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Domingo 24 de Febrero de 2013

La vida redimida
Pastor Tony Hancock

En cierto país africano, una joven madre y esposa cristiana fue capturada y esclavizada. Durante dos semanas, fue obligada a caminar muchos kilómetros llevando una pesada carga. Por la noche, fue golpeada y violada en repetidas ocasiones por un grupo de hombres.

Luego de ser vendida, su nuevo amo la cambió de nombre, la obligó a hacer rituales de otra religión, y la usó como concubina. Como resultado, ella dio a luz a una niña.

Otro esclavo, un muchacho joven de 14 ó 15 años, también fue capturado. Obligado a caminar de una parte de su país a otra, vio a sus dos hermanos ser matados por sus captores. Su amo lo golpeaba e insultaba constantemente. Cuando trató de huir de la esclavitud, su amo lo amenazó de muerte y lo ató cruelmente con cuerdas, dejándole cicatrices en las piernas.

Las historias de estos dos esclavos, relatadas hace pocos años por un trabajador cristiano que los conoció, tuvieron un final feliz. Una agencia pagó el equivalente de $50 cada uno para comprar a estos esclavos, y los dejó en libertad. Fueron redimidos de su esclavitud.

¿Cómo sería la vida de un esclavo redimido y puesto en libertad? ¿Cuál será su sensación de alivio, de alegría y regocijo al poder volver a su familia y a una vida normal? Estoy seguro que enfrentará secuelas de su experiencia, y quizás necesite consejería. Pero también estoy seguro que tendrá un nuevo deseo de aprovechar al máximo la vida y la libertad que ha recibido.

Tú y yo también hemos sido redimidos. Estábamos bajo el poder de un amo cruel, el pecado. Jesucristo vino a pagar el precio para conseguir nuestra libertad. El nos redimió con su sangre. Ahora, ¿qué clase de vida debemos llevar, si hemos sido redimidos? Dios nos describe en su Palabra la vida redimida. Leamos de ella en Colosenses 1:9-14:

1:9 Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual,
1:10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;
1:11 fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad;
1:12 con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;
1:13 el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,
1:14 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

Los últimos versículos de este pasaje nos dan la razón de lo anterior, así que vamos a considerarlos primero. Gracias al amor de nuestro Padre celestial, El nos saca del reino de oscuridad de este mundo y nos hace entrar al reino de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo.

Lo hizo posible al redimirnos de nuestros pecados, comprando nuestro perdón en la cruz. Jesús pagó un terrible precio para comprar nuestra libertad. Sufrió el dolor de ser clavado en el madero. Sufrió la vergüenza de ser expuesto a la vista pública. Sufrió el abandono de sus discípulos, y lo peor de todo, sufrió el rechazo de su Padre al tomar sobre sí nuestra culpa.

¿Por qué fue necesario que Jesús pagara este precio? ¿A quién se lo pagó? En la redención de un esclavo, se paga el precio al dueño o amo del esclavo para comprar su libertad. Por esto, algunas personas han pensado que Jesús le hizo un pago a Satanás para comprar nuestra libertad.

Sin embargo, la Biblia nunca dice esto. Más bien, la Biblia nos enseña que Jesús derrotó a Satanás en la cruz. El precio que pagó fue para satisfacer la justicia de Dios, que nosotros ofendemos con nuestro pecado. La culpa de nuestro pecado es la palanca que usa el diablo para mantenernos bajo su poder. Al quitar esa culpa, Jesús quitó también el poder que Satanás tenía sobre nosotros y nos redimió de sus manos.

En la cruz, ¡la sabiduría de Dios venció la astucia de Satanás! El diablo, viendo que Jesús había invadido su mundo, decidió deshacerse de El. Usó a los líderes religiosos corruptos, a los políticos impotentes y hasta a un avaro de entre sus propios discípulos para traicionarlo a muerte. ¡Pensó que había ganado la victoria!

Pero Dios, en su gran sabiduría, ya conocía lo que iba a suceder. El usó todo esto para lograr que Jesús, el único hombre perfecto e Hijo de Dios, muriera para pagar la deuda de todos nosotros y así quitarnos de las garras de Satanás. Al diablo le salió el tiro por la culata. Su gran plan para deshacerse de Jesús se convirtió en la forma en que perdió a muchos de sus esclavos.

Porque ahora, cualquier esclavo de Satanás que quiera ser libre sólo tiene que mirar con fe a Jesús, confiando en lo que El hizo en la cruz, arrepentido de sus pecados. Jesús pagó el precio para redimirnos de nuestros pecados. El nos compró. ¿Has aceptado su perdón? ¿Has abandonado el reino de la oscuridad, para vivir en su reino de luz? Si no lo has hecho, sigues viviendo en el reino de Satanás. También compartirás su destino.

Si lo has hecho, en cambio, tu vida debe ser totalmente diferente. ¡Has sido librado del poder de Satanás! ¡El único poder que él puede tener sobre ti es el poder que tú mismo le das! Ya eres libre para vivir una vida diferente. Ya no tienes que vivir dominado por los deseos de este mundo - la lujuria, la envidia, la codicia, la amargura. Ahora puedes vivir en gozo, en paz, en amor verdadero.

Pablo nos explica aquí cómo es la vida redimida. La vida redimida viene de conocer la voluntad de Dios y vivir de una forma digna de El. Esto es lo que dicen los versos 9 y 10. No basta con conocer lo que Dios quiere que hagamos, aunque es el primer paso. Tenemos que vivir lo que sabemos. Es lo que El se merece, porque pagó un precio tan grande por nosotros.

Aquí vemos cuatro cosas que definen la vida redimida. Así es la vida en el reino de Dios, al que hemos sido cambiados por fe en Jesús. La primera cosa que Dios nos llama a hacer, como redimidos por la sangre de Jesús, es "dar fruto en toda buena obra". El no nos llama a ser flojos o inútiles, sino a servirle activamente haciendo las cosas que le agradan.

Alguien comentó alguna vez que el cristiano que no sirve, no sirve. En todos los años que tengo en la Iglesia, he observado algo interesante. La gente que es feliz en seguir a Cristo es la gente que le sirve. En cambio, los que se alejan de El suelen ser los que sólo vienen a buscar lo que El les puede dar, sin querer aportar nada.

Cuando la damos a Dios el fruto de buenas obras, cuando nos esforzamos por vivir de una forma que le agrada, El nos bendice con su gozo. Esto no sólo es en la Iglesia; puedes servir a Dios en tu trabajo, en tu familia, en tus momentos de diversión. Si Cristo te ha redimido, abre tus ojos para ver las formas en que El te ha llamado a servir. No tienes que hacerlo todo; busca las cosas que El te está llamando a ti a hacer.

La segunda cosa que describe la vida redimida es "crecer en el conocimiento de Dios". El conocimiento de Dios no es algo teórico. No es como memorizar las tablas de multiplicación o sacar un diez en algún examen. Es más como enamorarte de tu pareja; quieres conocer sus gustos y sus disgustos, quieres compartir sus experiencias y saber lo que valora.

Cuando conoces a alguien, quieres saber de las cosas que le sucedieron antes de conocerte. Quieres saber cómo fue su niñez y cuáles lugares conoció. Aunque no viviste esas cosas con él o ella, quieres saber de ellas. La Biblia nos cuenta las cosas que Dios ha hecho, las experiencias que El ha tenido - si lo podemos expresar así - antes de que lo conociéramos. Así lo llegamos a conocer mejor.

Cuando conoces a alguien, quieres saber lo que le gusta y lo que no le gusta. La Biblia nos dice cuáles son las cosas que le gustan a Dios: la honestidad, la integridad, la generosidad, la bondad, la paz, la humildad. Llegar a conocer a Dios es aprender a valorar las cosas que El valora también.

Al caminar en fe, al conocer más de la Palabra de Dios y hablar con El en oración, lo vamos conociendo mejor. Lo conocemos por experiencia. Crecemos en nuestra relación con El. Esto es parte de la vida redimida.

La tercera cosa que caracteriza la vida redimida es ésta: "ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder. Así perseverarán con paciencia en toda situación". La vida redimida es una vida de poder para triunfar sobre las situaciones. No es nuestro poder; es el poder de Dios, que se mueve en nuestra vida por medio de la fe y la oración.

Hay personas que te dirán que, si eres creyente, nunca tienes que sufrir. Todos tus problemas desaparecerán, como por arte de magia, si sólo tienes suficiente fe. Pero la Biblia dice algo diferente. Dice que Dios te dará poder sobrenatural para superar las pruebas, si confías en El.

Isaías 40:31 dice esto: "pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán." Puedes volar - pero tienes que extender las alas de la fe. Puedes tener las fuerzas que nunca fatigan - pero tienes que correr. Dios no te promete una vida de descanso y ocio, sino que te ofrece una vida de poder para vivir en victoria sobre las pruebas que vendrán. Su poder está a tu disposición, si eres uno de los redimidos.

La cuarta cosa que sucede en la vida redimida es que vivimos "dando gracias con alegría al Padre". La vida en el mundo es una vida de quejas, de insatisfacción, de desilusión y decepción. La vida en el reino de Dios es una vida de gratitud, porque Dios no deja de darnos cosas buenas. La cosa mejor que nos ha dado es el amor que tenemos en Cristo.

La gratitud es algo que tenemos que expresar. Es una costumbre que se tiene que desarrollar. Cuando vivimos agradecidos, las cosas cambian. Cambian en nuestro corazón. Cambian en nuestra forma de vivir. Cambian en nuestra forma de hablar y de pensar. Cuenta tus bendiciones. Haz una lista de todas las cosas buenas que Dios te ha dado, y dale gracias.

Hermanos, hemos sido redimidos de una vida inútil y sin futuro, una vida bajo el dominio de Satanás que nos llevaba a la destrucción. Cristo nos compró con su sangre para que vivamos una vida diferente, una vida redimida. ¿La estás viviendo? No sigas viviendo como esclavo del enemigo. Camina como hijo de Dios, comprado y liberado por la fe en Jesús.


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