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Domingo 12 de Agosto de 2012

Ponte a profetizar
Pastor Tony Hancock

Carlos Spurgeon fue pastor de la iglesia bautista más grande del siglo XIX, en Londres, Inglaterra. Cierta noche, durante una reunión de oración, él interrumpió su sermón, señaló con el dedo hacia cierto rincón del santuario y exclamó: "Joven, ¡los guantes que traes puestos no son tuyos! ¡Se los robaste a tu patrón!"

Al final del culto, un joven se acercó a la oficina pastoral y pidió hablar con Spurgeon. Pálido y tembloroso, el joven confesó haberse robado los guantes que llevaba puestos y prometió jamás volver a robar. Le suplicó a Spurgeon no delatarlo ante su patrón.

En esta ocasión, Dios le dio a Spurgeon una palabra profética para este joven. Lo usó para hablar directamente a su vida. ¿Qué es la profecía? La profecía es proclamar un mensaje recibido de Dios. No siempre tiene que ver con predecir el futuro. En el caso de Spurgeon, se trataba de información que él no tenía forma de conocer. El punto es que la información vino de Dios.

Hace poco, una hermana de nuestra iglesia se encontraba en la cárcel. Varios de ustedes conocen su situación. Una hermana de otra iglesia me llamó y me dijo que Dios le había hablado durante su lectura bíblica. Me dijo que debíamos ungirla con aceite, y el Señor iba a interceder por ella.

Como no teníamos acceso directo a la hermana, decidimos ungir a sus hijos en su lugar. Los ungimos y oramos sobre ellos, y al día siguiente, la hermana salió de la cárcel. Dios no ha dejado de dar palabras proféticas a sus hijos. Aunque hay muchos farsantes y muchos que dicen recibir mensajes cuando realmente no los han recibido, también hay muchas profecías reales.

La Biblia nos habla de un don de profecía. Nos enseña que hay personas que reciben de Dios una capacidad especial para dar sus mensajes a otras personas. Aunque existe un don especial de la profecía, la Biblia también nos dice que todos somos llamados a profetizar. ¡Dios quiere que profetices!

Abramos la Biblia en Hechos 2:14 para ver cómo es esto, y leamos hasta el verso 21:

2:14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.
2:15 Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.
2:16 Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:
2:17 Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños;
2:18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
2:19 Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo;
2:20 El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto;
2:21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

La semana pasada vimos cómo el Espíritu Santo vino sobre los apóstoles y los demás creyentes en el día de Pentecostés. Esto marca el comienzo de una nueva etapa en el plan de Dios. Aunque el Espíritu Santo ha estado presente en el mundo desde su creación, el día de Pentecostés marca el comienzo de una obra diferente y mayor.

La llegada del Espíritu fue marcada por el sonido poderoso del viento, las lenguas de fuego que posaban sobre cada uno y el hablar en diferentes idiomas. Al escuchar y ver estos fenómenos tan extraños, una multitud se reunió. Algunos se preguntaban qué estaría pasando; otros se burlaban y decían que seguramente los creyentes estaban borrachos.

El apóstol Pedro tomó la palabra y empezó a explicarles lo que estaba sucediendo. En Hechos 2 encontramos el primer sermón de la Iglesia. La podemos leer en unos dos minutos, pero no debemos pensar que sólo duró dos minutos. ¡Por favor, no se quejen de que mis mensajes son muy largos, y que Pedro sólo tuvo que predicar dos minutos para que tres mil personas se convirtieran! Lo que tenemos aquí es un resumen del mensaje de Pedro.

El mensaje de Pedro en aquel día de Pentecostés es también el mensaje que Dios nos ha dado para proclamar. ¿Recuerdas lo que significa profetizar? Profetizar es darle a alguien un mensaje de parte de Dios. Como iglesia de Jesucristo, hemos recibido un mensaje de parte de Dios que sólo nosotros podemos proclamar.

Los versículos que acabamos de leer nos enseñan que estamos viviendo en el tiempo del cumplimiento. Pedro explica lo que había transcurrido - el sonido del viento, las lenguas de fuego y sobre todo, el mensaje de Dios predicado en muchos idiomas - diciendo que se trata del cumplimiento de la profecía. Específicamente, es una profecía del profeta Joel.

Dios había anunciado por medio del profeta que, en los últimos días, su Espíritu Santo sería derramado sobre toda clase de personas. Ya no se limitaría. Durante la era del Antiguo Testamento, sólo ciertas personas podían profetizar y anunciar el mensaje de Dios bajo inspiración del Espíritu Santo. Pero en los últimos días, dice Joel, tanto hombres como mujeres, jóvenes y ancianos - y hasta los sirvientes - serían dotados por el Espíritu Santo para profetizar.

¿Cuándo vendrán los últimos días que mencionó Joel? Es muy importante entender que ya son. Estamos viviendo en los últimos días. Pedro explica lo que sucedió en el día de Pentecostés como el cumplimiento de la profecía de los últimos días. Los últimos días, hablando bíblicamente, empezaron hace unos dos mil años. Recordemos que, como dice la Biblia, para Dios mil años son como un día.

Estamos viviendo en la era del cumplimiento. El Espíritu Santo ha venido sobre cada creyente y nos capacita para compartir el mensaje de Dios. Esto ya no es tarea de sólo algunos, como lo era en el Antiguo Testamento. Ahora todos podemos dar el mensaje de Dios a un mundo en necesidad.

Pero ¿cuál es ese mensaje profético que debemos compartir? Por supuesto, a veces será un mensaje específico, como los dos ejemplos que di al principio. Pero hay un mensaje fundamental, un mensaje que todos deben escuchar y que, como iglesia, tenemos que anunciar proféticamente. Leamos los versos 22-36 para encontrar este mensaje:

2:22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;
2:23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;
2:24 al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.
2:25 Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido.
2:26 Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza;
2:27 Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
2:28 Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia.
2:29 Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.
2:30 Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,
2:31 viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.
2:32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
2:33 Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
2:34 Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi diestra,
2:35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
2:36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

El mensaje que Dios nos llama a proclamar, muy sencillamente, es el mensaje de Jesús. No es tarea solamente de los pastores y líderes proclamarlo. En Hechos 2, aunque Pedro fue el que dio el mensaje central, leemos que todos los creyentes proclamaban las maravillas de Dios. Todos somos llamados a compartir este mensaje, y no lo podemos cambiar.

¿Qué dijo Pedro acerca de Jesús? Primeramente, habló acerca de su vida. Jesús fue acreditado por Dios con milagros y señales. Luego, habló de su muerte. Jesús fue entregado a la muerte según el previo designio de Dios. Es decir, su muerte no fue un simple accidente. Aunque hombres malvados conspiraron para matarlo, sólo hicieron lo que Dios anteriormente había dispuesto que hicieran.

En tercer lugar, Pedro habla de la resurrección de Jesús. Nos dice que era imposible que la muerte lo mantuviera bajo su dominio. Para sostenerse bíblicamente, Pedro cita al rey David. Leamos de nuevo los versos 25 al 28. Pedro nos dice que David no se refería a sí mismo, puesto que su tumba todavía era conocida en Jerusalén en aquellos días.

Más bien, se refería a su descendiente, el Rey que Dios había prometido poner sobre el trono para reinar por siempre. Ese Rey es Jesús, y Dios lo demostró resucitándolo de entre los muertos. Ahora Jesús ha resucitado de entre los muertos, y ascendió al cielo, donde está sentado a la mano derecha del Padre. El ha enviado a su Espíritu para llenar a todo el que crea en El.

Este es el mensaje que tenemos para proclamar como Iglesia, como seguidores de Jesucristo. Tenemos que proclamar el mensaje de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús, y que sólo El es Rey sobre toda la creación. No podemos proclamar un simple mensaje de optimismo o de auto superación. Nuestro mensaje es sencillo: Jesús es Rey y Señor, y Dios te invita a reconocerlo.

Muchas personas se conforman con escuchar acerca de Jesús y saber acerca de Jesús, pero no toman el paso de entregarle el control total de sus vidas. Se parecen a la persona enferma que va al doctor. El doctor le receta una medicina. "Esta medicina es muy costosa, pero es la única que le puede curar" - dice el doctor. "Si tiene que vender todas sus pertenencias, compre esta medicina."

El paciente le pide al doctor toda la información posible sobre la medicina. Pasa horas revisando los panfletos que describen sus efectos y beneficios. Aprende todo lo posible sobre la medicina. Sólo que nunca sale a comprarla, ni la toma. ¿Se curará de ese modo? ¡No!

No basta con saber acerca de Jesús, con aprender de El y escuchar acerca de El. Es necesario entregarte a El por completo, reconocerlo como tu único Rey y Señor. Cuando llegamos a comprender quien es Jesús, esta es la única respuesta posible. Leamos los versos 37-41:

2:37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
2:38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
2:39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
2:40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
2:41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

Estos versículos nos demuestran que el mensaje que tenemos para proclamar es un mensaje de decisión.

Cuando tú entiendes realmente quién es Jesús, tu corazón se sentirá arrepentido. Reconocerás el daño que te has hecho con tu pecado, y cómo has ofendido a Dios con tu desobediencia. La respuesta es simple: arrepentirte de corazón y creer en Jesucristo, de lo cual se da testimonio bautizándose en agua.

Seguimos viviendo en medio de una generación perversa. El mundo que nos rodea está lleno de toda clase de pecado y perdición. Sólo cuando nos entregamos de corazón a Jesús podemos ser libres de la contaminación del mundo y tener corazones puros y limpios.

Si tú no has recibido a Jesucristo como Señor y Salvador, hoy lo puedes hacer. No esperes más para hacerle tu Rey y Señor. Si ya lo conoces, no pierdas las oportunidades que Dios te da para proclamarle a otros. Dios te llama a proclamar proféticamente su mensaje de salvación y de perdón. Si el Espíritu Santo está en ti, ya tienes el poder para hacerlo.

¡No te detengas! Hay personas a tu alrededor que necesitan el mensaje que sólo tú les puedes dar. ¡No te equivoques! La responsabilidad no es sólo de los pastores, misioneros y evangelistas. ¡Ahora toda clase de persona recibe al Espíritu Santo! Proclama el mensaje que cambió tu vida, y pídele a Dios que El te use. No hay privilegio más grande.


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