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Domingo 3 de Noviembre de 2013

Dios es luz
Pastor Tony Hancock

¿Cómo es la vida de un cristiano? En otras palabras, ¿qué significa vivir la vida cristiana? Las personas dan diferentes respuestas a esta pregunta. Para algunos, ser cristiano es algo así como tener una póliza de seguro. Hacen una oración, se bautizan, y ya no tienen que preocuparse de lo que les va a suceder después de morir. Pero no hay un efecto muy grande en la vida que llevan aquí y ahora.

Para otros, la vida cristiana consiste en asistir a la iglesia los domingos. Para ellos, el domingo es del Señor, y los otros seis días les pertenecen a ellos. Pueden vivir como quieran. Desde luego, es importante asistir a la iglesia, pero la vida cristiana no consiste para nada en sólo pasar los domingos en la iglesia.

Si tuviéramos que resumir la vida cristiana en una sola frase, quizás diríamos que la vida cristiana es una vida de comunión con Dios. La Biblia nos dice que nuestra comunión con Dios fue rota por el pecado. El pecado nos ha separado de Dios. Sin embargo, por medio del sacrificio de Jesucristo, podemos ser restaurados a la comunión con El. La vida del cristiano, entonces, consiste simplemente en caminar en esa relación.

El apóstol Juan escribió una carta a un grupo de creyentes que tenían cierta confusión acerca de la vida cristiana. Había personas que enseñaban ideas equivocadas. Para enseñarnos de qué se trata la vida cristiana, Juan nos habla de tres cosas diferentes. Vamos a tomar tres semanas para considerarlas un poco.

Abramos la Biblia en 1 Juan 1, y leamos desde el versículo 1 hasta el capítulo 2, verso 2:

1:1 Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida
1:2 (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó);
1:3 lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.
1:4 Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.
1:5 Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.
1:6 Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad;
1:7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
1:8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
1:10 Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
2:1 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
2:2 Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

Juan nos habla de lo que él mismo ha visto, oído y tocado. Para él, Jesús no era una idea bonita. El mismo había visto su cara; había escuchado sus palabras; lo había tocado. Tenía una experiencia personal con la Palabra de Vida, y él quiere que nosotros también lo podamos conocer personalmente.

Es por esto que dice, en el verso 3: "Les anunciamos lo que hemos visto y oído, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo." La comunión que Juan había llegado a tener con Dios, por medio de una relación con Jesucristo, él quiere que nosotros compartamos también. Es por esto que él nos escribe esta carta.

¿Te gustaría tener esa clase de comunión con Dios? ¿Te gustaría conocerlo de cerca, tener una relación segura y abierta con El? Si te gustaría tener esta clase de relación, la primera cosa que debes entender es que Dios es luz. El verso 5 lo afirma claramente. "Dios es luz, y en él no hay ninguna oscuridad."

Los jóvenes les podrán contar acerca de la luz fluorescente que tengo en la cocina de mi casa. Cada vez que llegamos para tener la célula de jóvenes, esa luz se tarda mucho en prender. A veces tengo que quitar la pantalla que cubre los tubos y girarlos de un lado a otro para que se prendan. Me hace falta cambiar los tubos de la luz.

Podríamos decir de la luz de mi cocina que es una luz, pero mezclada con la oscuridad. No siempre alumbra como lo debería hacer. No siempre da luz. Pero Dios no es así. El es luz, y punto. Nada de oscuridad. Nada de sombras. No hay nada malo, nada engañoso ni nada tramposo en Dios. El es luz. No tiene nada que ver con la oscuridad.

Esto significa algo muy importante. Significa que, si queremos tener comunión con Dios, tenemos que andar en la luz. ¿Te das cuenta? Si Dios es luz, no podemos conocerlo a El y vivir al mismo tiempo en las tinieblas. Si Dios es luz, tenemos que salir de la oscuridad y caminar en la luz de su verdad. Su Palabra es la luz que nos muestra la verdad. El Salmo 119:105 dice: "Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino".

A veces es incómodo andar en la luz, porque nos demuestra nuestras fallas. Algunas personas ponen focos que dan poca luz sobre el espejo del baño, porque no quieren ver todas las manchas y arrugas que traen en la piel. Pero Dios nos llama a caminar en la luz, a vivir en transparencia delante de El y dejar que la luz de su verdad nos ilumine.

Hay tres errores que podemos cometer, que nos llevan a vivir en la oscuridad, y al mismo tiempo pensar que estamos bien con Dios. Esto es muy peligroso, porque nos ciega a nuestra verdadera condición. La primera se encuentra en el verso 6. Este es el error de creer que podemos vivir en pecado, y al mismo tiempo estar bien con Dios.

Hay muchos que buscan una religión así. Buscan una religión cómoda, que les diga que el pecado no es tan importante. Hoy me parece que muchos malentienden el amor de Dios, y lo convierten en indulgencia. "Dios me ama así como soy", dicen. Por supuesto que Dios nos ama a todos, pero si estamos en la oscuridad del pecado, su amor lo motiva a querernos sacar de allí. Si insistimos en quedarnos en la oscuridad, no es que Dios no nos ame; es que nosotros mismos nos estamos separando de El.

¡No creas la mentira! No es posible tener un estilo de vida de pecado y al mismo tiempo estar en comunión con Dios. El creyente quizás caiga en pecado, pero no puede ser nuestro estilo de vida. No podemos caminar en pecado, tenerlo como una costumbre constante, y al mismo tiempo estar en comunión con Dios. Dios es luz, y si queremos conocerlo, tenemos que caminar en la luz.

El segundo error que nos lleva a vivir en la oscuridad se menciona en el verso 8. Este es el error de decir que no tenemos pecado. El primer error es decir que podemos pecar, y al mismo tiempo, estar bien con Dios. El segundo error es negar la realidad del pecado que está en nosotros.

Desde que Adán y Eva pecaron, todos nacemos con una inclinación hacia lo malo. Nadie nos tiene que enseñar a mentir, a robar, a ser egoístas. ¡Así somos por naturaleza! Esto nos hace culpables ante Dios. Pero muchos dicen: "Yo soy bueno. ¡Yo no tengo pecado!" Se creen justos.

Juan responde muy directamente a esta idea. Si pensamos así, "nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad". Si tú te crees bueno, reflexiona un momento. Considera lo que la Biblia dice acerca del pecado. ¿De veras puedes decir que eres bueno? ¿Has obedecido siempre a Dios? ¿Has vivido por El, y para su Reino? ¿Has servido a otros con tu vida, y no sólo a ti mismo?

Cuando te das cuenta de que tienes pecado, hay un remedio muy sencillo. El remedio está en confesar el pecado, porque Dios ha prometido perdonarnos cuando lo hacemos. Y Dios no es injusto; El es fiel a sus promesas. Por lo tanto, no debemos tener miedo de reconocer nuestro pecado. Más bien, debemos confesarle a Dios cada pecado específico que reconocemos en nosotros.

El tercer error se menciona en el verso 10. Es el error de decir que no hemos pecado. Hay muchas personas que tienen una definición muy conveniente del pecado. Para ellos, el pecado es algo que otras personas hacen. Los homicidas, los terroristas, los violadores - ellos pecan. Pero ¿yo? ¡Yo no he pecado!

Este error es muy común, pero también es muy grave. Porque los que creen así le hacen a Dios pasar por mentiroso. Dios, en su Palabra, dice claramente que todos han pecado. No hay ningún justo, ni aun uno. Entonces, si declaramos que no hemos pecado, hacemos a Dios un mentiroso.

Pero una vez que reconocemos la realidad de nuestro pecado, la solución está a la mano. Tenemos un abogado ante el Padre, Jesucristo, el Justo. El no sólo sabe de leyes; El mismo ya pagó nuestra condena. Como dice el verso 2, El es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados.

Al mirar nuestro pecado, Dios se enoja. Justamente, porque El es santo. Pero en su amor, Dios mismo encontró la manera de satisfacer su propia ira. Jesucristo murió en la cruz para propiciar la ira de Dios. Ahora, cualquier persona que lo busque y confíe en El queda protegido de la ira de Dios.

Mientras digamos que no tenemos pecado, nos mantenemos en la oscuridad y alejados de la verdad. Pero cuando reconocemos el pecado, Cristo está cerca para limpiarnos con su sangre y hacernos aceptables ante Dios.

¿Quieres vivir en comunión con Dios? ¿Quieres conocerlo? La primera cosa que debes saber es que Dios es luz. Si quieres vivir en comunión con El, tienes que caminar en la luz también. No puedes conocer a Dios y caminar en oscuridad. Ven hoy a la luz de Cristo. Deja la oscuridad atrás. Dios es luz, y El te invita a caminar en su luz.


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