstol Pablo, entonces, el mismo apóstol que había sido azotado, náufrago, hambriento, perseguido y rechazado, y que ahora se encontraba en la cárcel, esperando ser condenado a la muerte. ¡Bajo estas circunstancias es que él nos insta a alegrarnos! Si alguien tuviera razón por estar ansioso, sería Pablo; pero más bien está gozoso. El había aprendido cómo vencer la ansiedad para vivir en alegría, y quiere enseñarnos a hacer lo mismo.

Pero primero, tenemos que entender que

I. Dios no desea que suframos la angustia de la ansiedad

La ansiedad es perjudicial para nuestro bienestar, y Dios no quiere que nos perjudiquemos. Por un lado, la ansiedad perjudica nuestras relaciones con otros. Esta conexión se ve en el versículo cinco. Justo después de instarnos a alegrarnos en vez de estar ansiosos, Pablo nos llama a la amabilidad también.

Estas cosas no están desconectadas. Cuando estamos ansiosos, es muy difícil ser amables. Más bien, nos volvemos amargos y abruptos en nuestro trato con los demás. La ansiedad consume nuestra atención y nuestra energía emocional, y no podemos dar a otros la atención que se merecen.

Lo peor es que las personas que se ven afectadas por nuestra mala actitud generalmente no se dan cuenta que su fuente es la ansiedad. ¿Cuántos hijos habrá que se sienten rechazados por sus padres, piensan que no tienen valor, y se deprimen, simplemente porque sus padres están demasiado preocupados para dar atención a sus hijos?

La ansiedad, la preocupación desmedida, perjudica nuestras relaciones con otros. Es, entonces, una acción de amor aprender a manejar la ansiedad, pues nos libra para mostrar amor hacia los demás.

Sin embargo, la mayoría de nosotros seguimos siendo muy egoístas, y tenemos que darnos cuenta de que también nos conviene personalmente aprender a manejar la ansiedad. La realidad es que la ansiedad perturba nuestra alma. El Proverbio 12:25 lo describe perfectamente: "La angustia abate el corazón del hombre".

Cuando estamos ansiosos y angustiados, se nos van las fuerzas. No sentimos ganas de nada. La preocupación desmedida paraliza nuestra iniciativa y nos deja como palomas enjauladas, atrapados por los fierros de nuestra propia indecisión e incapaces de volar.

Quizás has vivido por años con la ansiedad como un ruido constante en tu corazón. Quizás te has olvidado del gozo que sentiste cuando aceptaste al Señor. Quizás crees que estás condenado a vivir así por siempre. Esa no es la voluntad de Dios para ti. Dios quiere transformar tu ansiedad en alegría, y este pasaje te muestra cómo.

II. Dios nos demuestra cómo transformar la ansiedad en alegría

Tú no tienes que vivir con la preocupación constante que te aleja de los demás y te abate el alma. Dios quiere enseñarte a vencer la ansiedad. El nos da dos instrucciones en estos versos, y luego nos promete que si las seguimos, su paz estará con nosotros.

La primera se halla en los versículos seis y siete. Es ésta: La oración cambia la congoja en confianza. Dios nos llama a cambiar nuestra inquietud en confianza, compartiendo con El las preocupaciones que nos pesan.

A menudo suele ser difícil dejar nuestras preocupaciones en manos del Señor. Oramos, le pedimos que nos ayude, y después de cinco minutos estamos otra vez desesperados. Si queremos escapar de la trampa de la ansiedad, tenemos que aprender a confiar en nuestro Padre amoroso.

Se cuenta la historia de un niño que había metido la mano en un florero muy costoso y no la podía sacar. Sus padres se desesperaban, imaginando a su hijo caminando por la vida con un florero en la mano, queriendo librar a su hijo pero temiendo la pérdida del florero valioso. Finalmente decidieron que su hijo valía más que cualquier florero. El padre fue por el martillo y estaba a punto de quebrar el florero cuando su hijo le preguntó: ¿Crees que podría sacar la mano si suelto la moneda que tengo agarrada?

Como aquel niño, cuando no queremos soltar el control de las cosas, entonces nos quedaremos atrapados en nuestra ansiedad. Pero cuando aprendemos a soltar el control y dejarla en manos de Dios, podemos disfrutar de la alegría que sólo El nos da. Un corito dice, "Orando sin cesar venceremos".

La oración es esencial para nuestra salud emocional. Tratar de vivir en victoria como creyentes sin orar es como tratar de vivir sin respirar. ¡No se puede! Cuando oramos en confianza, de corazón, con gratitud, Dios nos promete la presencia de su paz. La oración cambia la congoja en confianza.

En segundo lugar, tenemos que ver que Los pensamientos prudentes producen obras de paz. Leamos nuevamente los versos ocho y nueve. Aquí vemos la importancia de la dirección de nuestros pensamientos.

Como dice el dicho, "Camarón que se duerme se lo lleva la corriente". Desgraciadamente, muchos de nosotros tenemos mentes que parecen ser camarones dormidos. Dejamos que la corriente de este mundo determine la dirección de nuestros pensamientos.

Prendemos la radio y sale una canción romántica, y empezamos a querer estar enamorados otra vez. Luego vemos un anuncio para una pasta dental, y nos preocupamos porque nuestros dientes no son perfectos. Observamos a los carros que nos rebasan en la carretera, y queremos tener un carro más nuevo y más bonito. Estamos permitiendo que nuestro ambiente determine nuestro pensar.

Dios nos llama a otra manera de pensar. Dice, "Consideren bien..." Dios nos está llamando a una vida mental activa, donde nos ponemos a pensar en cosas que merecen nuestra atención. La realidad es que nuestros pensamientos determinan nuestras acciones y nuestras emociones. Si aprendemos a meditar en lo que realmente merece nuestra atención, entonces nuestras emociones cambiarán, y nuestras acciones también.

¿Cómo podemos hacer esto de una manera práctica? He aquí un par de sugerencias. La memorización de la Escritura es un buen principio. Escribe un versículo en una tarjeta y llevátela. Cuando tengas un momento libre, repásalo. Dentro de poco lo tendrás memorizado, y también habrás meditado sobre su significado.

Otra ayuda es la música cristiana. La música es muy poderosa, y sin embargo la mayoría de nosotros ingerimos una dieta constante de música que habla de la infidelidad, el abandono, el alcohol, y muchos otros temas mundanos. Hoy en día existe música cristiana de buena calidad de todo estilo, y podemos llenar la mente con pensamientos de Dios en vez de los mensajes del mundo.

A fin de cuentas, es cuestión de disciplina. Si nos esforzamos en considerar la verdad de Dios, si buscamos su perspectiva sobre nuestra vida, si repasamos en nuestra mente las grandes cosas que El ha hecho, encontraremos que nuestras emociones y nuestras acciones siguen nuestros pensamientos.

Se parece a un tren. Nuestros pensamientos son el locomotor. Los carruajes de las emociones y las acciones sólo siguen al locomotor. Cambiando la dirección del locomotor, también se cambia la dirección de los carruajes.

Una vida de alegría no es imposible de alcanzar. Siguiendo las instrucciones divinas, podemos experimentar la paz que sobrepasa entendimiento. No trates de resolver tus problemas solo. Deja que Dios te enseñe a vencer la ansiedad.

Pero quizás no puedes vencer la ansiedad, porque nunca has entregado tu vida al control de Dios. Una vida de gozo empieza aceptando el perdón de Dios por medio de la fe en Jesucristo. Si no tienes a Cristo, recíbelo hoy. Sólo El te puede dar poder para vivir en victoria sobre la ansiedad, y toda otra debilidad humana.


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