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Domingo 14 de Octubre de 2012

El Espíritu llega tarde
Pastor Tony Hancock

¿Alguna vez has visitado una represa? Cuando era pequeño, mis padres me llevaron a visitar la represa Hoover, en la frontera entre los estados de Arizona y Nevada. Más de un millón de personas visitan esta represa cada año, y es impresionante bajar por los túneles y ver las poderosas turbinas que, impulsadas por el agua, generan enormes cantidades de electricidad.

Si observamos la represa por fuera, vemos grandes cantidades de agua que caen en una impresionante cascada por el borde de la represa. Alguien podría pensar que son esas cascadas las que generan la electricidad, pero se equivocaría. La cascada sólo sirve de adorno.

Las turbinas generadoras funcionan adentro de la represa, lejos de la vista, impulsadas por entradas de agua que no se ven desde la superficie. Todo el poder del agua que la represa emplea se utiliza en lo profundo, lejos de la mirada superficial del visitante.

Hoy hablaremos de la fuente de poder del creyente y de la Iglesia. Al igual que las aguas de la represa, El muchas veces trabaja de formas que no son obvias. No se detecta con una mirada superficial. Sin embargo, su poder es inigualable. El quiere obrar en tu vida también, pero si lo esperas sólo de formas espectaculares, o aun peor, si lo quieres controlar, terminarás decepcionado.

El poder al que me refiero, por supuesto, es el poder del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es Dios; juntamente con el Padre y el Hijo, El es Dios, y su poder es el poder de Dios. Una de las bendiciones que tenemos bajo el Nuevo Pacto que Jesús inauguró con su muerte y resurrección es la bendición de tener al Espíritu Santo viviendo dentro de nosotros.

El pasaje de hoy es uno de los pasajes de la Escritura que requieren de un estudio profundo para comprenderlos bien. Por lo tanto, te pido que te prepares para pensar mientras juntos abrimos la Biblia en Hechos 8:9-25:

8:9 Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande.
8:10 A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios.
8:11 Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo.
8:12 Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.
8:13 También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.
8:14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan;
8:15 los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo;
8:16 porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús.
8:17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.
8:18 Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,
8:19 diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo.
8:20 Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.
8:21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.
8:22 Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón;
8:23 porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.
8:24 Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí.
8:25 Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio.

La semana pasada vimos cómo, después de la muerte de Esteban, la Iglesia fue dispersada por la persecución. Los creyentes dispersados iban compartiendo el mensaje de salvación en los lugares a los que llegaban. Uno de ellos fue Felipe. El había servido en la Iglesia de Jerusalén en el ministerio a las viudas, pero ahora Dios lo usó como evangelista.

El llegó a una ciudad de Samaria - la Biblia no nos dice cuál - donde había un tal Simón, un hombre conocido por todos. En muchos pueblos hay una niña milagrosa o un brujo que todo el mundo conoce, y a quien muchas personas acuden cuando tienen problemas. Estas personas son consideradas muy poderosas.

En este lugar, Simón era esa persona. Tenía a todos apantallados con sus artes mágicas. Existen trucos e ilusiones que parecen mágicas, pero que tienen una explicación natural. Pero también sabemos que los espíritus malignos tienen poder. El mal corazón de Simón se ve en que él se hacía pasar por el Gran Poder de Dios, usurpando la honra que Dios se merece y confundiendo a la gente.

Sin embargo, cuando llegó Felipe predicando de Jesús, llegó a ese pueblo un poder más grande que la magia de Simón. ¡Muchos creyeron en Jesús! Simón mismo también reconoció que el poder que obraba en Felipe era mayor que el poder que él conocía. También creyó y se bautizó.

Los apóstoles que estaban en Jerusalén se enteraron de que había samaritanos que habían llegado a creer en Jesucristo. Para comprender bien esta historia, tenemos que saber quiénes eran los samaritanos. Ellos vivían en la provincia de Samaria, entre Judea y Galilea. Eran descendientes de los extranjeros que habían sido traídos por los asirios, más de setecientos años antes, y quienes se habían casado con los israelitas que habían quedado en la tierra después de la invasión asiria.

Su religión era una mezcla; ellos aceptaban los cinco libros de Moisés, pero no aceptaban el resto del Antiguo Testamento. También habían construido su propio templo sobre el Monte Gerizim. No se llevaban bien con los judíos. Cuando Felipe llegó a predicarles el evangelio, entonces, la predicación cruzó fronteras. Antes, todos los creyentes habían sido judíos. Ahora, algunos samaritanos también creyeron el mensaje.

Pero cuando Felipe les predicó, algo raro sucedió. Ellos reconocieron a Jesús como su Salvador, y se bautizaron, ¡pero no recibieron al Espíritu Santo! Dios no les dio al Espíritu Santo hasta que Pedro y Juan, dos de los apóstoles, llegaron para orar sobre ellos e imponerles las manos. Podríamos decir que el Espíritu Santo llegó tarde, porque no llegó hasta que Pedro y Juan habían llegado.

Tenemos que preguntarnos: ¿fue esto algo normal? ¿Siempre llega el Espíritu Santo de esta manera retrasada? Hay dos grupos que toman esta historia como norma para la experiencia de todo creyente. Al mencionarlos, no es mi intención despreciar o atacar a nadie. Cada persona y cada Iglesia tiene el derecho de creer lo que su conciencia le dicte.

Pero cuando llegamos a la Biblia, tenemos que estudiarla con cuidado y tener razones para explicar por qué creemos lo que creemos. A veces es necesario decir por qué no creemos cierta cosa, para comprender mejor lo que sí creemos. Dicho esto, entonces, hay dos grupos que toman esta historia como norma para la experiencia de todos.

Un grupo es la iglesia católica. La iglesia católica enseña que el bebé no recibe al Espíritu Santo cuando es bautizado, sino que esto sucede en el momento de confirmación, cuando el obispo le impone las manos. Argumentan en base a este pasaje que esto es lo que les sucedió a los creyentes samaritanos: creyeron y fueron bautizados, pero el Espíritu llegó sólo cuando los apóstoles les impusieron las manos.

El otro grupo que toma este pasaje como norma son algunos carismáticos, o pentecostales. Enseñan que es necesario esperar después de aceptar a Cristo y ser bautizado para recibir al Espíritu Santo. En otras palabras, para ellos, un creyente no recibe de inmediato al Espíritu; tiene que esperar, a veces años, hasta que el Espíritu llegue. Esto tiene el resultado de que a veces hay personas que han sido salvas por años, pero no sirven al Señor porque piensan que no tienen al Espíritu Santo.

¿Será que este ejemplo es la norma para todos? Si leemos bien la historia y el resto de la Biblia, nos daremos cuenta que este es un caso especial, un caso aparte. Para empezar, Lucas nos da algunas pistas en el pasaje para indicar que esto era algo inusual. Nos comenta en el versículo 16 que solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. La palabra "solamente" indica que algo extraño había sucedido.

Otra cosa que vemos es que, en otras ocasiones en las que las personas se convierten sin que los apóstoles estén presentes, los apóstoles no fueron para imponerles las manos. Un ejemplo basta: en el mismo capítulo 8, cuando Lucas nos relata la historia del eunuco etíope, los apóstoles no fueron para imponerle las manos. El simplemente se fue gozoso a casa, después de ser bautizado por Felipe.

Además de esto, tenemos la predicación clara de Pedro en el día de Pentecostés; él había dicho claramente que todo el que se arrepiente y se bautiza en señal de fe recibe al Espíritu Santo. Estas son las únicas condiciones que pone. También dice Pablo en Romanos 8:9: "Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo".

El contexto del versículo indica que el Espíritu de Cristo es el Espíritu Santo, y el apóstol nos enseña que es imposible ser de Cristo, ser creyente en El, y no tener al Espíritu Santo. Todo esto nos lleva a entender, entonces, que la experiencia de los creyentes samaritanos fue inusual. En su soberanía, el Señor retuvo al Espíritu hasta que llegaran Pedro y Juan.

Esto significa que la Biblia no apoya la idea de que hay un lapso entre creer en Jesucristo y recibir al Espíritu Santo. Más bien, todo el que cree es sellado por el Espíritu y bautizado en el Espíritu. Ahora bien, si esto es así, ¿por qué llegó el Espíritu de manera retrasada a los samaritanos?

Recordemos que había una división religiosa entre los judíos y los samaritanos. Si los samaritanos hubieran recibido al Espíritu Santo inmediatamente, sin que Pedro y Juan estuvieran presentes, existía la buena probabilidad de que se estableciera una iglesia samaritana, independiente de la Iglesia judía, con doctrinas raras y sin comunión cristiana.

Al esperar hasta que llegaran Pedro y Juan, Dios les mostró a los samaritanos que ellos formaban parte de la Iglesia judía, bajo la autoridad de los apóstoles. Así evitó que se extraviaran. También les mostró a Pedro y Juan que los samaritanos también eran parte de la nueva Iglesia. Después de ver a los samaritanos recibir al Espíritu Santo cuando ellos oraron, no podrían negar que Dios también estaba aceptando a los samaritanos como parte de su Iglesia. Sería realmente una revelación para ellos. A Dios le importa la unión de su Iglesia.

Hemos pasado bastante tiempo hablando acerca de un detalle de interpretación, pero creo que es muy importante. Tenemos que comprender que todos hemos recibido al Espíritu Santo, si hemos recibido a Cristo. Tú, que has creído en Jesucristo y lo has aceptado como tu Señor y Salvador, tienes al Espíritu Santo de Dios morando en tu ser.

¿Por qué, entonces, no experimentamos plenamente su poder? En mi casa, tengo una manguera que uso para lavar el carro. Con frecuencia, prendo la llave, pero no sale agua de la manguera. ¿Por qué no? Porque la manguera esta doblada. Para que salga el agua, tengo que encontrar dónde está doblada la manguera y estirarla para que salga el agua.

Lo mismo sucede con el poder del Espíritu Santo. Si tú conoces a Cristo, el Espíritu Santo vive en ti. La llave está prendida. Sin embargo, puedes tener costumbres, actitudes, pecados que sirven para detener su obra en ti. Para que el poder del Espíritu fluya en ti, es necesario encontrar dónde está doblada la manguera para estirarla, mediante el arrepentimiento.

Hermanos, nunca podremos completar la tarea que Dios nos ha dado si no permitimos que el Espíritu Santo obre poderosamente a través de nosotros. Es necesario estirar bien la manguera. Examina tu propio corazón en esta mañana. Y si no has recibido a Cristo, ése es el primer paso. Hazlo hoy.


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