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Domingo 7 de Julio de 2013

El cristiano en el trabajo
Pastor Tony Hancock

Cierto humorista comentó una vez: "A mí me encanta el trabajo. ¡Puedo mirar a otros hacerlo por horas!" Creo que muchos estaríamos de acuerdo con este escritor. Nos encanta el trabajo, siempre y cuando otra persona lo esté haciendo. Pero trabajar nosotros mismos no es tan agradable.

Si volvemos al principio de la Biblia, descubrimos que Dios creó a Adán para que trabajara en el huerto del Edén. Después de caer en pecado, parte de las consecuencias de ese pecado consistía en las dificultades y los sinsabores que ahora acompañan el trabajo. Pero el trabajo mismo no es una maldición o consecuencia del pecado. Dios nos creó para ser productivos.

Aun el rey Salomón, en sus meditaciones algo pesimistas sobre la situación humana, llegó a esta conclusión: "He visto, pues, que nada hay mejor para el hombre que disfrutar de su trabajo, ya que eso le ha tocado." (Eclesiastés 3:22)

Como creyentes, tenemos que reorientar nuestra forma de pensar. Pablo nos dice en Romanos 12:2: "No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente." En lugar de dejar que este mundo defina nuestra forma de pensar, tenemos que desarrollar una forma de pensar que va de acuerdo con lo que Dios dice en su Palabra.

Una de las maneras en las que nos amoldamos al mundo actual es, precisamente, en nuestra manera de ver el trabajo. Si nos vamos al trabajo quejándonos, trabajamos sólo cuando el patrón nos está observando y nos salimos sin permiso quince minutos antes de terminar el día laboral, estamos trabajando como cualquier persona del mundo. Pero Dios nos llama a cambiar nuestra forma de pensar acerca del trabajo, porque así también cambiaremos nuestras costumbres.

En el pasaje que veremos hoy, Dios nos da varios principios que nos ayudan a trabajar como verdaderos cristianos. Leamos, entonces, lo que nos dice Colosenses 3:22-4:1:

3:22 Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios.
3:23 Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;
3:24 sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.
3:25 Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas.
4:1 Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos.

Estos versículos describen la relación entre esclavos y amos. Muchas de las relaciones laborales en el Imperio Romano eran de esta clase. Algunos expertos consideran que hasta el cuarenta por ciento de la población consistía de esclavos. Es probable que la mayoría de los convertidos a Cristo en Colosas hayan sido esclavos, y por esto Pablo les habla a ellos.

Antes de considerar las enseñanzas que tiene este pasaje para nosotros en nuestro trabajo, tengo que decir algunas palabras acerca de la esclavitud. Hoy en día, ya no aceptamos la esclavitud. Sabemos que ningún ser humano debe tener el derecho de poseer a otro ser humano. ¿Cómo es, entonces, que Dios permite la esclavitud en su Palabra?

Podría tomar todo el tiempo de este mensaje para hablar al respecto, pero sólo quiero hacer tres observaciones muy rápidas. La primera es ésta. Dios no abolió la esclavitud, pero el mensaje del evangelio enseña la igualdad innata de todas las personas. Esto es algo que no va de acuerdo con la esclavitud, y que llevó, con el tiempo, a su abolición.

Además de esto, si leemos con cuidado la Biblia, encontramos muchas instrucciones que habrían llevado a que dejara de existir. Por ejemplo, Pablo le escribió una carta a Filemón, dueño de un esclavo llamado Onésimo que se había escapado de la casa. Pablo mandó a Onésimo a regresar a Filemón, pero también le dijo a Filemón que lo recibiera como un hermano, y no sólo un esclavo.

Si todos los amos habrían tratado a su esclavos de esta manera, la esclavitud pronto hubiera desaparecido. Nosotros tenemos aquí en nuestro pueblo un museo que muestra artículos de la era de la esclavitud, y algunas de las cosas que muestra son realmente horrorosas.

Por ejemplo, había una cadena que se usaba para atar a los esclavos mientras el amo iba a caballo. El esclavo tenía que correr a la misma velocidad que el caballo, y si no lo hacía, se lastimaba terriblemente. Los amos que trataban así a sus esclavos, ¿seguían las instrucciones de Pablo, de recibirlos como hermanos? ¡De ninguna manera!

Esto nos lleva a la segunda observación. Dios no abolió la esclavitud, pero las personas que han usado la Biblia para defenderla han practicado una forma de esclavitud que claramente no es bíblica. En el Antiguo Testamento, la mayoría de las leyes acerca de la esclavitud servían para defender los derechos de los esclavos. En cambio, la esclavitud que se practicaba en las colonias americanas dejaba básicamente sin derechos a los esclavos.

La tercera observación es esta. Dios no abolió la esclavitud, pero los creyentes fueron los que empujaron su abolición. Por ejemplo, el hombre que hizo movimientos políticos para abolir la esclavitud en Inglaterra en el siglo XIX fue un creyente evangélico llamado William Wilberforce.

Aunque los intereses a favor de la esclavitud eran poderosos y adinerados, él luchó durante muchos años para que se aboliera la esclavitud en su país motivado por su fe en Jesucristo. Personas como él reconocieron que, aunque la Biblia no abolió directamente la esclavitud, tampoco la apoya; Dios nunca dijo, Ustedes deben tener esclavos. Y las enseñanzas bíblicas van en contra de la esclavitud.

Dicho todo esto, pasemos a los principios que encontramos aquí que nos pueden guiar como creyentes en nuestro trabajo. La primera cosa que encontramos aquí es ésta: Como creyente, tu trabajo le importa a Jesucristo. La integridad de tu corazón se revela en tu trabajo. Si sólo trabajas cuando el patrón te está mirando, te estás portando como si Dios no te estuviera mirando.

Hace poco, alguien me contaba que sus patrones habían instalado un sistema de vigilancia por video, para poder mantenerse al tanto de lo que hacían los empleados. Esta persona me contaba que este sistema no les gustaba a los demás empleados, porque no sabían en qué momento les podría estar viendo el patrón. ¡Tenían que trabajar todo el tiempo!

Luego me puse a pensar que, en realidad, todos tenemos un sistema de vigilancia en nuestro trabajo. Porque aunque el patrón no nos esté mirando, nuestro Señor sí lo está haciendo. El ve lo que hacemos, aunque nadie más lo esté haciendo. A El le importa lo que tú haces.

Muchas veces tenemos la idea de que a Dios sólo le interesa lo que hacemos en la Iglesia. Pensamos que sólo estamos trabajando para El cuando enseñamos una clase de escuela dominical, limpiamos el edificio o testificamos de Cristo a alguien. Todas estas cosas son muy importantes, pero también le servimos a Dios cuando hacemos bien el trabajo honrado que El nos ha dado.

Le mostramos que estamos agradecidos con El por darnos un trabajo cuando nos esforzamos por hacerlo bien. Le mostramos la honradez e integridad de nuestro corazón cuando damos nuestro mejor esfuerzo, aunque nadie más lo haga. La mejor razón por trabajar bien es por respeto al Señor.

El segundo principio que encontramos aquí es éste: Como creyente, sabes que recibirás una recompensa del Señor. Si trabajas con dedicación porque conoces a Cristo y sabes que esto le agrada, El no te dejará sin recompensa. Quizás tu patrón no se dé cuenta, o quizás sea malo y no quiera recompensarte. Pero Dios lo hará.

De la misma manera, si tú te portas mal con tu patrón, si le robas tiempo o material, Dios también se dará cuenta. Aunque el patrón no lo vea, Dios sí lo ve. El verso 25 dice así: "El que hace el mal pagará por su propia maldad, y en esto no hay favoritismos." No podemos burlarnos de Dios. Quizás nos pensemos muy listos, porque nos hemos aprovechado del patrón; pero Dios nos lo cobrará.

¿Significa esto que debemos soportar una situación terrible de trabajo? ¿Significa que no debemos buscar otro mejor? No, no lo significa. En otro pasaje, Pablo les dice a los esclavos que compren su libertad, si lo pueden hacer (1 Corintios 7:21: "¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más." ). Si cambiamos la idea al sistema actual, él diría: Si encuentras otro trabajo mejor, ¡tómalo!

Pero lo que no podemos hacer como creyentes es tomar las fallas de nuestro patrón como pretexto para aprovecharnos de él. Si tu patrón es injusto, no dejes de ser íntegro. Busca otro trabajo, si quieres; pero no le robes a tu patrón, no le faltes al respeto, no hagas mal tu trabajo - porque lo estás haciendo para Cristo. El es tu patrón celestial.

El último principio es para los patrones. Como creyente, debes reconocer que tú también tienes un patrón celestial. Si tratas mal a tus empleados, El también lo ve - y te dará tu recompensa. Si llegas a contratar a alguien para cualquier trabajo, asegúrate de tratarlo con justicia y equidad. Si no lo haces, tendrás que responderle a Dios por lo que has hecho.

Puede ser que todo esto te parezca muy extraño. Quizás nunca hayas visto tu trabajo desde la perspectiva de Dios, ni te hayas preguntado lo que significa ser creyente en el trabajo. Cuando Cristo entra en tu vida, El empieza a transformar la manera en que ves toda la vida. Si te parece extraño pensar en el trabajo como lo he descrito aquí, te invito a considerar la alternativa. ¿Prefieres seguir viendo el trabajo como algo sin sentido, que sólo haces por un cheque?

Si pones a Cristo al centro de tu vida laboral, descubrirás que El le da sentido. Te darás cuenta de que lo que haces importa, porque lo estás haciendo para Dios. Te invito hoy a entregarle a Dios tu trabajo, a decirle que quieres hacerlo para El, a pedirle que lo bendiga. Dile a Cristo que, de hoy en adelante, El será tu patrón.


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