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Domingo 21 de Octubre de 2012

Fe falsificada
Pastor Tony Hancock

¿Alguna vez has comprado un producto pirata? Muchas personas compran discos o videos pirateados, cosa que, como creyentes, no debemos hacer. Pero existen muchos otros productos piratas. Esta semana hizo titulares el problema de las bolsas de aire piratas. Al parecer, hay compañías que producen bolsas de aire de repuesto que no tienen la calidad del equipo original.

Cuando sucede un accidente, estas bolsas no proporcionan la protección que deberían. Ponen en peligro la vida de los pasajeros. En el pasado hemos oído también de pasta dental pirata, que contenía anticongelante; formula pirata para bebés, que contenía sustancias químicas industriales; y muchos otros productos peligrosos.

¿Cuál es el problema con un producto pirata? El problema consiste en que el producto parece ser legítimo, pero no funciona de la forma debida, y puede causar enfermedad o hasta llevar a la muerte. ¿Me creerías si te dijera que existe también una fe pirata? Esta fe es muy peligrosa, porque también puede causar efectos muy dañinos en la vida de quien la tiene.

Al igual que los productos piratas, la persona que tiene fe pirata puede pensar que lo que tiene es el artículo genuino. Sólo será en el momento de crisis que se revelarán sus defectos. Por eso, es bueno examinar nuestros corazones para ver qué clase de fe tenemos, en realidad.

Hoy conoceremos más de la historia de un hombre que tuvo fe falsificada, fe pirata. Veremos en qué se equivocó, para distinguir si la fe que tenemos en nuestro corazón es fe verdadera, o fe pirata. Abran sus Biblias conmigo en Hechos 8, y leamos los versos 9 al 25:

8:9 Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. 
8:10 A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios.
8:11 Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo.
8:12 Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.
8:13 También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.
8:14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan;
8:15 los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo;
8:16 porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús.
8:17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.
8:18 Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,
8:19 diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo.
8:20 Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.
8:21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.
8:22 Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón;
8:23 porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.
8:24 Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí.
8:25 Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio.

La semana pasada estudiamos la venida del Espíritu Santo en este pasaje. Vimos que la experiencia de los samaritanos fue inusual, ya que hubo un lapso entre su conversión a Cristo y la venida del Espíritu Santo. Hoy vamos a considerar la experiencia de Simón, quien presenció estas maravillas y llegó a tener una clase de fe - pero resultó ser una fe falsificada.

Simón era un hechicero, un hombre que recibía mucho reconocimiento - y seguramente mucho dinero también - por sus artes mágicas. Se movía en el poder del ocultismo. Sin embargo, cuando llegó Felipe predicando a Jesucristo, Simón se dio cuenta de que aquí había un poder más grande que el poder que él conocía.

Junto con muchos de los habitantes de su ciudad, Simón hizo una profesión de fe y se bautizó. Al parecer, no había nada aparentemente extraño en su conversión. No había ninguna razón por la que Felipe se negara a bautizar a Simón. Por fuera, todo se veía bien. La fe pirata da una buena apariencia.

Es más, no tenemos ninguna razón para pensar que Simón mismo estuviera tratando de engañar a Felipe o a los demás. Lucas, inspirado por el Espíritu Santo, lo describe así en el verso 13: "Simón mismo creyó". Su fe parecía ser verdadera, y parece ser que él mismo pensaba que su fe era verdadera.

Pero este mismo versículo nos da la primera pista para entender el problema de la fe falsificada de Simón. Nos dice que Simón seguía a Felipe por todas partes, "asombrado de los grandes milagros y señales que veía". Lo que a Simón le llamaba la atención eran los milagros que Felipe hacía. Quizás él quería aprender a hacer tales milagros. O simplemente se deslumbró con estas muestras de poder.

En todo caso, el punto es que la fe falsificada de Simón se fijaba en lo equivocado. En lugar de fijarse en Jesucristo y someterse en obediencia a El, Simón se fijaba en los milagros. Su corazón no había sido transformado; su vida no había tomado un giro diferente. Simplemente se había distraído con las señales que Felipe hacía. Estas señales tenían el propósito de mostrar el poder de Jesucristo, pero Felipe se fijó en las señales en lugar de fijarse en el Señor.

Algo parecido sucedió con ciertos seguidores del Señor Jesucristo. Al principio de su ministerio, Juan nos relata algo interesante que sucedió. Leamos Juan 2:23-25:

2:23 Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.
2:24 Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos,
2:25 y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.

Muchos creyeron en Jesús. Grandes multitudes empezaron a seguirle. Pero ¿qué clase de fe tenían?

Jesús mismo no se confió de ellos, porque conocía su corazón. El sabía que la fe que habían llegado a tener no era una fe verdadera o duradera. Sólo se habían deslumbrado por las señales que El hacía, pero no habían hecho un compromiso verdadero con El. Más tarde, muchas de estas personas dejarían de seguir a Jesús.

Al igual que ellos, Simón experimentó el poder de Dios. Ellos habían visto los milagros de Jesús, y Simón vio los milagros que Felipe hizo en el nombre de Jesús. Fue bautizado. Al parecer, los apóstoles también le impusieron las manos a él. Pero su corazón no estaba bien. Su vista estaba en el lugar equivocado. Se fijaba solamente en lo exterior, en las señales.

En algunos países latinoamericanos, hay más ex evangélicos - personas que antes pertenecían a una Iglesia evangélica, pero que ya no se congregan - que evangélicos practicantes. ¿Por qué sucederá esto? No quiero decir que sea la única razón, pero me pregunto si habrá personas que cometen el mismo error que cometió Simón - se fijan en las señales, en lugar de fijarse en el Señor.

Pero el problema de Simón fue más allá. Cuando él vio que los apóstoles les imponían las manos a los nuevos creyentes y así recibían al Espíritu Santo, ¡Simón también quiso conseguir ese poder! El estaba acostumbrado a moverse en un mundo de poderes que se manejaban de formas humanas. Por esto, les ofreció dinero para comprar el poder que ellos tenían.

Pero por supuesto, el poder del Espíritu Santo no está a la venta. No hay nada que podamos dar para comprar el favor de Dios. Es algo que sólo se recibe por fe. Pero cuando tenemos una fe pirata o falsificada, esa fe se esfuerza por lo egoísta. Simón deseaba mantener su posición en la sociedad y aumentar su riqueza personal, en lugar de someterse humildemente a Jesucristo.

Pedro diagnosticó correctamente el estado de su corazón. Estaba todavía inclinado hacia la amargura y la esclavitud del pecado. No había sido liberado en realidad. Con su reacción, Simón demostró que no había llegado a conocer de verdad a Jesús. En lugar de expresar su arrepentimiento, simplemente le pidió a Pedro que orara por él. Le preocupaba más librarse del castigo que pedir perdón por deshonrar el nombre de Dios.

Lo que voy a decir ahora lo quiero decir con mucho cuidado, porque no quiero que nadie me malentienda. Una de las raíces de la fe pirata o fraudulenta nace de enfocarse en las cosas que recibimos por medio de la fe, en lugar de enfocarnos en la Persona de Jesucristo. Puede ser que tú hayas llegado a buscar a Cristo para que te ayudara con un problema, y eso no está mal. Cuando Jesús andaba en la tierra, muchas personas lo buscaron pidiendo ayuda, y El jamás se negó a ayudar a nadie.

Pero lo que puede suceder es que, después de recibir la ayuda de Jesús, sigas pensando en El sólo como si fuera alguien que estuviera allí para ayudarte cuando tú lo quisieras. Esta actitud se resumen perfectamente en la antigua calcomanía que dice: "Dios es mi copiloto". En otras palabras, yo tengo el volante en mis manos; pero si algo va mal, allí está Dios a la orden.

¡Jesús es más que un copiloto! Jesús es el Señor. El es el Rey legítimo sobre toda la tierra. El merece que tú te sometas por completo a El, que vivas completamente para El. El te llama a bajarte del trono de tu corazón y dejar que El tome su lugar en él. Job expresó esta clase de fe en el Señor cuando dijo: "Aunque él me matare, en él esperaré" (Job 13:15).

Si vienes a Cristo buscando ayuda, está bien. Muchos lo han hecho. Pero cuando hayas visto su poder, tienes que tomar el paso siguiente y entregarle a El tu vida. Esto es lo que no sucedió en la vida de Simón. El creyó en Cristo, a su manera; pero sólo como una forma de alcanzar lo que él, Simón, quería. No se humilló ante Jesucristo, deseando más que cualquier otra cosa su gloria. Terminó con una fe falsificada.

¿Por qué es tan importante este punto? Simplemente porque Jesucristo es tan glorioso. ¿Qué otro Rey existe que se haya entregado hasta la muerte para rescatar a sus súbditos? ¿Qué otro Señor ha vencido a la muerte? ¿Qué otro Jefe te dice que vengas a él, si estás cansado y trabajado, y él te dará descanso?

Lo más triste de la fe falsificada es que te separa de Jesucristo. Te quedas pensando que estás bien con El, pero sigues siendo cautivo del pecado. Sigues siendo prisionero de tu propio mundo, en lugar de levantar la mirada hacia Jesucristo, el único que atravesó el cielo y la tierra para ofrecerte su vida.

Mira a Jesús. En la cruz El venció al enemigo y compró tu perdón. En la cruz El rompió el velo que te mantenía alejado de la presencia de Dios. En la cruz El cargó todo el peso de tu culpabilidad y pagó el precio por ti. Ven a El. No te conformes con una fe falsificada. Entrégate de lleno a Jesucristo. Dile que no te importa lo que El te dé o no te dé, no te importa lo que pueda pasar, que crees en El porque El es la Verdad.


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