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Domingo 6 de Octubre de 2013

El juicio final
Pastor Tony Hancock

Hace algunos días, leía una lista de personas que han tenido experiencias que, según ellos, los llevaron más allá de la muerte. Algunos de ellos describen escenas bellas; reuniones con seres queridos, lugares tranquilos y pacíficos, la presencia misma de Dios. Estas son las personas que muchas veces reciben la atención del público.

Pero hay otros que describen algo muy diferente. Son escenas de sufrimiento, de seres malévolos que los impulsan hacia abajo, de fuego y aire podrido. No es mi propósito decir que son ciertas todas las experiencias que las personas describen al encontrarse al borde de la muerte. No debemos ser crédulos, ni tampoco incrédulos.

Pero me llama la atención que la gente suele prestar más atención a las experiencias bonitas y positivas, como si ésta fuera toda la realidad acerca de la vida después de la muerte, y prefieren ignorar la posibilidad de un futuro de castigo y sufrimiento. Como avestruces, prefieren esconder sus cabezas en la arena e ignorar lo que viene.

Esta no es una actitud sabia. Dios nos ha dicho lo que va a suceder en su Palabra, la Biblia. La Biblia nos dice claramente que habrá un día de juicio, al final de la historia, donde todos tendrán que rendir cuentas de sus acciones. Nos dice cómo será ese día, y quién será el Juez. También nos dice cómo podemos estar preparados para ese día. Estas son cosas que nos interesan a todos, porque todos estaremos allí. Por lo tanto, prestemos atención a lo que la Palabra de Dios nos dice.

Empezamos en Hechos 17:30-31, al final del discurso que dio el apóstol Pablo ante la reunión de filósofos y maestros que se llamaba el Areópago:

17:30 Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan;
17:31 por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.

Antes, dice Pablo, Dios pasó por alto la ignorancia de la gente. Pero ahora, El llama a todos sin excepción a que se arrepientan y se preparen para el día del juicio.

Ese día, Dios juzgará al mundo por medio del hombre que El ha escogido, Jesucristo mismo. La prueba de que El será el Juez está en su resurrección de entre los muertos. Otros han resucitado, pero han vuelto a morir. Sólo Jesucristo ha resucitado para no volver a morir jamás.

Esto nos dice algo muy importante. A final de cuentas, el Juez es el que decide cómo se aplica la ley. Muchas veces existen diferentes opiniones acerca del significado de alguna ley. Se levantan demandas y cargos, pero la decisión de la corte suprema es final. Ellos tienen la última palabra.

En el juicio final, Jesús es el que va a tener la última palabra. El decidirá el destino de cada persona. Por lo tanto, debemos prestar atención a lo que El ya nos ha dicho acerca de su forma de juzgar. Debemos prestar atención a sus palabras y las de sus discípulos, porque sólo así podemos estar preparados. No basta con tener nuestras propias ideas; tenemos que escuchar lo que nos ha dicho el Juez mismo.

Vamos a ver ahora cómo será ese día, cuando estaremos ante El. Vamos a pasar a Apocalipsis 20:11-15:

20:11 Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos.
20:12 Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.
20:13 Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras.
20:14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda.
20:15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

Ya sabemos quién estará sentado sobre ese trono; es Jesucristo mismo. Ya no aparecerá en su estado humilde, como cuando estuvo en la tierra. Ahora estará presente en toda su gloria.

Su trono es blanco, porque El juzgará con toda pureza y rectitud. Aquí en la tierra la justicia se puede pervertir, pero en ese día, la justicia será perfecta. Ningún soborno podrá cambiar el corazón de este Juez, porque El es dueño de todo. Ningún abogado listo podrá torcer su razón, porque El lo sabe todo. Ante El, no hay dónde esconderse; la tierra y el cielo huyen de su presencia.

Ante El aparecerá toda persona que ha vivido, que vive y que vivirá. Los que han desaparecido en los abismos del mar estarán allí. El hades, el lugar de los muertos, devolverá a todos los que estén allí. En otras palabras, nadie quedará fuera de este juicio. No habrá ninguna persona olvidada que se escape de este juicio porque no se encontró.

La primera cosa importante que debes notar en este pasaje es que hay libros. Hay dos clases de libros: unos libros donde están registradas las acciones de todas las personas, y otro libro, que es el libro de la vida. Dios tiene registrado todo lo que hemos hecho, dicho o pensado.

Me imagino que Dios le reveló a Juan esta visión de una manera que él podía comprender. Hoy en día, quizás le habría mostrado unos discos o chips de memoria con video. El punto principal es éste: Dios sabe todo lo que hemos hecho, y seremos juzgados en base a lo que hemos hecho.

No será posible justificarnos por lo que hemos hecho. En base a lo que se encuentra escrito en los libros, nadie podría ser declarado inocente. La Biblia dice que todos hemos pecado. El juicio del gran trono blanco no será una oportunidad para mostrarnos inocentes, porque ninguno de nosotros lo es. Será la muestra contundente de que todos somos culpables. Si alguien quiere alegar con Dios, lo podrá hacer; pero allí estarán las pruebas para mostrarle que ha pecado.

La forma de salir sin condena de ese juicio no está en los libros grandes, donde están registrados nuestros hechos. Nuestros hechos sólo nos pueden condenar. La forma de salir sin condena del juicio final está en el otro libro, el libro de la vida. La Biblia nos dice que sólo los que no tenían su nombre escrito en el libro de la vida eran arrojados al lago de fuego, la segunda muerte.

Los que están escritos en el libro de la vida son los que se han arrepentido del pecado y han tomado a Cristo como su Salvador y el Rey de sus vidas. Son los que han respondido al llamado de Dios, diciéndole que sí. Si tú te has entregado a Cristo y le sigues, tu nombre está escrito en el libro de la vida.

Es muy importante comprender este punto. Si tú dependes de lo que has hecho, las cosas buenas que has hecho, nunca será suficiente para borrar todas las cosas malas escritas en los libros grandes. Pero si tu nombre está escrito en el libro de la vida, lo que hayas hecho en el pasado ya quedó perdonado. Por eso, tenemos que depositar toda nuestra confianza en Jesucristo, y no confiar en lo que nosotros hayamos hecho.

¿Qué sucederá con los que no tengan sus nombres escritos en el libro de la vida? Dice que serán arrojados al lago de fuego, que es la segunda muerte. La muerte es, en sí, la separación. La segunda muerte será la separación final de Dios, cuando ya no habrá vuelta atrás. Después de esta muerte, sólo habrá sufrimiento lejos de la presencia de Dios.

Algunas personas se quejan y dicen: Yo no sé cómo un Dios de amor sería capaz de mandar a la gente al infierno. Pero esto es ver las cosas al revés. Dios nos da a nosotros la libertad de escoger nuestro propio destino. Si decidimos seguir nuestro propio camino, El nos lo permitirá. Sólo debemos saber que nuestro propio camino nos llevará cada vez más lejos de El, y donde no está Dios, sólo hay sufrimiento.

Pero El también nos ha hecho un camino para regresar a El. Aunque todos estamos lejos de El a causa del pecado, El envió a su Hijo Jesucristo para hacer un camino para que pudiéramos volver a El. Tenemos que escoger por cuál de estos caminos vamos a ir. ¿Escogeremos nuestro propio camino, que nos llevará cada vez más lejos de Dios? ¿O escogeremos el Camino verdadero de la fe en Jesucristo?

Hay una cosa más que sucederá durante el juicio final. Ya hemos dicho que los que tengan sus nombres escritos en el libro de la vida quedarán a salvo en ese día. Sin embargo, habrá un juicio para los creyentes en Jesucristo. Se menciona en 2 Corintios 5:9-10:

5:9 Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables.
5:10 Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.

Este versículo no nos habla de un juicio para ver si seremos salvos o no, porque eso sólo depende de lo que está escrito en el libro de la vida - nuestra respuesta de arrepentimiento y fe a Jesús. El juicio para los creyentes será para determinar su nivel de recompensas y responsabilidad en el reino eterno de Dios.

Como creyentes, no tenemos que vivir asustados, preocupándonos qué nos sucederá cuando llegue el juicio final. Podemos vivir con seguridad en Cristo, porque El ha escrito nuestros nombres en el libro de la vida. Pero esto no nos da libertad para vivir una vida irresponsable. Tendremos que responder por lo que hemos hecho con esta vida que Dios nos da.

¿Qué estás haciendo con tu vida? ¿En qué dirección vas? Si manejas por una carretera, y luego te das cuenta de que vas en sentido equivocado, la única opción es dar la vuelta. Si tu vida no te está llevando hacia Dios, la única opción es dar la vuelta y dirigirte hacia El. Esto es lo que la Biblia llama arrepentimiento, y sólo es posible por lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz.

Reza el refrán: "hecha la ley, hecha la trampa". Pero en el día del juicio final, no habrá trampas. No habrá pretextos. La única preparación válida la tienes que hacer ahora, arrepintiéndote del pecado y reconociendo a Jesucristo como tu Señor y Salvador. ¿Estás preparado para el juicio final?


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