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Domingo 20 de Octubre de 2013

El Dios que transforma el mal en bien
Pastor Tony Hancock

Un hombre le contaba a su amigo lo que le había sucedido el día anterior. "Me desperté", le dijo, "a las cinco de la mañana con el recuerdo fresco de un sueño en la mente. El sueño había sido muy sencillo: consistía en un enorme número 5, hecho de oro y diamantes. Me levanté de inmediato. Me tomé una ducha de cinco minutos, y me puse el quinto traje que encontré en el armario."

"Tomé el autobús número 5 para ir al hipódromo y aposté $555 al quinto caballo que corría en la quinta carrera. Con ansias, me quedé esperando el final de la carrera." "¿Qué pasó?" le preguntó su amigo. "¿Ganó tu caballo?" "No", le respondió el primero, "quedó en quinto lugar".

Obviamente, como nos ilustra la historia, no todos los sueños se cumplen. No todos los sueños son de Dios. Sin embargo, algunos de ellos lo son. Es más, hay ciertas cosas que marcan un sueño que viene de Dios. Hoy vamos a considerar la vida de un hombre que tuvo sueños, y también interpretó los sueños de otros. Su vida nos enseña varias lecciones importantes. El se llamaba José.

José nació como el penúltimo de doce hermanos. Su padre lo consentía mucho, y como resultado, sus hermanos le tenían mucha envidia a José. En cierta ocasión, José tuvo un par de sueños. El soñó que estaba trabajando con sus hermanos en el campo atando gavillas, cuando de repente, su gavilla se levantó. Las gavillas de sus hermanos se juntaron alrededor y le hicieron reverencias.

También soñó que el sol, la luna y once estrellas le hacían reverencias. Cuando José les contó estos sueños a sus hermanos, ellos se dieron cuenta de inmediato cuál sería su significado. ¡Al parecer, José pensaba que él algún día gobernaría sobre ellos! No les gustaba la idea para nada, y hasta lo llegaron a odiar. Su envidia de él se hizo aun mayor.

¿Cómo podemos saber si un sueño es de Dios? Veo tres características que marcan los sueños que vienen de El. En primer lugar, cuando un sueño es de Dios, redunda en bendición para otros. Esto no es muy obvio en el caso de los sueños de José, pero se hará más obvio conforme la historia progresa. Cuando Dios nos da un sueño, por lo general es un sueño que traerá bendición a otros.

En segundo lugar, un sueño que viene de Dios recibe confirmación. Cuando tenemos sueños que simplemente surgen de nuestro subconsciente, no reciben ninguna clase de confirmación. Pero cuando podemos identificar alguna confirmación en nuestra vida, en la Biblia o en oración, es más probable que el sueño sea de Dios.

En tercer lugar, un sueño que viene de Dios resultará en su gloria. Resultará en la gloria de Dios. Como veremos cuando lleguemos al final del relato, los sueños de José trajeron gloria a Dios. Los hermanos de José pensaron que él mismo se estaba exaltando, pero resultó ser que Dios mismo se iba a glorificar en él.

La envidia de los hermanos de José llegó a tal grado que empezaron a buscar la manera de deshacerse de él. En cierta ocasión, su papá lo envió a buscar a sus hermanos, quienes estaban apacentando las ovejas de la familia cerca de un pueblo que se llamaba Siquén. Cuando por fin los encontró, algunos de ellos querían matarlo; pero a uno se le ocurrió la idea de venderlo como esclavo a unos mercaderes que pasaban por allí rumbo a Egipto.

Los traficantes se llevaron a José, y sus hermanos le llevaron a su padre una túnica especial que le había regalado a José. Lo llenaron de sangre de un animal, y se lo llevaron a su padre diciéndole que un animal salvaje había matado a José. Su padre se quedó lamentándolo, sin saber que su hijo estaba vivo, en el país de Egipto.

En ese lugar lo compró un hombre llamado Potifar, pero José no duró mucho tiempo en su casa. Aunque fue un buen trabajador, y su amo le tuvo mucha confianza, la esposa de su amo le echaba el ojo a José. Era un joven apuesto, y ella quería tener algo con él. Pero José, por respeto a su amo y a Dios, se negaba.

Por fin un día ella le insistió tanto que él salió huyendo del cuarto, dejando en manos de la mujer la bata que llevaba. Cuando llegó su esposo, la mujer le dijo que José la había acosado a ella, pero ella se resistió. Como prueba, le mostró la bata que José, según ella, había dejado en su cuarto cuando la acosó. Y José se encontró injustamente encarcelado.

Estando en la cárcel, se podría haber puesto a lamentarse. Después de todo, sufrió una gran injusticia. El no debía estar allí. Sin embargo, la respuesta de José fue otra. El se mostró capaz y responsable, y le dieron un cargo en la cárcel también. Fue allí donde se presentó la segunda pareja de sueños.

Esta vez, no fue José el que tuvo los sueños, sino dos de sus compañeros de cárcel. Uno de ellos había sido el copero, y el otro el panadero del rey. Por diferentes razones, habían caído bajo el desapruebo del rey, y ahora se encontraban en la cárcel. Pero ambos tuvieron sueños relacionados con sus anteriores trabajos, y querían saber lo que significaban.

José los vio preocupados, y les preguntó qué sucedía. Ellos le dijeron que habían tenido sueños que no habían podido interpretar, ante lo cual él respondió: "¿No es Dios quien da la interpretación?" Aunque estaba en la cárcel, José no se había olvidado de Dios. Y Dios le dio la interpretación de los dos sueños.

Uno de ellos no era muy bueno. ¡El panadero del rey iba a morir! Pero el copero, según el sueño, sería restaurado a su puesto. José sólo le pidió que se acordara de él cuando fuera restaurado, y que le hablara al rey por él. Ahora bien, antes de ver lo que sucede después, quiero hacerte una pregunta.

¿Cómo respondes a la oposición que enfrentas? ¿Cómo reaccionas cuando las cosas se ponen duras, o sufres alguna injusticia? Dios tiene un destino deseado para cada ser humano, pero cuando le damos la espalda a El, ese destino no se puede realizar. En cambio, si caminamos confiando en el Señor, El lleva a cabo en nuestra vida el destino perfecto que tiene marcado para nosotros.

Como vemos en el ejemplo de José, ese destino no significa que todo siempre nos irá bien. A José sus propios hermanos lo han vendido como esclavo, y ahora se encuentra en la cárcel injustamente. Pero él, de algún modo, sigue confiando en el Señor. ¿Y tú? ¿Podrás confiar en el Señor en el camino al cumplimiento de tu destino? Si te resulta difícil, medita en el ejemplo de José.

Bueno, ¿será que el copero se acordó de la promesa que le había hecho a José? ¿Habló al rey a su favor? Más bien, se olvidó de él por completo. Durante dos largos años José se quedó en la cárcel, mientras el copero servía campante en su puesto. Pero un día, el faraón tuvo también un par de sueños - el tercer grupo de sueños que aparece en la historia de José.

Nadie se los pudo interpretar, hasta que el copero se acordó de José. Entonces le comentó al faraón de José, y el faraón lo mandó llamar. Cuando José apareció ante él, fue capaz de hacer lo que ninguno de los magos ni sabios de Egipto había podido hacer, porque Dios estaba con él: le dio la interpretación de los dos sueños que había tenido.

Lo que Dios le había revelado en los sueños era que venían siete años de buenas cosechas a la tierra de Egipto, pero que después vendrían siete años de sequía y malas cosechas. José le aconsejó al faraón que pusiera a alguien a cargo de recoger y almacenar las cosechas sobrantes de los años buenos, para poderlos usar durante los años malos.

Al faraón le pareció una idea estupenda, y puso a José a cargo de este proceso. ¡Imagínate! En un solo día José había pasado de ser un prisionero a ocupar el tercer puesto en todo Egipto. Pasaron los años, y José almacenó una buena cantidad de comida de las cosechas abundantes.

Pero luego llegaron los años malos, y no sólo en Egipto; todas las tierras circundantes también tenían malas cosechas. La familia de José, allá en Canaán, escuchó que había grano en Egipto. Los hermanos de José fueron a Egipto para tratar de comprar grano para sobrevivir. Cuando José los vio, los reconoció; pero ellos no lo reconocieron a él.

Entonces se cumplió su primer sueño. Sus hermanos se arrodillaron ante él, pensando que era algún oficial egipcio. Después de ponerlos a prueba, él se dio a conocer a ellos. Trajo a toda su familia, a su padre José y a sus hermanos y sus familias, para que vivieran en Egipto. Allí había abundante comida, y el faraón les dio una tierra fértil donde podían vivir.

Los hermanos de José le tuvieron miedo. Pensaban que él se vengaría de ellos. Pero él les dijo algo muy interesante. Leámoslo en Génesis 50:20:

50:20 Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.

¿Te das cuenta? Nosotros servimos a un Dios que es tan grande que El hasta convierte lo malo en bueno. Se vio en la vida de José, se puede ver en tu vida, y se vio en su máxima expresión en la cruz de Jesucristo.

Los hombres pensaban deshacerse de Jesús, condenándolo a muerte; Satanás pensaba que había ganado la victoria. Parecía el peor momento en la historia del mundo - la muerte del único hombre realmente inocente. ¡Pero Dios lo convierte en el mejor momento de la historia - el momento en que la deuda de la humanidad, la deuda de pecado, fue saldada!

Dime, ¿conoces a ese Dios? ¿Confías en El? ¿Confías en El para la salvación de tu alma? ¿Confías en El para guiar tu vida diaria? Puedes confiar en un Dios que lo tiene todo bajo control. Te invito hoy a entregarte por completo a su cuidado.


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