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Domingo 29 de Septiembre del 2002

Tradiciones trabajosas
Pastor Tony Hancock

Se cuenta la historia de una investigación que se hizo en los jardines del palacio de la reina de Gran Bretaña. Resulta que había un soldado en guardia en un rincón del jardín, sin razón obvia por su presencia. A alguien se le ocurrió investigar la razón que estaba ahí ese soldado. Se descubrió que era por orden de la reina. Ella había ordenado que se instalara un soldado precisamente en ese lugar. Hay, sin embargo, un detalle muy interesante. Resulta que la reina que dio esa orden había muerto hacía décadas. La razón de su orden era que se había plantado un rosal, y ella quería que el soldado lo protegiera. El rosal también había muerto hacía mucho tiempo. El soldado original también estaba muerto, pero se seguía poniendo allí a otro - nadie sabía por qué.

¿Por qué se seguía colocando a un soldado en ese lugar? La razón es simple - la tradición. La tradición esclavizaba al hombre, haciendo que perdiera su tiempo protegiendo a una planta inexistente.

Las tradiciones tienen poder sobre nuestras vidas - un poder que muchas veces no reconocemos. Pueden esclavizarnos también, haciéndonos siervos de un amo implacable que demanda toda nuestra atención y no nos da nada a cambio.

Esta fue la situación en el día de Jesús. Había toda una serie de tradiciones que habían sido creadas con el fin de definir la manera de quedar bien con Dios, pero que habían tenido un resultado totalmente opuesto.

Jesús llegó con la verdad, y explotó el poder de esas tradiciones para liberar a los que sufrían bajo su dominio. El también quiere entrar en nuestras vidas con su verdad y liberarnos de las tradiciones que nos tienen bajo su control.

Lectura: Mateo 23:1-4

23:1 Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo:
23:2 En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos.
23:3 Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.
23:4 Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.

Las cargas pesadas que ataban los fariseos se contraponen con el cargo de Jesús, que dijo: Mi yugo es suave y mi carga es liviana (Mateo 11:30). Jesús vino para traernos libertad. El vino para que el espíritu humano pudiera florecer en la gloriosa libertad que trae el Espíritu de Dios, en vez de seguir cautivo de las filosofías y las tradiciones de los hombres.

Dos mil años después de su venida, su misión todavía no se ha terminado. Aún viven muchos como cautivos de las tradiciones de los hombres. Quizás las tradiciones han cambiado, pero su efecto destructivo es el mismo. Cuando llegamos a conocer la verdad de Dios, él nos libera de nuestra esclavitud a la tradición.

I. La verdad nos libera del peso de la tradición

En los días de Jesús, había varios partidos dentro de la religión judía. Todos pretendían interpretar correctamente la Palabra de Dios, pero Jesús les mostró que todos estaban equivocados en algún punto u otro.

El partido más popular entre la gente común, los que seguían a Jesús, era el de los fariseos. Esta es la razón que Jesús se encontró tan frecuentemente en disputas con ellos. En cierto sentido, ellos consideraban que Jesús les estaba robando el mercado.

El, por su parte, los invitó a que se unieran al reino que él traía al mundo, pero cuando se rehusaron, no tuvo alternativa más que pronunciar sobre ellos la condena que ellos mismos se habían acarreado.

Estos versículos son como una pecana. ¿Alguna vez han descascarado pecanas? Primero hay que romper la cáscara, que no es muy fácil; y luego uno se topa con que hay más cáscara adentro que se tiene que quitar con mucho cuidado, porque es amarga. Pero vale la pena; porque la carne es muy sabrosa.

Así es con este pasaje. Tenemos que trabajarlo un poco para llegar a la carne, pero vale la pena. Primero, tenemos que entender algo acerca de los fariseos. La esencia del sistema fariseo era un esfuerzo por llegar a Dios mediante las reglas. Ellos se habían esforzado en crear una cerca alrededor de la ley. En otras palabras, construían reglamento sobre reglamento tratando de evitar la posibilidad de quebrantar uno de los mandamientos para así lograr la justicia.

Era un sistema muy complicado, y tenía el efecto de ser una carga pesada que ponían sobre la espalda de cualquiera que tratara de seguir sus instrucciones. El problema es que ese peso era en vano. Es imposible llegar a Dios mediante nuestros propios esfuerzos, no importa cuántas reglas pongamos y cuán complicado sea nuestro sistema.

Es como si tú vivieras en una casa a la orilla del río, y empezara a llover. Dentro de poco llegan los avisos de que el río se va a desbordar, y que tu casa está en peligro. Imagina ahora que llegara un vecino y te dijera, "Mira, la única esperanza es ésta. Haz como yo y tumba tu casa, pon todos los ladrillos y el techo sobre una tabla, y jálala allá hacia la parte alta. Sólo así nos vamos a salvar".

¿Qué te parece el consejo del vecino? ¡Imposible! ¡Nunca podrás jalar tu casa hacia lo alto! Lo que hay que hacer es abandonar esa casa y huir a las colinas. Sólo así te escaparás de la muerte.

Los fariseos decían que uno tenía que salvarse con duros esfuerzos - imposibles para el ser humano. Jesús nos enseña otro camino - el camino de la fe.

Aquí surge otra pregunta: ¿cómo coordina esto con el versículo 3? Parece que Jesús mismo se contradice - porque dice a sus oyentes que tienen que seguir las instrucciones de los fariseos.

La respuesta está en entender que el verso 2 y la primera parte del 3 son ironía. Es decir, Jesús está diciendo lo opuesto a la verdad para enfatizarla. El dice, en efecto, "Los maestros de la ley han tomado sobre sí la responsabilidad de interpretar a Moisés. Así que ¡claro! ¡Obedézcanlos!......¡Si es que se quieren morir!"

La insuficiencia del sistema de los fariseos se ve en el hecho de que ni ellos hacían lo que enseñaban. Si eran incapaces de guardar sus propias reglas, entonces obviamente las reglas estaban mal. Si decían, "Sígannos, vamos al cielo", pero ellos mismos no podían llegar, obviamente eran guías ciegos.

Cristo viene y corta el nudo. El nos enseña la verdad. Esa verdad es muy sencilla: es la simple realidad de que la vida se recibe por fe. Si estás tratando de encontrar el perdón de tus pecados siguiendo alguna tradición, si estás tratando de encontrar el gozo en alguna costumbre, si quieres tener vida verdadera por alguna práctica religiosa, ¡déjala! Sólo Cristo te puede dar vida, perdón, y gozo. Sólo puedes recibir estas cosas por fe en él.

La tradición sólo trae peso inútil. El peso de la tradición no te puede salvar. Quizás las personas que te enseñaron esa tradición lo hicieron con mucha sinceridad. Quizás esa tradición es muy preciosa para ti. No tienes que juzgar a quienes te la enseñaron, pero sí debes reconocer que la tradición es muy peligrosa cuando te aleja de Cristo.

Una palabra para el creyente: quizás las prácticas de la vida cristiana se han vuelto una tradición para ti. Quizás la lectura bíblica, la oración, o la asistencia a la iglesia han perdido su significado y se han vuelto una costumbre.

Cuando eso sucede, se vuelven un peso. Es un peso innecesario. Recuerda la razón que las haces. Cuando leas la Biblia, hazlo para conocer más a Cristo - y no por costumbre. Cuando ores, hazlo porque sabes que Dios te va a contestar - no por tradición. Cuando vengas a la iglesia, hazlo esperando una bendición - y no sólo porque siempre lo haces. Deja que la verdad te libere.

¿Saben? La tradición no sólo pesa - también tiene un precio. Pero

II. La verdad nos libera del precio de la tradición

Lectura: Mateo 23:13-14

23:13 Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.
23:14 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.

Jesús continúa con su condenación de los fariseos, y nos hace ver el costo de lo que ellos enseñan a sus seguidores. Ellos no habían aceptado el señorío de Jesús, e impedían que sus seguidores lo hicieran. De este modo, no los dejaban entrar al reino que Jesús había traído. El resultado era que, con todo su afán por hacer discípulos, sólo lograban que más personas cayeran bajo la misma condenación que ellos. En vez de conocer la salvación y enseñarla, sus tradiciones alejaban a la gente de Dios y de la verdad.

¿Sucederá lo mismo en nuestro mundo hoy? ¡Desde luego que sí! En todas partes hay personas que enseñan tradiciones, y no la Palabra pura de Dios. Por todos lados se encuentran maestros que predican religión, en vez de una relación personal con Dios por medio de Cristo.

Esa relación es la única que nos puede salvar. Es la única que nos puede librar de la condenación del pecado. Es la única que nos garantiza el cielo. Sólo la sangre de Cristo nos puede liberar del pecado y de la muerte. En cambio, si nos quedamos con la tradición, tendremos que pagar el precio.

Hoy en día no se oye mucho acerca del infierno. Ha llegado a ser un tema tabú. El simple hecho de mencionar que habrá muchas personas que son condenadas por la eternidad al sufrimiento y el tormento se ve como un insulto. ¿Qué derecho tienes tú -se dice- de determinar el destino de los demás? Yo no tengo ese derecho. Pero Jesús sí la tiene - su Padre lo nombró Juez sobre toda la humanidad. Así que vale la pena escuchar lo que él dice acerca de la eternidad.

Lo que él dice es muy claro: si tú rechazas su oferta de salvación mediante el arrepentimiento y la fe, no queda para ti otro destino más que la condenación. Ese es un precio muy alto a pagar por quedarse con la tradición.

Quizás en esta mañana te encuentras viviendo bajo el peso de las tradiciones humanas. Quizás has tratado de acercarte a Dios por medio de esas tradiciones, y sólo te has fatigado. Jesús tiene una invitación para ti.

El dijo: Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. (Mateo 11:28-29 NVI)

Quizás has buscado ese descanso en muchas partes, pero nunca la has hallado. Hoy la puedes encontrar en Cristo. El te ofrece libertad de ese peso. El ya pagó el precio por tus pecados. Ahora te invita a venir a él para recibir ese perdón y empezar una vida nueva, una vida abundante.

Acepta hoy su invitación. No esperes más. Ábrele tu vida y tu corazón.


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