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Domingo 19 de Agosto de 2012

La iglesia ideal
Pastor Tony Hancock

Vamos a empezar con un pequeño ejercicio. Quiero que cierres los ojos y eches a volar tu imaginación por un momento. Imagina que estás visitando la iglesia ideal. ¿Cómo sería? Vas entrando por la puerta principal. ¿Qué ves? ¿Qué te imaginas?

En tu mente, sigue entrando más y más a esta iglesia. ¿Qué está sucediendo? ¿Qué te imaginas?... Ya puedes abrir los ojos. Cuando te imaginaste la iglesia ideal, ¿pensaste en un edificio? ¿Tuviste la imagen mental de un templo impresionante, bello, bien amoblado y decorado?

No es malo que una iglesia tenga un edificio, y que sea bello y atractivo. Sin embargo, hay otras cosas mucho más importantes para la salud de una iglesia. Hoy llegamos a la descripción de la iglesia primitiva, la iglesia en sus comienzos después del día de Pentecostés. Dios nos describe en su Palabra varias cualidades de esta iglesia, y ¡ninguna tiene que ver con su edificio! Es más, ¡esta iglesia no tenía edificio propio!

Vamos a leer la descripción que nos da Lucas de esta iglesia, y considerar lo que significaría para nuestra iglesia ser como aquella iglesia. Abramos la Biblia en Hechos 2:42-47, donde vamos a encontrar cuatro características de una iglesia sana:

2:42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
2:43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
2:44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;
2:45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.
2:46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,
2:47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

Al estudiar este pasaje, me acordé del lema de nuestra iglesia: "una iglesia que alaba, ama y alcanza". Es interesante que la iglesia en sus comienzos, antes de que se contaminara con tradiciones e ideas humanas, reflejaba estas tres cosas - y una más. Se trata de la primera cosa que encontramos en el pasaje. La iglesia que vemos retratada aquí es una iglesia que aprende.

La primera cosa que menciona el verso 42, que sirve como rubro para el pasaje, es que se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles. La iglesia que Dios fundó en Jerusalén en aquel día de Pentecostés era una iglesia donde la Palabra ocupaba el lugar de preeminencia. Los miembros de esta iglesia sabían que solamente podrían estar firmes en la enseñanza de los que habían aprendido de Jesús.

Nosotros hoy tenemos acceso a las enseñanzas de los apóstoles en las páginas del Nuevo Testamento. Una iglesia sana es una iglesia donde hay un deseo de conocer más de lo que Dios nos ha dicho en su Palabra, donde la enseñanza es algo valioso y apreciado. Es una iglesia donde llegamos con ansias de ver lo que vamos a aprender acerca de Dios.

Por supuesto, hay algunas personas que nunca aprenden. Se cuenta de dos tipos que estaban sentados en un bar, mirando el noticiero de las once. De repente salió un reportaje sobre un hombre que se había parado en una ventana del veinteavo piso de un edificio, y amenazaba con lanzarse al vacío. Uno de los tipos le dijo al otro: "Te apuesto diez dólares que no saltará". El otro aceptó la apuesta.

Unos minutos después, el reportero anunció que el hombre había saltado de la ventana. El segundo tipo empezó a sacar los diez dólares para dárselos al otro, pero éste le dijo: "No puedo aceptar el dinero. Ya había visto este reportaje en el noticiero de las diez". El otro le respondió: "Yo también vi ese reportaje, pero ¡no creía que ese hombre volvería a saltar!"

Ya ves que algunas personas nunca aprenden, ¿verdad? Pero nosotros no somos como ellos. Una iglesia sana es una iglesia que aprende. Dios tiene cosas buenas para enseñarte en su Palabra. ¿Vienes preparado para aprenderlas? ¿Te estás fundamentando en las enseñanzas de la Palabra de Dios? Una iglesia sana es una iglesia que aprende, una iglesia bien instruida en la Biblia.

La segunda cosa que descubrimos acerca de esta iglesia es que es una iglesia que ama. En el verso 42 leemos que los hermanos se mantenían firmes en la comunión. Esta palabra se refiere al compañerismo, a la vida compartida de las personas unidas por el vínculo profundo de la fe.

Más adelante descubrimos que este compañerismo no era sólo un sentimiento. No se trataba simplemente de pasarla bien juntos, de compartir ratos de alegría. Eso es parte del compañerismo, pero los versos 44 y 45 nos dicen que la comunión de los creyentes iba más allá de lo social. Leamos estos versículos de nuevo.

Es muy importante comprender lo que dicen estos versos, y lo que no dicen. Algunas personas, en base a estos versículos, han llegado a creer que los primeros cristianos eran comunistas. Piensan que, cuando una persona se entregaba a Cristo, la primera cosa que se le exigía era que se deshiciera de todas sus pertenencias y les entregara el dinero a los apóstoles.

Pero si leemos la Biblia con cuidado, descubrimos que no es así. Para empezar, el verso 46 nos dice que compartían la comida de casa en casa. Esto indica que los creyentes todavía tenían casas propias, y no estaban viviendo todos juntos en alguna clase de comuna o cooperativa.

Más adelante en el libro de Hechos, en la historia de Ananías y Safira, el apóstol Pedro claramente les dice que el dinero que habían recibido de la venta de su propiedad era de ellos. Ellos pecaron, pero no fue por quedarse con parte del dinero de la venta; fue al mentir acerca de la cantidad que habían recibido por venderla.

Lo que pasa, entonces, es que los creyentes consideraban que sus posesiones estaban al servicio de todos. No dejaban de ser dueños de sus casas, muebles, ropa, etc., pero cuando había una necesidad en la comunidad, alguien que tenía una propiedad que podría vender lo hacía. No vendían todas sus propiedades y posesiones, y esto no es lo que la Biblia dice. Vendían algunas de sus posesiones para poder dar, con el fin de ayudar a los necesitados dentro de la comunidad.

Si bien los creyentes no eran comunistas, y no debemos pensar que el comunismo es el patrón bíblico, el ejemplo de la iglesia de Hechos nos deja un fuerte reto. ¿Estarías dispuesto a vender algo que tienes para ayudar a un hermano de la iglesia? ¿Estarías dispuesto a dar dinero que podrías ocupar para otra cosa con el fin de apoyar a la comunidad de creyentes?

Dios no te está llamando a vender todo lo que tienes y quedarte en la miseria, pero sí te está llamando a entender que todo lo que tienes es de El. Te está llamando a estar dispuesto a vender algo que tienes o dar de tu dinero si surge alguna necesidad especial en la vida de un hermano.

La iglesia que vemos aquí, entonces, es una iglesia que aprende, que ama y en tercer lugar, una iglesia que alaba. El verso 42 nos dice que los hermanos se mantenían fieles en el partimiento del pan y en la oración. El partimiento del pan que se menciona aquí es una referencia a la Santa Cena. También nos dice el verso 46 que no dejaban de reunirse en el templo - es decir, el templo judío de Jerusalén - ni un solo día. El verso 47 nos dice que sus reuniones se caracterizaban por la alabanza.

Estos hermanos no dejaban de reunirse, y lo hacían para alabar a Dios por sus maravillas. La Palabra nos dice que ellos se reunían todos los días. Hay iglesias que todavía lo hacen, aunque nosotros no tenemos esa costumbre. Pero si ellos alegremente se reunían todos los días en el templo para alabar a Dios, me tengo que preguntar por qué hoy parece pesarles a algunos dedicarle dos o tres horas a Dios cada semana. Cuando El nos da 168 horas de vida, ¿qué significa si no le queremos entregar, con gozo y con alegría, dos o tres de ellas para adorarle de corazón? Para cualquier iglesia sana, la alabanza será una prioridad.

Hemos visto hasta aquí a una iglesia que aprende, ama y alaba. La última cosa que descubrimos en este pasaje es que una iglesia sana es una iglesia que alcanza. El verso 47 nos dice que Dios añadía diariamente al grupo de creyentes los que iban siendo salvos. Una iglesia sana es una iglesia que crece.

Para la iglesia de Hechos, el evangelismo no era un programa. No estoy en contra de los programas de evangelismo, pero el evangelismo nunca debe convertirse simplemente en un programa más. Debe ser parte íntegra de nuestra vida como creyentes y como iglesia. Debemos estar buscando siempre a la persona que Dios nos está llamando a alcanzar.

Una iglesia sana es una iglesia que arde. ¿Qué sucede cuando un tronco arde en medio del bosque? ¡Enciende la madera que lo rodea! Cuando la vida de Dios fluye en nosotros, encendemos a otras vidas también. Otros desearán tener lo que nosotros tenemos en Cristo.

¿Por qué muchas veces no sucede esto? ¿Por qué hay tantas iglesias estancadas? Jesús no ha dejado de obrar; la verdad es que el evangelio está creciendo a pasos agigantados alrededor del mundo. El Señor no ha dejado de añadir a los que se están salvando. Pero me parece que muchas veces no cooperamos con El porque nuestra mirada está puesta en las cosas de este mundo, no las eternas.

¿Te das cuenta cuánto necesitan a Cristo tus familiares, tus amigos, tus compañeros de trabajo? ¿Estás orando por ellos? ¿Estás buscando la oportunidad de compartir con ellos? ¿Los ves como Dios los ve - amados por El y necesitados de Jesucristo? Dios nos llama a ser una iglesia que constantemente alcanza.

Mi oración es que nuestra iglesia, como la iglesia de Hechos, pueda ser una iglesia que aprende, alaba, ama y alcanza. ¿Estás dispuesto a trabajar conmigo para que esto suceda? Cierra los ojos nuevamente, y trata de imaginar cómo podría ser nuestra iglesia. ¿Cómo sería nuestra iglesia si anheláramos aprender, si diéramos prioridad a la alabanza, si amáramos con sacrificio, si alcanzáramos a otros para Cristo constantemente?... Deja que ese sueño se convierta en tu oración por la iglesia.


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