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Domingo 25 de Noviembre de 2012

Tu lugar en la tarea
Pastor Tony Hancock

Algunos meses atrás, leí un libro titulado "La Iglesia es un deporte en equipo". Compartí algunos de los conceptos de este libro con ustedes en la escuela dominical. Me refiero a este libro porque su título capta perfectamente una idea muy importante. La Iglesia no debe ser como un partido de tenis, donde las personas se reúnen para ver a dos personas agotarse en el campo mientras los espectadores descansan en las gradas.

Más bien, la Iglesia es como un partido de fútbol jugado en la cancha del barrio, donde todos juegan. En la Iglesia, todos tenemos algo para hacer. Si te consideras parte de la Iglesia pero no estás haciendo nada, tu vida espiritual está en peligro. Dios no te ha llamado sólo a calentar la banca.

Cuando consideramos la misión de la Iglesia, esta idea es muy importante. Las misiones no son algo que sólo unos cuantos hacen, mientras los demás les echamos porras. Cristo le entregó la gran comisión a toda la Iglesia. Como Iglesia, todos tenemos que comprender nuestra responsabilidad en las misiones y participar de una forma u otra.

Volvamos a los comienzos de la Iglesia para ver cómo funcionó esto. En Hechos 8:1, 4 y 5 leemos acerca de la llegada del evangelio a las áreas de Judea afuera de Jerusalén y la provincia de Samaria:

8:1 Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.

8:4 Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio.
8:5 Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo.

En los versos 26-27 y 38 leemos acerca de la conversión de un hombre de los confines de la tierra, un hombre africano:

8:26 Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto.
8:27 Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, 

8:38 Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó.

Las personas que predicaron el mensaje de salvación a estos lugares no fueron los líderes. Todos los apóstoles se habían quedado en Jerusalén. Más bien, fueron creyentes comunes y corrientes los que llevaron este mensaje. Algunos de ellos ni siquiera son nombrados por Lucas; Dios conoce sus nombres. Pero para nosotros son creyentes anónimos.

Existe un concepto equivocado que el enemigo ha usado para mantener callados a muchos que podrían testificar de Jesucristo. Es la idea de que el evangelismo es sólo para los creyentes "profesionales", los pastores y misioneros a tiempo completo. Es esencial que haya en la Iglesia personas que se dedican a servir al Señor, como los pastores; pero su tarea no es hacer el trabajo del ministerio, sino más bien servir como entrenadores para los miembros y enseñarles cómo trabajar para el Señor.

Los primeros creyentes entendieron esto muy bien, y fue por esto que la Iglesia creció tan rápidamente. Pero esto no es sólo para aquel entonces, para los días muy lejanos de antaño. Hoy en día vemos que se repite lo mismo alrededor del mundo. En China, por ejemplo, el número de creyentes creció de más o menos 1 millón a 85 millones en sólo 40 años.

Esto no sucedió por la obra de los misioneros. Los misioneros dejaron la semilla sembrada, pero fue después de su expulsión del país que vino el crecimiento. Los que llevaron el evangelio a tantos lugares de China fueron laicos, no líderes profesionales, sin preparación formal. Fueron personas que no habían ido al seminario, pero que conocían y amaban a Jesucristo.

En el año 2004, la Convención Oriental de bautistas en Cuba registró 25.000 profesiones de fe. Lo asombroso de este número es que sólo había 309 Iglesias y 151 pastores en la convención. En otras palabras, cada Iglesia bautizó a casi 100 personas durante ese año. El fruto se debió a que hubo 988 misioneros laicos y 2.234 casas de oración que alcanzaron a los cubanos.

Nos hemos acostumbrado a pensar que Dios sólo usa a los pastores y misioneros. Lo que hacemos los pastores es importante, pero Dios no nos ha llamado a hacer el trabajo. Nos ha llamado a capacitar a todo creyente para hacer la obra del ministerio. La Biblia deja claro que cada creyente ha sido llamado a encontrar su lugar en la gran tarea de llevar el evangelio a todas las naciones.

Podemos tomar como ejemplo al apóstol Pablo. Cuando leemos su historia, nos damos cuenta de que tenía un gran número de colaboradores con diferentes capacidades y talentos. Fue en conjunto con ellos que Pablo realizó sus grandes victorias misioneras. Pablo fue, en realidad, un jugador en equipo.

Consideremos a algunos de los colaboradores de Pablo, y veamos la diversidad de personalidades, de capacidades y de intereses que ellos tuvieron. Lucas fue un profesional, un médico. Conoció a Pablo, su ministerio y el desafío misionero. El se unió al equipo de Pablo. Lucas a veces viajaba con Pablo. En otras ocasiones, se quedaba en algún lugar u otro para dar seguimiento. El se encargó de llevar un registro de las actividades de Pablo, que hoy tenemos en el libro de Hechos.

Epafrodito fue otro colaborador de Pablo. Su tarea fue la de apoyo; por ejemplo, llevó cartas para Pablo. Fue de tal ayuda para Pablo que él escribió: "Honren a los que son como él" (Filipenses 2:29). Lo llamó "hermano, colaborador y compañero de lucha" (Filipenses 2:25).

Priscila y Aquila fueron una pareja de empresarios. Ellos recibieron a Pablo y se unieron a su equipo, usando sus dotes de enseñanza para entrenar a otros también. Bernabé fue el creyente maduro que vio el potencial que tenía Saulo, quien luego se llamó Pablo. Le abrió las puertas a Pablo, lo presentó con otros aprovechando su red de contactos, y le sirvió de mentor.

Lidia fue una mujer de buena posición que recibió el evangelio, ofreció su casa como lugar de reunión y apoyo el esfuerzo para plantar una Iglesia en su ciudad. Podríamos mencionar a más personas, pero observemos como Dios usó una gran diversidad de personas para trabajar al lado de Pablo y extender su reino. Pablo no fue una gran figura solitaria, sino más bien el miembro de un gran equipo.

Al igual que en el tiempo de Pablo, Dios hoy llama a una gran variedad de personas para completar la tarea. Podemos mencionar varios ejemplos del movimiento misionero hispano:

La familia Ojeda abrió un restaurante mexicano en un país islámico radical donde jamás podrían haber entrado como misioneros tradicionales. Usando su negocio como base de operaciones, fueron usados por Dios para levantar 200 discípulos de Jesucristo.

Loli Orqueda es una niñera en Texas que dirige la comisión de misiones de su Iglesia. Esta Iglesia recientemente envió un equipo a un país del norte de África. Yamilin es una cajera en el estado de Maryland. Hizo un viaje a un país del sudeste asiático, donde oró por primera vez en inglés para que una señora se convirtiera a Cristo.

Felipe es un joven bancario de México que dejó su vida cómoda para ir a una de las zonas más peligrosas del mundo. Allí estableció una agencia de viajes, lo cual permitió que su equipo pudiera evangelizar y discipular en ese rincón violento del mundo.

Dios sigue usando a personas con diferentes capacidades y diferentes historias. Fácilmente podemos mirar la vida de alguien que sirve al Señor y pensar: "Yo no soy como él. Yo no puedo servir al Señor". Más bien, tenemos que abrirnos al Señor y preguntarle cómo nos podría usar a nosotros.

Cuando Jesús enfrentó a una multitud hambrienta, El les dijo a sus discípulos: "Denles ustedes de comer" (Lucas 9:13). Andrés encontró a un joven con cinco panes y dos pescados, y se lo llevó a Jesús. ¿Qué puedes hacer tú para que todas las etnias del mundo lo conozcan? Aquí hay algunas posibilidades, sólo para ayudarte a pensar:

Como empresario, podrías proveer una plataforma comercial para un misionero. Podrías ser una hermana que vende tacos para recaudar fondos misioneros. Podrías ser un joven que aprende a través del Internet acerca de las etnias del mundo. Podrías reunir un grupo de intercesión para interceder sin cesar por una etnia no alcanzada.

Podrías ser representante ante la Iglesia de un misionero, y no dejar que la Iglesia lo olvide. Podrías ser parte de un equipo que organiza conferencias misioneras para que toda la Iglesia se motive a apoyar a las misiones. Podrías servir como misionero a corto plazo para ir a una etnia no alcanzada.

Estas son sólo algunas de las muchas alternativas. El reto para ti y para mí es entregarle al Señor las capacidades y la situación en la que vivimos, y preguntarle cuáles son las formas en las que El quiere que seamos parte de su misión alrededor del mundo. Es una tarea de equipo. No abandones tu papel.

Nota al lector: este sermón fue basado en el mensaje "Tu lugar en la tarea" por Jason Carlisle, parte de la campaña "Una Iglesia sin fronteras" de la Junta de Misiones Internacionales. Para más información, haga clic aquí:
http://hispanos.imb.org/pastoresylideres/post.asp?StoryID=10955&LanguageID=5847


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Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

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