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Domingo 3 de Febrero de 2013

El crecimiento del Reino
Pastor Tony Hancock

Algunos días atrás, visitaba un centro comercial y me di cuenta de algo interesante. Es algo que se ve en muchos lados, y no era la primera vez que lo había visto; pero me llamó la atención. Las tiendas de este centro comercial tenían fachadas muy bonitas, de diferentes colores y llamativos adornos.

Lo interesante del caso es que los edificios detrás de las fachadas eran más pequeños - en algunos casos, mucho más pequeños - que las fachadas que los cubrían. Viéndolo de frente, parecía ser un edificio grande e impresionante; visto de lado, era un edificio de tamaño normal. Sólo la fachada era grande.

Me puse a pensar que así es con las cosas de este mundo, ¿no es cierto? El mundo siempre busca lo grande, lo vistoso, lo que llama la atención. Si se anuncia algún evento, siempre es grande: gran baile, gran concierto, gran kermés. Nunca se anuncia un pequeño baile, un pequeño concierto, una pequeña kermés. El mundo busca lo grande.

Jesús nos enseñó a pensar de una forma diferente. Cuando vemos detrás de las apariencias, lo que parecía ser tan grande muchas veces resulta ser muy insignificante. En cambio, cuando Dios obra, El comienza con cosas pequeñas y su poder las convierte en algo grande. Jesús nos contó algunas historias para ayudarnos a comprender esta realidad. Leamos la primera en Marcos 4:26-29:

4:26 Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; 
4:27 y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. 
4:28 Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga;
4:29 y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.

Un sembrador echa la semilla a la tierra, y la deja. El no sabe cómo sucede; no puede explicar el nacimiento y crecimiento de la semilla. Sólo la deja, y la tierra da su fruto. La planta crece, madura y da su fruto, y al final, se cosecha. El punto principal de esta historia es el crecimiento silencioso y misterioso de la semilla.

Aquí, la semilla representa el reino de Dios. Empieza como algo que parece insignificante. Al crecer, no hace alboroto. No es algo vistoso ni grande. Sin embargo, dará su fruto; en la cosecha de almas, habrá mucho fruto para el reino de Dios.

Encontramos otra parábola similar en Mateo 13:31-32:

13:31 Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo;
13:32 el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.

La semilla de mostaza es una semilla redonda y pequeña que se muele y se usa para fabricar el condimento que llamamos la mostaza. No es la semilla más pequeña que existe, pero es la semilla más pequeña que usaban los judíos para sembrar en su jardín.

Sin embargo, cuando crece, se hace la más grande de las plantas del jardín. El cilantro, por ejemplo, es todo lo opuesto; es una semilla grande, pero se hace una planta pequeña. La mostaza es una semilla pequeña, pero se convierte en una planta grande - hasta parece un pequeño árbol, y los pájaros hacen nidos en sus ramas.

El reino de Dios se estableció de una forma muy pequeña con Jesús y un pequeño número de seguidores. ¡Tuvo un comienzo insignificante! Sin embargo, se hará muy grande. Actualmente, hay muchos millones de personas que se han unido a él. Así es que obra Dios. El empieza con lo pequeño, y lo hace muy grande.

En el verso 33 encontramos una parábola más: "Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado" (Mateo 13:33). Se trata de una mujer que hace pan. Mezcla los ingredientes para hacer la masa, y echa a la masa levadura. La cantidad de levadura es pequeña; se pierde entre la masa. Sin embargo, cuando la mujer regresa algunas horas después, encuentra toda la masa leudada y grande.

De hecho, uno de los errores más comunes de los panaderos principiantes es echar demasiada levadura a la masa. Piensan: "Este pellizquito no lo alcanzará a leudar. Mejor le echo más". Al regresar, ¡descubren que la masa se ha salido del recipiente y se está cayendo al piso! Un poco de levadura basta para leudar muchísima masa.

Dios escondió su reino en el mundo. Vino en la persona de un judío humilde, un carpintero común y corriente. El evangelio de su Reino va llenando todo el mundo, como la levadura llena la masa; pero no lo hace de manera vistosa y alborotosa, sino en el sencillo compartir de una persona a otra. En lo invisible del corazón humano, el reino de Dios se establece y se extiende. Así obra Dios.

De lo pequeño, ¡Dios hace cosas grandes! En el reino de Dios, las cosas funcionan al revés. El mundo busca lo novedoso y lo notable, pero Dios obra en lo secreto y lo ignorado. De la manera en que Dios estableció su reino con un comienzo pequeño e ignorado, El sigue obrando de formas secretas y en lugares olvidados.

Hermanos, es tan importante comprender este mensaje. Solemos pensar que, si un ministerio o una Iglesia no es grande e imponente, no vamos a descubrir a Dios allí. ¡Qué ironía! La verdad es todo lo contrario. Recientemente leí acerca del crecimiento de la Iglesia en Irán, uno de los países más cerrados del mundo.

Había unas cuantas Iglesias cristianas en Irán, de un tamaño decente. Sin embargo, el gobierno empezó a hostigar a los creyentes, y se vieron obligados a reunirse en grupos más pequeños para poder pasar desapercibidos. A la simple vista, parecía que la Iglesia había desaparecido. Pero la verdad fue todo lo contrario. Estos grupos pequeños empezaron a multiplicarse. En medio de la persecución, la Iglesia ha crecido.

Podemos ver las Iglesias grandes, con templos cómodos y múltiples ministerios, y pensar que Dios sólo obra en esos lugares. ¡Gloria a Dios por las Iglesias grandes! Pero muchas veces, Dios está obrando en lo pequeño y lo ignorado, y nosotros no nos damos cuenta - porque pensamos que Dios trabaja de la misma manera que el mundo. Dios es experto en sacar de lo pequeño algo grande.

¿Crees que Dios pueda hacer algo grande con nuestra Iglesia relativamente pequeña? ¡Yo estoy seguro que sí! Pero hay algunas cosas que pueden estorbar el crecimiento del reino que Dios da. La semilla pequeña se convierte en una planta grande, al menos que le falte agua, sol o tierra fértil. La carencia de estas cosas estorba el crecimiento.

De igual manera, nosotros podemos estorbar y restringir el potencial que Dios ha puesto en nosotros. Déjame mencionar un par de cosas que estorban el crecimiento del reino que Dios da. El primer estorbo es la falta de fe. En Mateo 13:58, leemos palabras tristes acerca de la experiencia de Jesús en su propio pueblo. Dice así: "Y por la incredulidad de ellos, no hizo allí muchos milagros".

Donde hay una falta de fe en el poder de Dios, la extensión de su reino se estanca y se pierden las oportunidades. En todas partes del mundo, hay retos y trabas a la extensión del reino. En algunas partes, hay mucha pobreza; en otras, mucha riqueza. En algunas partes, la gente está muy ocupada; en otras partes, es muy ociosa.

Tú y yo podemos mirar a nuestro alrededor y decir: Dios no puede hacer aquí lo que hace en otras partes, porque tenemos problemas inmigratorios, porque la gente tiene miedo, porque todos tienen que trabajar, porque nuestra sociedad es muy corrupta...

En fin, podemos poner un sinfín de razones para dejar de confiar en Dios. El crecimiento del reino es misterioso y secreto; no depende de factores humanos, sino del poder de Dios. Pero si dejamos de confiar en el poder de Dios, podemos limitar lo que El hace entre nosotros. No podemos detener el progreso del plan de Dios, pero podemos quedarnos fuera de la corriente de su poder y su bendición.

Hermanos, no dejemos que la falta de fe estorbe el crecimiento del Reino entre nosotros. Hay otro estorbo: la falta de obediencia. Jesús contó una historia acerca de dos hijos para ilustrar este punto. La podemos leer en Mateo 21:28-32:

21:28 Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña.
21:29 Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue.
21:30 Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue.
21:31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.
21:32 Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.

En esta historia, un hijo obedece con la boca y el otro obedece con las manos. ¿Cuál fue realmente obediente?

De la misma manera, tú y yo podemos venir a la Iglesia y cantarle al Señor: Santo Espíritu, llena mi vida; podemos decirle: Mi vida está llena de ti. Estas canciones deben inspirarnos a obedecer durante toda la semana. Pero si nos conformamos con solo decir cosas bonitas y no ponerlas en práctica, ¿hemos obedecido de verdad? Si no ponemos en práctica lo que sabemos, ¿de qué nos sirve?

El reino de Dios no crece como crecen las cosas de este mundo. Empieza de lo pequeño, y su crecimiento es ignorado por la mayoría. Sin embargo, viene un gran día cuando todos verán la gloria de nuestro Señor, y toda rodilla se doblará ante El. Mientras tanto, podemos ser parte del crecimiento de este reino confiando en nuestro Señor, y obedeciendo su Palabra. Ahora que sabes cómo funciona el reino de Dios, ¿qué tiene que cambiar en tu manera de pensar y en tu vida? En este momento de decisión, deja que el Señor te muestre lo que El quiere cambiar en ti, y comprométete en hacerlo.


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