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Domingo 1 de Julio de 2012

La llegada del fin
Pastor Tony Hancock

Alguien comentó una vez que es sumamente difícil hacer pronósticos, sobre todo acerca del futuro. Lo seguro es que se han hecho muchísimas predicciones que han resultado ser totalmente incorrectas. Por ejemplo, en el año 1773, el Rey Jorge II de Inglaterra declaró confiadamente que las 13 colonias norteamericanas tenían pocas ganas de independizarse.

Dos años después comenzó la revolución que produciría a los Estados Unidos de América. Otro ejemplo: en 1939, un periódico declaró que el problema con la nueva tecnología de la televisión era que la gente tendría que quedarse sentada con los ojos pegados a una pantalla, y ¿quién iba a querer hacer eso? ¡Seguramente nadie se compraría un televisor!

Nos reímos al ver los errores que se han cometido al tratar de adivinar el futuro. Al mismo tiempo, estos episodios nos recuerdan que debemos tomarlo con un grano enorme de sal cuando alguien nos dice qué va a suceder en el futuro. ¡Es muy fácil equivocarse!

Pero, ¿qué sucede cuando alguien pronostica lo que va a suceder, y resulta ser cierto? ¡Todos empiezan a prestar más atención a sus demás pronósticos! Una predicción acertada da más peso a las demás profecías que hace una persona.

La Biblia está llena de profecías. Algunas de ellas son profecías de eventos que eran futuros cuando se hicieron las profecías, pero que ahora se han cumplido. Si la Biblia ha acertado en muchas profecías ya cumplidas, ¿no sería lógico prestarle atención a las profecías que están por cumplirse?

El pasaje que estudiaremos hoy contiene una profecía que ya se cumplió, y otra profecía que está por cumplirse. Mi deseo es que, al final de este mensaje, nuestra fe en Jesucristo sea afirmada, y nuestra expectativa de su regreso sea avivada. Abramos entonces la Biblia en Lucas 21:20-36:

21:20 Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.
21:21 Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.
21:22 Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.
21:23 Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo.
21:24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.
21:25 Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;
21:26 desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.
21:27 Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.
21:28 Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.
21:29 También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles.
21:30 Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.
21:31 Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.
21:32 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.
21:33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
21:34 Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.
21:35 Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.
21:36 Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.

La semana pasada, estudiamos la primera mitad de este capítulo. Jesús hablaba con sus discípulos pocos días antes de su traición, y les dijo que el templo de Jerusalén que ellos tanto admiraban pronto sería totalmente destruido. Sorprendidos, ellos le preguntaron cuándo sucedería esto, y cuáles serían las señales que lo acompañarían.

En su respuesta, Jesús les habla de dos cosas. El les habla de la destrucción de Jerusalén, algo que sucedió unos cuarenta años después. También les habla de su regreso, el evento que inaugura el día del juicio del Señor. En el mensaje de la semana pasada vimos lo que Jesús nos dice acerca de nuestra vida antes del fin. El nos llama a vivir sin temor, confiados en el control que Dios tiene de las circunstancias.

Ahora veremos lo que El nos dice acerca de la llegada del fin. Jesús habla primeramente de la destrucción de Jerusalén, que serviría como una muestra del juicio de Dios sobre la maldad, señalando hacia el día final. Luego, habla de su regreso, algo que sucederá en un día desconocido.

Cuando Jesús habló, la destrucción de Jerusalén quedaba aún en el futuro. Veamos lo que El nos dice al respecto. Primeramente, El nos dice que Jerusalén sería rodeada de ejércitos. El da este aviso a todos los que estuvieran en Jerusalén en ese momento: cuando vieran llegar los ejércitos, debían huir inmediatamente de la ciudad. Sus palabras sirven como un aviso misericordioso. Cualquiera que prestara atención sería librado del desastre.

En segundo lugar, El nos dice que los habitantes de Jerusalén caerían a filo de espada, y que los que no murieran serían llevados cautivos. En otras palabras, habría una matanza general; y quienes se escaparan de la muerte serían capturados y vendidos como esclavos.

La tercera cosa que nos dice es que, después de esta destrucción de Jerusalén, la ciudad quedaría en manos de gentiles. Dice el verso 24: "Los gentiles pisotearán a Jerusalén, hasta que se cumplan los tiempos señalados para ellos." En otras palabras, Jerusalén - la ciudad capital y más importante del pueblo de Israel, el lugar donde estaba el pueblo de Dios - quedaría bajo el control de otras naciones durante un periodo denominado "el tiempo de los gentiles".

Jesús pronunció estas palabras alrededor del año 30 d.C. Cuarenta años después, en el año 70 d.C., Jerusalén fue invadida por los ejércitos romanos después de una rebelión. ¿Se cumplieron las palabras de Jesús? ¡Se cumplieron al pie de la letra! En primer lugar, precisamente como lo había predicho Jesús, los ejércitos romanos rodearon la ciudad. El emperador Tito puso tres legiones de soldados al oeste de la ciudad, y una legión más al este.

Según los registros históricos, los soldados no invadieron la ciudad de inmediato. Hubo un lapso en el que la gente podía entrar y salir de la ciudad. Los que prestaron atención a las palabras que Jesús había dicho 40 años antes tuvieron la oportunidad de escapar, si huyeron de inmediato. No sabemos cuántos lo hicieron.

En segundo lugar, Jesús profetizó la matanza y esclavización de los habitantes de Jerusalén. ¡Esto también se cumplió al pie de la letra! El historiador judío Josefo, quien presenció los hechos, registra que un millón cien mil personas - hombres, mujeres, niños y niñas - murieron ante las espadas de los invasores romanos. Según sus figuras, otras noventa y siete mil personas fueron capturadas y vendidas a la esclavitud.

¡La historia confirma la profecía de Jesús! Y ¿qué de la tercera profecía? También se cumplió. Por casi dos mil años, Jerusalén quedó en manos de diferentes poderes gentiles. Pasó de uno a otro, pero nunca volvió a ser la capital de un estado judío. Esto empezó a cambiar en el año 1948, cuando Israel fue establecida como nación.

Esto señala que los tiempos de los gentiles mencionados por Jesús en el verso 24 podrían estar a punto de terminar. ¿Qué son estos tiempos de los gentiles? En el plan de Dios para la salvación humana, el pueblo de Israel fue puesto a un lado durante un tiempo. Durante este tiempo, el pueblo de Dios se compone de gente de toda nación y lengua, unida por la fe en Jesucristo en su Iglesia. No es necesario convertirse en judío para formar parte del pueblo de Dios.

Sin embargo, la Biblia también nos dice que habrá una conversión masiva en el futuro del pueblo judío. Muchos reconocerán a Jesucristo como su verdadero Mesías, y volverán a tomar su lugar al centro del plan de Dios para la historia del mundo. Pablo también menciona esta realidad en Romanos 11:25: "Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles".

Jerusalén todavía no se encuentra completamente en manos judías. Por ejemplo, el monte de Sión, donde se encontraba el templo de Dios, actualmente es el lugar de una mezquita musulmana. Los tiempos de los gentiles no se han terminado por completo, pero el cambio se vislumbra en el horizonte. El restablecimiento de Israel en la tierra prometida sirve como presagio de su plena restauración.

Al ver todas estas formas en las que se han cumplido las palabras de Jesús, tenemos bastante razón para confiar en el cumplimiento de sus profecías del futuro, ¿no es verdad? El nos anuncia en los versos 25 al 28 lo que todavía está por venir. Habrá señales celestiales y marinas. Las personas estarán angustiadas por estas cosas.

En el cumplimiento del tiempo, veremos a Jesús venir en una nube. El regresará para llevar consigo a todos los que le pertenecen. Entonces estaremos para siempre con El. La historia no se acabará en ese momento; más bien, apenas estará empezando. Nuestra historia será gloriosa, porque moraremos para siempre en la presencia del Señor.

¿Cómo debemos vivir a la luz del regreso del Señor? Leamos nuevamente los versos 34 al 36. Jesús nos llama a tener cuidado y proteger nuestro corazón. Nuestro corazón es como un cachorro inquieto. Pronto se distrae. Si lo descuidamos por un momento, estará mordiendo los muebles y ensuciando la alfombra.

Es por eso que Jesús nos llama a tener cuidado. No basta con saber que Jesús va a regresar; tenemos que hacer un esfuerzo por recordarlo. ¡Qué feo sería en ese día tener que decir: "Yo sabía que esto venía, pero se me pasó prepararme"! Cristo nos llama a vivir a la alerta, a vivir una vida de oración que nos mantiene en sintonía con los propósitos de Dios para nuestra vida. Si así vivimos, la venida de Jesús será una grata sorpresa, en lugar de un desastre.

Y tú, ¿estás preparado para el regreso de Jesús? Si no, ¿por qué no? ¿Qué te falta? Si no estás preparado, ¡hoy es el día para prepararte! ¿Te gustaría que Jesús te encontrara viviendo de la forma en que lo estás haciendo? Si no, ¿qué tienes que cambiar para estar listo? Las señales se están cumpliendo. Jesús podría regresar en cualquier momento. Lo tenemos por seguro, porque sus demás profecías ya se han cumplido. No esperes más para prepararte.


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