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Domingo 28 de Octubre de 2012

Mi Roca
Pastor Tony Hancock

Cuando era niño, había un espacio en el ropero de mi cuarto donde yo cabía perfectamente. Era un espacio cuadrado, diseñado para colgar la ropa; pero siendo pequeño, yo me podía esconder allí, cerrar la puerta del ropero y sentir que nadie me podría encontrar.

Quizás tú también te acuerdes de algún escondite favorito de tu niñez - un árbol, un espacio secreto, un rincón de la casa donde nadie te veía. ¿Recuerdas la sensación de seguridad, de paz, de escaparte del mundo que tenías cuando estabas en ese lugar?

Al crecer, por lo general, dejamos de buscar un lugar para escondernos. Pero seguimos viviendo en un mundo inseguro, un mundo donde cualquier cosa puede suceder en el momento menos esperado, un mundo donde las personas en quienes más confiamos nos pueden fallar.

¿Dónde podemos encontrar verdadera seguridad? ¿Dónde puede descansar nuestro corazón? Sólo hay un lugar. Si te sientes bajo ataque y quieres saber dónde puedes encontrar paz y seguridad, acompáñame en esta mañana para ver lo que dice la Palabra de Dios al respecto. Abramos la Biblia en el Salmo 62, y leamos los versos 1 y 2:

62:1 En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación.
62:2 El solamente es mi roca y mi salvación; es mi refugio, no resbalaré mucho.

Tras una vida llena de victorias y derrotas, con luchas y grandes batallas, David había aprendido la lección más importante de todas. "Sólo en Dios halla descanso mi alma." Consideremos la frase.

Sólo en Dios halla descanso mi alma. Puedes buscar en muchos otros lugares. Puedes buscar en el dinero, en los brazos de otra persona, en los vicios. Pero ninguna de esas cosas te dará lo que sólo Dios te puede dar.

Sólo en Dios halla descanso mi alma. En medio de un mundo de personas que corren como hormigas de un lado a otro, buscando sólo un momento de satisfacción, tú puedes tener paz y descanso. Puedes encontrar tranquilidad y seguridad, como un niño en brazos de su madre.

Sólo en Dios halla descanso mi alma. Puedes tener el mejor colchón del mundo, tomar las mejores pastillas para dormir y hacer ejercicios de relajación, pero si no hay paz en el centro de tu ser, tu mente y tu cuerpo no podrán estar bien. El mundo te ofrece muchas estrategias para aparentar la calma, pero sólo Dios puede darte paz en lo más profundo del mar que hay en ti.

¡Pon toda tu confianza en el Señor! No confíes en la gente, pues te pueden traicionar. Leamos los versos 3 y 4:

62:3 ¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre, tratando todos vosotros de aplastarle como pared desplomada y como cerca derribada?
62:4 Solamente consultan para arrojarle de su grandeza. Aman la mentira; con su boca bendicen, pero maldicen en su corazón.

Si pones toda tu confianza en las personas, serás defraudado. En este mundo lleno de pecado y de egoísmo, nunca falta alguien que trate de hacernos daño. David mismo lo experimentó en su vida. Su propio hijo Absalón trató de quitarlo del trono.

Absalón fue muy astuto. Cuando la gente llegaba a la capital para exponerle sus problemas al rey, Absalón se encontraba con ellos en las afueras de la ciudad y escuchaba sus problemas. Lentamente fue juntando un grupo de personas que estaban de su lado, hasta que llegó a Jerusalén con un bando de guerrilleros y obligó a David a abandonar la ciudad.

Dios le permitió a David recuperar el trono, pero ¿cómo recuperarse de la decepción de que su propio hijo se volviera en su contra? Cuando nuestra confianza está puesta en el hombre, su maldad nos debilita. Como un muro inclinado, cualquier empujón es suficiente para derribarnos.

Puede ser que alguien cercano a ti te haya traicionado. Como David, has sentido el profundo dolor de ver que un ser querido se vuelva en tu contra. Quizás se han levantado chismes sin fundamento, y las personas que antes te apoyaban ahora te miran con cara de sospecha. ¡Así es la humanidad!

La buena noticia es que su maldad tendrá fin. La pregunta del verso 3, ¿hasta cuándo?, no es sólo una pregunta retórica. La maldad del hombre tendrá fin, en una de dos maneras. Tendrá fin en el arrepentimiento, cuando el malo reconoce y abandona su maldad; o tendrá fin en el juicio final, cuando Dios castigará y pondrá fin a la maldad de todo hombre.

Aquí hay una gran ironía. Cuando dejas de confiar en la gente y confías plenamente en Dios, quedas libre para relacionarte libremente con los demás. Cuando sabes que Dios te respalda, puedes arriesgarte en amar a los demás. No tienes que vivir con temor a la desilusión, porque sabes que Dios siempre estará contigo - aunque los demás te fallen.

Sólo Dios es digno de nuestra confianza absoluta. Leamos ahora los versos 5 al 8:

62:5 Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza.
62:6 El solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré.
62:7 En Dios está mi salvación y mi gloria; en Dios está mi roca fuerte, y mi refugio.
62:8 Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio.

Escucha las palabras que describen a nuestro Dios: Roca. Salvación. Protector. Gloria. Refugio. Cuando te ahogues en las aguas turbias de la vida, Dios es la Roca donde puedes estar firme. Cuando el pecado y el enemigo te quieran destruir, Dios es tu Salvación.

Cuando te sientas amenazado por fuerzas más grandes que tú, Dios es tu Protector. Cuando pienses que no vales nada, Dios es tu Gloria. Cuando busques dónde esconderte, Dios es tu Refugio. Dios es el Guerrero divino que pelea nuestras batallas. Cuando se levante guerra contra ti, Dios peleará a tu lado con su brazo fuerte.

Un niño quería asistir a la fiesta de cumpleaños de uno de sus amigos, pero cuando llegó el día de la fiesta, había una fuerte tormenta de nieve. El niño le rogó a su padre que le dejara ir de todas maneras, y por fin recibió permiso. Se abrigó y salió a caminar en la nieve. Por el frío, las ráfagas de viento y le nieve, avanzó muy despacio. Demoró media hora en caminar unas pocas cuadras.

Cuando al fin llegó a la casa de su amigo, tocó el timbre, y luego miró hacia atrás. Vio la figura de un hombre que se alejaba, y reconoció la figura de su padre. El había seguido cada paso de su hijo, asegurándose de que llegara bien a su destino. Tu Padre celestial también está contigo, y El se asegurará también de que llegues bien a tu destino - aunque no siempre estés consciente de su presencia.

Por esto, ¡confía en el Señor! No cometas el error de confiar en los hombres, y en sus posesiones. Mira lo que dicen los versos 9 y 10:

62:9 Por cierto, vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón; pesándolos a todos igualmente en la balanza, Serán menos que nada.
62:10 No confiéis en la violencia, Ni en la rapiña; no os envanezcáis; si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas.

Si antes David nos dijo que no confiáramos en la gente porque nos pueden traicionar, aquí nos dice que no confiemos en ellos porque nos pueden fallar.

El mismo lo conocía bien. En su juventud, había servido al rey Saúl en el palacio. A este rey le atacaba la depresión, y cuando David tocaba el arpa, Saúl se sentía mejor. David fue un fiel siervo de Saúl. Sin embargo, Saúl le tuvo envidia sin razón. La enfermedad mental de Saúl hizo que se volviera en contra de su siervo fiel. Varias veces trató de matar a David, y éste tuvo que huir.

David trabajó en el palacio. Podría haber pensado que su relación con Saúl le daría influencia, pero no fue así. El plan de Dios fue sentarlo en el trono de Israel, pero no lo hizo por medio de la influencia de Saúl. Lo hizo a su manera. No te confíes de tu influencia o tu dinero. Si alguien te puede hacer un favor, aprécialo; pero no confíes en la gente, sino en Dios.

Una de las peores formas de confiar en lo humano es confiar en el dinero. Mucha gente cree que, para salir adelante en este mundo, es necesario ser deshonesto y aprovecharse de los demás. Es posible que logres enriquecerte por un rato así; pero esa clase de riqueza no trae bendición. Pagarás muy caro lo que consigas por fraude o maldad.

Aun si Dios te bendice con posesiones, no pongas el corazón en ellas. Acuérdate del hombre rico que amontonó mucho trigo en sus graneros, y luego dijo: "Ahora estoy bien. Ahora voy a disfrutar de todo lo que tengo". ¿Qué le dijo Dios? "¡Necio! Esta noche tu alma te será demandada. ¿De qué te servirá entonces todo el trigo que tienes almacenado?"

¡Confía en el Señor! La conclusión del asunto está en los versos 11 y 12:

62:11 Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: que de Dios es el poder,
62:12 Y tuya, oh Señor, es la misericordia; porque tú pagas a cada uno conforme a su obra.

Aquí hay dos cosas muy importantes acerca de Dios. El es fuerte, y El es amoroso. ¿Cómo sería un Dios fuerte, pero no amoroso? ¡Sería terrible! No podríamos confiar en El. Sería un tirano nada más, y nuestra mejor estrategia sería escondernos de El.

¿Qué tal un Dios amoroso, pero débil? ¡De poco nos serviría! Sería como un osito de peluche: tierno, pero no muy práctico. Pero la verdad es que Dios es poderoso y Dios es amoroso. ¡Las dos cosas! Y este Dios poderoso y amoroso es también un Dios justo. El pagará a todos conforme a sus obras.

A los que persisten en la maldad, les dará su justo merecido. En cambio, a los que se han arrepentido del pecado y caminan en la luz de Cristo, Dios les dará la bienvenida a su morada celestial. ¿Cómo podemos saber que estamos en el amor de Dios? ¿Cómo podemos saber que no seremos condenados por los pecados que hemos cometido?

La fuente final de nuestra confianza está en la cruz. Jesús dijo: "Vengan a mí, ... y yo les daré descanso" (Mateo 11:28). El descanso para el alma que David halló en Dios es el mismo descanso que Jesús ofrece a todo el que viene a El. En la cruz El derramó su sangre en sacrificio para cubrir nuestro pecado. En su resurrección El nos ofrece una vida nueva, una vida que agrada a Dios.

Si tú confías plenamente en Jesús, puedes saber que El te ama y que es poderoso para librarte. La letra de una canción de Jesús Adrián Romero lo expresa así: "Me dice que me ama cuando veo la cruz; sus manos extendidas, así tan grande es su amor. Lo dice en las heridas de sus manos y pies; me dice que me ama una y otra vez". En medio de un mundo inseguro y traicionero, en Jesús puedes encontrar la paz y la seguridad. El es la Roca segura en medio del mar embravecido. ¡Confía en El!


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