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Domingo 30 de Junio de 2013

Padres e hijos en el plan de Dios
Pastor Tony Hancock

Un hombre mayor de edad estaba sentado en una banca del parque, llorando. Un joven que caminaba por allí lo vio llorar, y se detuvo para preguntarle qué pasaba. El anciano le respondió: "Soy multimillonario. Tengo una mansión enorme, un carro deportivo que le gana a cualquiera, y me acabo de casar con una hermosa rubia."

El joven le dijo: "¡Eso me parece excelente! ¡Usted tiene la vida perfecta que siempre he deseado! ¿Por qué llora, entonces?" El señor le respondió: "¡Es que no recuerdo dónde vivo!" ¡Pobre anciano! Su vida era perfecta - con la excepción de una cosa.

Cuando leemos la Biblia, descubrimos que está llena de personas imperfectas y con defectos, muy parecidas a nosotros. No son como ese viejito, con un solo defecto. Más bien, demuestran toda la gama de fallas que son propias del ser humano.

¿Por qué fue Dios tan honesto cuando escribió su Palabra? ¿Por qué nos muestra sus héroes con todos sus defectos? Creo que Dios lo hace así para que aprendamos de su ejemplo. Podemos cobrar ánimo al ver que las personas que Dios usó y amó en la Biblia son como nosotros, pero también debemos aprender de los errores que cometieron para no repetirlos en nuestras vidas.

Entre los defectos que se dan a relucir en las páginas de la Biblia, uno de los más grandes se encuentra en las relaciones entre padres e hijos. Muchos de los grandes personajes de la Biblia fueron muy malos padres.

El patriarca Jacob, por ejemplo, mostró favoritismo hacia uno de sus hijos, José. Esto muy lógicamente causó que sus otros diez hermanos se pusieran muy celosos de él, y por fin, lo vendieron a unos mercaderes, quienes lo convirtieron en esclavo en Egipto. Seguramente sus hermanos fueron muy malos, pero es difícil no culpar en parte a Jacob por su favoritismo.

¿Cuál es el legado que quieres dejarles a tus hijos? ¿Qué quieres que reciban de ti? La mejor cosa que les puedes dejar a tus hijos es un carácter bien formado en la ley de Dios, y un ejemplo de fe en Jesucristo. Esto los llevará al éxito, no sólo en esta vida, sino para toda la eternidad.

La semana pasada hablamos acerca de la voluntad de Dios para la relación matrimonial. Hoy nos enfocaremos en la segunda relación que se produce dentro del hogar, la relación entre padres e hijos. Veamos lo que Dios nos dice acerca de esta relación en Colosenses 3:20-21:

3:20 Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor.
3:21 Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.

Al leer estos versículos, debemos recordar lo que la Biblia nos dice acerca del significado de la relación entre padres e hijos. Esta relación humana refleja la relación entre Dios Padre y Dios Hijo. Además de esto, nos sirve como ejemplo de la relación entre Dios y nosotros. Por eso, vamos a considerar la manera en que debemos llevar la vida del hogar como padres e hijos cristianos, pero también veremos lo que nos enseña acerca de nuestra relación con Dios.

El primer versículo les habla a los hijos. Dice a los hijos creyentes que obedezcan a sus padres en todo, pues esto es agradable al Señor. El contexto indica que se tiene en vista el hogar cristiano. Las palabras "en todo" no pueden incluir lo que no le agrada al Señor. En algunos casos, los padres les dicen a sus hijos que hagan cosas malas, y en este caso, sus hijos deben obedecer a Dios, y no a su padre terrenal.

Sin embargo, he observado que, por lo general, aun los padres que dan un mal ejemplo les dan buenos consejos a sus hijos. Es bueno y agradable ante Dios que un niño obedezca a su padre, aunque éste le dé un mal ejemplo. Es una muestra de buen carácter y fe en Dios.

¿Tenemos que seguir obedeciendo a nuestros padres, aun cuando seamos adultos? La palabra que se traduce "hijos" generalmente se refiere a los niños que todavía viven en el hogar de sus padres. Cuando llegamos a ser adultos, nuestra relación con nuestros padres cambia. Ya no les debemos obediencia absoluta, aunque siempre les debemos honor y respeto.

También podemos sacar otra cosa de este mandamiento, y es que los padres deben tener la expectativa de que sus hijos los obedecerán. Si no lo hacen, deben disciplinarlos. Hay un versículo muy importante en Proverbios 22:15: "La necedad es parte del corazón juvenil, pero la vara de la disciplina la corrige".

Los niños tienen una necedad innata. Hoy en día, mucha gente cree que los niños son buenos por naturaleza, y simplemente tenemos que dejarlos libres para hacer lo que ellos quieran. No los debemos cohibir ni disciplinar. Dios, en su Palabra, nos dice que no es así. Cada niño es travieso por naturaleza, y sólo se le quitará lo travieso mediante la disciplina.

Alguien dijo una vez que la cosa más importante que les puedes enseñar a tus hijos pequeños es el significado de la palabra "no". Si ellos no comprenden que "no" significa "no", serán muy propensos a la desobediencia y la malcriadez. Esto es lo que Dios hace con nosotros; la mayoría de sus Diez Mandamientos empiezan con la palabra "no" - No matarás, no robarás, no cometerás adulterio. Si queremos obedecer a Dios, tenemos que entender que "no" es "no".

Al meditar sobre este asunto de la disciplina, me di cuenta de algo. Muchos de ustedes crecieron en hogares y situaciones de mucha necesidad económica, y esa necesidad fue como una disciplina para ustedes. Se pusieron a trabajar desde muy temprana edad porque no tenían opción. No había mucho tiempo para el ocio y para desarrollar malas costumbres.

Ahora han venido a este país en busca de una vida mejor, y para darles a sus hijos lo que ustedes no tuvieron. Están haciendo sacrificios grandes y nobles para el bienestar de sus hijos. Pero hay algo que deben reconocer. Sus hijos no tienen la misma disciplina que ustedes tuvieron, precisamente debido a los sacrificios que ustedes están haciendo por ellos. Tienen más tiempo para el ocio, y una niñez más tranquila.

Precisamente por esto es necesario que los disciplinen. Al no tener que trabajar como ustedes lo tuvieron que hacer, es muy fácil que se pierdan en las cosas vanas de este mundo. Es muy fácil que se vuelvan flojos e irrespetuosos. La única manera de evitar que esto suceda es por medio de la disciplina.

Creo que algunos padres tienen la idea de que, si simplemente les dan a sus hijos todo lo que necesitan, todo lo que los padres no pudieron tener, entonces sus hijos serán agradecidos y se convertirán en buenas personas, simplemente por gratitud.

Es una bonita idea, pero hemos visto demasiados casos que demuestran que la vida no funciona así. ¿Recuerdas el proverbio que vimos hace un rato? La necedad es parte del corazón de tus hijos. No lo vas a sacar con juguetes y comida y salidas divertidas. Sólo se quita a fuerza de la disciplina.

Por lo tanto, al mismo tiempo que trabajas para darles a tus hijos todo lo que no tuviste, esfuérzate también por criarlos con disciplina. Enséñales a disciplinarse en su uso del tiempo. Enséñales el valor del trabajo. Enséñales a ser respetuosos con los demás, y a obedecer a Dios.

Pero también tenemos que comprender de qué clase de disciplina estamos hablando. La vara de la disciplina que menciona el proverbio es la misma palabra, en hebreo, que usa el Salmo 23 cuando dice: "Tu vara y tu cayado me infundirán aliento" (Salmo 23:4). Es la vara del pastor de ovejas. ¿Cómo usa un pastor de ovejas su vara?

No la usa para golpear cruelmente a las ovejas; la usa para jalarlas cuando se quieren ir por donde no deben, o para guiarlas por el camino correcto. Así es la vara de la disciplina. No es el abuso cruel que algunos quizás experimentaron en sus hogares, que los dejó lastimados física y espiritualmente.

Es, más bien, la corrección amorosa. Significa dar consejos, explicar el por qué de las cosas, y también castigar cuando es necesario, pero siempre con medida y no crueldad. El segundo versículo de nuestro pasaje en Colosenses nos lo enseña: "Padres, no exasperen a sus hijos, no sea que se desanimen".

¿Cómo puede un padre exasperar a sus hijos? Lo hace cuando la disciplina es inconstante. También lo hace cuando muestra favoritismo. Cuando les exige cosas que son incapaces de hacer, o se enoja por cosas que ellos no pueden controlar, será muy fácil que se desanimen.

Un niño feliz y seguro es un niño que sabe que sus padres lo aman, y también sabe que hay ciertos límites que no puede traspasar. Si traspasa esos límites, habrá un castigo apropiado y justo. No vive en un hogar desordenado, donde hoy puede hacer lo que quiera, y mañana le gritan por cualquier cosa insignificante.

Ahora bien, ¿qué nos enseña este pasaje a nosotros como hijos de Dios? Significa que a Dios también le debemos nuestra obediencia. Jesús dijo que, para entrar al reino de Dios, tenemos que ser como niños. Los niños le deben obediencia a sus padres, y nosotros le debemos obediencia absoluta a Dios.

¿Qué clase de hijo eres para Dios? ¿Eres un hijo obediente, que trae gozo a su corazón? ¿O eres un hijo rebelde y desobediente, que tiene que ser disciplinado? Si te duele que tus hijos te desobedezcan, ¿cómo se sentirá Dios cuando tú le desobedeces?

Dios es el mejor Padre de todos. Nos muestra perfecta disciplina. Nos da buenos consejos en su Palabra, y nos enseña el camino del bien. Nos guía por medio de su Espíritu. Aun cuando tropezamos, El nos levanta, si lo buscamos.

Quizás te imagines a Dios como enojón y regañón, como alguien que no se interesa por tus problemas. Pero si así lo imaginas, no lo conoces muy bien. El no es así. ¿No te gustaría conocer a este Padre? El envió a su Hijo Jesucristo al mundo, para morir por nuestros pecados y ofrecernos la oportunidad de ser parte de su familia.

La Biblia dice que a los que lo reciben, a los que creen en el nombre de Jesucristo, les da el poder para ser hijos de Dios. Si no has aceptado la invitación de Dios, ¿por qué no la aceptas hoy? Sométete hoy a Cristo; confía en El, y entrarás en la familia de Dios. ¡Tendrás el mejor Padre de todos!


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