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Domingo 12 de Mayo de 2013

Tres madres ejemplares
Pastor Tony Hancock

Era la hora de dormirse, pero el niño no se quería dormir. Vez tras vez llamaba a su madre para pedirle algo: tenía que ir al baño, la cobija estaba desarreglada, había que ajustar las persianas. Por fin, la sufrida mamá perdió la paciencia. "Hijo, si te oigo gritar ¡Mami! una vez más, te voy a castigar", le dijo con voz fuerte.

Pasaron algunos minutos, y luego se oyó una pequeña voz desde el cuarto: "Señora García, ¿me podría traer un vaso de agua? " Me imagino que muchas de las madres han tenido experiencias similares con las ocurrencias de sus hijos. Se necesita mucha paciencia para ser madre, pero también tiene sus momentos de humor.

Hoy celebramos el día de las madres, y es correcto hacerlo. Todos estamos aquí porque Dios usó a una madre para traernos al mundo, y muchas también tienen el honor de ser madres. Una mujer no tiene que ser madre para ser amada y usada por Dios. Pero la maternidad es digna de ser honrada, no menos porque Dios usó a una madre para traer a su Hijo, nuestro Señor Jesús, al mundo.

En esta mañana que honramos a las madres, vamos a considerar los ejemplos de tres madres en la Biblia que nos enseñan cosas muy importantes acerca de lo que significa ser madre. Cada una de ellas nos demuestra, con su vida, cómo ser la clase de madre que Dios usa para criar hijos que lo aman y le sirven. Empezamos en 1 Samuel 1:9-20, con la historia de Ana:

1:9 Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová,
1:10 ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente.
1:11 E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.
1:12 Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella.
1:13 Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria.
1:14 Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino.
1:15 Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová.
1:16 No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora.
1:17 Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.
1:18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste.
1:19 Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y volvieron y fueron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana su mujer, y Jehová se acordó de ella.
1:20 Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová.

Ana fácilmente podría haber faltado en esta lista de madres ejemplares, simplemente por el hecho de no ser madre. Ella era estéril, y sufría amargamente por no poder tener un hijo. Por fin, Ana llegó ante Dios y clamó a El, pidiéndole un hijo. Ella prometió dedicárselo a El, si le concedía su petición.

Dios honró la petición de Ana, y ella tuvo un hijo a quien le puso por nombre "Samuel", que significa "Dios oyó". Después de unos pocos años, lo llevó al tabernáculo y lo entregó a cargo del sacerdote Elí, para que Samuel sirviera al Señor toda su vida - tal como Ana se lo había prometido.

Samuel llegó a ser un gran hombre. Guió al pueblo de Israel durante años de mucho cambio. Fue usado por Dios para llamar al pueblo a volver a El. Fue una voz de sabiduría en medio de grandes problemas. Ungió a los primeros dos reyes de Israel - Saúl y David. Del gran rey David desciende el mayor Rey de todos, Jesús. Samuel tuvo un papel importante en el plan de Dios para traer salvación a todo el mundo.

¿Cómo empezó todo esto? Empezó con la oración de una madre. Madres, una de las cosas más importantes que pueden hacer por sus hijos es orar por ellos. Oren por su seguridad. Oren para que Dios los guíe con sabiduría. Sobre todo, oren por su salvación. Samuel llegó a ser un hombre grandemente usado por Dios, pero todo empezó con las oraciones de su madre.

Uno de los líderes del movimiento de los Navegantes escribió lo siguiente: "Mi madre me dio a luz en una casa en la frontera del oeste. En la barra de la cocina puso una lista de los ingredientes necesarios para hacer mi fórmula de bebé. A la cabeza de la lista estaba la oración, y la oración por mí estuvo a la cabeza de su lista durante toda su vida... Es gracias a ella que tengo raíces espirituales firmes."

La oración por tus hijos no es algo que debes hacer sólo si te sobra tiempo en tu horario ajetreado. Tiene que estar a la cabeza de la lista, porque por medio de la oración se libera el poder de Dios en la vida de tus hijos. Nunca subestimes el poder de la oración para transformar la vida de tus hijos.

La segunda madre que vamos a considerar se llamaba Eunice. Esta mujer se encontraba en una situación difícil. Ella conocía a Dios, pero se había casado con un hombre que no creía en El. No sabemos por qué lo hizo - quizás fue una locura de su juventud, o posiblemente sus padres la presionaron a casarse con él. Como siempre sucede en estos casos, era difícil para ella mantener su fe cuando su pareja no la compartía.

Sin embargo, ella luchó para inculcarle a su hijo la fe que ella tuvo en Dios, y el conocimiento de las Escrituras que ella había llegado a tener. Este hijo, un joven llamado Timoteo, llegó a compartir su fe, y se convirtió en pastor y ayudante del apóstol Pablo. De hecho, este apóstol le escribió dos cartas que ahora forman parte de la Biblia.

Vamos a leer en una de ellas lo que Pablo nos dice acerca de Eunice. Leamos 2 Timoteo 1:5, y luego pasemos al capítulo 3, verso 15:

1:5 trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.
...
3:15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.

Aun sin el apoyo de su esposo, Eunice logró pasar la fe a la siguiente generación. La fe que ella misma había recibido de su madre Loida, ella se la inculcó a su hijo Timoteo.

¿Qué fue lo que ella le enseñó? Específicamente, Pablo dice que fueron las Sagradas Escrituras. Timoteo las había conocido desde su niñez, porque su madre se las había enseñado. En Ana, vemos el valor de una madre que ora. En Eunice, vemos el valor de una madre que enseña a sus hijos. Como resultado de la enseñanza de Eunice, Timoteo se convirtió en un predicador del evangelio de Jesucristo - y guió a muchos a la fe.

Tus hijos tienen maestros en la escuela que hacen un trabajo importante. Tienen maestros en la Iglesia que les hablan de Dios. Pero la maestra más importante que tienen, madre, eres tú. Sin ignorar por un momento la importancia del padre en la educación de un niño, la realidad es que las madres suelen pasar más tiempo con sus hijos. Aun si tu esposo no te apoya, hermana, tú puedes enseñarles a tus hijos acerca de Dios y su Palabra.

Es importante que les enseñes a tus hijos a amarrarse los zapatos y tender la cama, a cepillarse los dientes y hacer la tarea. Pero más importante que cualquiera de estas cosas es enseñarles acerca de Dios. Habla con tus hijos de Dios. Léeles historias de la Biblia. Enséñales a orar. Cuéntales cómo conocer a Cristo. Toma el ejemplo de Eunice.

La tercera madre que estudiaremos no empezó muy bien, que digamos. Traicionó a su esposo para acostarse con el rey, y sufrió las consecuencias - perdió al hijo que había sido concebido como resultado de su infidelidad. Aunque fue disciplinada severamente por el Señor, luego fue restaurada y llegó a ser madre de uno de los reyes más grandes de Israel, el rey Salomón.

Ella se llamaba Betsabé, y nos da un ejemplo al ser una madre que busca el éxito de su hijo. Dios había declarado, y el rey David había prometido, que su hijo Salomón sería rey cuando David muriera. Sin embargo, al ver que David ya estaba viejo y debilitado, otro de sus hijos - Adonías - hizo movimientos para usurpar el reino y convertirse en rey.

Leamos lo que sucedió entonces, en 1 Reyes 1:9-18 y 29-30:

1:9 Y matando Adonías ovejas y vacas y animales gordos junto a la peña de Zohelet, la cual está cerca de la fuente de Rogel, convidó a todos sus hermanos los hijos del rey, y a todos los varones de Judá, siervos del rey;
1:10 pero no convidó al profeta Natán, ni a Benaía, ni a los grandes, ni a Salomón su hermano.
1:11 Entonces habló Natán a Betsabé madre de Salomón, diciendo: ¿No has oído que reina Adonías hijo de Haguit, sin saberlo David nuestro señor?
1:12 Ven pues, ahora, y toma mi consejo, para que conserves tu vida, y la de tu hijo Salomón.
1:13 Ve y entra al rey David, y dile: Rey señor mío, ¿no juraste a tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono? ¿Por qué, pues, reina Adonías?
1:14 Y estando tú aún hablando con el rey, yo entraré tras ti y reafirmaré tus razones.
1:15 Entonces Betsabé entró a la cámara del rey; y el rey era muy viejo, y Abisag sunamita le servía.
1:16 Y Betsabé se inclinó, e hizo reverencia al rey. Y el rey dijo: ¿Qué tienes?
1:17 Y ella le respondió: Señor mío, tú juraste a tu sierva por Jehová tu Dios, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono.
1:18 Y he aquí ahora Adonías reina, y tú, mi señor rey, hasta ahora no lo sabes.
...
1:29 Y el rey juró diciendo: Vive Jehová, que ha redimido mi alma de toda angustia,
1:30 que como yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en lugar mío; que así lo haré hoy.

En medio de esta historia de traición y maquinaciones políticas, no nos perdamos lo que sucede aquí. Betsabé como madre peleó para que su hijo recibiera todo lo que Dios tenía preparado para él. Se esforzó para lograr el éxito de su hijo Salomón. Tenía un enemigo que quería robarle lo que Dios le había prometido, pero ella se esforzó por lograr que él alcanzar todo su potencial.

Gracias a la acción de Betsabé, Salomón se convirtió en rey - el mismo Salomón que nos dejó los libros de Proverbios, Eclesiastés y Cantares, como también algunos de los Salmos. ¿Qué habría sucedido si la actitud de Betsabé hubiera sido diferente? La historia del pueblo de Dios sería muy diferente.

Dios tuvo un propósito prometido para Salomón, pero en su soberanía, El usó a Betsabé para que ese propósito se lograra en la vida de su hijo. Dios también tiene propósitos para la vida de tus hijos. El quiere usarte para lanzarlos al éxito, para impulsarlos a desarrollar al máximo todas las habilidades y todos los talentos que ha puesto en ellos.

Más allá de una mentalidad de simplemente sobrevivir, Dios llama a los suyos a tener una mentalidad de superación. Madre, tienes un papel muy importante que jugar en el éxito de tus hijos. Puedes enseñarles a disciplinarse y hacer la tarea. ¡No lo querrán hacer! Pero tú puedes impulsarles al éxito.

Puedes ayudarles a soñar con lo que algún día podrán hacer - y también ayudarles a tomar los pasos necesarios para llegar allá. Un ejemplo de esto es la madre de Tomás Edison. Este hombre fue el inventor del foco eléctrico y de muchas otras cosas. Cuando era pequeño, una de sus maestras lo mandó a casa con una nota que decía: "Su hijo es un imbécil, y no le podemos enseñar."

La Sra. Edison les escribió: "Ustedes no entienden a mi hijo. Le enseñaré yo misma. " Como resultado del esfuerzo de esta madre que impulsó su hijo al éxito, el mundo recibió muchos inventos que siguen cambiando vidas.

Podrías escuchar un sermón como éste y sentirte abrumada con todas las cosas que se esperan de ti. Pero esto no es lo que Dios quiere al darnos estos grandes ejemplos en su Palabra. Mas bien, El quiere que confiemos en El, y que veamos las grandes cosas que El puede y quiere hacer a través de las madres de nuestra congregación. Oremos ahora por ellas.


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