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Domingo 12 de Enero de 2014

Uno por uno
Pastor Tony Hancock

¿Por qué no compartimos el evangelio con más personas? Si hiciéramos una lista de las razones, seguramente empezaríamos con la razón número 1: "Estoy muy ocupado". Quizás la segunda razón sería: "No quiero que mis amigos se sientan incómodos". Posiblemente la tercera razón sería: "El perro se comió todos mis folletos evangelísticos".

Es cierto que todos estamos ocupados. Pero si encontramos tiempo para ver televisión y salir a pasear, seguramente también podemos encontrar tiempo para compartir con otros de Cristo. Si de verdad creemos que cada persona que no conoce a Cristo pasará la eternidad en el infierno, buscaremos la manera de superar la incomodidad y compartir el mensaje de salvación con otros. Y si el perro tiene hambre, ¡hay que comprarle alimento y conseguir unos nuevos folletos!

Durante las tres semanas entrantes, vamos a hablar de tres enfoques para este año 2014. Mi oración es que estas tres cosas se vuelvan realidad para nuestra Iglesia durante este año. Hoy hablaremos de la primera de ellas, que es el evangelismo. Las otras dos son el crecimiento espiritual, y la prosperidad.

Vamos a empezar en Lucas 10, versos 1 al 4:

10:1 Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.
10:2 Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
10:3 Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.
10:4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino.

¿Alguna vez habías pensado que Jesús sólo envió a sus doce discípulos a evangelizar? Es cierto que envió a los doce, pero Jesús también envió a un grupo más grande - setenta y dos personas - para proclamar el mensaje y preparar a la gente para su venida.

Durante esta etapa de su ministerio, Jesús caminaba por los pueblos y las aldeas de Judea, predicando el mensaje de salvación. El envió a estos setenta y dos como sus mensajeros, preparando a los pueblos para su llegada. Nosotros también somos enviados por Cristo como sus mensajeros. Cuando compartimos su mensaje con otros, los preparamos para que lo reciban a sus vidas.

Así como Cristo no sólo envió a los doce, sino a los setenta y dos también, El nos ha enviado a todos a proclamar su mensaje, no sólo algunos. El evangelismo no es obra solamente de los pastores, misioneros o evangelistas a tiempo completo. Es algo que cada creyente ha sido llamado a hacer.

En las instrucciones de Cristo a los setenta y dos descubrimos tres cosas muy importantes. La primera de ellas es la necesidad de la oración. Antes de enviarlos, Jesús les dijo que oraran para que Dios levantara a más trabajadores para la cosecha de almas. Toda su labor debía hacerse en una actitud de oración. Si nosotros no tenemos una vida de oración, el evangelismo será muy difícil para nosotros.

La segunda cosa que vemos es que el evangelismo es peligroso. Cristo nos comparo con corderos caminando entre lobos. ¿Te imaginas a un indefenso borreguito, caminando entre una manada de lobos hambrientos? ¡Pobre borreguito! A nosotros nos rodean las fuerzas del mal, queriendo destruirnos. Pero si caminamos de cerca con nuestro Señor, no tenemos por qué temer. El es mucho más poderoso que ellos. En cambio, si nos alejamos de Jesús, corremos peligro. Será muy fácil tropezar y caer.

La tercera cosa que vemos aquí es la importancia de confiar en Dios. Jesús les ordenó a ellos que no llevaran monedero, bolsa ni sandalias; su confianza tenía que estar puesta en Dios. No debían perder tiempo en juntar todo el equipo que podrían necesitar; debían salir a hacer la obra.

¿Por qué les dijo esto? Creo que Jesús les dijo esto porque hay un peligro que todos enfrentamos. Es el peligro de la preparación perpetua. Nos sucede cuando decimos: Yo no estoy preparado aún. No sé lo suficiente. No lo puedo hacer. El pastor tiene que ir conmigo. No puedo hablar de Cristo con mis amigos. Tengo que prepararme más.

Pero ¿qué dice Jesús? Jesús dice que ya tienes lo que necesitas, porque el Espíritu Santo está morando en ti. En lugar de caer en la trampa de la preparación perpetua, pon tus manos a la obra. Empieza a hacer ahora lo que puedas para compartir el mensaje de salvación con otros que lo necesitan.

¿Te consideras un enviado de Jesús? El te ha llamado. Sus palabras en Mateo 28:19, "Vayan y hagan discípulos", son para ti. El primer paso hacia una vida de evangelismo es darte cuenta del llamado de Jesús. ¿Has escuchado el llamado? ¿Has respondido?

Sin duda, una de las personas que respondió al llamado fue el apóstol Pablo. En su vida encontramos un gran ejemplo de cómo funciona la misión de compartir a Cristo con otros. Durante su encarcelamiento en Roma, él conoció a un esclavo prófugo llamado Onésimo. Este joven había huido de su amo Filemón, y de algún modo se había encontrado con Pablo en la cárcel.

¿Pura casualidad, diríamos quizás? ¿Uno de esos encuentros que la vida nos trae? Pablo lo vio como mucho más. El aprovechó la oportunidad para hablarle a Onésimo de Cristo, y Onésimo respondió al llamado. Cuando Onésimo volvió a la casa de Filemón, llevó consigo una carta de Pablo. Leamos lo que Pablo dice en Filemón, versos 15 y 16:

15 Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre;
16 no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor.

Pablo creía que todo lo que había sucedido con Onésimo - su huida a Roma y su encuentro con Pablo - había sucedido con una razón. La razón fue para que él se convirtiera en hermano del que antes fuera su amo. Todos esto había sucedido para que Onésimo pudiera conocer a Cristo y recibir la salvación.

Pablo encontró a Onésimo en un momento de crisis, y aprovechó ese momento para hablar con él del Salvador que lo podía rescatar. Alrededor de nosotros, también hay personas que enfrentan momentos de crisis. Seguramente alguno de tus amigos o parientes enfrenta alguna clase de crisis ahora mismo.

Cada crisis representa una oportunidad para tener un encuentro con Dios. Cuando te das cuenta de que algún conocido está en crisis, ¿cómo reaccionas? Algunas personas rehúyen a la persona, porque no saben qué decir. Otros tratan de mostrar empatía, pero no ofrecen ninguna esperanza.

Tú y yo tenemos la esperanza que puede ayudar a cualquier persona que enfrenta una crisis. Cuando alguien que tú conoces está en crisis, muéstrale el amor de Dios. Pregúntale si puedes orar con él, y ayúdale en lo que puedas. Si se presenta la oportunidad, háblale de la esperanza que tienes en Cristo. No dejes que estas oportunidades se pierdan.

Vamos ahora a la historia de algunas personas que supieron aprovechar el momento de crisis que vivía su amigo. En realidad, ellos simplemente buscaron ayudarlo de la mejor manera posible. Encontramos su historia en Marcos 2:1-12:

2:1 Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa.
2:2 E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra.
2:3 Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro.
2:4 Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.
2:5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
2:6 Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones:
2:7 ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?
2:8 Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones?
2:9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda?
2:10 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico):
2:11 A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.
2:12 Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.

Observa la situación del hombre paralítico. Si sus amigos no lo hubieran llevado a Jesús, él no podría haber llegado. ¡Estaba paralizado! No se podía mover sin ayuda. En un sentido espiritual, nuestros amigos también lo están. Si nosotros no los llevamos a Jesús, ellos probablemente no llegarán a El por su propia cuenta.

Un verdadero amigo ayuda en la necesidad. La peor necesidad que enfrentan nuestros amigos es su necesidad de salvación por fe en Jesús. ¿Estamos buscando la manera de ayudarles con esta necesidad? ¿O preferimos mantenernos callados para evitar la incomodidad?

Como les he dicho en otra ocasión, Cristo nos llama a ser como los conejitos. ¿Sabes lo que hacen los conejos? ¡Se multiplican! Hay una diferencia entre sumar y multiplicar. Casi todos lo aprendimos en la primaria. Una Iglesia que vive sumando miembros crecerá muy despacio, o quizás se estancará.

En esta clase de Iglesia, los miembros piensan que evangelizar es la tarea del pastor. El pastor lo hace, por supuesto, porque él también es creyente. Pero él sólo puede alcanzar a dos o tres personas a la vez. La Iglesia sólo suma miembros.

Pero si cada miembro busca a quién alcanzar, el esfuerzo se multiplica. En lugar de sumar miembros, se multiplican miembros. Esta semana leí una estadística impresionante. Si cada miembro de nuestras Iglesias en este estado alcanzara a sólo una persona al año, al final de doce años, todo el estado sería creyente.

¡Sólo una persona al año! ¡No es difícil! ¿Por qué no lo estamos haciendo? Hoy empezaremos con un énfasis muy sencillo. Durante el tiempo de invitación, voy a invitar a cada uno de ustedes a pensar en una persona que puede alcanzar para Cristo. Van a apuntar su nombre en un papel rojo, y lo van a colocar en el pizarrón que tenemos al frente.

Cada vez que se encuentren en una luz roja, oren por esa persona. Pídanle a Dios que les dé la oportunidad de hablarles de Cristo. Cuando lo hagan, escriban el nombre de la persona en una etiqueta amarilla. Continúen la conversación con la persona acerca de Cristo.

Cuando lleguen a aceptar a Cristo, escribirán su nombre en una tarjeta verde. ¡Entonces será hora de empezar con otra hojita! Esto no es difícil. Uno por uno, podemos alcanzar a nuestros amigos y parientes para Cristo. Hermano, hermana, ¿estás dispuesto a compartir a Cristo con las personas que están a tu alrededor? Hoy podemos responder al llamado de Jesús y hacer del 2014 un año de evangelismo.


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