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Domingo 16 de Diciembre de 2012

De lo ordinario a lo extraordinario
Pastor Tony Hancock

Vamos a hacer un pequeño ejercicio. Quiero que hagas una lista en tu mente de las cinco cosas que más asocias con la Navidad. Cuando piensas en la Navidad, ¿cuáles son las cinco cosas que te vienen a la mente primero? Voy a darte un momento para que hagas tu lista.

Muy bien, ¿cuáles son las cosas que te vinieron a la mente? Seguramente una de las primeras fue el nacimiento de Jesús, nuestro Salvador. Luego, quizás pensaste en los regalos que quieres comprarles a tus hijos. Después, quizás pensaste en Santa Claus, sus duendes, el Polo Norte y un reno con nariz roja.

Cuando celebramos la Navidad, muchas veces tenemos en mente algunas cosas que realmente tienen que ver con lo que estamos celebrando, y otras cosas que son leyendas o mitos. Por ejemplo, Nicolás fue una persona que realmente vivió, pero él no tiene nada que ver con el viejito barbudo y panzón que viaja por trineo y distribuye regalos.

Como adultos, lo entendemos. Creo que no les estoy divulgando ningún secreto al decirles que Santa Claus no existe. El problema es éste: cuando hay algunas partes de nuestra celebración de la Navidad que son historias inventadas, podemos llegar a pensar que todo lo es.

En otras palabras, así como Santa Claus es una historia bonita para entretener a los niños, pero no tiene nada que ver con la realidad, podemos pensar lo mismo del nacimiento de Jesús. Qué bonita idea, algo inspirador, algo lindo, pero no algo verdadero, algo que realmente sucedió.

Sin embargo, cuando leemos la historia de la primera Navidad en las páginas de la Biblia, Dios nos lo presenta como algo completamente histórico. No es uno de esos cuentos de "Erase una vez". Leamos lo que dice la Biblia al respecto en Lucas 2:1-7:

2:1 Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado.
2:2 Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.
2:3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.
2:4 Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David;
2:5 para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.
2:6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.
2:7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

Lucas fue un historiador muy cuidadoso. Al principio de su evangelio, él describe cómo investigó y averiguó con cuidado para poner en orden, de la forma más metódica, los eventos de la vida de Jesús. Cuando nos relata la historia de su nacimiento, nos dice cuándo fue. Nombra al emperador romano que dio la orden de levantar el censo que llevó a José y María a Belén.

Puedes abrir cualquier libro de historia y leer acerca de Augusto César. Es una figura histórica. Sabemos cuándo vivió y cuándo murió. También tenemos algunos registros, aunque son incompletos, del Cirenio que gobernó en Siria. Cualquier persona que leyera este libro cuando Lucas lo escribió sabría exactamente cuándo sucedió todo esto. Se podía averiguar.

En esta Navidad, cuando celebres el nacimiento de Jesús, recuerda que su nacimiento es un hecho real, algo que sucedió. Pero hay otra cosa que descubrimos en los datos históricos que Lucas nos presenta. Es una profunda verdad que es capaz de transformar nuestra vida, si la entendemos. Piensa conmigo, por un momento.

Sabemos que el Salvador del mundo tenía que nacer en Belén. Este pequeño pueblo era la ciudad de David, el gran Rey de Israel. El profeta Miqueas había anunciado, cientos de años antes, que el Mesías nacería en este lugar. Sólo que ¡había un problema! María, la madre del Niño, y su prometido José se encontraban en Nazaret - casi al otro extremo del país.

Es algo así como si Dios hubiera anunciado que el Mesías nacería en algún pueblito de Chiapas, y su madre se encontrara en Chihuahua. ¿Cómo hacer que se movieran la madre y su bebé al lugar correcto? Lucas nos dice cómo sucedió.

El hombre más poderoso del mundo de aquel entonces, el césar de Roma, anunció que todos tendrían que ser contados. Se haría un censo, y todos debían contarse en sus pueblos. Este hombre, Augusto César, no conocía a Dios. Al contrario; declaró que su padre adoptivo, Julio César, había sido un dios. Si conocía algo del Dios de los judíos, no le prestaba atención.

Sin embargo, aunque era el hombre más poderoso del mundo, realmente sirvió simplemente como un instrumento en las manos de Dios para lograr que, en un rincón olvidado de su imperio, José y María se trasladaran de Nazaret a Belén - todo con el fin de que Jesús naciera en el pueblo anunciado de antemano por el profeta.

El mundo ignoraba lo que estaba sucediendo, pero Dios está en control de los asuntos de todo el mundo, y los usa para realizar sus propósitos. ¿Crees que Dios ha perdido el control del mundo en los años que han intervenido? ¿Crees que Dios ya no tiene en sus manos el destino de todo ser viviente? ¡Claro que no!

De la misma manera en que Dios usó el edicto del césar para llevar a José y María hacia Belén, El todavía obra en el mundo. El todavía obra en la historia, todavía obra en la realidad. Cuando nos entregamos a Cristo y vivimos confiados en el Dios que gobierna la historia, podemos tener una gran seguridad. Podemos saber que Dios está obrando en nuestras circunstancias para nuestro bien. Aun cuando no lo entendamos, aun cuando no podamos ver el por qué, podemos saber que Dios está obrando.

¿Vives con esa confianza? En esta Navidad, Dios te invita a descansar en su soberanía. Leamos ahora la segunda parte de la historia, en Lucas 2:8-20:

2:8 Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.
2:9 Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.
2:10 Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:
2:11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.
2:12 Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.
2:13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:
2:14 ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!
2:15 Sucedió que cuando los ángeles su fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.
2:16 Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
2:17 Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño.
2:18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.
2:19 Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
2:20 Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.

Cuando Dios escogió a quienes les daría a conocer que su Hijo había nacido, eligió a unos humildes pastores que cuidaban sus rebaños por la noche.

¿Por qué a los pastores? ¿Por qué no a unos panaderos o pescadores? ¡Quizás ellos eran los únicos que estaban despiertos a altas horas de la noche! Pero hay otra razón. Los pastores eran personas humildes. La gente los consideraba maleducados y pobres. Ser pastor de ovejas no era una profesión deseable o respetada.

Mil años antes, había sido precisamente del pastizal de las ovejas que Dios había sacado al joven David para que Samuel lo ungiera rey sobre Israel. Nuestro Dios es un Dios que toma vidas ordinarias, vidas de gente ignorada por la sociedad, y las vuelve extraordinarias. El tomó la vida ordinaria de David, un simple pastor de ovejas, y lo convirtió en un rey extraordinario.

Ahora, había nacido el verdadero Rey, descendiente de David. Nació de una forma muy ordinaria, en un establo; pero vino para hacer algo extraordinario - salvar al mundo de sus pecados. Para ser testigos de este evento, Dios también llamó a otros pastores de ovejas de su lugar en el campo para mostrarles la gloria de su Hijo recién nacido.

Ninguno de nosotros quiere tener una vida simplemente ordinaria. En el mundo, la gente busca de mil maneras escapar de sus vidas ordinarias para tener, al menos por un momento, una vida extraordinaria. Algunos tratan de ser estrellas en Youtube, y así tener sus 15 minutos de fama. Otros se identifican con alguna estrella de la música o del cine para sentir el reflejo de la grandeza del personaje famoso. Otros sienten la necesidad de menospreciar a otros para sentirse más.

Pero ninguna de estas cosas realmente funciona. La fama se va, y pasamos al olvido. Sólo en Dios podemos tener vidas que realmente salen de lo ordinario y se vuelven extraordinarias. Dios tomó a esos sencillos pastores y los convirtió en los primeros evangelistas. Visitaron a Jesús y contaron todo lo que les había sucedido en el campo, y luego regresaron a sus rebaños, contando la grandeza del Señor.

En un encuentro con Jesús, las vidas de estos humildes pastores pasaron de lo ordinario a lo extraordinario. En un encuentro con Jesús, tu vida puede pasar de lo ordinario a lo extraordinario también. No, El no te promete riquezas o fama mundial, pero te promete algo mucho mejor. Te promete un lugar a su lado por toda la eternidad, y una vida con sentido aquí y ahora.

Cuando estos pastores de ovejas conocieron a Jesús, no pudieron contenerse. Tenían que contarles a los demás lo que habían visto y oído. ¿Te has encontrado con Jesús? ¿Le has dado el control de tu vida? ¿Estás contándoles a otros lo que El ha hecho por ti y en ti?

En el nacimiento de Jesús, Dios mostró que El controla todos los detalles de la historia. El está en control de todo lo que sucede a nuestro alrededor, y está realizando su plan de salvación. Cuando Jesús nació, Dios tomó a unos humildes pastores y los convirtió en evangelistas. El también quiere tomar tu vida y la mía y convertirlas en algo extraordinario, algo sobrenatural. En esta Navidad, ven a El para conocer al Rey que vino para transformar tu vida.


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