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Domingo 15 de Septiembre del 2002

La oración que obra milagros
Pastor Tony Hancock

Se cuenta la historia de una anciana muy devota al Señor. Tenía muy pocos bienes, pero se pasaba el tiempo alabando a Dios. Su único problema era el vecino de al lado. Este hombre siempre le hacía la vida difícil, tratando de mostrarle que el Dios que ella tanto alababa no existía.

Finalmente llegó la oportunidad que él hombre había buscado. Pasando por la ventana de la señora, oyó que estaba orando. Al acercarse, escuchó esto: "Señor, siempre me has dado lo que necesito, y ahora sabes que no tengo comida en la casa. Mi cheque no me llega hasta la próxima semana, así que, por favor, Señor, hazme llegar de alguna manera la comida para esta semana."

Oyendo esto, el hombre se fue corriendo al supermercado y compró leche, pan, carne, y algunas frutas. Regresó a la casa de la señora con los alimentos, y los dejó en la entrada. Después de tocar el timbre, se escondió detrás de un arbusto.

La señora contestó la puerta, y al ver la respuesta tan rápida a su oración, empezó a decir, "Gracias, Jesús. Gracias Dios." En eso, el hombre se salió de su escondite y le dijo, "Ya basta de eso. Ya le he dicho que Dios no existe. No fue Jesús quien le dio esos alimentos, sino yo".

"No, no" respondió la señora. "Jesús me consiguió estos alimentos, y el diablo los pagó".

Dios tiene muchas maneras de contestar la oración. Sin embargo, hay muchas oraciones que Dios no contesta. ¿Saben cuáles son? Son las que no se hacen. Tenemos un arma muy poderosa en la oración, pero no ganaremos la batalla si dejamos esa arma en el estuche.

Hoy veremos cuándo debemos de orar y quién debe de orar.

Lectura: Santiago 5:13-18

5:13 ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas.
5:14 ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.
5:15 Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.
5:16 Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.
5:17 Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses.
5:18 Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.

Para muchos de nosotros, la oración es algo que hacemos el domingo en la iglesia. Si somos muy religiosos, también oramos antes de comer. Pero vemos en este pasaje que las ocasiones para orar son mucho más variadas. De hecho,

I. La oración es poderosa en cualquier circunstancia

No hay necesidad de estar en algún lugar particular para orar. Dios no se encuentra limitado por el tiempo ni por el espacio, y él nos oye dondequiera que estemos. Somos nosotros los que ponemos las limitaciones, olvidando el gran privilegio que tenemos como hijos de Dios de hablar con él en cualquier momento.

Para el creyente, la oración debe ser tan natural como la respiración. Nos sentimos ahogados si dejamos de respirar, y nuestra alma se ahoga si no se comunica con su Dios.

¿Sabías que puedes compartir cada aspecto de tu vida con Dios? Piénsalo: hay pocas personas con quienes podamos compartirlo todo. Cuando saludamos a alguien y nos pregunta "¿Cómo estás?" la mayoría de las veces respondemos automáticamente, "Bien". No podemos compartirles nuestros dolores.

Pero con Dios es distinto. Con él puedes ser totalmente honesto. Cualquiera que sea tu preocupación, comparte tus aflicciones con Dios en oración. Lo dice el versículo 13.

¿Qué debemos de orar cuando estamos afligidos? Quizás no es lo que pensaríamos. Nuestra primera reacción es orar por la liberación. El libro de Salmos nos da muchos ejemplos de esto, como los Salmos 38 y 43. Pero aun en estos salmos, se termina siempre con la confianza en el Señor. Si confiamos en el Señor, entonces estamos dispuestos a aceptar su voluntad para nosotros.

Hay que tomar en cuenta el ejemplo de nuestro Señor, que en la hora de su muerte se humilló a la voluntad de su Padre. A veces es la voluntad de Dios que suframos, pero siempre podemos pedirle fuerzas y liberación - a su tiempo.

Si tú estás afligido, empieza a orar. Si ya estás orando, sigue orando - pero asegúrate de no estar simplemente pidiéndole a Dios vez tras vez que te libre del problema. Más bien, pídele fuerzas para superar la situación, busca su voluntad en el asunto, y deja que él también te hable.

Quizás no te encuentras afligido. ¿Cuántos de nosotros nos olvidamos de Dios, hasta que nos encontramos en problemas? Dios también te invita a compartir tu felicidad con él en alabanza.

Un hombre que se había alejado del Señor salió a pescar en el mar con unos compañeros. De repente, el viento empezó a soplar, la lluvia empezó a caer, y se formó una tempestad feroz. Los compañeros del hombre, sabiendo que él había asistido a la iglesia, le imploraban que orara para que fueran rescatados.

El hombre insistía que hacía varios años que ya no oraba, y que no sabía qué decirle a Dios. Además, se sentía mal al tratar de orar cuando había fallado a Dios de tantas maneras.

En eso, una ráfaga de viento casi volcó el barco, y el hombre se convenció. Empezó a orar así: "Dios mío, hace 15 años que no te pido nada, y si tú nos ayudas a llegar a la tierra a salvo, no te volveré a molestar por otros 15 años".

Quizás nos reímos al oír acerca de este hombre, pero me pregunto: ¿cuántos de nosotros pensamos como él? ¿Cuántas veces creemos que orar es molestar a Dios, que sería mejor no fastidiarlo?

Nos portamos como si fuera para Dios una molestia oír nuestras oraciones. Pensamos, "Bueno, no voy a molestarle, a menos que sea una emergencia". Pero, ¿cuál padre sólo quiere que sus hijos le hablen en las emergencias? ¡Dios quiere que compartamos toda nuestra vida con él!

Así que, cuando te sientas feliz, ¡alaba a Dios! Cuando recibas una bendición, ¡dale gracias! Comparte tu felicidad en alabanza.

Y finalmente, comparte tus enfermedades con otros en intercesión. El versículo 14 incluye unas instrucciones muy interesantes. Normalmente, al leer este verso, nos podemos enfocar en el ungimiento con aceite, porque su propósito es un poco controversial. Pero la unción no es el enfoque del versículo; el enfoque es la oración.

Esto nos lleva a otra incógnita: ¿qué significa la promesa del versículo 15? ¿Significa que todos serán sanados que pidan oración de los ancianos de la iglesia, y si no son sanados, entonces no tuvieron suficiente fe?

Podríamos pensar esto. Sin embargo, tenemos varios ejemplos en la Biblia de personas que oraron pidiendo sanidad, y no la recibieron. El apóstol Pablo oró tres veces para que se le quitará el aguijón en la carne, y Dios le dijo: Bástate mi gracia.

Tenemos que reconocer, más bien, que la fe es un don. Cuando cualquier miembro de la congregación esté enfermo de gravedad, deberá pedir la oración de los ancianos. En algunas de esas ocasiones, el Espíritu Santo dará fe especial a los ancianos para que pidan la sanidad, sabiendo que es la voluntad de Dios, y en esas ocasiones, Dios sanará.

En otras palabras, la fe que se menciona aquí no es algo que la persona pueda fabricar; es algo que Dios da en algunas ocasiones para su propia gloria. Cuando oramos por alguien, llegarán algunos momentos en los que Dios dará una confianza especial para orar por sanidad. En esos momentos, la oración se hará con fe especial dada por Dios, y la persona sanará.

Todo esto de los ancianos podría traer otra pregunta: ¿son sólo algunos los que pueden orar poderosamente? Aunque los líderes de la iglesia tienen una responsabilidad especial de orar, ellos no son los únicos que pueden orar con poder. Al contrario:

II. La oración es poderosa para cualquier creyente

Nosotros no tenemos que ser súper santos para orar con poder. Dios contesta las oraciones de personas normales. Vemos en nuestro pasaje el ejemplo de Elías. Era un gran profeta, el vocero de Dios ante un rey corrupto y una reina que hasta el día de hoy es famosa por su maldad - la reina Jezabel.

Pero Elías no era ningún superhéroe. Al contrario: fue víctima de la desilusión, tuvo deseos de morir, y falló de otras maneras. Elías era como nosotros.  Y sin embargo, cuando él oró, Dios cerró los cielos por más de tres años, y no llovió; oró nuevamente, y llegó la lluvia.

Nosotros no tenemos que ser personas especiales para que Dios conteste nuestras oraciones. ¿Qué necesitamos, entonces? La respuesta está en el verso 16: nos hace falta la justicia.

La oración poderosa y eficaz es la oración de la persona justa. ¿Qué significa ser justo? Significa estar bien con Dios. Por un lado, significa estar en una relación recta con Dios por medio de Jesucristo.

¿Conocen la palabra justificación? Esta palabra describe lo que sucede cuando ponemos nuestra fe en Cristo para recibir el perdón de nuestros pecados. La justificación significa ser hechos o declarados justos.  En otras palabras, dejamos de ser personas culpables y llegamos a ser justos ante Dios por medio de la fe en Jesucristo.

Para que nuestras oraciones sean poderosas, entonces, tenemos que estar en una relación con Cristo. Tenemos que ser seguidores suyos, unidos a él por la fe.

A la vez, el justo es la persona cuya vida se ajusta a la fe que profesa. Es la persona que se esfuerza por obedecer a Dios, porque cree que su Palabra es la verdad. Es la persona que declara con el salmista: "Señor, tú eres justo, y tus juicios son rectos. Justos son los estatutos que has ordenado, y muy dignos de confianza." (Salmo 119:137-138)

Cuando confiamos en Cristo, cuando él es nuestro Salvador y Señor, y cuando vivimos la vida en obediencia a sus mandamientos, nuestras oraciones son poderosas. Cada oración es una arma para derrotar al enemigo, y para liberar el poder de Dios en nuestra vida y nuestro mundo.

Se cuenta de tres pastores que caminaban por la calle, debatiendo acerca de la mejor postura para orar. El primero dijo que para él, la clave eran las manos. Siempre las unía y señalaba hacia arriba como un acto de adoración.

El segundo dijo que para él, la mejor oración se hacía de rodillas, humillándose ante el Señor. El tercero insistió que ambos estaban equivocados, que la mejor oración se hace postrado con la cara en el suelo.

Escuchando esta conversación estaba un reparador de líneas telefónicas. Interrumpió su conversación para decirles, "Lo siento, señores, pero ustedes están mal. La oración más poderosa que yo jamás hice fue cuando estaba suspendido por los pies de un poste telefónico, a quince metros de la tierra."

No sé si haya una postura correcta para orar. Lo que sí sé es que la oración, en cualquier postura, es poderosa. No dejes que la ocupación, la desidia, o la duda te roben la oportunidad de ejercer este don tan poderoso que Dios te ha dado. Recuerda que Dios obra poderosamente en respuesta a la oración de los suyos.


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