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Domingo 9 de Diciembre de 2012

El Salvador que todos necesitamos
Pastor Tony Hancock

¿Qué es lo que más necesitas? Quizás tu respuesta sería: Lo que más necesito son mis papeles, para no vivir con esta inseguridad. O posiblemente digas: Lo que más necesito es más dinero, para no vivir con esta preocupación. Puede ser que respondas: Lo que más necesito es un par de amigos poderosos, para no sufrir injusticias.

José era un hombre que podría haber deseado todas estas cosas. El vivía en una situación de inseguridad, pobreza y opresión. No era ciudadano reconocido por su gobierno, y en cualquier momento le podían exigir lo que ellos quisieran. Tenía una profesión humilde, y no era dueño de tierras o propiedades. Aunque sus antepasados habían sido personas muy renombradas, él no tenía ninguna gran influencia ni posición.

Me refiero, por supuesto, a José, el padre humano de nuestro Señor Jesucristo. Cuando él vivió en Israel, el imperio romano lo gobernaba. El no era ciudadano romano, y básicamente estaba a la merced de los soldados que patrullaban las calles. Su profesión de carpintero no le rendiría, en esa economía, mucho más de lo esencial para dar de comer a su familia. Era descendiente del gran rey David, pero nadie se acordaba de eso. Era un hombre cualquiera.

Juzgándolo humanamente, por lo menos, era un hombre cualquiera. Espiritualmente hablando, era un gran ejemplo. En José encontramos a un hombre que era justo, íntegro, honesto y transparente, pero que también era compasivo y amoroso. Es una combinación no tan común, en realidad. Yo quiero ser un hombre así. Leamos acerca de lo que le sucedió, en Mateo 1:18-25:

1:18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.
1:19 José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.
1:20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.
1:21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
1:22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:
1:23   He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.
1:24 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.
1:25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.

En los días de José, el matrimonio era algo respetado. Cuando una pareja decidía casarse, había un tiempo de compromiso antes de la boda. Durante este tiempo de compromiso, la pareja seguía viviendo con sus padres y no debían tener relaciones sexuales. Sin embargo, el compromiso era muy serio. Romper el compromiso no era sólo cuestión de devolver el anillo, como lo es hoy en día; para disolver el compromiso había que tramitar un divorcio ante testigos.

José estaba comprometido para casarse con una joven llamada María. Un día, José se dio cuenta de que María estaba embarazada. Fíjense en el carácter de José. El sabía que el bebé no era suyo. Esto significa que él había respetado las leyes de Dios, y no se había acostado con María.

Era un hombre hecho y derecho, un hombre que estaba esperando la noche de su boda para unirse a su esposa. Debemos todos aprender a ser como él y dominar nuestros deseos, en lugar de ser débiles y dejarnos dominar. Dios escogió con cuidado al hombre que criaría a su Hijo, y nos ha dejado un ejemplo a todos los padres de la clase de padre que El aprueba.

Al mismo tiempo, José era también un hombre compasivo. Al darse cuenta de la condición de María, él podría haber causado un gran escándalo público. Podría haberla puesto en desgracia ante toda la comunidad. Pero él no quiso hacer esto. Decidió tramitar un divorcio secreto.

Antes de que lo hiciera, sin embargo, un ángel del Señor se le apareció en un sueño. Le explicó que el bebé que María traía en el vientre no era el fruto de alguna traición, sino que Dios mismo lo había formado por obra del Espíritu Santo. Este bebé era el Salvador que todos necesitamos.

Este pasaje nos dice tres cosas importantes acerca de este Salvador. La primera cosa que nos dice es que necesitamos un Salvador divino. Un mero hombre no sería capaz de salvarnos. El único que nos podría salvar es uno que es Dios y hombre al mismo tiempo.

Es por esto que Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo. Por agencia del Espíritu Santo de Dios, el Hijo eterno, que es Dios, tomó naturaleza humana. En Jesús, por única vez en la historia del mundo, Dios se hizo hombre. Esto también es el significado del nombre que se le dio, Emanuel. Significa "Dios con nosotros", porque Jesús realmente es Dios quien vino a estar con nosotros.

Alguien me escribió esta semana preguntándome por qué, si a Jesús le dieron el nombre "Emanuel", nunca fue llamado por ese nombre. Es una pregunta interesante. Hay ocasiones en la Biblia en las quealguien recibe un nombre, pero no se le llama por ese nombre. Cuando esto sucede, el nombre sirve para describir a la persona.

Por ejemplo, Salomón, el hijo de David, recibió también el nombre "Jedidías", por orden del Señor. Siempre le llamaron Salomón, pero su nombre "Jedidías" significa "amado de Jehová". Lo importante era el significado del nombre, que Dios lo amaba. Igualmente, lo importante del nombre "Emanuel" es lo que significa - Dios con nosotros. Jesús lo es.

Pero es importante también saber que Jesús es hombre. No sólo parecía ser hombre. El nació de María, como cualquier bebé lo hace. Tuvo carne y hueso. Lloró cuando tenía hambre. Ensució sus pañales. Era como cualquier otro niño de su época - pero también era Dios.

Hoy en día hay algunos que niegan que Jesús sea Dios. Lo quieren presentar como un hombre muy especial, o quizás hasta una especie de ángel - pero no Dios. Pero ¡sólo Dios puede salvar! Las soluciones humanas no bastan. Hermano, amigo, tú y yo necesitamos un Salvador divino. Ningún otro nos podrá salvar.

Este Dios merece toda la gloria y toda la honra, porque El mismo vino a salvarnos. No mandó a otro en su lugar. No envió a un ángel para hacer el trabajo difícil. El mismo se subió las mangas, tomó carne humana y vino a hacer batalla contra el pecado y contra Satanás. ¿Lo amas? ¿Le sirves?

La segunda cosa que descubrimos acerca de nuestro Salvador es la clase de salvación que necesitamos. En realidad, es algo un poco sorprendente. Cuando el ángel le habló a José para decirle que le pusiera como nombre al bebé "Jesús", le dio la razón: porque El salvaría a su pueblo. El nombre "Jesús" significa "Jehová salva".

Pero ¿de qué nos había venido Jesús a salvar? El verso 21 lo dice: de nuestros pecados. José vivía bajo opresión, pero Jesús no vino para quitar la opresión romana. José vivía una vida humilde, pero Jesús no vino para salvarlo de la pobreza. Un día, El quitará toda opresión; cuando lo conocemos, El suple nuestras necesidades. Pero ninguna de estas cosas es nuestro verdadero problema.

Nuestro verdadero problema es el pecado. Nuestra mayor necesidad es ser salvados de nuestros pecados. Esto precisamente es lo que Jesús vino a hacer, muriendo por nosotros en la cruz. El vino a tomar la culpa de nuestro corazón y pagarlo, para que nosotros pudiéramos ser perdonados y reconciliados con Dios.

Tú no puedes pagarle a Dios por tus pecados. No puedes pagarle por todas las veces que le has fallado, por todas las veces que le has desobedecido. Si lo intentas, te sucederá una de dos cosas: te volverás loco, o te volverás hipócrita. Lo que te hace falta es un Salvador de tus pecados. Jesús es ese Salvador. Confía completamente en El.

La tercera cosa que descubrimos aquí acerca del Salvador que necesitamos es que necesitamos un verdadero Rey. Esto lo presenta una pequeña frase dicha por el ángel. Cuando saluda a José, le llama así: "José, hijo de David". El papá de José no se llamaba David; se llamaba Jacob, como el patriarca. Más bien, "hijo de David" significa "descendiente de David".

David fue el rey más grande de los reyes de Israel, un hombre conforme al corazón de Dios. Dios lo sacó del pastizal donde cuidaba a las ovejas y lo convirtió en rey de su pueblo. Dios también le hizo una gran promesa. Le prometió que uno de sus descendientes reinaría para siempre.

Ese descendiente ahora estaba a punto de nacer. Jesús nació como descendiente de David. Su padre adoptivo, José, lo era. Parece ser que su madre, María, también era descendiente de David. El nació para ser el verdadero Rey.

Hace algunos días, en un programa de entrega de premios, un actor dijo lo siguiente: "Esto es como estar en la iglesia. Antes que nada, dando gloria y honor a Dios, y a nuestro señor y salvador Barack Obama. Barack Obama." Debo decir que tengo mucho respeto para el presidente Obama, aunque no estoy de acuerdo con algunas de sus posturas políticas.

Pero él no es mi señor ni mi salvador. Es el presidente de este país, y como tal, merece respeto. Pero sólo hay un Señor y un Salvador. Caemos en graves problemas cuando tratamos de convertir a los seres humanos en salvadores. No son capaces de cumplir con tales expectativas. Siempre nos van a decepcionar.

Jesús es el único Rey verdadero sobre toda la creación. Aunque respetamos a nuestros líderes y honramos a los siervos públicos, sólo hay un Rey al que le podemos entregar toda nuestra obediencia. Ese Rey es Jesús, el Rey que derrotó a sus enemigos mediante su muerte y resurrección.

¿Qué es lo que más necesitas? La Biblia te dice que lo que más necesitamos es un Salvador. ¿Conoces a Cristo? ¿Sabes por qué nació, vivió, murió y resucitó? ¿Le has dado el control absoluto de tu vida? Si no lo has hecho, es la mejor cosa que puedes hacer en esta Navidad.


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