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Domingo 5 de Agosto de 2012

La venida del Espíritu
Pastor Tony Hancock

¿Cuándo muere una persona? Una persona muere cuando su cuerpo y su espíritu se separan. Santiago 2:26 dice que el cuerpo sin el espíritu está muerto. En el año 1907, un doctor decidió medir cuánto pesaba un espíritu. Su experimento consistía en pesar a ciertos de sus pacientes que estaban a punto de morir, y volverlos a pesar después de su muerte. El consideró que la diferencia de peso entre antes y después de morir igualaría al peso de un espíritu.

En base a sus exámenes de seis pacientes, el doctor concluyó que el espíritu humano pesa 21 gramos. ¡21 gramos! Resulta ser que sus métodos fueron imperfectos, y sus conclusiones no se aceptan hoy en día. Bíblicamente hablando, sabemos que el espíritu no es material. El espíritu no tiene peso. Aunque su ausencia es muy notable, no se puede medir con báscula.

La Biblia nos dice que la Iglesia también es un cuerpo. ¿Cuál es el espíritu que llena y da vida a la Iglesia? La pregunta casi contiene la respuesta: es el Espíritu Santo. A El tampoco lo podemos medir con báscula, pero su ausencia también es muy notable. Hoy leeremos acerca del día en que el Espíritu Santo llegó para llenar a la Iglesia y darle vida. Leamos la historia en Hechos 2:1-13:

2:1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
2:2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
2:3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
2:4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.
2:5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.
2:6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.
2:7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?
2:8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?
2:9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
2:10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,
2:11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
2:12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?
2:13 Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.

La fiesta de Pentecostés, también conocida como la fiesta de Semanas, era una de las tres fiestas principales del calendario judío. Tenía lugar cincuenta días después de la fiesta judía de la Pascua. Jesús murió en la fecha de la Pascua, cumpliendo el significado profético de los corderos sacrificados en la Pascua. La llegada del Espíritu Santo en el día de Pentecostés también dio cumplimiento al significado profético de esta fiesta.

Pentecostés era, primeramente, una fiesta de la cosecha. Se celebraba la cosecha de los cereales que sostenían al pueblo israelita. También se había convertido en una celebración de la recepción de la ley en el Monte Sinaí, pues se calculaba que la ley había sido dada cincuenta días después de que los israelitas salieron de Egipto.

Observen cómo la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés cumple perfectamente estos dos aspectos de la fiesta judía. En primer lugar, su venida es el comienzo de una gran cosecha de almas. De hecho, en ese día en que El vino, tres mil personas fueron cosechadas para formar parte de la nueva Iglesia.

En segundo lugar, El trae a nuestro corazón la obediencia a la ley de Dios. La ley que Dios dio por medio de Moisés en el Monte Sinaí era una ley externa. Pero Dios prometió que llegaría un día en el que grabaría su ley sobre los corazones de sus fieles. Ezequiel 36:27 dice así: "Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes". Esa promesa se cumplió en el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo vino para llenar nuestros corazones y darnos poder para vivir de acuerdo a la voluntad de Dios.

En ese gran día de cumplimiento, los creyentes estaban reunidos en un lugar. Algunos creen que se trata del mismo cuarto donde se habían estado quedando, pero es más probable que se haya tratado de algún cuarto en el recinto del templo. Lucas a veces se refiere al templo como una casa.

De repente, sucedieron tres cosas sorprendentes. Todos oyeron un ruido, como una fuerte ráfaga de viento, que estremeció el lugar donde se encontraban. Luego, vieron lenguas que parecían ser de fuego, que se dividían y posaban sobre cada persona. Inmediatamente después, todos empezaron a hablar espontáneamente en idiomas que ellos no conocían.

Había en Jerusalén judíos de muchas naciones que habían llegado para celebrar la fiesta de Pentecostés. Lucas nos da la lista de naciones representadas; son catorce lugares, ubicados en tres continentes diferentes. ¡Era un grupo realmente internacional! Cada uno de ellos escuchaba a alguno de los creyentes hablar en su idioma nacional.

Por supuesto, estaban confundidos. ¿Qué podría significar esto? Algunos, burlándose, decían que los creyentes estaban borrachos. Frente a lo que no entiende, el ser humano muchas veces recurre a la burla. Pero por supuesto, los creyentes no estaban llenos de vino, sino del Espíritu Santo.

¿Para qué vino el Espíritu Santo? Y ¿por qué se manifestó de esta manera? No debemos cometer el error de pensar que el Espíritu Santo no había estado presente en el mundo antes, que esto representa su primera llegada al planeta tierra. Al contrario; El ha estado presente en el mundo desde el principio. Génesis nos dice que la creación comenzó cuando el Espíritu Santo se movía sobre la faz de la tierra.

El se menciona una y otra vez en el Antiguo Testamento, y también durante el ministerio de nuestro Señor Jesús. La venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, entonces, no representa su primera llegada a la tierra. Representa, más bien, el comienzo de una nueva etapa en el plan de Dios. El Espíritu Santo ha venido para obrar en la Iglesia de una forma más plena y extensa. Su llegada es una gran bendición.

¿Por qué se manifestó de la forma en que lo hizo? Cada aspecto de su llegada tiene significado. Cuando llegó el Espíritu, se oyó el sonido de una ráfaga de viento; se vieron lenguas, como de fuego; y se hablaron idiomas diferentes, desconocidos por quienes los hablaban.

El sonido del viento nos demuestra que el Espíritu ha venido para traer poder. Jesús ya se lo había dicho a sus discípulos. Antes de volver al cielo, El dijo: "Cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder" (Hechos 1:8a). El viento es un poder grande, aunque invisible. Es capaz de mover enormes barcos y de partir los troncos de los árboles como si fueran palillos de dientes.

Así también es el Espíritu Santo; no lo podemos ver, ni mucho menos lo podemos manipular. Pero su poder es muy grande. Cuando El se mueve, los resultados son imposibles de ignorar. Cuando El obra, la diferencia en las vidas es notable.

Nunca olvidemos que nuestro poder no viene de nosotros, sino del Espíritu Santo. No es nuestra inteligencia ni son nuestras capacidades o nuestros recursos los que harán que la Iglesia sobresalga y sea poderosa. Es sólo por el poder del Espíritu Santo que esto puede suceder. El está presente en cada creyente. El está aquí.

¡Dios no nos ha dejado solos para hacer la obra! ¡No depende de nosotros! Su Espíritu poderoso está en nosotros y entre nosotros. Nuestros problemas pueden ser grandes y nuestras fuerzas pequeñas, pero el Espíritu de nuestro Dios es mucho más grande, y cualquier problema para El es pequeño. ¡El Espíritu Santo ha venido para traer poder!

La segunda señal de la venida del Espíritu Santo, las lenguas de fuego, nos enseña que el Espíritu ha venido para purificar. Si alguno de ustedes ha trabajado en una mina, sabe que los metales no salen de la tierra en su forma pura. Salen en minerales que se tienen que purificar para separar el metal puro - oro, plata, hierro - de las impurezas.

Lo que se usa para purificar el metal es el fuego. A fuego alto, el mineral se derrite; la escoria sale a flote, y se puede quitar hasta dejar un metal refinado y puro. Cuando permitimos que el Espíritu Santo domine nuestro espíritu humano, el resultado es el mismo. El nos purifica. Nos señala diferentes malas costumbres, malos pensamientos y malas ideas, sacándolos a flote para que las podamos abandonar.

Cuando el Espíritu Santo obra en una vida y en una Iglesia, El trae convicción y arrepentimiento. Al principio de los grandes avivamientos generalmente hay tiempos de arrepentimiento con lágrimas. En 1904, el avivamiento irrumpió en Gales. Entre los mineros de carbón, el cambio fue tan marcado que los burros que cargaban el carbón ya no entendían a sus amos. Cuando antes les habían hablado con puras groserías, ahora su vocabulario había sido transformado.

El tercer fenómeno que se vio el día de Pentecostés, el hablar en lenguas reconocidas, tuvo un propósito muy especial. Nos demuestra que el Espíritu ha venido para que prediquemos. Este milagro especial hecho por el Señor resultó en la llegada de muchas personas de naciones diversas para escuchar a los apóstoles proclamar las maravillas del Señor.

Cuando el Espíritu Santo se mueve en nosotros, no podemos hacer más que declarar las grandes cosas que el Señor ha hecho. Cristo nos ha enviado a las naciones para proclamar sus grandes obras a nuestro favor. Ha enviado a su Espíritu Santo para llenarnos y darnos poder para la obra.

Pero ¡no hay que esperar hasta que podamos ir a otras naciones para testificar! Puede ser que un día Dios te mande a algún país lejano para testificar de sus maravillas, pero ¡no esperes hasta ese día! Testifica ahora. Comparte con otros de El. Su Espíritu está en ti para darte poder.

Espíritu Santo, llénanos. Ven sobre nosotros. Perdónanos por estorbar tu obrar con nuestro pecado y nuestra falta de fe. Anhelamos sentir tu poder, ser purificados por tu presencia y predicar impulsados por ti. Ven, te pedimos, para la gloria de Jesucristo.


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