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Domingo 9 de Junio de 2013

La ropa nueva
Pastor Tony Hancock

La película "Ropa nueva para Felipe" cuenta la historia de un joven mexicano de familia humilde. Sufre una tragedia en su niñez, y como resultado, desarrolla úlceras gástricas. Sus padres lo llevan a los doctores y también a los curanderos, pero sólo va de mal en peor.

Por fin, su madre, desesperada, gasta sus últimos pesos en un traje de ropa nueva, blanca y limpia para el entierro de Felipe. Mientras tanto, Felipe empieza a leer la Biblia. Conoce más de Jesucristo, y visita una Iglesia. Finalmente, en una noche de crisis, clama al Señor pidiéndole salvación.

¡Dios respondió! Felipe comenzó a sanar, y por fin llegó el día en que estrenó su ropa nueva - pero no para ir al panteón, sino para asistir a la Iglesia y dar testimonio de su sanidad. Es una historia conmovedora del poder de Dios para transformar una vida.

Si has llegado a conocer a Cristo como tu Señor y Salvador, tienes mucho en común con Felipe. Como él, ibas hacia una muerte segura. Como él, clamaste a Dios pidiéndole salvación, y Dios respondió. Sanó tu corazón del pecado, perdonándote gracias al sacrificio de Cristo en la cruz.

Ahora, al igual que Felipe, te está llamando a ponerte una ropa nueva. Pero ¡no me refiero a salir a comprarte un traje nuevo para vestir los domingos! La ropa nueva que Dios te llama a vestir son las actitudes nuevas que Dios nos llama a demostrar, como miembros de su pueblo.

Leamos más acerca de esto en Colosenses 3:12-14:

3:12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;
3:13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
3:14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.

Primeramente, vemos aquí por qué debemos cambiar la ropa de nuestras actitudes. Dice: "Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados..." La razón por la que debemos escoger una nueva forma de comportarnos es porque Dios nos ha escogido a nosotros. Nos amó, antes de la creación del mundo, y demostró ese amor enviando a Jesucristo a rescatarnos con su muerte en la cruz.

Nosotros respondimos a esa decisión de Dios por fe. Pero ¿para qué nos escogió Dios? Nos escogió para ser parte de su pueblo. Antes de crear el mundo, Dios escogió a todos los que respondemos con fe a Jesucristo para formar parte de su Reino; para vivir eternamente con El, sirviéndole y gozando sus bendiciones y su presencia.

El año pasado, estuve con algunos de nuestros jóvenes en su campamento. Nos tocó estar allá durante la semana en que se celebra la independencia de los Estados Unidos. Los jóvenes anglosajones estaban celebrando la independencia de su país, pero ¿Qué creen que hicieron los jóvenes de nuestra Iglesia?

Esto es lo que hicieron. Corrieron por todo el campamento, gritando: ¡Viva México! Aunque lejos de su patria, mostraron su orgullo en ser mexicanos. Se identificaron con su tierra, con sus costumbres, de una manera que todos podían ver. Demostraron su mexicanidad.

De la misma manera, se identifica al mexicano orgulloso de serlo por sus botas, su sombrero y la hebilla de su cinturón. La ropa que lleva lo delata sin que diga ni una sola palabra. Se viste de una forma que demuestra su lealtad.

Nosotros venimos de diferentes patrias, pero tenemos una patria en común - nuestra patria celestial. Si somos miembros del reino de Dios, debemos mostrar las cualidades que distinguen a los ciudadanos del cielo. Mostramos nuestro orgullo, si puedo usar esa palabra, de ser seguidores de Jesucristo adoptando las actitudes que El mismo mostró en su vida e inculcó a sus discípulos.

La vida del ciudadano del cielo es una vida perfecta, y nuestra meta debe ser crecer hacia esa perfección todos los días de nuestra vida. El número de la perfección es el número siete, y aquí vemos siete cualidades que debemos vestir, como ciudadanos orgullosos del cielo.

La primera cualidad es el afecto entrañable. En otras palabras, debemos ser compasivos. Jesús mostró esta cualidad. En cierta ocasión, estaba muy cansado y hambriento, así que les dijo a sus discípulos: "Vamos a un lugar tranquilo para descansar" (Marcos 6:31). Pero la gente se enteró, y lo buscaron.

Según Marcos 6:34, esto es lo que sucedió entonces: "Cuando Jesús desembarco y vio tanta gente, tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor. Así que comenzó a enseñarles muchas cosas." Jesús estaba cansado, pero sus ojos de compasión vieron más allá de su propio cansancio y fue movido a compasión por la necesidad de la gente.

Y tú, ¿cómo respondes a las necesidades de otros? ¿Estás tan concentrado en tus propios problemas, tu propia vida, tus propias metas que no ves las necesidades que otros tienen? La primera cualidad que Dios nos llama a vestir, como hijos suyos, es la compasión.

La segunda cualidad es la bondad. Dios es bondadoso, aun con quienes lo odian. Si somos sus hijos, El nos llama a ser así también. Lucas 6:35 dice así: "Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio. Así tendrán una gran recompensa y serán hijos del Altísimo, porque él es bondadoso con los ingratos y malvados."

Hasta la gente más mala es amable y generosa con las personas que les pueden hacer algún favor. Creo que todos hemos conocido personas que nos hablan muy bien cuando piensan que les podemos ayudar con algo, pero cambian de parecer si no nos necesitan. Es algo natural.

Pero Dios nos llama a ir mucho más allá de esto y vestirnos de bondad, imitándole a El y haciendo el bien a todos. Y tú, ¿buscas el bienestar aun de los que te hacen mal? Es necesario adoptar esta actitud a propósito, precisamente porque no es natural. Así imitamos a nuestro Padre celestial.

La tercera cualidad es la humildad. ¿Qué es la humildad? Algunas personas creen que la humildad es lo mismo que la baja autoestima. Piensan que ser humilde es creerte la persona más vil del universo y pensar que no vales nada. Pero esto no es así.

En una Iglesia, había un hermano tan, pero tan, humilde que los hermanos decidieron regalarle una camiseta en reconocimiento de su gran humildad. Sólo que luego se la tuvieron que quitar, porque se la puso. ¡Se enorgulleció de su gran humildad!

La persona realmente humilde no anda haciendo alarde de sus muchos logros, pero tampoco se la pasa diciendo que no es nada. Esa es falsa humildad. Más bien, el hombre realmente humilde no piensa mucho en sí mismo, porque está enfocado en vivir la vida que Dios le ha dado. Dios te está llamando a aprender la verdadera humildad.

La cuarta cualidad es la amabilidad. La persona amable no se enoja fácilmente. Se parece al rey David. En uno de los puntos más bajos de su reinado, tuvo que huir de Jerusalén porque uno de sus propios hijos armó una revuelta.

En el camino, un hombre llamado Simí empezó a burlarse de él, y uno de los soldados de David le pidió permiso para perseguirlo y matarlo. Pero David respondió: "A lo mejor el Señor le ha ordenado que me maldiga" (2 Samuel 16:10). David lo dejó, y posteriormente fue restaurado a su reino; cuando fue restaurado, le volvió a perdonar la vida a Simí. ¡No guardó rencor!

Y tú, ¿eres amable? ¿O te acuerdas siempre de las ofensas de otros, deseándoles el mal y amargándote? Dios nos llama a vestirnos de amabilidad, tratando a los demás como quisiéramos ser tratados, sin guardar rencor.

La quinta cualidad acompaña la amabilidad, y es la paciencia. Dios es paciente con nosotros. En su paciencia, Dios ha atrasado el día del juicio para darnos la oportunidad de arrepentirnos. Segunda de Pedro 3:9 dice así: "El tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan".

Aunque su ira se enciende a causa de la maldad y el pecado, El muestra su paciencia dándonos una y otra oportunidad para arrepentirnos. Si somos sus hijos, debemos imitarlo siendo pacientes con los demás también. Eso significa darle tiempo a la otra persona para cambiar. A veces somos muy rápidos para descartar a alguien. Si nos falla una vez, ya no le damos otra oportunidad. Pero Dios no es así con nosotros. El es paciente, y nos llama a ser pacientes también.

La sexta cualidad es el perdón. "Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes". Jesús contó una historia acerca de un siervo malagradecido, a quien su amo le perdonó una deuda de millones de dólares. Saliendo del encuentro con su amo, se encontró con otro siervo que le debía cincuenta dólares. Lo agarró por el pescuezo y le amenazó con echarle la ley encima.

Cuando el amo se enteró de lo sucedido, se enfureció. Castigó severamente al siervo, porque había sido perdonado, pero no quiso perdonar. ¿Cuánto te ha perdonado Dios? ¿Dónde estarías hoy si El te hubiera exigido que pagaras todos los delitos que has cometido contra El? Si somos hijos de Dios, tenemos que aprender a perdonar. Esa frase: "Que Dios te perdone, porque yo no puedo", no es propia de un creyente. Si Dios te perdona, tienes que aprender a perdonar también.

La última cualidad es la que resume a todas las demás. "Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto". Lo que nos ha unido a Dios es su amor. La Biblia está llena de los ecos del amor de Dios: "De tal manera amó Dios al mundo..." (Juan 3:16), "Mas Dios muestra su amor por nosotros en esto..." (Romanos 5:8), "En esto conocemos el amor... " (1 Juan 3:16), ...

Dios ha derramado su amor en nuestros corazones para compartirlo con los demás. El amor es el vínculo perfecto - más allá del cariño, las cosas en común o el apoyo mutuo. Dios nos llama a aprender a amar de veras, porque al amar, nos parecemos más a El.

Si todos pudiéramos ver en alguna máquina el estado de la ropa que lleva tu corazón, ¿cómo se vería? ¿Estaría manchada, rota y despintada? ¡Yo sé que la mía no está en perfectas condiciones! Pero Dios nos está llamando a irnos quitando esa ropa vieja, y vestirnos con la ropa nueva y pura de la nueva naturaleza.

¿Qué acción concreta te está llamando Dios a tomar hoy? No te quedes sólo con buenas intenciones. Planea específicamente qué acciones tomarás para dejar lo viejo y vivir lo nuevo. Muéstrale al mundo tu orgullo por ser hijo de Dios.


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