Firmes y Adelante

Enlaces El Sermón Dominical

Esta semana

Todos los Sermones

Contactar al autor

¡Suscríbete!

Domingo 9 de Septiembre de 2012

Ataque desde adentro
Pastor Tony Hancock

La muralla más grande del mundo es la Gran Muralla China. Este muralla mide casi 22.000 kilómetros de largo. ¡Veinte y dos mil kilómetros! Fue construido durante varios siglos y en varias etapas con el propósito principal de proteger al estado chino de los invasores.

Según la historia, la muralla china cumplió perfectamente su función. China jamás ha sido invadida por ejércitos que han trepado la muralla, o que la hayan tumbado. La muralla nunca ha fallado. Sin embargo, el país de China ha sido invadido varias veces desde de la construcción del muro. En lugar de trepar el muro, los ejércitos invasores simplemente sobornaron a alguno de los guardias para que les abriera uno de los portones.

Este pequeño detalle de la historia nos enseña una gran verdad. Muchas veces, el peor peligro no viene de afuera, sino de adentro. A pesar del enorme esfuerzo de construir la Gran Muralla, el pueblo chino se vio derrotado debido a la debilidad de uno de los suyos. Lo que es cierto de las naciones también se aplica a la Iglesia.

La última vez que estuvimos juntos hablamos acerca de la primera amenaza que se presentó a la Iglesia de Jerusalén. Este ataque del enemigo vino en forma de la persecución. Nosotros también debemos reconocer que la persecución vendrá, de formas pequeñas o grandes. Por medio de la oración y en el poder del Espíritu, tenemos las armas para salir victoriosos sobre la persecución, como lo hizo la Iglesia en Jerusalén.

Hoy veremos una segunda amenaza, un segundo ataque del enemigo. Este ataque fue mucho más serio, pues Satanás se valió de los mismos miembros de la Iglesia para lanzar este ataque. Abramos la Biblia en Hechos 4:32 y leamos hasta el verso 37 para poner la escena:

4:32 Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.
4:33 Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos.
4:34 Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido,
4:35 y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.
4:36 Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre,
4:37 como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.

La Iglesia se recuperó rápidamente de la persecución y las amenazas contra Juan y Pedro. El cuadro que nos pinta el escritor Lucas de la vida de la Iglesia se parece a lo que había sucedido después del día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo vino con poder sobre la Iglesia. En la Iglesia de Jerusalén, no había personas sin comida o sin ropa, pues cuando había necesidad, los que tenían más compartían con los que tenían menos.

¿Te has dado cuenta de lo que hacen los niños de 2 ó 3 años? Cuando juegan, están muy atentos a lo que les pertenece. Si a otro niño se le ocurre querer usar el juguete de otro niño, el dueño del juguete pronto lo agarra y grita: ¡MÍO! Por naturaleza, somos egoístas, y los padres les tienen que enseñar a sus hijos a compartir.

En la Iglesia de Jerusalén, nadie gritaba ¡MÍO! Cuando veían una necesidad, en lugar de pensar: "A ver cómo se las arreglan", veían la forma de ayudar. Los que tenían casas o propiedades de más solían venderlas y entregarles a los apóstoles las ganancias. El tiempo del verbo en griego nos indica que esto solía suceder esporádicamente.

En otras palabras, no debemos pensar que todos vendieron todas sus propiedades y se quedaron sin nada, dándoles a los apóstoles todo su dinero. Más bien, de vez en cuando, si había necesidad, alguien vendía una propiedad y donaba el dinero para llenar las necesidades de los pobres de la Iglesia. Cuando conocemos plenamente a Cristo, ese mismo espíritu de generosidad se ve en nosotros también.

Una de las personas que vendió una propiedad y les llevó el dinero a los apóstoles se llamaba José, mejor conocido como Bernabé. Su apodo, Bernabé, significa "hijo de consolación". En otras palabras, Bernabé era un alentador. Cuando alguien estaba desanimado o desalentado, él buscaba la forma de animarlos. Nos volveremos a encontrar con Bernabé más adelante en este libro.

La Iglesia estaba creciendo. Los apóstoles daban su testimonio de lo que habían vivido con Jesús, en particular su resurrección y la nueva vida que El trae. Había unión y hermandad. A esta escena tan bella llegó un intruso, un enemigo que siempre trata de infiltrar las iglesias. Se aprovechó de una pareja para tratar de destruir lo que Dios estaba haciendo. Leamos de ellos en el capítulo 5, versos 1 al 11:

5:1 Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad,
5:2 y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. 
5:3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?
5:4 Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
5:5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.
5:6 Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.
5:7 Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido.
5:8 Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto.
5:9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti.
5:10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.
5:11 Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.

Ananías y Safira vieron lo que Bernabé y otros habían hecho, y también vieron cómo la Iglesia los aprobaba. Ellos querían recibir la aprobación y la adulación de los demás, pero sin pagar el precio. Por esto, decidieron vender también una propiedad, pero sólo entregar parte de lo que sacaron y quedarse con lo demás.

¿Cuál fue el pecado de Ananías y Safira? Es muy importante entenderlo bien. Tenemos que entender bien cuál fue su error, para poderlo evitar. El error que ellos cometieron no fue quedarse con parte del dinero. El apóstol Pedro lo dice muy claramente. " ¿Acaso no era tuyo antes de venderlo?" Pedro reconoce que, aun en la Iglesia, la propiedad privada sigue estando a la disposición de su dueño, y nadie se lo puede quitar a la fuerza.

Luego agrega: "Una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder?" Ananías y Safira podrían haber vendido el terreno y llevado sólo una parte del dinero a los apóstoles, si hubieran sido honestos al respecto. Cuando ellos le dijeron a la congregación que estaban entregando todo el dinero de la venta, con sus palabras le dedicaban a Dios todo lo recaudado. Al quedarse con una parte, entonces, le estaban robando a Dios.

El Espíritu Santo estaba presente en la Iglesia, y los apóstoles recibían la ofrenda a nombre de Dios. Por lo tanto, la mentira de Ananías y Safira no fue sólo una mentira a sus hermanos de la Iglesia, aunque eso sería bastante grave. Fue una mentira a Dios, como si alguien lo pudiera engañar.

Notamos de paso que, según las palabras del apóstol Pedro, el Espíritu Santo es Dios. Algunas personas hoy en día lo niegan; enseñan que el Espíritu Santo es sólo una fuerza, como la electricidad. Pero el verso 3 habla de mentirle al Espíritu Santo, y el verso 4 de mentirle a Dios, haciéndonos ver que el Espíritu Santo es Dios. Donde está el Espíritu Santo, allí está Dios.

El Señor mostró que la acción de Ananías no le agradó. El cayó muerto en ese mismo instante. Dios no toleró la mentira, la hipocresía y el engaño que amenazaban con convertir a la pequeña Iglesia en un lugar donde el Espíritu Santo ya no podría trabajar.

Tres horas después, llegó la esposa de Ananías. Pedro le dio a Safira la oportunidad de decir la verdad, pero ella insistió en mentir. Le tocó entonces el mismo destino que a su esposo, y los dos quedaron enterrados en la misma tumba. Todos los que se enterraron de lo sucedido sintieron un gran temor, un temor sano de respetar la santidad de Dios.

En su misericordia, Dios no trata a todos como trató a Ananías y Safira. Cuando yo era niño, robé una esfera de un árbol de navidad en la plataforma de una Iglesia. No sé cómo se me ocurrió robar de un santuario, pero la verdad es que el pecado está presente en todos nosotros. ¡Gracias a Dios, no caí muerto en ese momento!

Pero lo que tenemos que comprender es que, si Dios nos muestra mucha misericordia, no es porque las formas en que nosotros lo deshonramos le importan a El menos de lo que hicieron Ananías y Safira. Más bien, el Espíritu Santo inspiró a Lucas para que registrara esta historia precisamente para que nosotros comprendiéramos lo serio que es vivir en la presencia de Dios.

Si nosotros se lo permitimos, Satanás nos usará como sus instrumentos para estorbar lo que Dios puede hacer entre nosotros. Pedro le dijo claramente a Ananías que esto es lo que él había hecho: "¿Cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón?" ¿Crees que Satanás tomó el control del corazón de Ananías y Safira sin que ellos se lo permitieran? ¡Claro que no! Ellos tomaron una decisión consciente de escuchar la voz del enemigo y obedecerle.

Cualquiera de nosotros es capaz de caer en la misma trampa. Nunca podemos decir que ya somos incapaces de caer ante la tentación. Es tan importante estar siempre alerta. Si le damos cabida al diablo, podemos estorbar la obra poderosa del Espíritu Santo en esta Iglesia.

Dios no está buscando a los perfectos, porque no existen. Pero sí está buscando a los sinceros, a los que reconocen sus errores y los confiesan. El rey David fue un hombre conforme al corazón de Dios, pero no vivió libre de pecado. ¡Al contrario! Su error fue muy grande.

Sin embargo, al ser confrontado con su pecado, se arrepintió y lo confesó. Ninguno de nosotros es libre de pecado. Si tú has pecado, ¡bienvenido! ¡La Iglesia es para pecadores arrepentidos! Pero lo que es tan peligroso, lo que amenaza con destruir por completo tu vida y la salud de la Iglesia, es el engaño. La persona que empieza engañando a los demás termina engañándose a sí misma.

El mensaje de esta historia tan trágica es un mensaje muy sencillo. ¡No ocultes tu pecado! ¡Confiésalo! ¡No trates de engañar a los demás, porque terminarás engañándote a ti mismo! Es cosa seria estar en la presencia del Dios santo, y tenemos que tomarlo en serio. El poder del Espíritu Santo es tan grande que no lo podemos tomar a la ligera. Hermanos, seamos sinceros los unos con los otros. Confesemos nuestras faltas, y no le demos cabida al enemigo. Así evitaremos ser usados por Satanás para lanzar un ataque desde adentro.


Visita la página web renovada del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net. Las novedades incluyen la célula familiar, una guía sencilla para reunirse en familia cada semana. También habrá nuevas respuestas a las preguntas al pastor. Si no has visitado www.pastortony.net últimamente, ¡visítalo ya!

Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

Ver todos los mensajes publicados


¡Suscríbete a la lista Sermones y recibe todos los Domingos estos sermones en tu casilla de correo! Clickea AQUI para llenar el formulario de suscripción.


El Sermón Dominical

Foros Ekklesia Viva - www.foroekklesia.com
Portal Iglesia Triunfante - www.iglesiatriunfante.com
¡Ayúdanos a dar a conocer esta web! | Declaración de Fe